Print Sermon

El propósito de este sitio de Internet es proporcionar manuscritos de sermones gratuitos y videos de sermones a pastores y misioneros de todo el mundo, especialmente del Tercer Mundo, donde hay muy pocos seminarios teológicos o escuelas Bíblicas, si es que hay.

Estos manuscritos de sermones y videos ahora van a casi 1,500,000 computadoras en más de 221 países todos los meses en www.sermonsfortheworld.com. Otros cientos miran los videos en YouTube, pero rápidamente dejan YouTube y vienen a nuestro sitio de Internet. Los manuscritos de sermones se dan en 40 idiomas a casi 120,000 computadoras cada mes. Los manuscritos de sermones no tienen derecho de autor, así que los predicadores pueden usarlos sin nuestro permiso. Por favor, oprime aquí para aprender cómo puedes hacer una donación mensual para ayudarnos en esta gran obra de predicar el Evangelio a todo el mundo, incluyendo las naciones Musulmanas e Hindúes.

Cuando le escribas a Dr. Hymers, siempre dile en qué país vives o él no te podrá contestar. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net.




TITANIC

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 13 de Mayo, 2012

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
(Lucas 12:20).


El mes pasado marcó el aniversario número 100 del hundimiento del Titanic. Era el barco más grande que se había construido. Lo llamaron “el barco insumergible”. Sin embargo se hundió en su primer viaje, matando a más de 1,500 pasajeros que se ahogaron en las aguas heladas. Cien años después la gente sigue cautivada por la historia. Cuatro películas importantes se han hecho, con un sinnúmero de documentales y libros que nos dan a conocer la tragedia. El hundimiento del Titanic llamó la atención de millones de jóvenes cuando la película de 1997 fue reeditada el mes pasado en 3D.

Este sermón contiene material obtenido de un sermón por el Dr. Greg Dixon (traducción de “Sinking of the Titanic” en Prize-Winning Evangelistic Sermons, compilado y editado por Dr. John R. Rice, Sword of the Lord Publishers, 1976, pgs. 11-23). El Dr. Dixon dijo:

Cuando comencé a estudiar las historias del hundimiento de este barco insumergible, llegué a la conclusión de que era casi como si el hombre le estaba diciendo a Dios: “Ahora nos hemos convertido en los amos de nuestro propio destino, los capitanes de nuestra propia suerte. Ya no vamos a tener miedo de los elementos, ya no vamos a tener miedo de los océanos y el mar oscuro y profundo; pero a través de nuestra inteligencia, sabiduría y entendimiento ahora somos capaces de conquistar nuestro propio universo”...los propietarios, los constructores, los diseñadores, el capitán, la tripulación, los medios de comunicación, habían anunciado a todo el mundo que este barco era insumergible. Era como si el hombre estuviera diciendo: “Dios, no te necesitamos más. ¡Hemos construido un barco insumergible! Así que no necesitamos tu protección. No necesitamos tu ayuda”. Sin embargo, algo extraño ocurrió. Ese barco se hundió en su primer viaje, y fue presentado como un espectáculo para todo el mundo que tal vez después de todo todavía necesitamos a Dios (ibid., p. 11).

“Danos socorro contra el enemigo, Porque vana es la ayuda de los hombres” (Salmo 60:11).

Fue como si Dios estuviese diciendo:

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
       (Lucas 12:20).

Estados Unidos es una gran nación, pero ella se hunde como el Titanic. Cuando veo lo que está sucediendo en nuestro país se siente como que estamos arreglando las sillas en la cubierta del Titanic. Este sermón se basa en el hundimiento del Titanic, y los acontecimientos que lo rodearon.

En la noche del 14 de abril de 1912, a las 11:40 PM, el mayor desastre marítimo de la historia se llevó a cabo. El gran Titanic [el más grande barco transatlántico jamás construido en ese tiempo] chocó contra un gran témpano de hielo como a 800 millas de la costa de Newfoundland [Terranova, Canadá]. Había 2,340 almas [en el barco]. 705 personas fueron salvadas y 1,635 perecieron con el barco.
       Era su primer viaje y tuvo publicidad mundial, no sólo como el barco más grande y más lujoso del mundo, sino también como el más seguro de todas las embarcaciones de alta mar. Nunca antes la tripulación y los pasajeros habían estado tan seguros en un barco de navegación marítima (ibid., p. 12).

Sin embargo, para muchos en el Titanic, era como que Dios dijo:

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
       (Lucas 12:20).

¿Lo que cuesta sabéis si tu alma perdéis,
   Aunque el mundo entero ganéis?
Y podía ser que ya cruzaste el lumbral,
   ¿Lo que cuesta, lo que cuesta sabéis?
(Traduccion libre de “Have You Counted the Cost?” por A. J. Hodge, 1923).

Las personas en el Titanic fueron una ilustración del mundo de hoy en cuatro maneras.

I. Primero, tenían una falsa seguridad.

Pensaban que el Titanic era una “barco insumergible”. Después de todo, era 882½ pies de largo, unas tres cuadras y media de longitud. Las anclas pesaban 15½ toneladas. Tenía un doble fondo de 5 a 6 pies de espesor para garantizar la seguridad. La misma palabra “Titanic” [Titánico] significa “gigante”, “enorme”, “inmenso” y “poderoso”. El Titanic era enorme y poderoso. Se le llamó “el barco que no puede ser hundido”. Había 15 compartimentos impermeables. Estaban tan seguros de que el barco no podía hundirse que sólo había 20 botes salvavidas disponibles. Cada bote salvavidas podía sostener a 58 personas. Eso significaba que sólo 1,160 personas podrían ser salvados, de la 2,340 a bordo si cada bote salvavidas fue llenado por completo. No había suficientes botes salvavidas para salvar a 1,180 de las personas a bordo. ¿Por qué había tan pocos botes salvavidas? ¡Porque pensaron que nunca los necesitarían! ¡Ellos pensaban que el Titanic de 50,000 toneladas jamás se hundiría!

¡Qué ilustración de la falsa seguridad que la mayoría de la gente tiene hoy! ¿Y qué hay de ti? ¿Estás preparado para el juicio de Dios? ¿Estás preparado para la muerte si llegara de repente? ¿O eres como el hombre que pensaba que tenía muchos años para vivir? Él se dijo así mismo: “Repósate, come, bebe, regocíjate” (Lucas 12:19).

“Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
       (Lucas 12:20).

A bordo del Titanic estaba John Jacob Astor IV, uno de los hombres más ricos del mundo, que tenía un valor de $150,000,000, que sería diez veces esa cantidad en dinero de hoy. Él no tenía una sola preocupación cuando regresaba de un viaje a Egipto con su esposa de 19 años de edad – ¡en el Titanic! Ahí estaba Benjamin Guggenheim, director de American Smelting and Refining Company. Su valor era $95,000,000. Ahí estaba Isadore Straus, el dueño de la compañía que hizo Levis. Él tenía un valor de $50,000,000. Ahí estaba Jay Bruce Ismay, director de la Compañía Internacional de la Marina Mercante. Él tenía un valor de $40,000,000. Un collar de perlas de su esposa tenía un valor de $250,000. Ese collar de perlas era uno de los mejores del mundo.

Estos hombres caminaban tranquilamente en la cubierta del Titanic, pensando en hacer más millones, sin tener ni idea de que estaban a punto de ser sumergidos en las aguas heladas del océano Atlántico.

El multimillonario John Jacob Astor IV era la persona más rica a bordo. Cuando el Titanic golpeó el témpano que causó que se hundiera, Astor le dijo a su esposa que el daño no era grave. A medida que el barco se hundía él estaba de pie en la terraza tranquilamente fumando un cigarrillo. Media hora después la nave desapareció bajo el agua, llevándolo a una tumba de agua. Dos semanas más tarde su cuerpo hinchado fue identificado por las iniciales que se veían en la etiqueta de su saco. Uno no puede dejar de recordar que la Biblia dice:

“No aprovecharán las riquezas en el día de la ira”
       (Proverbios 11:4).

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
       (Lucas 12:20).

II. Segundo, no estaban preparados.

Ningún barco de esa época era tan lujoso como el Titanic. Tenía canchas de tenis, salas de baile y hasta ascensores, lo cual no se conocía en los barcos en ese momento. Las mejores recamaras costaban $4,300 que era mucho dinero en 1912. Estos eran los alojamientos más caros que jamás habían existido. ¡Pero no había suficientes botes salvavidas! John Jacob Astor IV y su esposa jugaban con caballos mecánicos en el lujoso gimnasio después de que el barco chocó contra el hielo. Pero al mismo tiempo que jugaban el barco se estaba hundiendo. ¡Y no había suficientes botes salvavidas!

Ningún barco que jamás haya surcado los mares dio más confianza a los pasajeros o seguridad esa noche mientras el Titanic navegaba tranquilamente por las aguas heladas del Atlántico del Norte. ¡Pero no había suficientes botes salvavidas! Y los botes salvavidas no tenían provisiones. Algunos de ellos no tenían agua almacenada en ellos. Algunos no tenían velas o brújulas. Algunos de ellos tenían los seguros en la parte inferior hacia fuera. Después de todo, estos botes salvavidas no eran realmente necesarios en absoluto – ¡pensaban ellos! Es por eso que sólo había 20 de ellos.

Aun así, la mayoría de estos botes salvavidas se alejaron de la nave con sólo 10, 12 o 15 personas a bordo, a pesar de que podrían haber llevado casi el 60. ¿Por qué había tan poca gente en los botes salvavidas? ¡Fue porque la gente no creía que el barco iba a hundirse! Ellos no se metían en los botes salvavidas.

Luego hubo una serie de explosiones. La gente se asustó al fin y corrió hacia los botes salvavidas que quedaban. Ahora era una estampida. Pero ya era demasiado tarde para la mayoría de ellos. Varios de los hombres que perdieron la vida podrían haber comprado el Titanic, ¡pero no tenían suficiente dinero para comprar un asiento en los botes salvavidas! ¡No estaban preparados!

Allí en las cubiertas había hombres y mujeres vestidos con las mejores pieles que el dinero podía comprar. Algunos de ellos tenían anillos de oro en los dedos, perlas en el cuello, aretes de diamantes en las orejas. Pero ahora no eran mejores que los pasajeros más pobres, luchando como animales para llegar a un bote salvavidas. Pero esos botes estaban llenos. Ya era demasiado tarde. ¡No estaban preparados! ¡Qué imagen de esta generación!

“Como fue en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del Hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos” (Lucas 17:26-27).

Se reían de Noé cuando les dijo que se prepararan. Ellos pensaron que el juicio no llegaría nunca. Entonces la lluvia cayó a torrentes. A medida que el agua subía ellos golpeaban a los lados del arca y gritaban por sus vidas. Pero ya era demasiado tarde. Esperaron mucho tiempo. La puerta del arca fue sellada por Dios. Aullaron y gritaron de miedo ya que fueron tragados por el Diluvio, y se fueron a una tumba de agua. “Así será también la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:39).

Alguien le preguntó a John Jacob Astor, “Hombre, ¿dónde está su chaleco salvavidas?” Dijo Astor: “No creí que lo necesitaría”.

Algún día estarás ante el trono del Juicio de Dios. Se te preguntará: “¿Qué hiciste con Jesús llamado el Cristo?” ¿Dirás tú: “No creí que lo necesitaría”?

Tú necesitarás a Jesús entonces. Tú puedes pensar que no lo necesitas, pero sí lo necesitarás. Sin embargo debes recibir a Cristo ahora mismo. Entonces será demasiado tarde para siempre.

“Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

“E irán éstos al castigo eterno” (Mateo 25:46).

Tú bien puedes cambiar tu esperanza eternal,
   Por un gozo que pronto se va,
Resplandece el pecar, cosas te obtendrá,
   ¿Lo que cuesta, lo que cuesta sabéis?
¿Lo que cuesta sabéis si tu alma perdéis,
   Aunque el mundo entero ganéis?
Y podía ser que ya cruzaste el lumbral,
   ¿Lo que cuesta, lo que cuesta sabéis?

Un día no muy lejano Dios te dirá:

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
       (Lucas 12:20).

III. Tercero, se procrastinaron.

Ellos perdieron el tiempo jugando, y se demoraron de entrar en lo que los botes salvavidas habían allí. El barco se hundía, pero muchos estaban bebiendo y bailando. El barco se estaba hundiendo pero John Jacob Astor y su joven esposa estaban jugando con un caballo mecánico en el gimnasio. El barco se estaba hundiendo, y la tripulación tuvo que romper literalmente los camarotes de la gente para despertarlos a los que dormían. No podían creer que esta nave insumergible en realidad estaba hundiéndose. ¿Sabes lo que algunos de ellos lo hicieron? ¡Mientras el barco se estaba hundiendo agarraron pedazos de hielo y tuvieron peleas con bolas de nieve en la cubierta! Algunos de ellos estaban llevando trozos de hielo a sus camarotes. Cuando se les preguntó por qué, dijeron: “Queremos llevarlos a la ciudad de Nueva York para mostrárselos a nuestros amigos”. Ellos se demoraron. Ellos pusieron a un lado sus temores. Jugaron y perdieron tiempo como la gente de Sodoma.

“Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos” (Lucas 17:28-29).

Los veo jugando aquí en el centro de Los Ángeles. Ellos vienen aquí en sus carros caros de los suburbios. Ellos pagan cientos de dólares por asiento para ver otro juego insignificante de baloncesto de los Lakers. Se quedan aquí hasta las 11:30 de la noche gritando y bebiendo. Pero, ¿podrías hacer que estas mismas personas vinieran al centro a nuestra iglesia el Domingo por la mañana? ¡Oh, no! ¡De ninguna manera! “No, yo no podría venir hasta la ciudad central”, ellos dicen. Pero pronto escucharán la voz de Dios:

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
       (Lucas 12:20).

“Él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche...” (Apocalipsis 14:10-11).

IV. Cuarto, gemían mientras el barco se hundía.

La mayoría de los pasajeros estaban bebiendo y bailando y jugando, en gran fiesta. Un grupo de jugadores fue a la cubierta cuando escucharon que el barco había chocado contra un témpano de hielo. Pero pronto volvieron a sus mesas de juego. Ellos se hundieron junto con el barco. Incluso después de haber sido advertidos, muchos se fueron a la cama con la confianza de que el Titanic jamás podría hundirse. Ellos también, se hundieron con el barco.

Otros bromeaban sobre el salvavidas. Algunos se pusieron los salvavidas y bailaron alrededor de la nave, mientras otros mirando se reían. Algunos se negaron a ponerse el salvavidas porque no querían estropear sus trajes y vestidos con los chalecos salvavidas “sucios”. A muchos se les insistió que se subieran los botes salvavidas. Ellos dijeron: “¿Por qué vamos a subirnos en los botes salvavidas y vamos a ir en la noche espesa y fría? Vamos a volver en unos pocos minutos de todos modos”. Se rieron mientras la tripulación les decía que el barco se estaba hundiendo.

Oh, yo sé lo que dice el mundo esta mañana. Sé que se ríen de un predicador viejo como yo. Yo sé que dicen: “¡No dejes que te asuste ese viejo tonto!” Yo sé lo que dicen. “Sigue adelante viviendo una vida de libertinaje y pecado. ¡No seas necio! No te conviertas en un Bautista de mente cerrada. ¡Come, beber, regocíjate!” ¡Yo sé lo que dicen! Pero también sé lo que Dios dice:

“Por tanto, su calamidad vendrá de repente; Súbitamente será quebrantado, y no habrá remedio” (Proverbios 6:15).

“El hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado, y no habrá para él medicina” (Proverbios 29:1).

Rechazando a Jesús una line cruzáis,
   El Espíritu Santo se va,
Y alocado al placer de este mundo corréis,
   ¿Lo que cuesta, lo que cuesta sabéis?
¿Lo que cuesta sabéis si tu alma perdéis,
   Aunque el mundo entero ganéis?
Y podría ser que ya cruzaste el lumbral,
     ¿Lo que cuesta, lo que cuesta sabéis?

Pero al final gemían mientras el Titanic se hundía bajo las olas. A medida que los botes salvavidas se alejaban, los que se acurrucaron, temblando juntos, contaron que la banda cambió su música. Unos minutos antes estaban tocando la música alocada de ese tiempo. Pero ahora la banda empezó a tocar un himno fúnebre.

Cerca de Ti Señor, Quiero morar,
   Aunque sea una cruz Que me eleve,
Siempre yo cantaré, Cerca de Ti Señor,
   ¡Cerca de Ti Señor, Quiero morar!
(Traducción libre de “Nearer, my God, to Thee”
   por Sarah F. Adams, 1805-1848).

Cuando el barco comenzó a hundirse el Reverendo John Harper corría de una persona a la otra en la cubierta, suplicándoles que confiaran en Cristo. Un hombre empujó al predicador y le dijo que se callara. El Reverendo Harper le dio a ese hombre su salvavidas y le dijo: “Necesitas esto más que yo”. El Reverendo John Harper se ahogó, pero el hombre al que dio su salvavidas vivió. El Pastor Harper ilustró a Jesús, el Salvador de los pecadores. Jesús murió para que tú puedas vivir. Ah, esta mañana, Jesús te ofrece la vida. Él murió en la Cruz para pagar el castigo por tu pecado. Él resucitó de entre los muertos para darte vida eterna. ¿Vas a confiar en Jesús esta mañana?

“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (I Juan 4:10).

¿Confiarás en Jesús y serás salvo esta mañana?

Hubo una audiencia en el Congreso después del hundimiento del Titanic. Testigo tras testigo se presentó ante los senadores para hablar. Por último, el tercer oficial del Titanic declaró. Uno de los senadores le hizo una extraña pregunta. No sé por qué la preguntó, pero lo hizo. Él Dijo: “Sr. Pittman, ¿puedes describir los gritos mientras el barco se hundía?” El Sr. Pittman hundió la cabeza entre las manos y empezó a llorar desconsoladamente. Por último, el Sr. Pittman pudo hablar. Él dijo: “Sr. usted pregunta acerca de los gritos. La mejor respuesta que puedo darle a su pregunta, es esta, Sr. era sólo un largo y continuo gemido”. Esa es la manera que será en el Infierno. “Allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:42).

Te ruego, como el Reverendo John Harper hizo con el hombre en la cubierta del Titanic. Te ruego, “Confía en Cristo antes de que sea demasiado tarde”.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

You may email Dr. Hymers at rlhymersjr@sbcglobal.net, (Click Here) – or you may
write to him at P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Or phone him at (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por Dr. Kreighton L. Chan: Lucas 12:16-21.
El Solo Cantado Antes del Sermón por Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Have You Counted the Cost?” (por A. J. Hodge, 1923).


EL BOSQUEJO DE

TITANIC

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma”
(Lucas 12:20).

(Salmo 60:11)

I.   Primero, tenían una falsa seguridad, Lucas 12:19, 20;
Proverbios 11:4.

II.  Segundo, no estaban preparados, Lucas 17:26-27;
Mateo 24:39; Apocalipsis 20:15; Mateo 25:46.

III. Tercero, procrastinaron, Lucas 17:28-29; Apocalipsis 14:10-11.

IV. Cuarto, gemían mientras el barco se hundía,
Proverbios 6:15; Proverbios 29:1; I Juan 4:10; Mateo 13:42.