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¡COMUNIÓN EN NAVIDAD!

Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emérito
y predicado por Jack Ngann, Pastor
en el Tabernáculo Bautista Chino
Víspera de la Navidad, Diciembre 24, 2025

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”
(I Corintios 11:26; p. 1179 Scofield).


Esta noche es la víspera de la Navidad. Estamos reunidos aquí en la iglesia para recordar el nacimiento de Cristo. Hay quienes dicen que estamos equivocados al hacer eso. Dicen que la Navidad es una fiesta Católica Romana. Pero siempre he sentido que se equivocan. La Biblia tiene mucho que decir sobre el nacimiento de Cristo. No encuentro nada de malo en tomar un día al año para recordar Su nacimiento. El Dr. John R. Rice escribió un libro maravilloso sobre este tema llamado Amo la Navidad. [I Love Christmas]. Puedes ordenarlo en la Espada del Señor, [en Inglés] Sword of the Lord at www.swordofthelord.com. El Dr. Rice da respuesta a las objeciones planteadas por aquellos que dicen que no debemos celebrar la Navidad. La diferencia entre Católicos y Bautistas no reside en la celebración de un día de fiesta externa. ¡La diferencia radica en el amplio mundo de la separación entre la salvación por la “infusión” de la gracia a través de los sacramentos, y de la “imputación” de la justicia de Cristo por la fe solamente en Él! A menos que esa doctrina Protestante fundamental sea entendida vamos a estar divididos en cosas no esenciales, discutiendo sobre cosas sin importancia.

Pienso que debemos hacer a Cristo el centro en todo lo que hacemos en el tiempo de Navidad. Y yo creo que es apropiado que los verdaderos Cristianos tomen la Cena del Señor en la Navidad, al igual que en otras ocasiones durante el año. La cena del Señor nos da la razón principal por qué Jesús vino a la tierra. En una de sus lindas canciones, el Dr. John R. Rice dijo:

Jesús, Niño Jesús,
     Hay una cruz en el camino,
Nació para morir por pecadores,
     ¡Nació para el día de la crucifixión!
(Traducción libre de “Jesus, Baby Jesus” por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

¡“Nació para el día de la crucifixión”! Jesús nació para morir en la Cruz por nuestros pecados. Setecientos años antes de que Él naciera, el profeta Isaías dijo:

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5; p. 732).

El primer punto del Evangelio fue dado por el Apóstol Pablo, cuando dijo:

“Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras” (I Corintios 15:3; p. 1183).

El sufrimiento de Jesús empezó en el Huerto de Getsemaní. Fue allí donde Dios puso sobre Él los pecados del mundo. Fue en Getsemaní que de Jesús

“…era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44; p. 1066).

El profeta Isaías dijo:

“Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isaías 53:4; p. 732).

Los soldados vinieron y lo arrestaron mientras Él oraba allí en el Huerto. Ellos lo llevaron y lo golpearon en la cara, arrancando pedazos de Su barba, y azotándolo casi hasta la muerte con un cruel látigo. Hablando a través del profeta Isaías, Jesús dijo:

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6; p. 730).

Ellos lo arrastraron hacia el gobernador Romano, Poncio Pilato. El gobernador lo interrogó. Jesús respondió: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo” (Juan 18:37). ¡Él nació para sufrir y morir, y derramó Su Sangre, para expiar nuestros pecados!

Ellos pusieron una pesada cruz de madera sobre Sus sangrientos hombros. Él cargó esa cruz por las calles de Jerusalén a una colina llamada Calvario. Ellos clavaron Sus manos y Sus pies en la cruz. Él estuvo colgado allí sangrando y sufriendo para pagar el precio de nuestros pecados. Dios el Padre se volteó de Su amado Hijo. Jesús clamó:

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”
     (Mateo 27:46; p. 1002).

El Apóstol Pedro dijo que Él

“…llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero” (I Pedro 2:24; p. 1270).

Jesús dijo:

“Consumado es” (Juan 19:30; p. 1098),

y murió en la Cruz. Cuando el gran predicador Inglés Spurgeon se estaba muriendo, le dijo a un amigo: “Mi teología se encuentra en cuatro pequeñas palabras: ‘Jesús murió por .’” Pusieron Su cuerpo muerto en una tumba y la sellaron con una gran piedra, dejando guardias Romanos para vigilar.

¡Pero ese no es el final del Evangelio! ¡Ellos no pudieron mantenerlo en esa tumba! ¡En el tercer día Jesús se levantó físicamente, de carne y hueso, de entre los muertos!

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
     Los días pronto pasaron;
Se alza en la resurrección;
     ¡A la cabeza gloria dad! Aleluya!
(Traducción libre de “The Strife Is O’er,”
     Traducida al Inglés por Francis Pott, 1832-1909).

¡Ese es el Evangelio! ¡Esa es la buena noticia! Ese es el verdadero significado de la Navidad!

Y cuando venimos a tomar la Cena del Señor estamos recordando todo eso. Estamos recordando que Él sufrió y murió en nuestro lugar, en la Cruz, para pagar la pena completa por nuestros pecados. Estamos recordando que Él derramó Su preciosa Sangre para limpiarnos de nuestros pecados. El apóstol Pablo lo dijo todo:

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (I Corintios 11:23-26; p. 1179).

Sin embargo I Corintios 11:23-26 nos dice claramente que son dos elementos separados. El pan representa la muerte de Su Cuerpo para expiar nuestro pecado. La copa representa la Sangre que Él derramó para limpiar nuestro pecado. ¡Las cosas que son diferentes no son lo mismo! Este es un punto esencial del Evangelio llevado a cabo cada vez que tomamos la Cena del Señor. El pan nos recuerda de Su cuerpo crucificado. La copa nos recuerda la Sangre que Él derramó para limpiarnos.

Pero tomar la Cena del Señor no es lo que nos salva. Tienes que venir a Cristo. Tienes que confiar en Cristo. Tienes que recibir a Cristo Mismo. La Biblia dice:

“Mas a todos los que le recibieron, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12; p. 1071).

Cuando vienes a Jesús, descansando solo en Él, eres nacido de nuevo por la gracia y el poder de Dios. Jesús Mismo dijo:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”
     (Juan 3:3; p. 1074).

¡Es nuestra oración que vengas bajo convicción de pecado, y que vengas a Jesucristo, lo recibas, y experimentes una conversión real! ¡Y asegúrese de estar en la iglesia cada domingo! ¡Haz la iglesia local tu segundo hogar! Amén.