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MUCHO AMOR DE LOS PECADORES PERDONADOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 29 de Abril, 2012

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).


Es una historia simple. Un Fariseo llamado Simón invitó a Jesús a cenar en su casa. Mientras comían una mujer pecaminosa entró llorando, lavó los pies de Jesús con sus lagrimas, y ungió Sus pies con ungüento. El Fariseo pensaba que si Jesús fuera profeta Él sabría que esta mujer era pecadora, y no le hubiera permitido tocarlo. Jesús sabía lo que el Fariseo pensaba así que Él le dijo una parábola. Jesús dijo que había dos deudores. Uno debía una gran cantidad de dinero al acreedor, y el otro le debía una cantidad pequeña. El acreedor los perdonó a los dos. Jesús le preguntó al Fariseo cual de ellos amaría más al acreedor. El Fariseo dijo: “pienso que aquel a quien le perdonó más”. Jesús le dijo que tenía razón. Luego Jesús le dijo que la mujer había seguido la costumbre oriental de ungir Sus pies y Su cabeza, lo cual el Fariseo no había hecho. Luego Jesús dijo que ella había hecho eso porque ella había sido perdonada mucho. Esto nos lleva al texto:

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).

Hay un asunto de exegética que debo tratar antes de seguir adelante. Se refiere a la frase: “Sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho”. Sin una explicación esto podría hacer que alguien piense que ella fue perdonada porque amó mucho. ¡Pero eso sería poner al revés lo que Cristo quiso decir! Haría el amor de ella la condición de ser perdonada. Si lees la parábola de Jesús en los versículos 41-43 verás al instante que esta interpretación es exactamente lo contrario de lo que Jesús quería decir. La palabra Griega traducida “porque” significa “por lo tanto” en lenguaje moderno. El Dr. William Hendriksen dice que la palabra Griega traducida “porque” es “una preposición...lo mismo que ‘por lo tanto’” (traducción de The Gospel of Luke, Baker, 1981 edición, p. 412). Rienecker lo tradujo “debido a que” (traducción de A Linguistic Key to the New Testament, Zondervan, 1980, p. 160). El Dr. Gill lo interpretó, “por lo tanto amó mucho” (traducción de An Exposition of the New Testament, vol. I, p. 575). Matthew Henry también dijo: “Debe ser interpretado, por lo tanto, amó mucho”…amó mucho no era la causa sino el efecto” (Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible; nota sobre Lucas 7:47). El Dr. Lenski dijo, “El amor de la mujer no es la razón o la causa del perdón, pero su muestra de este amor demuestra de una forma visible de que sus pecados son perdonados” (The Interpretation of St. Luke’s Gospel, Augsburg, 1961, p. 433). Por lo tanto se puede traducir como, “Sus muchos pecados, le son perdonados, [por lo tanto, debido a ello] amó mucho”. La Biblia de Ginebra de 1599 dice: “Amar a Cristo, es un testimonio seguro y perpetuo de la remisión de pecados...por lo tanto la caridad [el amor] que se habla aquí, no debe ser tomada por la causa, sino como una señal...que los pecados de su vida pasada le son perdonados a ella (nota sobre Lucas 7:47).

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque [por lo tanto] amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).

Esto ciertamente es un punto importante. El verdadero amor a Cristo viene por ser perdonados. Si no experimentamos el perdón del pecado, no vamos a amar a Cristo. Esto explica dos cosas.

I. Primero, explica por qué hay tan poco amor hacia Jesús en estos días de maldad.

En Su profecía del fin del tiempo, Jesús dijo:

“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).

En nuestros días muchos Cristianos carecen de amor porque abunda la maldad. Matthew Henry dijo: “Cuando abunda la maldad, seduciendo la maldad, persiguiendo la maldad, esta gracia [de amor] se enfría. Los Cristianos comienzan a ser tímidos y desconfiados el uno del otro, los afectos están alienados, las distancias son creadas...así que el amor no llega a nada...así que el Infierno parece desatarse en blasfemias contra Dios, y enemistad hacia los santos...Esto ofrece una perspectiva melancólica de los tiempos, que habrá una gran decadencia del amor”.

¿Quién puede decir que no vivimos en un tiempo como este? Creo que Mateo 24:12 es profético de los días malos que estamos viviendo. Lo que sea que creamos acerca de la profecía Bíblica, ¿quién puede decir que esto no se aplica a nuestro tiempo?

“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).

Cuando yo era un adolescente, la iglesia de la cual yo era un miembro antes de unirme a la Primera Iglesia Bautista China, pasó por una división terrible. Los miembros de esa iglesia se acusaron mutuamente, se calumniaron y se atacaron entre sí. Recuerdo que pensé: “El Cristianismo no puede ser verdad. Mira el odio que los Cristianos tienen el uno al otro”. Solamente más tarde, después de ser salvo, me di cuenta de que esas personas nunca habían sido convertidas, que no eran Cristianos. Su falta de amor sólo demostró que nunca habían sido perdonados en una verdadera conversión. “Mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama”. Aquellos que enojados dejan sus iglesias en amargura y sin amor nunca han experimentado el amor perdonador de Cristo. Isaac Watts lo dijo muy bien:

Señor, cuando abunda el mal,
   Y crece el blasfemar,
Cuando la fe y el amor
   Son duros de encontrar;

¿No has muy pronto de venir?
   ¿Señal nos diste así?
¿No deberíamos confiar
   Promesa celestial?
(Traducción de “Lord, When Iniquities Abound”
     por Dr. Isaac Watts, 1674-1748).

El “Decisionismo” es la principal causa de la apostasía de hoy. Desde el tiempo de Finney y aquellos que siguieron sus métodos, nuestras iglesias han aceptado decenas de millones de personas no salvas como miembros. Todo lo que estas personas tenían que hacer era levantar la mano, venir al “frente”, o decir una “oración del pecador” y fueron aceptados como miembros sin hacerles preguntas. Dado que nunca experimentaron la convicción Bíblica del pecado seguida por una conversión verdadera, tenían poco amor por Jesús, y las iglesias se llenaron de miembros no salvos. Esto, a su vez, llevó a los verdaderos Cristianos en las iglesias a estar muy confundidos y desanimados.

“Y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (Mateo 24:12).

El Apóstol Pablo predijo un tiempo en que los llamados Cristianos serían amadores de sí mismos, más que amadores de Cristo (II Timoteo 3:2). Estamos viviendo en esa época hoy en día como resultado directo del “decisionismo”.

¡Al profundizarse la apostasía, y el pecado abunda en las iglesias, que los verdaderos convertidos se acerquen más a Cristo, y lo amen aún más por perdonar sus pecados y salvar sus almas del Infierno!

Amarte más, Jesús,
   ¡Amarte más!
Oye mi oración
   De rodillas;
Mi ruego es con fervor:
    Amarte más, Jesús,
¡Amarte más, amarte más!

¡Canta el coro conmigo!

Mi ruego es con fervor:
   Amarte más, Jesús,
¡Amarte más, amarte más!
    (Traducción de “More Love to Thee” por Elizabeth P. Prentiss, 1818-1878).

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).

II. Segundo, muestra que la convicción de pecado nos mueve a amar a Jesús cuando Él nos perdona.

Oh, sí, esta mujer estaba profundamente con convicción de pecado. El pasaje nos dice:

“Una mujer de la ciudad, que era pecadora… estando detrás de él a sus pies, llorando” (Lucas 7:37, 38).

Es bueno que los Cristianos recuerden cuando fueron salvos. Si has experimentado una verdadera conversión sin duda recuerdas lo terrible que te sentiste cuando tuviste convicción de pecado. Sin duda recuerdas el gran alivio que tuviste cuando Jesús te perdonó y salvó tu alma. ¡Es por eso que es bueno que todos los Cristianos recuerden lo terrible que era antes de que ellos fueran salvos, y lo maravilloso que es que Jesús haya salvado a un miserable como tú! Cuando el celo se enfríe, y tus oraciones y tu evangelismo se hagan tibios, ¡recuerda cómo Jesús te salvó del pecado y te dio una vida de esperanza! Al recordar la misericordia que Jesús tuvo para ti te llevará a un mayor amor por Él. Entonces dirás:

Amarte más, Jesús,
¡Amarte más, amarte más!

¡Cántalo de nuevo!

Mi ruego es con fervor:
   Amarte más, Jesús,
¡Amarte más, amarte más!

He estado leyendo un libro llamado: “Fuego del Cielo” [Fire From Heaven], de Paul Cook (Evangelical Press, 2009). El Reverendo Cook dijo que una de las cosas que ocurren en una conversión real es que la gente viene bajo la convicción de pecado. Él dijo: “La gente nunca es, naturalmente, condenada por su pecado; por la naturaleza nos auto-justificamos. Un trabajo específico del Espíritu es necesario. Y cuando el Espíritu actúa, el pecado se convierte en repugnante, que lleva a una persona a odiarlo y dejarlo... Hoy en día mucha predicación omite la doctrina del pecado y el arrepentimiento” (ibid., p. 18). Él continúo diciendo que clamar a Dios por misericordia a través de Jesús generalmente es necesario. Él dijo: “Hemos perdido esta nota en nuestras iglesias. A las personas se les insta a hacer un compromiso con Cristo pero rara vez se les dice que clamen a Dios por misericordia... este clamor a Dios por misericordia es un elemento esencial del arrepentimiento” (ibid.). El publicano pecador, “se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). El Reverendo Cook dijo:

He aquí un hombre que ha vivido sin ningún sentido real de Dios o de la gravedad del pecado, y un día [viene] cuando tiene conocimiento de Dios. Él experimenta una profunda convicción de pecado y comienza a buscar a Dios, a menudo con un sentido de desesperación. Lo hace hasta que es llevado al arrepentimiento y mira hacia el Señor Jesucristo para el perdón y la salvación. Entonces se le da la seguridad de la misericordia de Dios y el perdón de sus pecados. Y esto es seguido por un gran gozo y alegría (ibid., pág. 119).

“Clamar a Dios por misericordia por medio de Jesucristo” frecuentemente se observa en personas que experimentan la verdadera conversión.

El Reverendo Cook dio el reporte de varias conversiones que tuvieron lugar en el Segundo Gran Despertamiento (1800-1830). Habló de la conversión de William Carvosso quien dijo: “Tuve tal visión de la malvada naturaleza de pecado, y de lo que había hecho en contra de Dios, que tuve miedo de que la tierra se abriera y me tragara”. Su conflicto espiritual duró varios días, hasta que “Cristo se le apareció... y Dios perdonó todos mis pecados, y puso mi alma en libertad...Esto fue alrededor de las nueve de la noche, el 7 de Mayo de 1771...y nunca olvidaré esa hora felíz” (ibid., págs. 74, 75). El Sr. Carvosso fue grandemente usado por Dios en el Segundo Gran Despertamiento.

Richard Trewavas se paseó por la cubierta de su barco en medio de una tormenta, lamentando sus pecados, y vino a ver que “sin un interés en los méritos del Redentor estaré eternamente deshecho, y esto sólo se podría obtener por la fe en Cristo”. Después de seis meses de la lucha espiritual encontró la paz en Cristo (ibid.).

Salomón Burall caminó durante días trabajando en una mina en Tuckingmill con angustia espiritual, hasta que sus gritos a Dios trajo una multitud de mineros corriendo a ayudarle pensando que tenía dolor físico (ibid.).

William Carvosso, el primer hombre que mencioné, se hizo predicador después de que fue salvo. En una reunión él dijo:

…cientos de personas clamaban por misericordia al mismo tiempo. Algunos se quedaron con gran angustia del alma durante una hora, algunos por dos, otros seis, otros nueve, otros doce y algunos por quince horas antes de que el Señor le dió paz a sus almas – entonces se levantaban, extendían sus brazos, y proclamaban las maravillas de Dios, con tal energía, que los espectadores se sorprendían en un momento, y caían al suelo y clamaban por [angustia en] sus almas (ibid., pág. 80).

El Reverendo Cook dijo: “Esto no nos debe sorprender, ni nos debe alarmar. Lo que nos debe sorprender es que no sucede con frecuencia hoy en día” (ibid., p. 83). William Carvosso dijo:

Tomé té una noche en el hermano Smith: justo antes de que íbamos a unirnos en la oración uno que era un extraño para mí entró en la habitación: apenas abrí la boca en oración y él se despertó profundamente y clamó por [angustia en] su alma. Creo que nunca vi a un hombre en mi vida con una angustia de espíritu mayor que esa...Después de una dura lucha, obtuvo misericordia, con alegría declaró que [Cristo] había perdonado todos sus pecados (ibid., pág. 85).

William Carvosso dijo:

Me apresuré hacia allá, y encontré algunas de las almas angustiadas en la capilla, que habían estado allí varios días y noches luchando en oración, y clamando por misericordia...el Espíritu de convicción estaba operando con tanta fuerza, que muchos de los que se habían burlado cayeron sobre sus rodillas para orar en medio de su trabajo. De hecho, durante muchos días poco más se hizo de atender a los que estaban profundamente agonizando con Dios para la salvación de su alma... ¡Que Dios se muestre paciente con ellos, y les muestre misericordia a la vida eterna. Amén y Amén (ibid., págs. 87, 88).

Una mujer que había ido a la iglesia durante treinta años no era convertida, sólo formalmente religiosa. Se le advirtió del peligro de quedar satisfecha sin ser aceptada por el Hijo de Dios, y la imposibilidad de llegar al Cielo sin nacer de nuevo. Punzada en su corazón, ella cayó de rodillas bajo convicción de pecado, y comenzó a clamar a Dios por misericordia. “Señor, líbrame de caer en el Infierno”, exclamó. Sus gritos se hicieron fuertes y apasionados, y pronto el Señor misericordiosamente visitó su alma y le dio el “conocimiento de la salvación...por el perdón de los pecados, y daba alabanzas a Dios”. Como resultado de Dios usando su testimonio una serie de reuniones se llevaron a cabo. “La obra de convicción del Espíritu de Dios era tan grande que en ocasiones los gritos de las personas que clamaban a Dios por misericordia en sus hogares podría ser escuchado por la gente caminando por las calles” (ibid., pág. 90).

William Carvosso describió la conversión de un hombre con estas palabras:

Al enterarse de que había empezado a orar, me pidió que lo visitara. No había [hablado] por largo tiempo con él cuando ya estaba profundamente despierto y comenzó a clamar pidiendo misericordia. Después de orar con él, lo dejé. En la noche lo visité de nuevo; y mientras yo le estaba apuntando al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, Dios reveló Su misericordia a su alma, y él gritó: “¡Mi carga se ha ido, el Señor ha perdonado todos mis pecados: gloria, gloria a Su nombre!” Lo visité varias veces después y encontré su confianza inquebrantable (ibid., pág. 90).

El Reverendo Cook dijo que no guiaban a las personas perdidas en una “oración del pecador”. Él dijo, “Ellos predicaron el evangelio y lo enforzaron con exhortaciones frecuentes, pero después de haber hecho esto dejaron al solicitante en las manos de Dios”. Ellos creían que la salvación no era principalmente el pecador viniendo a Cristo, sino Cristo viniendo al pecador en el poder del Espíritu Santo. Y ellos no creían que a Cristo se le podía hacer venir por una decisión humana. “Por esta razón dejaron a los que tenían convicción de pecado clamando por misericordia, y los instó a clamar y clamar otra vez hasta que Dios diera testimonio por Su Espíritu que se habían convertido en Sus hijos... Instaron a hombres y mujeres a creer el evangelio, pero fueron más allá de esto, instaron a los pecadores a buscar al Señor y clamarle a Él por misericordia. Sabían que bajo la convicción verdadera, y como prueba del verdadero arrepentimiento, los pecadores seria y sinceramente harían esto y que Dios escucharía su clamor. [Ellos] no tomaron la misericordia de Dios a la ligera; tenía que ser buscada...Dios tenía que responder a los pecadores que buscaban, y cuando lo hacía, daba directamente paz al alma. El hombre era visto totalmente dependiente de Dios para la salvación...El de ellos era más verdadero énfasis bíblico del que se encuentra en la mayoría de las iglesias evangélicas de hoy...Ellos creían que a menos que Dios trabajaba ellos eran incapaces de lograr cualquier cosa en Su nombre. Esto explica por qué oraban tanto y con tal seriedad” (ibid., págs. 104, 105). Jesus dijo:

“Sus muchos pecados le son perdonados, [por lo tanto] porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:47-48).

No te hará ningún bien creer una doctrina o un verso Bíblico. No vas a ser salvo de esta manera. Dios tiene que despertare. Dios tiene que angustiarte por tus pecados. Dios tiene que mostrarte el peligro en que te encuentras, y el juicio que te espera. Dios tiene que atraerte a Jesús para que tus pecados sean perdonados. Estas cosas no están en tu poder. Todo lo que puedes hacer es clamar como el publicano pecador, que se golpeaba el pecho y oraba: “Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13). Por favor voltea al himno número 7 en su cancionero, “Ten Misericordia de Mí”. Por favor de pie y cántenlo. Este es un himno “olvidado” de un himnario viejo Bautista.

Contrito y culpable yo,
   Temblando lloro a ti Señor;
Es rico y gratis Tu perdón;
   ¡O Dios! ¡Clemencia ten de mí!

A mí atribulado pecho golpeo,
   Con culpa de mis pecados:
Mi ruego es Cristo y Su Sangre;
   ¡O Dios! ¡Clemencia ten de mí!

Con lágrimas en mis ojos,
   No me atrevo ni alzarlos;
Más Tú toda mi penas ves:
   ¡O Dios! ¡Clemencia ten de mí!

Contrito y culpable yo,
   Temblando lloro a ti Señor;
Es rico y gratis Tu perdón;
   ¡O Dios! ¡Clemencia ten de mi!
(Traducción libre de “Be Merciful to Me”
     por Cornelius Elven, 1797-1873; alterado por el Pastor;
     con la música de “‘Tis Midnight, and on Olive’s Brow”).

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por Dr. Kreighton L. Chan: Lucas 7:36-48.
El Solo Cantado Antes del Sermón por Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“More Love to Thee” (por Elizabeth P. Prentiss, 1818-1878).


EL BOSQUEJO DE

MUCHO AMOR DE LOS PECADORES PERDONADOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (Lucas 7:47).

I.   Primero, explica por qué hay tan poco amor hacia Jesús en estos
días de maldad, Mateo 24:12; II Timoteo 3:2.

II.  Segundo, muestra que la convicción de pecado nos mueve a amar a
Jesús cuando Él nos perdona, Lucas 7:37, 38; 18:13; 7:47-48.