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¡VICTORIA A TRAVÉS DE JESUS!

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.
Pastor Emérito

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 2 de febrero de 2020


El Apóstol Pablo nos dice que Jesús ascendido nos dio “evangelistas; y otros, pastores y doctores; para perfección de los santos, para la obra del ministerio, para edificación [construcción] del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11, 12; pág. 1210 Scofield). Así, los evangelistas, pastores y maestros son dados a la iglesia local para edificarla y dirigirla como pastores delegados de Jesús. Y el Apóstol Pedro dice: “[pastorear] la grey de Dios que está entre vosotros, teniendo cuidado de ella” (I Pedro 5:2; pág. 1271). Pedro llama a Jesús “el Príncipe de los pastores” (I Pedro 5:4), y los pastores son los pastores delegados. Bajo Jesús, los pastores y maestros son para guiar a la iglesia local. Y el Apóstol Pablo nos dice: “Y os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan: Y que los tengáis en mucha estima por amor de su obra. Tened paz los unos con los otros” (I Tesalonicenses 5:12, 13; pág. 1227). Una vez más, el Apóstol Pablo dijo: “Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para [cuidar] la iglesia del Señor, la cual ganó por su sangre” (Hechos 20:28; pág. 1134).

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Cuando me doy cuenta de la importancia de que los pastores y maestros actúen como pastores delegados de Jesús, sólo puedo decir con Pablo: “Y para estas cosas ¿quién es suficiente?” (II Corintios 2:16; p. 1188). Este pensamiento me humilla mucho. Pero Pablo dice entonces que “nuestra suficiencia es de Dios” (II Corintios 3:5, 6; pág. 1189).

Esta es una gran carga que llevar: el hecho de que el Dr. Cagan y yo hemos sido convertidos en pastores delegados de Jesús, para cuidar de la iglesia de Dios (cf. Hechos 20:28). Hemos sido los pastores delegados de Jesús durante un gran quebrantamiento de la iglesia. Como pastor delegado, a menudo me he preguntado: “¿Qué haría Jesús en estas circunstancias?” Lo único que sabía era ver lo que Jesús, el Príncipe de pastores, hacía en los cuatro Evangelios. Es el Príncipe Pastor. Somos sus pastores delegados. ¿Qué hizo cuando estuvo en la tierra?

Cuando Jesús entró en su obra en la tierra, “Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36; pág. 968). Jesús comenzó reuniendo a tantos como lo seguirían. Esto es lo que hicimos en la primera parte de mi ministerio aquí en Los Ángeles.

La gente vino, y crecimos la iglesia aparente a más de 1.100 personas. Pero eran una multitud indisciplinada. Descubrimos que no nos seguirían y se convertirían en Cristianos sólidos. Por fin, nos sentimos como Jesús lo hizo cuando dijo: “cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37; pág. 992). No renunciamos. Seguimos y seguimos adelante, tratando de construir la iglesia y trayendo más y más multitudes. Pero incluso aquellos que obraron con nosotros no se hicieron Cristianos sólidos. Por fin, uno por uno, “todos los discípulos huyeron, dejándole” (Mateo 26:56; pág. 999). Fue un momento terrible. Un quebrantamiento uno tras otro tomo lugar. Nuestros amigos más cercanos nos traicionaron. ¡Me llamaron líder de falsa religión, a pesar de que era tan inocente como Jesús en el asunto!

Pero me negué a renunciar. Mi versículo de vida era: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13; p. 1218). ¡Tomé ese verso para significar que finalmente tendríamos éxito si seguimos adelante! Pero me equivoqué. Jesús mismo se apartó de las multitudes, y poco a poco comencé a ver débilmente que debemos hacer lo mismo. Pero ¿cómo podría ser fiel a Jesús y alejarme de las multitudes en el centro de Los Ángeles?

Entonces ocurrió el ultimo quebrantamiento de la iglesia. Mis queridos amigos se fueron y se llevaron a tanta gente como pudieron con ellos. Incluso nuestros dos diáconos mayores se volvieron contra mí y se fueron. Incluso mi “hijo” en el ministerio huyó y se ha negado a hablar conmigo, porque “me ha desamparado, amando este siglo” (II Timoteo 4:10; p. 1238).

Recuerdo bien la mañana del domingo cuando parecía que todo el mundo se iría. Pero extrañamente, esa misma mañana, sentí una gran paz en mi corazón. Y yo sabía qué hacer. Jesús limpió el Templo dos veces, y supe que tenía que seguirlo, como su pastor delegado. Predique una serie de sermones contra los que quebrantaron la iglesia. Di sus nombres en esos sermones. Los critiqué, como nunca lo había hecho antes. Algunos de los nuestros no entendían lo que estaba haciendo. Algunos de ellos incluso pensaron que comencé el “quebrantamiento”. Pero lo que realmente hice fue terminar el “quebrantamiento”.

“Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendían y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendían palomas; Y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; más vosotros cueva de ladrones la habéis hecho” (Mateo 21:12, 13; pág. 988).

Eso terminó el quebrantamiento. Nadie se fue después de exponer el mal de los que causaron el quebrantamiento.

Entonces recordé lo que Jesús dijo en Mateo 10:14.

“Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella…ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies” (Mateo 10:14; p. 969).

Habíamos predicado el Evangelio en el centro de Los Ángeles durante 44 años. La gente del centro de la ciudad, una y otra vez, había rechazado el Evangelio. Era hora de sacudir el polvo de la ciudad de nuestros pies e ir a un lugar más abierto al Evangelio.

Decidimos dejar el centro de la ciudad e ir a la gente china del Valle de San Gabriel, un suburbio de Los Ángeles. De repente sentí alivio, al seguir el plan de Jesús en su ministerio terrenal.

Después de todo, Dios me había llamado para ser misionero para el pueblo chino cuando tenía 19 años. Y mi pastor chino, el Dr. Timothy Lin, me había dicho que comenzara una nueva iglesia, como Dios le había revelado en oración.

Las bendiciones se hicieron evidentes casi de inmediato. El Dr. Cagan aceptó el pastor, y me convertí en el pastor emérito. Dr. Cagan y yo encontramos un edificio de iglesia en el Valle de San Gabriel, que compramos. Dr. Cagan vendió su casa en el centro de Los Ángeles. Rápidamente encontró una mejor casa cerca del edificio de la iglesia de San Gabriel. Gran paz y felicidad llegó a nuestro pueblo fiel, que vino a través del quebrantamiento. De repente, nuestro viejo método de evangelización tomó nueva vida. ¡Los jóvenes chinos comenzaron a venir a nuestra iglesia regularmente, y conversiones ocurrieron antes de que salimos de la ciudad interior! Empecé a sentir nueva fuerza en mi cuerpo. La artritis en mis rodillas comenzó a disminuir. Los médicos me dijeron que el cáncer de mi cuerpo parecía estar curado. ¡Aunque habíamos perdido a la mitad de nuestra gente en el quebrantamiento, los que se quedaron parecían volver a la vida! Nos quedaremos en el antiguo edificio en el centro cívico durante unos meses más mientras que el nuevo edificio en el Valle de San Gabriel es reparado y reacondicionado. Más tarde este año sacudiremos el polvo de nuestros pies y nos trasladaremos al nuevo edificio. Será una nueva iglesia, llamada “El Tabernáculo Bautista Chino del Gran Los Ángeles”.

Los Discípulos estaban escondidos en un aposento alto la noche después de que Jesús se resucitó de entre los muertos. Recibieron el Espíritu Santo (Juan 20:22). Su nueva tarea de llegar al mundo entero les fue revelada por Jesús, ya que les dio la Gran Comisión cinco veces, antes de ascender de nuevo al Cielo. En el Día de Pentecostés fueron apoderados por el Espíritu de Dios. Ya no necesitaban a los contradictores del centro de la ciudad. ¡Se convirtieron en una iglesia para todos en el mundo antiguo, judíos y gentiles para Jesús! “De manera que también á los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida” (Hechos 11:18; pág. 1121). ¡La iglesia primitiva nació en un avivamiento que barrió miles de personas por el Reino de Dios! La “multitud mixta” de gente del centro de la ciudad se había ido. No eran necesarios. Sólo causaron problemas. ¡Cuarenta y cuatro años en el centro de la ciudad fueron suficientes! Hemos sacudido el polvo del centro de la ciudad de nuestros zapatos. ¡Caminamos hacia un nuevo futuro con Jesús! ¡No más quebrantamientos! No más confusión. Y la oración del Apóstol Pablo es nuestra santo y seña:

“Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis toda una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (I Corintios 1:10; pág. 1212).

Hemos orado por el avivamiento durante años. Pero la gente de la ciudad interior era demasiado rebelde para recibirla. Ahora se han ido. Nos sacudamos el polvo del centro de la ciudad de nuestros pies. Siempre tendremos una traducción al español en nuestra nueva iglesia. Seguiremos predicando al mundo entero a través de las traducciones de sermones multiplicados en nuestro sitio web.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, banqueteos, y cosas semejantes a éstas: de las cuales os denuncio, como ya os he anunciado, que los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21; pág. 1204).

Que los del centro de la ciudad continúen en el pecado y rebelión. ¡Les despedimos para siempre!

“Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu. No seamos codiciosos de vana gloria, irritando los unos a los otros, envidiándose los unos a los otros” (Gálatas 5:22-26; pág. 1204-1205).

¡Que eso sea nuestra consigna, nuestro deseo y nuestra esperanza! Que ellos se pudran y se disientan y se envidien. Hemos obedecido las Escrituras:

“Por lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré a vosotros Padre, y vosotros me seréis a mí hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” (II Corintios 6:17, 18; pág. 1191).

Adiós, tú que vives en las tinieblas. ¡Nos vamos a un terreno más alto! ¡Canta la última canción en tu hoja de canciones! ¡De pie y cante!

En el camino alto voy, nuevas alturas gano así;
Orando al seguir, Señor, en tierra alta plántame.
Elévame, Señor a andar por fe en el Cielo caminar,
Lugar más alto aun, “Señor, en tierra alta plántame.”

Mi corazón no quiere estar done hay dudas y temor;
Aunque unos moren allí, yo, en tierra alta quiero estar.
Elévame, Señor a andar por fe en el Cielo caminar,
Lugar más alto aun, “Señor, en tierra alta plántame.”

Por sobre el mundo he de vivir, aunque me ataque Satanás;
Canción de santos por la fe con gozo yo puedo cantar.
Elévame, Señor a andar por fe en el Cielo caminar,
Lugar más alto aun, “Señor, en tierra alta plántame.”

Yo quiero alturas escalar un poco de gloria mirar;
Así hasta el Cielo, “Señor, en tierra alta plántame.”
Elévame, Señor a andar por fe en el Cielo caminar,
Lugar más alto aun, “Señor, en tierra alta plántame.”
   (Traducción libre de “Higher Ground” por Johnson Oatman, Jr., 1856-1926).

Canta “Gana una al Señor”. Es el número 2 en tu hoja de canciones. ¡Amén y amén!