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¡UNA PROMESA DE AÑO NUEVO – Y UNA ADVERTENCIA!

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.,
Pastor Emérito

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Víspera de Año Nuevo, 31 de Diciembre de 2020

“Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará” (II Timoteo 2:12; p. 1237 Scofield).


El texto naturalmente se divide en dos partes: sufriendo con Jesús, y su recompensa – negando a Jesús, y su penalidad.

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I. Primero, sufriendo con Jesús, y su recompensa.

El sufrimiento es el estado común de toda la gente. No es posible escaparse de esto. Llegamos al mundo sufriendo al nacer, y nos vamos del mundo sufriendo al morir. Como lo puso Job,

“El hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sin sabores” (Job 14:1; p. 538).

Nadie se puede escapar de los dolores y pruebas de la vida. De nuevo, leemos en el libro de Job,

“Como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:7; p. 531).

Ya que el sufrimiento es el destino común de toda la gente, en un mundo arruinado por el pecado, no significa necesariamente que serás recompensado por eso. Tal vez tu pasaras por gran dolor en esta vida, pero eso no te salvará de la ira venidera. Tal vez tu pasaras gran sufrimiento y aun estés perdido, porque,

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”
(Juan 3:3; p. 1074).

Así que ninguna cantidad de sufrimiento en la tierra puede ayudar a una persona entrar al Cielo.

El sufrimiento no es algo que solamente los Cristianos experimentan. Tampoco quiere decir que el sufrimiento traiga recompensa. El texto muestra claramente que debemos sufrir con Él para reinar con Él. El sufrimiento que resulta en reinar con Jesús tiene que ser sufrimiento con el Señor Jesucristo.

Tú no debes pensar que estás sufriendo con Cristo si tú no estás “en” Cristo. Si tú no has venido a Cristo, tus sufrimientos en la tierra son solamente una muestra del sufrimiento eterno que tú tendrás en el Infierno. Solamente cuando un hombre está “en” el Salvador por la conversión puede decir que su sufrimiento es en compañerismo con Cristo. ¿Estás tú en Cristo por una fe viviente en Él? ¿Estás tú confiando en Cristo solamente? Si no, cualquier problema o miseria que tú pases en la tierra, tú no tienes esperanza de reinar con Jesús en Su reino.

De nuevo, no debemos pensar que estamos sufriendo con Cristo si nos vienen problemas por resultado del pecado. Cuando Miriam habló mal de Moisés, y la lepra cubrió su cuerpo, ella no estaba sufriendo por Dios. Cuando Usías entró ilegalmente en el templo, y se hizo leproso por el resto de su vida, el no pudo decir que estaba sufriendo por causa de la justicia. Si tu apropósito pones tu mano en un fuego, y se quema, es la naturaleza del fuego quemarte. ¡Pero no seas necio jactándote de ser mártir! Si tú haces lo malo y tú sufres por eso, ¿qué recompensa tendrás? La verdad y la honestidad deben detenernos de decir que estamos sufriendo por ser Cristianos, cuando en realidad sufrimos como resultado del pecado.

Debemos tener el Espíritu de Cristo en nosotros o nuestro sufrimiento no es aceptable. Tenemos que seguir el ejemplo de Cristo y sufrir el reproche por la causa de Cristo. Solamente entonces hemos en verdad sufrido con Cristo.

Ahora pensemos en algunas de las maneras en que los buenos Cristianos sufren con Jesús hoy. Están aquellos que sufren financieramente, por amor y obediencia a Cristo. Hace unos años yo puente a uno de nuestros hombres, y dije ciertamente que él podría ganar tres o cuatro veces su salario si el trabajase el Domingo. El sufre la perdida de miles de dólares cada año porque el ama a Cristo demasiado para trabajar en su oficio los Domingos. Hemos conocidos Cristianos que han perdido sus empleos simplemente porque sus patrones tuvieron prejuicios contra ellos ¡por ser buenos Cristianos! ¡Hemos conocido estudiantes en la escuela secundaria y en la universidad cuyas calificaciones fueron reducidas por maestros que los despreciaban por su fe en Cristo! ¡Ese es el sufrimiento mencionado en nuestro texto!

“Si sufrimos, también reinaremos con él…”
(II Timoteo 2:12).

Mas a menudo, este sufrimiento toma la forma de desdén, desprecio y burla. Algunos ven que otras personas en sus trabajos los desprecian, murmuran diciendo que son idiotas, necios engañados, porque creen en el Hijo de Dios. Hay un aguijón doloroso en particular, que causa sufrimiento a buenos Cristianos jóvenes, cuando sus amigos en la escuela los evitan, y hablan mal tras sus espaldas, diciendo que son “raros” porque se paran por Jesucristo. Aun en la casa, los verdaderos Cristianos no pueden escaparse de las palabras de padres no Cristianos que son Budistas, o miembros de otras religiones no Cristianas. Sus propios hermanos y hermanas los pueden llamar necios porque aman al Salvador. Esto también es el sufrimiento mencionado en nuestro texto,

“Si sufrimos, también reinaremos con él…”
(II Timoteo 2:12).

En tiempos como estos, tan llenos de prejuicio y odio hacia Jesús y Sus verdaderos seguidores, es sabia recordar las palabras de Cristo,

“Los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mateo 10:36-38; p. 969).

¿Por qué los incrédulos odian tanto a los Cristianos? Jesús dio la respuesta cuando dijo,

“Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:19; p. 1093).

En estos días falsos y malvados de “decisionismo,” en muchas maneras parecido a la “Edad Oscura” de la Cristiandad, muchos pastores fieles tienen que padecer amargos ataques por ser fieles a la Biblia, y a nuestra herencia Bautista, ¡por rehusar bautizar a aquellos que no tienen un claro testimonio de lo que Cristo ha hecho para salvarlos! Este también es el sufrimiento mencionado en nuestro texto,

“Si sufrimos, también reinaremos con él…”
(II Timoteo 2:12).

Uno no puede dejar de pensar en nuestro texto al leer la revista The Voice of the Martyrs, [La Voz de los Mártires], la cual leo cada vez que la recibo en el correo. En la edición de Diciembre de 2006, habla de un predicador Iraní sentenciado a prisión en Teherán por predicar el evangelio (ibid., p. 3).

También habla de una mujer en Pakistán que se casó con un hombre que era Cristiano nominal. Él después se convirtió al Islam porque los Musulmanes pueden tomar dos esposas. Cuando su primera esposa, una mujer Cristiana, rehusó convertirse al Islam, este Musulmán la apaleó con palos, “aplastando sus manos bajo los postes de la cama.” Luego cuando ella quiso ir a la iglesia, la apaleó y la encerró en un cuarto. En ese cuarto ella oraba, “Jesús, tú padeciste gran dolor por nosotros. Mi dolor es nada. Dame valor. Jamás te dejaré” (ibid., página 4).

La misma revista habla de una chica Cristiana de 15 años en Indonesia que fue macheteada en la cara y en el cuello. Ella quedó desfigurada para el resto de su vida porque creía en Cristo (ibid., p. 6). The Voice of the Martyrs, [La Voz de los Mártires] dijo,

Los niños [en Indonesia] saben que los estudiantes cristianos son el objetivo de los extremistas islámicos, pero no se esconden por miedo. [Ellos] dan testimonio de Cristo dentro y fuera de la prisión (ibid., P. 7).

En India, un pastor fue casi matado cuando militantes Hindúes lo atacaron cuando predicaba sobre la resurrección de Cristo el Domingo de la Pascua de Resurrección. Una fotografía en la revista muestra su cuerpo golpeado vendado (ibid., p. 8).

En China, la revista The Voice of the Martyrs, [La Voz de los Mártires] habla del Hermano Liu, que ha sido arrestado por predicar el evangelio tantas veces que ya perdió la cuenta. Él dijo, “El Señor nos dijo que es una cuesta dura seguir Su camino. Es un camino donde uno tiene que tomar su cruz para seguirlo.” Durante una paliza, sus orejas fueron golpeadas con un palo eléctrico. Sus heridas le causaron dolor y sufrimiento por seis meses. Él dijo, “Yo experimenté muchas de estas cosas también, pero...lo más preciosa que yo he aprendido es que Cristo sufrió más que nosotros. Mi familia no se ha ido en medio de nuestro sufrimiento. En vez, estamos más valientes en seguir a Cristo. Ahora mis hijos están en el ministerio...siguiéndole hasta el fin” (ibid., p. 11).

De Vietnam, la revista muestra fotografías de tres Cristianos, dos hombres y una mujer, sus rostros literalmente reducidos a masa por evangelizar en la provincia Than Hoa. Fueron golpeados en la cara por testificar por Cristo. Una campaña brutal en contra de los Cristianos comenzó a aumentar en Abril del 2006. Esta fue la segunda vez que estos tres Cristianos fueron golpeados por los Comunistas ese año. ¡Pero nada los detiene! ¡Al fortalecerse regresan a las calles, haciendo evangelismo! (ibid., p. 13). Tristemente, aun en los Estados Unidos, aquellos que testifican por Cristo hoy a veces son perseguidos.

En Colombia, la revista The Voice of the Martyrs, [La Voz de los Mártires] dice de una muchacha de quince años. Su padre le dijo que fuese como la mujer de Proverbios 31. Luego él se fue a trabajar. Él era pastor de una iglesia, así que los milicianos Comunistas lo llevaron a un puente y lo mataron por su fe en Cristo. Pronto después, los Comunistas regresaron a el pueblo de esa muchacha. Para el 14 de Septiembre de 2005 todas las iglesias ya estaban cerradas. Quince Cristianos se escondían en una casa para leer la Biblia y orar juntos, entre ellos esta muchacha de 15 años, Jacquelynne. Ella dijo, “Si ves situaciones difíciles, debes seguir adelante y no dejar a Cristo por ningún motivo” (ibid., p. 14). Para leer más historias de Cristianos que sufren alrededor del mundo, ve en tu computadora a www.persecution.com. Espero que todo el que lea este sermón revise el material en ese sitio cada dos semanas.

Gente como esta es de la que nuestro texto dice,

“Si sufrimos, también reinaremos con él…”
(II Timoteo 2:12).

II. Segundo, negando a Jesús, y su pena.

Leamos de pie el texto entero en voz alta, II Timoteo 2:12.

“Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará” (II Timoteo 2:12; p. 1237).

Se pueden sentar.

Es un terrible “si” sin embargo un “si” que se puede aplicar a algunos de ustedes. “¿Señor, Soy yo?” tú podrá decir, cuando tú estás sentado aquí esta tarde, tal como Judas en la Última Cena, cuando el que traicionaría a Cristo hizo esa misma pregunta. Y si como Pedro dices, “Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” – tú quizá serás el más presto a hacerlo.

Algunos niegan a Cristo amargamente. Como los incrédulos lo pueden menospreciar abiertamente. Otros lo niegan por unirse a iglesias falsas, a religiones que niegan Su deidad completa de Dios-hombre, y otras que lo niegan al decir que Él es un espíritu, no un hombre resucitado de carne y hueso, ascendido a la mano derecha de Dios, otros huyen a iglesias antinomias que son “nuevas-evangélicas.”

Otros lo niegan a Él por quedarse callados. Cuando ellos están con los incrédulos tienen temor de dar gracias a Dios por la comida antes de comer, por temor de que no les agrade a sus familiares y amistades incrédulas. Algunos van aún más lejos, y apostatan por completo del Cristo que anteriormente profesaban confiar.

¿Describe esto a algunos a ti? Si es así, no te enojes conmigo, sino que escucha la palabra del Señor. Sabe esto – que tú no perecerás, aun si tú has negado a Cristo, si tu vienes ahora al Salvador y eres verdaderamente es penitente en corazón y alma. Pero si tú continúas negando a Cristo, ese terrible verso vendrá a perseguirte a ti,

“Él también nos negará” (II Timoteo 2:12).

Spurgeon contó de la muerte de Francis Spira. Respetado como reformador, Spira sabía la verdad. Pero cuando la Iglesia Católica lo amenazó con la muerte él retractado. Por temor él abandonó sus creencias Protestantes. Un poco tiempo después él se llenó de desesperación, y padeció un Infierno mental en la tierra. ¡Sus gritos eran tan horribles que su descripción no debe ser escrita! Su condenación fue una advertencia a la era en que él vivió.

El predecesor de Spurgeon, un antiguo pastor de su iglesia, llamado Benjamin Keach, contó de un predicador que hablaba claramente sobre sus creencias Puritanas, pero después, durante una persecución Católica, él negó su fe. Las escenas de su cama de muerte fueron horribles. Él dijo que, aunque él buscaba a Dios, el Señor estaba contra él. Él fue entregado a una terrible desesperación. A veces él maldecía. Otras veces él oraba. Pero él murió sin esperanza. Si negamos a Cristo, nosotros mismos podremos ser entregados a tal terrible destino.

“¿Qué bien ha hecho Cristo por ti, viejo?” - me dirá algún ateo que no piensa. Yo te diré el bien que Cristo ha hecho por mí al contarles acerca de otro anciano, un pastor Presbiteriano llamado A. B. Simpson. A medida que él se acercaba a la vejez, su salud se deterioró. Estaba profundamente desanimado. Él estaba listo para dejar el ministerio. Luego, por casualidad escuchó las palabras de un simple espiritual, cantadas en una iglesia negra,

“Nada es demasiado difícil para Jesús,
Ningún hombre puede trabajar como Él.”

Las palabras llegaron a Simpson con poder, con fe y esperanza – y vida para el cuerpo y el alma. Él se fue a un lugar solitario para estar a solas con Cristo. Él se puso de pie completamente curado. El Dr. A. B. Simpson fundó una de las sociedades misioneras más grandes del mundo. Durante los siguientes treinta y cinco años A. B. Simpson trabajó con gran poder al servicio de Cristo. El Dr. A. W. Tozer dijo de él, “¡Su fe en el poder ilimitado de Cristo le dio la fuerza que necesitaba para seguir adelante!” (“The Knowledge of the Holy,” [“El Conocimiento del Santo”]).

Nosotros tuvimos un quebrantamiento de iglesia. Yo estaba débil con cáncer y la artritis reumatoide en las rodillas y la espalda. Pero leí estas palabras sobre A. B. Simpson y el dolor disminuyó. Un hombre estaba asombrado de que yo estuviera tan emocionado como un joven acerca de comenzar una nueva iglesia. Él dijo, “¿Cómo lo haces?" Dije en mi corazón,

“Nada es demasiado difícil para Jesús,
Ningún hombre puede trabajar como Él.”

Preferimos perderlo todo que perder a Cristo. Preferimos perderlo todo que perder nuestras almas. Dejemos que los Cristianos pierdan todo excepto sus recompensas cuando Cristo regrese. Seamos como aquellos jóvenes de los que les hablé en Irán, Pakistán, Indonesia, India, China, Vietnam y Colombia que, con su sufrimiento, pudieron decir con el apóstol Pablo,

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3:7-8; p. 1217).

¡Que ese sea nuestro lema! ¡Que esa sea nuestra meta! ¡Que sea eso por lo que nos esforcemos el año que viene! Porque,

“Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará” (II Timoteo 2:12).

Un día, algunos de ustedes, que aún no han nacido de nuevo, pueden estar de pie ante el Gran Trono Blanco. Cristo te dirá, “No te conozco.” Tú fiestes tentado por tus amigos irte de tu iglesia. ¡Y te fuisteis! Tú negaste a Cristo por miedo a lo que te costaría o lo que sufrirías. Tú rogarás al Señor que te permita entrar al cielo ese día. Pero el Señor te dirá, que no quisiste nacer de nuevo,

“Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”
(Mateo 7:23; p. 965).

“E irán estos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”
(Mateo 25:46; p. 996).

“Si sufrimos, también reinaremos con él; Si le negáremos, él también nos negará” (II Timoteo 2:12; p. 1237).

Si esperas evitar la terrible mazmorra del Infierno, que arde con fuego y azufre, yo te ruego que clames a Jesús, “Señor, sálvame. ¡Señor, agrame fuerte, mantenme, mantenme, mantenme! Ayúdame a sufrir Contigo, no dejes que yo te niegue a Ti, no sea que Tú niegues a en el terrible día del juicio.” Que ese sea el clamor de tu corazón a Jesús. Ven a Jesús y sé limpiado por la preciosa Sangre que Él derramó en la Cruz para limpiarte a ti del pecado. ¡Que tu vengas a Cristo esta noche y nazcas de nuevo, en las últimas horas de este año! ¡Que comience el nuevo año cometido a Él, eternamente seguro en Su gracia y amor salvadores! ¡Amén!