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EL LUGAR DEL SACRIFICIO DE NOÉ EN LA HISTORIA DE LA REDENCIÓN(SERMÓN #50 SOBRE EL LIBRO DEL GÉNESIS)
Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emérito “Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre…” (Génesis 8:20-21; p. 14 Scofield). |
Lo primero que hizo Noé al salir del arca fue construir un altar a Dios y ofrecerle sacrificios en el fuego. Dios le había dicho a Noé que tomara siete de cada uno “limpio” animal y ave, y solo una pareja de cada uno “no son limpios” (Génesis 7:2-3). Dr. Henry M. Morris dijo,
Los animales limpios incluían algunos “animal” y “aves de los cielos,” pero aparentemente no había “cosas que se arrastran.” Parece probable que los animales limpios fueran aquellos considerados aptos para la domesticación…y por lo tanto también aptos para ofrendas sacrificiales en expiación por el hombre. Dado que no existía una categorización previa de los animales como “limpio” o “no son limpios” se expone en el Génesis, resulta tal vez razonable creer que Dios permitió a Noé guiarse por su propio criterio en este asunto [o bien que dichas categorías ya habían sido reveladas anteriormente a Adán, Abel y otros, aunque no se registraron en el Génesis, sino que solo se infieren]. Las tres parejas tenían como fin fomentar una mayor proliferación numérica de los animales puros tras el Diluvio...El séptimo animal de cada grupo [puro] estaba claramente destinado a fines sacrificiales (Génesis 9:20). Mucho más tarde, la ley mosaica especificó claramente qué animales debían considerarse puros dentro del sistema Israelita (Levítico 11, etc.), si bien todas esas distinciones habrían de suprimirse por completo en la dispensación Cristiana (Los Hechos 10:9-15; 1 Timoteo 4:4). (Henry M. Morris, Ph.D., The Genesis Record, [El Registro del Génesis] Baker Book House, 1986 reimpresión, pp. 190-191).
Para comprender el sacrificio de Noé, debemos reconocer dos cosas: (1) que fue una continuación de sacrificios anteriores y, lo que es más importante, (2) que prefiguraba el sacrificio de Cristo en la Cruz.
I. Primero, el sacrificio de Noé fue una continuación de sacrificios anteriores.
“Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar”
(Génesis 8:20).
No debemos pensar que esta fue la primera vez que se ofreció un sacrificio. El primer sacrificio fue realizado por Dios mismo.
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles”
(Génesis 3:21; p. 8).
Dios mató a un animal y vistió a nuestros primeros padres con su piel. Esto se hizo para cubrir la vergüenza de su pecado.
Luego su hijo, Abel
“Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda” (Génesis 4:4; p. 9).
El libro del Génesis no especifica que tales sacrificios continuaran, pero ello se da por sentado. Solo se ofrece una breve reseña de la vida de los patriarcas. Por tanto, no nos sorprende que no se vuelva a mencionar tal sacrificio hasta que Noé salió del arca. Uno de los argumentos más sólidos proviene de una afirmación del libro de Apocalipsis relativa a
“del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”
(Apocalipsis 13:8).
Antes de la creación del mundo, Dios planeó enviar a Jesús a morir en la Cruz para aplacar Su ira y expiar el pecado del hombre. Por ello, parece natural que Dios ordenara sacrificios de animales, los cuales prefiguraban aquel momento de la historia en que Cristo vendría como el verdadero
“el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
(Juan 1:29; p. 1072).
En la época de los patriarcas, los sacrificios solían ser actos espontáneos de reverencia. Sin embargo, bajo la Ley de Moisés, los sacrificios se convirtieron en un deber. La materia y la forma de los sacrificios se describían con todo detalle en el Libro de Levítico. Yo voy a destacar un versículo que arroja luz sobre estos sacrificios levíticos.
“Porque la vida de la carne en la sangre está, y yo os la he dado para hacer expiación sobre el altar por vuestras almas; y la misma sangre hará expiación de la persona”
(Levítico 17:11; p. 142).
Estos sacrificios se realizaban en el Tabernáculo y, posteriormente, en el Templo de Jerusalén. Cuando Jesús tenía ocho días, María y José
“Le trajeron a Jerusalén…para ofrecer”
(Lucas 2:22, 24; p. 1032).
Desde el sacrificio de un animal realizado por Dios para vestir a Adán y Eva, pasando por los sacrificios de Abel, Noé, Job y Jacob, hasta el sacrificio de la Pascua y los sacrificios Mosaicos en el Tabernáculo y el Templo, todos ellos tenían el mismo significado que tiene hoy la Cena del Señor. La Cena del Señor mira hacia atrás, a la muerte de Cristo en la Cruz; los sacrificios del Antiguo Testamento miraban hacia adelante, hacia el verdadero Cordero del sacrificio: el Señor Jesucristo. Lo cual nos lleva al siguiente punto.
II. Segundo, el sacrificio de Noé era típico, al igual que todos los sacrificios del Antiguo Testamento, del sacrificio pleno de Cristo en la Cruz.
Dr. M. R. DeHaan dijo,
El rostro de Jesucristo está presente en cada página de las Escrituras. Cada acontecimiento en la Palabra de Dios guarda, de alguna manera, ya sea directa o indirectamente, relación con la revelación divina acerca de Él. Esto mismo enseñó nuestro Señor Jesús aquel primer día de la resurrección [cuando dijo] (M. R. DeHaan, M.D., Portraits of Christ in Genesis, [Retratos de Cristo en el Génesis,] Zondervan Publishing House, 1966, p. 28), “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!… Y comenzando desde Moisés [los primeros cinco libros de la Biblia, escritos por Moisés] y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decía” (Lucas 24:25, 27).
Jesús [dijo] que todas las Escrituras hablan de Él. Cuando pronunció estas palabras, aún no se había escrito ni una sola línea del Nuevo Testamento. Es respecto al Antiguo Testamento que Jesús declara que todas ellas hablan de Él. Por tanto, el Antiguo Testamento...es una revelación de Jesucristo.
Una vez que comprendemos que el Antiguo Testamento es una revelación del Señor Jesús y que debemos encontrarlo a Él en cada página, el estudio del Antiguo Testamento se transforma...en una experiencia apasionante y emocionante al buscar el rostro de Él, oculto entre los sucesos narrados en el Libro [especialmente en el Génesis]. Esto es lo que Jesús quiso decir cuando afirmó, “Escudriñad las Escrituras…ellas son las que dan testimonio de mí” (M. R. DeHaan, ibid., pp. 28-29).
En este sermón, solo trataremos los sacrificios del Antiguo Testamento y cómo cada uno de ellos es un tipo. En cada caso, Cristo es el cumplimiento del tipo. Él es el antitipo. Nos muestra cómo cada sacrificio apunta a Él como el cumplimiento, dando el verdadero significado del tipo tal como se cumplió en Cristo mismo. El Apóstol Pablo nos dice que las diversas enseñanzas del Antiguo Testamento,
“todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo [la realidad, la sustancia, está en Cristo]”
(Colosenses 2:17; p. 1221).
Así vemos que todos los sacrificios del Antiguo Testamento apuntan a Jesús. El Dr. John R. Rice, hablando del sacrificio de Noé, dijo,
Noé construyó un altar…Abel también había ofrecido sacrificios de animales. Esto es antes de la ley ceremonial [de Moisés], pero incluso Abel y Noé entendieron que los sacrificios representaban a Cristo, el Cordero de Dios que vendría a morir.
Los que fueron salvos en los tiempos del Antiguo Testamento fueron salvos por la fe en el Salvador que vendría. Puede que vieran vagamente, pero por la fe vieron que Dios proveería un sacrificio, tal como Abraham le había dicho a Isaac. “Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mí” (Génesis 22:8). Fue por fe que Noé, mirando hacia el Salvador venidero, ofreció sacrificios que agradaron a Dios. Hoy celebramos la Cena del Señor...[que representa] la muerte de Cristo por nosotros. Los [animales] sacrificados significaban lo mismo para Noé, aunque el sacrificio representado estaba [en aquel entonces] en el futuro. (John R. Rice., D.D., A Verse-by-Verse Commentary on the Book of Genesis, [Un Comentario Versículo por Versículo del Libro del Génesis,] Sword of the Lord Publishers, 1975, pp. 229-230).
El pan que tomamos en la Cena del Señor nos remite a Cristo, crucificado en la Cruz para propiciar la ira de Dios y justificarnos ante Él. La copa que bebemos nos remite a la Sangre que Él derramó en la Cruz para limpiarnos de nuestro pecado. La Cena del Señor hace por nosotros hoy lo que los sacrificios de Noé hacían antes de la venida de Cristo. La Cena del Señor apunta hacia el sacrificio de Cristo; los sacrificios de Noé y de otros creyentes del Antiguo Testamento apuntaban hacia el sacrificio de Cristo en la Cruz.
Cuando vienes a Jesús, miras hacia atrás a Su muerte como el pago por tu pecado, tal como ellos miraban hacia adelante a Su crucifixión al ofrecer aquellos sacrificios sangrientos antes de que Cristo viniera.
Pero mi pregunta para ti hoy es esta – ¿has tú mirado atrás hacia lo que Jesús hizo por ti en la Cruz? ¿Has tú dejada huella en ti su sufrimiento y su muerte?
El día de Pentecostés, Pedro señaló a Cristo en la Cruz y dijo, “Quien vosotros crucificasteis” (Los Hechos 2:36). Ellos “se compungieron de corazón” cuando ellos oyeron esto (Los Hechos 2:37). ¿Te ha sucedido eso? ¿Estás tú convencido de tu pecado, el cual El fue clavado en la Cruz? John Newton dijo,
¡Oh, será que en un madero
Murió el Salvador por mí?
Mi alma se estremece, mi corazón se llena,
Al pensar que Él murió por mí.
(“He Died For Me” [“Él Murió Por Mí”] por John Newton, 1725-1807).
¿Podrías tú decir eso? Si el sufrimiento, el derramamiento de Sangre y la tortura que Cristo padeció para salvarte de la paga del pecado no te conmueven emocionalmente ni punzan tu corazón con convicción, entonces el gran sacrificio de Cristo, que dio cumplimiento a todos los sacrificios del Antiguo Testamento, no dejará ninguna huella duradera en ti. Tú no vendrás a Él. Tú no serás lavado por Su preciosa Sangre. Tú no serás salvo.
Es mi oración que tú vueltes a Jesús y seas salvo gracias al sacrificio que Él hizo por tu pecado. Amén.