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TU CITA CON LA MUERTE

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 11 de Noviembre, 2012

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).


Una de las mayores necesidades de esta hora es la predicación evangélica. Cuando yo era niño se podía oír en todas partes. Era la cosa más común en el mundo escuchar a un hombre predicar el Evangelio. Pero eso ya no es así. Hay una gran cantidad de enseñanza Bíblica hoy en día. Hay una gran cantidad de la tal llamada “música” y la tal llamada “adoración”. Hay una gran cantidad de entretenimiento en muchas iglesias. Pero predicación evangelística es raramente escuchada en nuestros púlpitos de hoy. Hay muchas razones por esto, pero yo no puedo entrar eso esta mañana. Es suficiente decir que lo que voy a darles es un sermón evangelístico. Yo creo que todo Cristiano nacido de nuevo necesita escuchar predicación evangelística – y escuchar ese tipo de predicación a menudo. ¿Por qué digo eso? Porque la predicación evangelística nos enfrenta a las grandes preguntas de la vida y la muerte. También la predicación nos recuerda de la esencia misma del Evangelio. Y todos nosotros necesitamos ser recordados de los temas de la vida y de la muerte del Evangelio. Nos mantiene cerca de Cristo el escuchar la predicación del Evangelio.

Los perdidos necesitan oír la predicación evangelística también. La tal llamada “predicación expositiva” no confronta a los perdidos con su pecado y su necesidad de Cristo. Una de los juicios que Dios ha enviado a esta era pecaminosa es una escasez de la predicación del Evangelio. El profeta Amós citó a Dios. Él dijo: “Enviaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). Él no dijo que habría hambre de las palabras, sino hambre de “oír la palabra de Jehová”.

Matthew Henry dijo: “Ellos tendrán la palabra escrita, Biblias para leer, pero no ministros que...se las aplique”. Es a través de la predicación evangelística que las palabras del Evangelio se aplican a los corazones y las mentes de los hombres. Solo enseñanza de la Biblia no puede hacer eso. La predicación evangelística agarra la atención de los perdidos, y hace que oigan la palabra de Jehová. ¡Y hay una gran escasez de ese tipo de predicación hoy en día! Es un juicio de Dios sobre nuestra nación y nuestro mundo.

Este sermón es muy sencillo, como toda verdadera predicación evangelística es sencilla. De hecho, este sermón fue adaptado de Sermones Simples sobre la Antigua Religión [Simple Sermons on the Old-Time Religion], por Dr. W. Herschel Ford (Zondervan, 1972 edición, pp. 105-112). Se trata de un simple sermón sobre la muerte – la muerte que cada persona que está escuchándome a mí esta mañana enfrenta. El texto dice:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Yo fui a San Francisco el Viernes pasado. Fui al funeral de una amiga muy querida. Ella había muerto de cáncer unos días antes. Al acercarme a su ataúd, me di cuenta que director de la funeraria le había maquillado su rostro, dándole un brillo natural. Habían puesto su cuerpo en un ataúd forrado de satín. Pusieron bellas flores por todas partes. Habían hecho todo lo mejor, pero la muerte nunca es hermosa. Siempre es horrible. ¡No dejes que nadie te diga que no lo es! La muerte es el enemigo del hombre. La Biblia llama a la muerte “el postrer enemigo” (I Corintios 15:26). Y sin embargo es un enemigo que debes enfrentar porque “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Puesto que vas a morir, necesitas saber lo que la Biblia dice acerca de la muerte.

I. Primero, la Biblia nos dice el origen de la muerte.

El Huerto del Edén era bello, el lugar perfecto para que el hombre morara. El pecado y la muerte no habían entrado allí. Entonces le dijo Dios a Adán:

“De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:16-17).

Pero Adán y Eva desobedecieron a Dios, comieron del fruto prohibido y murieron espiritualmente en ese preciso momento. Entonces la muerte física comenzó a trabajar en sus cuerpos.

Más tarde Dios enlistó nueve hombres desde Adán hasta Noé. Enoc fue trasladado al Cielo. ¿Pero qué dice la Biblia acerca de los demás? “Murió”. “Murió”. “Murió”. “Murió”. “Murió”. “Murió”. “Murió”. “Murió”. Dios nos estaba diciendo lo que Él quiso decir cuando dijo “ciertamente morirás”. Entonces lee la historia de los reyes de Israel y Judá. “Ellos vivieron...Ellos reinaron...Ellos murieron”. Dios le dijo a Moisés: “He aquí se ha acercado el día de tu muerte” (Deuteronomio 31:14). Dios dijo al Rey Ezequías, “morirás” (Isaías 38:1).

Jesús con frecuencia habló de la muerte. Él habló de un hombre rico que murió y fue al Infierno (Lucas 16:19-31). Él habló de un hombre rico que murió mientras dormía (Lucas 12:13-21). Les dijo a los fariseos que morirían en sus pecados (Juan 8:24).

La Biblia nos dice que la muerte viene por el pecado. Cuando el primer hombre pecó la muerte pasó a todos sus descendientes. Tú y yo tenemos las semillas de la muerte en nuestro cuerpo. Los dientes se deterioran. El pelo se cae. Luego se pone canoso. Nuestros ojos se debilitan. Las células cancerosas comienzan a formarse en algunos, los músculos del corazón se debilitan en otros, la presión arterial sube. He visto niños pequeños morir de cáncer, leucemia, y otras enfermedades. Quien quiera que seas, la muerte se dirige hacia ti. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Gran parte del negocio de un florista es la decoración para los muertos. El vendedor de seguros de vida vende sus pólizas estableciendo que vamos a morir. Cruces a lo largo de las carreteras hablan de las muertes de tráfico. Miles de todas las edades mueren cada año en diferentes tipos de accidentes. Miles más se suicidan. En tiempos pasados los arquitectos siguieron esta regla: “Haz todas las puertas grandes para que quepa un ataúd”.

Pero puedes decir: “Todos esto no me asusta”. No me asusta porque he puesto mi esperanza es Cristo, quien ha vencido a la muerte. ¡Pero si aún no eres un Cristiano nacido de nuevo debes tener suficiente sentido común para tener miedo! La muerte va a terminar con todas tus oportunidades para seas salvo. Y recuerda esto – la muerte puede venir sobre ti muy pronto. ¡Tu ataúd forrado de satín puede estar esperando en la funeraria ahora mismo! Conocí a un hombre joven que se reía de mis sermones. Se sentaba en la parte de atrás de la iglesia leyendo un libro de chistes, oculto en una Biblia grande, mientras yo predicaba. Un día o dos más tarde, vi su cuerpo frío y tieso en un ataúd. “Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27). Una vieja canción lo dice bien:

El tiempo vuela, lograrlo conviene,
   Jesús te llama a ti;
Vienen las sombras y la muerte viene,
   Viene por ti y por mí.
Venid, venid, si estáis cansados venid;
   Cuán tiernamente os está llamando,
¡O pecadores venid!
   (Traducción libre de “Softly and Tenderly”
       por Will L. Thompson, 1847-1909).

II. Segundo, la Biblia nos dice lo que sucede después de la muerte.

¿Qué le sucede a un Cristiano renacido después de la muerte? El Apóstol Pablo dijo que “estar ausentes del cuerpo” era estar “presentes al Señor” (II Corintios 5:8). Cuando un Cristiano muere, su cuerpo va al sepulcro, pero su espíritu (su alma) va a estar con el Señor. Jesús dijo al ladrón moribundo, que fue salvo “hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Así que la muerte no aterroriza a un Cristiano renacido. La señora a cuyo funeral fui el viernes pasado sabía que estaba muriendo de cáncer cuando mi esposa y yo la visitamos hace unas semanas. Pero se reía con nosotros y sonreía mucho. Nosotros vimos la paz que ella tenía porque era una Cristiana verdadera. Fue mi privilegio leer la historia de su vida en su servicio memorial, con cientos de personas presentes, el Viernes pasado.

¿Pero, qué le sucede a la persona no convertida en la muerte? En el capitulo dieciséis de Lucas, leemos: “Murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos” (Lucas 16:22, 23). Tormento consiente en el Infierno viene después de la muerte para aquellos que rechazan a Cristo, y no son renacidos. Sus cuerpos van al sepulcro. Pero sus almas van al lugar de sufrimiento eterno. Jesús dijo: “E irán éstos al castigo eterno” (Mateo 25:46). Ellos “tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre” (Apocalipsis 21:8). “Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche” (Apocalipsis 14:11).

¿Hay otra oportunidad después de la muerte? La Biblia nos da claramente un “no” enfático. Abraham le dijo al hombre en el Infierno:

“Una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá” (Lucas 16:26).

El hombre perdido en la eternidad estará en el lado equivocado de la sima entre el Cielo y el Infierno. Cristo te llama a venir a Él ahora. Después de la muerte no habrá otra oportunidad conforme a la Biblia.

III. Tercero, la Biblia advierte de la muerte repentina.

Más de la mitad de todas las muertes son repentinas. Accidentes automovilísticos, asesinatos, suicidios, guerra, y ataques al corazón son todos repentinos. La gran mayoría de los que mueren así no tienen tiempo de arrepentirse y confiar en Cristo. Se van de esta vida a encontrar a Dios sin estar preparados. La Biblia dice:

“El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Proverbios 29:1).

Yo he predicado por casi 55 años. Vez tras vez, a través de los años, he visto gente morir repentinamente que no estaban preparados para encontrar a Dios. Vez tras vez he sido llamado a conducir servicios funerales para gente que murió sin ser salva. Siempre es difícil conducir tales servicios. Es imposible darle esperanza alguna a parientes en situaciones trágicas como estas. Todo lo que puedo hacer es predicar el Evangelio a los que todavía viven.

Si tú murieras de repente en los días que vienen, ¿qué te sucedería a ti? Podrías decir con el Apóstol Pablo, “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1:21). ¿O irías a la eternidad sin esperanza de estar con Cristo? ¿Será el Cielo o el Infierno para ti? Esa es una pregunta seria, la pregunta más seria que llegarás a enfrentar, porque “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Jesús murió en la Cruz para pagar la pena completa por tu pecado. Él derramó Su Sangre para limpiarte de todo pecado. Él resucitó físicamente de los muertos para darte vida eterna. Pero se te tiene que hacer sentir tu pecado, y tu necesidad de Cristo. Tú debes voltearte de tu modo de vivir egoísta y pecaminoso. Tú tienes que encontrar a Cristo en una conversión que cambia la vida. Si eso te sucede, hay esperanza. Si no, no tienes esperanza – para nada. Por lo tanto te advierto que estés aquí en la iglesia todos los Domingos en la mañana y todos los Domingos en la noche para oír el Evangelio, para que la gente Cristiana ore por ti, para entrar al compañerismo de la iglesia, para entrar a una relación verdadera con Cristo, y con la iglesia. La Biblia dice:

“Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”
       (I Timoteo 1:15).

Como oramos que seas uno de los que Jesús salva de una vida sin esperanza y de una muerte sin esperanza. Amén.

Te voy a pedir que vengas y te pares aquí en frente de este pulpito si no estás seguro que eres salvo. Cuando hayas venido, el Dr. Cagan te llevará a otro cuarto donde podremos hablar contigo, orar contigo, y darte literatura para leer. Por favor voltea al himno número siete en tu hoja de canciones. Mientras nosotros cantamos sal de tu asiento y ven y ponte de pie aquí al frente, y ven pronto.

Cuán tiernamente nos está llamando,
   Jesús a ti y a mí;
Él nos espera con brazos abiertos,
   Llama a ti y a mí.
Venid, venid, si estáis cansados venid;
   Cuán tiernamente os está llamando,
¡Oh pecadores venid!

Por qué esperamos si está abogando,
   Pide por ti y por mí.
Sus bendiciones está derramando,
   Siempre por ti y por mí.
Venid, venid, si estáis cansados venid;
   Cuán tiernamente os está llamando,
¡Oh pecadores venid!

El tiempo vuela, lograrlo conviene,
   Jesús te llama a ti;
Vienen las sombras y la muerte viene,
   Viene por ti y por mí.
Venid, venid, si estáis cansados venid;
   Cuán tiernamente os está llamando,
¡Oh pecadores venid!

Qué gran amor Él nos ha prometido,
   ¡Promete a ti y a mí!
Hemos pecado, y Él aún nos perdona,
   Perdona a ti y a mí.
Venid, venid, si estáis cansados venid;
   Cuán tiernamente os está llamando,
¡Oh pecadores venid!
    (Traducción libre de “Softly and Tenderly”
       por Will L. Thompson, 1847-1909).

Dr. Chan, por favor venga y ore por los que han respondido esta mañana, (oración).

(FIN DEL SERMÓN)
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en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

You may email Dr. Hymers at rlhymersjr@sbcglobal.net, (Click Here) – or you may
write to him at P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Or phone him at (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Kyu Dong Lee: Hebreos 9:24-28.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Softly and Tenderly” (por Will L. Thompson, 1847-1909).


EL BOSQUEJO DE

TU CITA CON LA MUERTE

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

(Amós 8:11; I Corintios 15:26)

I. Primero, la Biblia nos dice el origen de la muerte, Génesis 2:16-17;
 Deuteronomio 31:14; Isaías 38:1; Lucas 16:19-31; 12:13-21;
Juan 8:24.

II. Segundo, la Biblia nos dice lo que sucede después de la muerte,
II Corintios 5:8; Lucas 23:43; 16:22, 23; Mateo 25:46;
Apocalipsis 21:8; 14:11; Lucas 16:26.

III. Tercero, la Biblia advierte de la muerte repentina, Proverbios 29:1;
Filipenses 1:21; I Timoteo 1:15.