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EL CORAZÓN DEL HOMBRE – MALVADO DESDE LA JUVENTUD(SERMÓN #53 SOBRE EL LIBRO DEL GÉNESIS) Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emérito “Porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (Génesis 8:21; p. 14 Scofield). |
Aquí tenemos una imagen contundente de la depravación total del corazón del hombre. Es muy interesante observar que, aunque las traducciones modernas hacen de esto “La inclinación del corazón del hombre” (NIV), y “el intento del corazón del hombre” (NASB), sin embargo, las traducciones más antiguas lo vierten, “la imaginación del corazón del hombre” (The 1599 Geneva Bible) [(La Biblia de Ginebra de 1599)] y, de nuevo, in “el intento del corazón del hombre” (KJV). Así pues, nos queda preguntarnos, al comparar las nuevas traducciones con las antiguas, si el corazón del hombre está inclinado únicamente al mal, o si “la imaginación” ellos mismos son “malo desde su juventud.” Cuando revisamos el Hebreo descubrimos que debemos inclinarnos por las traducciones antiguas, que es “imaginación,” no el “inclinación” o “intento” del corazón del hombre, que es malvado. “Inclinación” significa “tendencia al mal, inclinación hacia el mal, aptitud o propensión hacia el mal.” Estas traducciones modernas debilitan así el verdadero significado del texto, que nos dice en Hebreo que el hombre no simplemente se inclina o se inclina hacia el mal, sino que la misma imaginación del corazón del hombre es maldad en sí misma. No solo una tendencia hacia el mal, no solo una “inclinado hacia el mal,” ¡sino el mal mismo!
Así, vemos que las traducciones modernas se han alejado de la buena y vieja doctrina de la Reforma y los Bautistas sobre la depravación total, volviendo a la visión de la Iglesia Católica, que el hombre es solo “inclinado” tan malvado. Por lo tanto, las traducciones modernas nos remiten únicamente a la visión Católica Romana del corazón humano. “inclinado” hacia el mal. Esta no es la misma visión que la de Lutero, los reformadores y los primeros Bautistas. Para los traductores modernos, el hombre es simplemente “inclinado” hacia el mal. Esto demuestra cómo las traducciones modernas contribuyen a ocultar nuestros rasgos distintivos Bautistas/Protestantes y hacen cada vez más factible una unión ecuménica con Roma.
Pero para nuestros antepasados Protestantes y Bautistas, el hombre está más que parcialmente depravado, capaz de brindar alguna ayuda para superar su condición pecaminosa al contribuir con “su parte” para salvarse a sí mismo de ella. Esto es lo que los teólogos llaman “sinergismo.” Pero los antiguos reformadores y puritanos no creían tal cosa. Creían que el hombre es “muertos en pecados” (Efesios 2:5).
Si los Puritanos de antaño tenían razón, y creo que la tenían, el hombre humano en pecado no solo tiene una tendencia a pecar. ¡No!
“Porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud”
(Génesis 8:21).
El término Hebreo demuestra que los predicadores y teólogos de antaño estaban en lo cierto, mientras que los más recientes están equivocados. Estos últimos tienden a restar importancia a dicha palabra en el texto y a atribuirle un significado propio del Catolicismo Romano un sentido mucho más atenuado y, por ende, más aceptable para la mente carnal del hombre no convertido. El término Hebreo traducido como “imaginación” no debería traducirse así. “inclinación” o “intento.” La palabra KJV “imaginación” proviene de la traducción de una palabra Hebrea que significa “propósito, forma, estado de [mente]” (Strong #336). ¡El propósito, la forma y la estructura mismos del corazón humano “malo desde su juventud” no solo sus inclinaciones e intenciones! Por eso, la palabra KJV, “imaginación,” es una palabra Inglesa mucho mejor que la utilizada por las traducciones modernas. “Imaginación” habla de todo el corazón, no su inclinación ni su intención.
A partir de versículos como Génesis 8:21, el avivamiento del siglo dieciséis restauró la enseñanza bíblica de la depravación total del hombre,
“Porque el intento [propósito, forma]del corazón del hombre es malo
desde su juventud” (Génesis 8:21).
I. Primero, esta era la condición del hombre antes del Diluvio.
Nosotros leemos en Génesis 6:5,
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5; p. 12).
Esta no es la visión de la naturaleza humana que tiene la mayoría de la gente. En la antigüedad, las naciones paganas hablaban de la dignidad y la bondad del ser humano. Los filósofos antiguos como Sócrates en Occidente y Confucio en Oriente afirmaban que el hombre era un ser superior, con la capacidad de hacerse bueno a sí mismo. Más tarde, incluso en la era del Cristianismo, muchos elogiaron las capacidades y la naturaleza del hombre.
Esta fue la principal diferencia entre la enseñanza Católica de Erasmo (1466-1536) y la de los reformadores. ¿Estaba el hombre totalmente depravado, o quedaba algo en la naturaleza humana que pudiera cooperar con Dios? Erasmo dijo que el corazón del hombre era libre para cooperar con Dios, que el hombre podía tomar una “decisión” de obedecer a Dios. Los reformadores dijeron que esto era falso, que
“toda imaginación de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
La depravación total era lo que Lutero llamaba la “bisagra sobre la que todo gira,” porque determinaba si el Cristianismo sería una religión de gracia o de obras.
Aunque la Iglesia Católica y los Bautistas y “Decisionistas” Protestantes que enfatizan la decisión personal enseñan que el hombre tiene la libertad de responder a Dios, la Biblia enseña exactamente lo contrario. La Biblia enseña que el hombre cayó en el Jardín del Edén.
“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres” (Romanos 5:12; p. 1153).
Por la desobediencia de Adán, todos los hombres fueron constituidos pecadores porque
“En Adán todos mueren” (I Corintios 15:22; p. 1183).
Adán, caído y pecador, entonces
“y engendró un hijo a su semejanza” (Génesis 5:3; p. 11).
Entonces, Adán, caído y pecador, no podía engendrar otro tipo de hijo, pues
“¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie.” (Job 14:4; p. 538).
Como resultado, toda la humanidad heredó naturalezas que son
“muertos en pecados” (Efesios 2:5; p. 1208),
“sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12; p. 1208).
Y así, todos los seres humanos nacen como
“hijos de desobediencia” (Efesios 2:2; p. 1208),
“por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:3).
Por lo tanto, todo ser humano puede decir verdaderamente,
“He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5; p. 589);
porque
“todos están bajo pecado” (Romanos 3:9; p. 1150).
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23; p. 1150).
Por lo tanto, Dios miró a la humanidad y dijo,
“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno…Todos se desviaron…No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:10, 12; p. 1150).
Por lo tanto, cuando Dios miró desde el Cielo, Él
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
Alguien podría decir, “¡Esto es Calvinismo extremo!” Pero se equivoca. Yo he estado parafraseando un sermón de John Wesley, ¡quien era Arminian y no Calvinista en absoluto! (“Of Original Sin” [“Del Pecado Original”] por el Rev. John Wesley, M.A., The Works of John Wesley, [Las Obras de John Wesley] Baker Book House, 1979 reimpresión, volumen VI, pp. 54-55). Yo podría haber parafraseado, con la misma facilidad, a John Bunyan, nuestro célebre antepasado Bautista, o a Spurgeon, ¡ese predicador Bautista que ha trascendido las épocas! Este es un punto central de la verdadera ortodoxia Bautista y Protestante, aunque hoy en día se encuentre desvirtuado por el “decisionismo” Católico y evangélico. Se trata de la doctrina de la depravación total, presente en la Gran Confesión de Londres de los Bautistas, la Confesión de Westminster de los Presbiterianos, el Catecismo de Heidelberg de los Luteranos y los Treinta y Nueve Artículos de la Iglesia de Inglaterra. Es la doctrina de la depravación total del ser humano, la cual constituía la principal diferencia entre los Católicos Romanos, por un lado, y los Bautistas y Protestantes, por el otro; es, en definitiva, “el eje sobre el cual todo gira.” El texto corrige esta falsa enseñanza y ofrece un panorama sombrío del ser humano antes del Diluvio.
“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
II. Segundo, esta fue la misma condición del ser humano después del Diluvio.
Nada en el hombre cambió por esta gran catástrofe. Antes del Diluvio, Dios miró al hombre y vio
“los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
Y después del Diluvio, Dios dijo,
“porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (Génesis 8:21).
Así pues, la única reflexión adicional es que la naturaleza malvada del corazón humano existe desde la infancia, “desde su juventud.”
“Se apartaron los impíos desde la matriz” (Salmo 58:3; p. 593).
Spurgeon dijo,
Después del Diluvio, todo sigue igual…Tú podrías haber esperado que, tras un juicio tan terrible del cual solo…ocho personas se salvaron…la naturaleza humana hubiera mejorado. Pero no es así…El mismo Dios que, al observar al ser humano antes del Diluvio, declaró que sus pensamientos eran malvados, emite el mismo veredicto después de él. ¡Oh, Dios! ¡Qué desesperanzadora es la naturaleza humana! ¡Cuán imposible resulta que la mente carnal se reconcilie con Dios!...¡ni siquiera los torrentes de tus juicios logran librarla de sus malvados pensamientos!... El Dr. Dick afirma, “Todos los pensamientos del hombre, todos sus deseos, todos sus propósitos son malos, ya sea de manera explícita o implícita; porque su objeto es declaradamente pecaminoso, o bien porque no proceden de un principio santo ni están dirigidos hacia un fin adecuado. No es que el alma humana esté bajo la influencia de la depravación solo de vez en cuando; más bien, ese es su estado y su condición habitual. Resulta imposible formular una sentencia que exprese con mayor claridad su total corrupción que esta.”(C. H. Spurgeon, “Human Depravity and Divine Mercy,” [“La Depravación Humana y la Misericordia Divina”] The Metropolitan Tabernacle Pulpit, [El Púlpito del Tabernáculo Metropolitano] Pilgrim Publications, 1979 reimpresión, volumen XI, pp. 99-100).
“todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).
“Porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (Génesis 8:21).
“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay”
(Efesios 4:18; p. 1210).
Por eso, el autor de himnos del siglo decimoctavo, Joseph Hart, se refirió al ser humano como, “Pecadores viles; una manada endurecida, una raza rebelde.” (“Come All Ye Chosen Saints of God” [“Venid, Todos Vosotros, Santos Elegidos De Dios”] por Joseph Hart, 1712-1768). Aunque fue crio en un hogar Cristiano, Joseph Hart permaneció sin convertirse. Dijo,
Alrededor de los veintiún años de edad, Yo comencé a sentir una gran inquietud por mi alma…En este ciclo inestable de pecar, esforzarme y vivir con temor, continué avanzando hasta que empecé a profundizar en la convicción de la maldad de mi propia naturaleza, del engaño y la dureza de mi corazón…de la superficialidad de mi Cristianismo y de la ceguera de mi devoción. Comprendí que me encontraba en una situación peligrosa y que Yo necesitaba una religión superior a la que había experimentado hasta entonces, antes de Yo podría…llamarme Cristiano…Pero ¡ay!, esto me resultaba tan imposible como resucitar a los muertos. (Joseph Hart, Hart’s Hymns, [Himnos de Hart] Old Paths Gospel Press, 1965 reimpresión, prefacio, pp. v-vi).
Un amigo mío, pastor en Tempe, Arizona, hablaba conmigo por teléfono cada pocos días mientras se acercaba lentamente al final de su vida. En cada una de estas numerosas conversaciones, reflexionaba y se cuestionaba por qué hoy en día existe tan poca convicción de pecado en nuestras iglesias. “Me pregunto por qué hay tan poca convicción de pecado hoy en día,” decía en cada una de nuestras charlas. Sabía que se estaba muriendo y que sufría un dolor intenso a causa del cáncer que se había extendido por todo su cuerpo; por eso, no le di ningún consejo, sino que simplemente escuché, evitando así interferir en sus pensamientos durante sus últimos momentos. “Me pregunto por qué hay tan poca convicción de pecado hoy en día.” Repitió esto una y otra vez en nuestras conversaciones. Era algo que le preocupaba mientras yacía allí, en sus últimos días. Poco tiempo después, viajé a Arizona para asistir a su funeral. Varios predicadores Bautistas destacados tomaron la palabra, aunque no recuerdo muy bien lo que dijeron. Mientras estaba sentado en el santuario de su iglesia, que se encontraba repleto, no dejaba de pensar en su pregunta, “¿Por qué hay tan poca convicción de pecado hoy en día?” Sus palabras resonaron en mi mente durante todo el servicio funerario.
Gradualmente, en las semanas y meses posteriores a su funeral, Yo finalmente di con una respuesta. Comencé a comprender que su pregunta era sumamente importante, de hecho, la más importante en la que un predicador podría reflexionar en estos tiempos de maldad. Y ahora creo tener la respuesta. No vemos una convicción de pecado como la que experimentaron Joseph Hart y tantos otros durante el Primer Gran Despertar, en gran medida porque no solemos predicar sermones que produzcan tal convicción, y porque pocos de nosotros oramos con fervor para que las personas perdidas experimenten esa angustia del alma esa convicción profunda, que sintieron Joseph Hart y miles de personas más en épocas mejores y espiritualmente más iluminadas. Hoy en día, consideramos que una convicción como la de Hart carece de importancia; tal vez incluso nos parezca algo peculiar o psicológicamente extraño. Actualmente, pensamos que basta con enseñar la Biblia, sin necesidad de orar ni predicar para que las personas busquen tal convicción. Los predicadores se han conformado con una decisión rápida y han olvidado la angustia del alma que experimentaban nuestros antepasados al vivir una conversión genuina. Sin embargo, yo no me doy por satisfecho con “decisiones por Cristo” rápidas y carentes de emoción. Sé que tales “decisiones” no logran convertir verdaderamente el corazón humano. Las conversiones auténticas suelen ir acompañadas, casi siempre, de una angustia del alma similar a la que atravesó Joseph Hart durante su propia conversión, una experiencia que era muy común en aquella época, pero que hoy resulta sumamente inusual.
Por tanto, debo predicar la realidad de una verdadera y desgarradora convicción de pecado. En mi predicación, debo presentarles ejemplos de hombres y mujeres reales de avivamientos pasados que llegaron a comprender la condición desesperadamente malvada de sus corazones. Recuerden que el gran evangelista del siglo decimoctavo, George Whitefield, decía una y otra vez, con lágrimas en los ojos y el corazón a punto de estallar de emoción, que nadie puede convertirse verdaderamente a menos que esté convencido de ser un pecador totalmente depravado, lo cual le hace sentir,
“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24; p. 1157).
Sin esa desesperación interior, otorgada por Dios, pocos si es que hay alguno hallarán descanso en Cristo, o serán purificados por Su sangre, que ofrece expiación total.
¿Y cómo está tu alma? ¿Te muestras indiferente ante la oferta de salvación en Cristo? Si es así, ¿no será porque no has sentido la naturaleza horrible de tu corazón? ¿No será porque no te has dado cuenta de que eres un ser impuro, y de que, en lo más profundo de tu corazón, no sientes necesidad alguna de Jesús?
Si tú sintieras que tu corazón está corrompido y es malvado, huirías hacia Cristo, sin hacer preguntas ni buscar respuestas sobre cómo acercarte a Él. Correrías hacia Jesús, te postrarías a sus pies y le suplicarías que salvara tu alma arruinada, tan destrozada y muerta a causa del pecado.
¡Mira, Él muere por ti en la Cruz para pagar el terrible precio de tu pecado! ¡Mira, Él resucita de entre los muertos para dar vida a tu alma destrozada, depravada y arruinada por la Caída! Si tú percibes, aunque sea un poco, tu condición corrupta, ¡corre hacia Cristo! ¡Lánzate de lleno a Sus brazos, y Jesús sanará tu depravación y “restaurará un espíritu recto” dentro de ti! Si sientes aunque sea un poco tu pecado, ¡ven a Jesús de inmediato! ¡Sumérgete ahora en el torrente carmesí que te dejará tan blanco como la nieve!
Pues Jesús derramó Su preciosa sangre,
Para dar ricas bendiciones;
Sumérgete ahora en el torrente carmesí
Que te deja tan blanco como la nieve.
Confía solo en Él, confía solo en Él,
Confía solo en Él ahora.
Él te salvará, Él te salvará,
Él te salvará ahora.
(“Only Trust Him” [“Confía Solo En Él”] por John H. Stockton, 1813-1877).