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EL DIOS QUE SE ENCUBRE Y SE REVELA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 28 de Octubre, 2012

“Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15).


El astronauta Ruso Gherman Titov negó la existencia de Dios cuando regresó desde el espacio exterior. Él dijo: “Hay gente que dice que hay un Dios allá afuera, pero en mis viajes por todo el mundo durante todo el día, miré alrededor y no lo ví. No vi ningún Dios o ángeles...Yo no creo en Dios. Creo en el hombre”.

Pero el astronauta Estadounidense James A. McDivitt le respondió. Después de estar en órbita alrededor de la tierra 62 veces a bordo del Gemini 4, McDivitt dijo: “Yo no vi a Dios viendo a través de la ventana de mi cabina espacial, de la misma manera que no veo a Dios viendo a través de la ventana de mi auto en la tierra. Pero pude reconocer Su obra en las estrellas así como cuando camino entre las flores en un jardín. Si puedes estar con Dios en la tierra, también puedes estar con Dios en el espacio”.

Estos dos hombres muestran la diferencia básica entre los que creen en Dios y los que no creen en Él. El ateo busca una forma física de Dios. Cuando no lo ve, equivocadamente asume que no hay Dios. Por otro lado, el Cristiano ve la obra sutil de Dios en Su creación.

Nuestro texto muestra que Dios no se revela para el materialista, que exige que Dios venga a él gritando y golpeando un tambor, y mirando a través de una ventana. ¡Ridículo! En ninguna parte de la Biblia encontramos a Dios “probando” Su existencia a los ateos en esa forma. Nuestro texto dice:

“Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15).

Observa que el texto no se refiere a un dios cualquiera. No habla de los falsos dioses de los cultos o de otras religiones del mundo. El texto sólo habla del Dios verdadero, el “Dios de Israel, que salvas”. Es Dios verdadero es el que se esconde del hombre pecaminoso, y se revela sólo a aquellos que Él salva – “Dios de Israel, que salvas”. Entonces consideremos unos minutos los dos lados de Dios – el hecho de que Él se encubre de este mundo pecador, y el hecho de que Él se revela a aquellos que Él salva.

I. Primero, Él es un Dios que se encubre.

El profeta Isaías dijo: “Tú eres un Dios que te encubres…” De hecho, Él se esconde del hombre pecaminoso. En el capítulo cincuenta y nueve, el profeta Isaías dijo: “Vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro” (Isaías 59:2).

Cuando nuestros primeros padres pecaron en el Huerto del Edén de inmediato fueron separados de Dios. Ellos se escondieron de Él. Luego fueron expulsados del Huerto, y ya no caminaban en comunión íntima con Dios. Su hijo primogénito fue hecho en la misma “imagen” y “semejanza” de su padre pecador (Génesis 5:3). Como Caín nació pecador se rebeló en contra de Dios tal y como lo hizo su padre. Asesinó a su hermano y Dios lo maldijo. En lugar de arrepentirse, Caín se quejó con Dios,

“He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé...” (Génesis 4:14).

“Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod...” (Génesis 4:16).

La palabra “Nod” significa “errante”. En lugar de arrepentirse Caín salió de la presencia de Dios y se convirtió en un errante, “errante y extranjero serás en la tierra” (Génesis 4:12). Mira, ¡con qué frecuencia hemos visto eso! Un joven en la iglesia se rebela, peca, rehúsa arrepentirse, y se va de la iglesia, saliendo “de delante de Jehová”, y se convierte en un errante de por vida, “errante y extranjero” ¡en la tierra! ¡Qué triste!

Es muy claro en la Biblia que el pecado hace que Dios se esconda del hombre rebelde. En Isaías 1:15 Dios le dijo a la nación cargada de pecado:

“Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos” (Isaías 1:15).

“Entonces clamaréis a Jehová, y no os responderá; antes esconderá de vosotros su rostro en aquel tiempo, por cuanto hicisteis malvadas obras” (Miqueas 3:4).

“Por lo cual escondiste de nosotros tu rostro, y nos dejaste marchitar en poder de nuestras maldades” (Isaías 64:7).

Reginald Heber (1783-1826) hizo esta verdad muy clara en su gran himno:

¡Santo, Santo, Santo! Aunque te esconden,
   Aunque el hombre pecador Tu gloria no ha de ver,
Solo Tú eres santo; no hay ningún otro,
   Perfecto amor, pureza y poder.
(Traducción libre de “Holy, Holy, Holy” por Reginald Heber, 1783-1826).

II. Segundo, Él no se dejó a sí Mismo sin testimonio.

Eso es lo que el Apóstol Pablo le dijo a los adoradores de ídolos en Listra. Pablo les dijo que Dios había permitido a todos los hombres a “andar en sus propios caminos; si bien no se dejó a sí mismo sin testimonio” (Hechos 14:16-17). Él dijo que la lluvia y la comida, y otras cosas buenas, demuestran el hecho de que Dios está vivo. En el primer capítulo de Romanos, el Apóstol dijo:

“Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).

El Apóstol Pablo dijo el mundo creado, y las plantas creadas, las flores, los animales, etcétera, demuestran que hay un Creador que en primer lugar los hizo. Eso es lo que el astronauta Estadounidense McDivitt quiso decir cuando dijo: “Yo no vi a Dios viendo a través de la ventana de mi cabina espacial, de la misma manera que no veo a Dios viendo a través de la ventana de mi auto en la tierra. Pero pude reconocer Su obra en las estrellas así como cuando camino entre las flores en un jardín”. El Rey David dijo:

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, Y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1).

El Dr. Henry M. Morris dijo: “‘La gloria de Dios’, expuesta por los cielos, no es sólo el poder infinito, la variedad y complejidad vista en las estrellas, sino también el Señor Jesucristo, ‘El resplandor de Su gloria’ (Hebreos 1:3)” (traducción de Henry M. Morris, Ph.D., The Defender’s Study Bible, World Publishing, 1995; nota sobre Salmo 19:1).

Cuando uno mira a las estrellas, los árboles, la complejidad de las flores y otras cosas en la naturaleza, uno debe ver la mano de Dios el Creador detrás de ellos. Esto se llama “revelación natural” por los teólogos.

Cuando yo era niño, antes de que yo fuera a la iglesia, a menudo sentía la realidad de Dios en el patio de atrás de mi abuela. Me escondía en las flores y observaba las abejas, y yo podía sentir la presencia de Dios en esos momentos de tranquilidad.

Después, afuera en el desierto de Arizona, los relámpagos y los truenos eran tan poderosos que nuestra pequeña casa era iluminada en la oscuridad, y sacudida en sus cimientos. También en esto, sentí el poder y la presencia de Dios. ¡A través de la revelación natural, sabía que había un Dios, antes de haber leído la Biblia o escuchado un sermón!

Me acuerdo cuando capturé un colibrí. Yo tenía unos 8 años de edad. Sostuve el colibrí en la mano. De repente, se escapó y voló como una flecha hacia el cielo. Recuerdo claramente pensar que ningún ser humano podría hacer un juguete tan pequeño, y tan complejo. ¡Recuerdo que pensé que sólo Dios podía hacer una cosa tan pequeña y compleja como un colibrí!

Otro “testigo” natural de la existencia de Dios es la conciencia del hombre. El Apóstol Pablo habló de la conciencia siendo un testigo. Él dijo:

“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Romanos 2:14-15).

El Dr. Timothy Lin fue mi pastor por más de veintitrés años en la Iglesia Bautista China. El Dr. Lin dijo: “La conciencia es innata, implantada por el aliento de Dios que le dio al hombre su personalidad como la de Dios...Romanos 2:14-15 declara [que la conciencia] es innata y universal”. El dijo: “Después de que Adán y Eva pecaron, la conciencia les dio un sentido de culpa por lo que ‘ellos se escondieron de la presencia de Jehová’, Génesis 3:8”. La conciencia del hombre es una facultad innata que permite que la gente sepa la diferencia entre lo bueno y lo malo. El Dr. Henry C. Thiessen dijo: “Es la presencia en el hombre de este sentido del bien y del mal...Así que la conciencia en el hombre revela ambas, la existencia de Dios, y en cierta medida la naturaleza de Dios. Es decir, nos revela no sólo que Él es, sino que Él distingue claramente entre el bien y el mal...También implica que toda transgresión será castigada” (traducción de Henry C. Thiessen, Ph.D., Introductory Lectures in Systematic Theology, Eerdmans Publishing Company, 1971 edición, p.35).

Esto se llama, “La Revelación de Dios en la Conciencia”. “Sobre la base de la conciencia, el filósofo [Immanuel] Kant creía en Dios, la libertad y la inmortalidad” (Thiessen, ibid., p. 34). Cuando una persona Cristiana renacida peca voluntariamente, le molesta, y Dios parece estar muy lejos. Así, cada Cristiano sabe por experiencia que Dios le habla a través de su conciencia, porque cuando él peca deliberadamente pierde el sentido de la presencia de Dios.

Por lo tanto, Dios no se dejó a sí Mismo sin testimonio. Las personas que no son Cristianos pueden ver la obra de Dios en la naturaleza. Ellos pueden sentir que Dios juzga el pecado en su conciencia. Pero estas pruebas naturales de la existencia de Dios son oscurecidas por el pecado en las personas no convertidas. Si se les enseña a rechazar la realidad de Dios en sus hogares y escuelas, menos y menos podrán ver la mano de Dios en la naturaleza y en sus propias conciencias. Pueden llegar a ser tan insensibles a Dios que dicen con el astronauta Comunista, “Miré alrededor y no lo vi. No vi ningún Dios. Yo no creo en Dios. Creo en el hombre”.

Cuando un hombre se vuelve tan insensible al testimonio de Dios en la naturaleza y su propia conciencia, él es entonces lo que la Biblia llama “necio”. Así, la Biblia nos dice:

“Dice el necio en su corazón: No hay Dios. Se han corrompido, hacen obras abominables…” (Salmo 14:1).

Cuanto más peca un hombre más se corrompe su conciencia y su entendimiento espiritual se oscurece. Así, la Biblia dice que el hombre, en su estado natural, está “muerto en pecados” (Efesios 2:5). Dios se esconde de los que están muertos en pecado.

“Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15).

III. Tercero, Él se revela a sí Mismo en la Biblia.

Nuestro texto dice: El Dios que te encubres “salvas”. Eso significa que Dios debe ser el que se revela al hombre pecador. Y eso es exactamente lo que ha hecho para salvar a aquellos que Él ha elegido.

Dios se revela en las Sagradas Escrituras. El Apóstol Pablo habló de “las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús” (II Timoteo 3:15). La Biblia es la revelación de Dios Mismo al hombre pecador. El Apóstol Pedro dijo de la Biblia es “una antorcha que alumbra en lugar oscuro” (II Pedro 1:19). Es por eso que siempre predicamos de la Biblia. Es por la Biblia que los perdidos encuentran la salvación de Dios, a través de Su Hijo, Jesucristo. El Apóstol Pablo dijo:

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”
       (Romanos 10:17).

La Biblia es la palabra de Dios. La Biblia nos señala a Jesús para salvación.

Cuando yo era niño, me di cuenta que había un Dios cuando vi un colibrí, y las delicadas flores en el patio de atrás de mi abuela. Luego, afuera en el desierto de Arizona, sentí el poder y la majestad de Dios Cuando vi grandes relámpagos, y sentí nuestra casa temblar durante una tormenta. También sentí la realidad de Dios como juez en mi conciencia cuando pequé. Pero yo no sabía Su nombre. Yo no le conocía como el “Dios de Israel, que salvas”.

Traté de encontrar a Dios al ser bueno. Traté de encontrarlo al ser religioso. Incluso decidí convertirme en un ministro en mis intentos de encontrar la paz con Dios. Era algo como Martín Lutero (1483-1546), el gran Reformador, cuya conversión veremos en una película clásica esta noche a las 6:30. Pero yo seguía perdido. No importa que tan “bueno” y religioso me hice, todavía era un pecador perdido.

No fue hasta que oí un poderoso sermón de la Biblia que vi a Jesús, y fui salvo. Toda mi religión y buenas obras no me acercaron a Dios para nada. Incluso decidí convertirme en un misionero, y me uní a una Iglesia Bautista China para prepararme para el campo misionero. Pero no sirvió de nada. No fue hasta que oí al Dr. Charles J. Woodbridge predicar el Evangelio que fui salvo. Luego, en un instante, Jesús vino a mí – y fui salvo por Él. No pude salvarme a mi mismo. No pude encontrar paz con Dios por mi religión, dedicación y oraciones. Yo estuve perdido hasta esa mañana, 28 de septiembre de 1961, cuando Jesús me llevo hacia sí Mismo, ¡y lavó mis pecados con Su Sangre Santa! Entonces, en ese momento, yo sabía lo que el Apóstol Pablo quiso decir cuando dijo,

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

En ese momento, supe con certeza que Jesús había muerto en mi lugar, para expiar mis pecados, aún los míos. Entonces, en ese momento, vi al Cristo resucitado por fe. ¡Entonces, el Dios que se había escondido de mí se hizo el “que salvas” mi alma, y el Señor de mi vida! ¡Cómo oramos que tengas un encuentro con el Cristo vivo, porque sólo Él puede salvarte del pecado y de la incredulidad, del juicio y del Infierno! Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

You may email Dr. Hymers at rlhymersjr@sbcglobal.net, (Click Here) – or you may
write to him at P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Or phone him at (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Dr. Kreighton L. Chan: Salmo 19:1-11.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“How Great Thou Art” (por Carl G. Boberg, 1859-1940;
traducida por Stuart K. Hine, 1899-1989).


EL BOSQUEJO DE

EL DIOS QUE SE ENCUBRE Y SE REVELA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15).

I.   Primero, Él es un Dios que se encubre, Isaías 59:2;
Génesis 5:3; 4:14, 16, 12; Isaías 1:15; Miqueas 3:4;
Isaías 64:7.

II.  Segundo, Él no se dejo a sí Mismo sin testimonio,
Hechos 14:16-17; Romanos 1:20; Salmo 19:1; Hebreos 1:3.

III. Tercero, Él se revela a sí Mismo en la Biblia, II Timoteo 3:15;
II Pedro 1:19; Romanos 10:17; 5:1.