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EL DIOS GRANDE Y TEMIBLE – PARTE III

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 12 de Febrero, 2012

“Dios…grande y temible” (Nehemías1:5).

“Señor, Dios grande, digno de ser temido” (Daniel 9:4).


De nuevo este sermón es adaptado de “El Dios Grande y Temible” por el Dr. John R. Rice (La Espada del Señor, 1977, págs. 7-38).

Estos textos en Nehemías y Daniel nos dicen que Dios es un Dios grande, temible y terrible. Hemos visto que el Dios del que se habla en toda la Biblia es un Dios temible y terrible. Aquellos que hablan de Él solo como un Dios de amor no le son fieles a las Escrituras. Él también es un Dios de juicio y venganza. La mayoría de predicares hoy día no predican que “¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31). Pero dicha predicación representa equívocamente a Dios. Es una presentación deshonesta de Dios. Esto no es novedad. En los tiempos de Jeremías Dios dijo:

“Este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fueron. Y no dijeron en su corazón: Temamos ahora a Jehová Dios nuestro” (Jeremías 5:23-24).

Y los predicadores de aquel día representaban mal a Dios, quien le dijo a Jeremías:

“Desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores… diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 6:13-14).

“He aquí que aborrecieron la palabra de Jehová; ¿y qué sabiduría tienen?…desde el profeta hasta el sacerdote todos hacen engaño…diciendo: Paz, paz; y no hay paz” (Jeremías 8:9-11).

“Los cortaré del todo, dice Jehová… y lo que les he dado pasará de ellos” (Jeremías 8:13).

“Por tanto, así ha dicho Jehová sobre los profetas que profetizan en mi nombre, los cuales yo no envié, y que dicen: Ni espada ni hambre habrá en esta tierra; con espada y con hambre serán consumidos esos profetas. Y el pueblo a quien profetizan será echado en las calles…y sobre ellos derramaré su maldad” (Jeremías 14:15-16).

¿A dónde se oye en nuestros pulpitos tales palabras en estos días malignos? ¿A dónde están los predicadores que nos dicen del juicio que viene pronto de parte del Dios grande y temible de Jeremías? Pero, lo prediquen o no, Él todavía es un Dios santo, justo, grande, terrible y temible.

“Así dice Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que yo traigo mal sobre este lugar, tal que a todo el que lo oyere, le retiñan los oídos” (Jeremías 19:3).

Yo estaba en el jacuzzi en mi gimnasio la otra noche. Un hombre que estaba allí me preguntó por qué yo pensaba que América está en grandes problemas. Sin dudar le dije: “Porque hemos matado a cincuenta y cuatro millones de niños. Por eso estamos en problemas. Dios está airado con América por asesinar a una generación entera de bebés inocentes. Y Dios está airado con nuestros predicadores por no hacer ninguna cosa práctica para acabar este holocausto”. Su cara se puso pálida. Luego me dijo: “Mi madre estaría de acuerdo contigo”. Le dije: “ estarás de acuerdo conmigo cuando Dios derrame Su furia e ira sobre nuestra nación”. Jeremías dijo:

“No engañéis ni robéis al…huérfano…ni derraméis sangre inocente en este lugar” (Jeremías 22:3).

“Mas si no oyereis estas palabras, por mí mismo he jurado, dice Jehová, que esta casa será desierta…te convertiré en soledad, y como ciudades deshabitadas” (Jeremías 22:5-6).

“Y pondré sobre vosotros afrenta perpetua, y eterna confusión que nunca borrará el olvido” (Jeremías 23:40).

¡Eso es lo que el Dios terrible, temible de Jeremías le dice a América ahora mismo!

Ese es el Dios grande, terrible y temible de Noé, que trajo juicio sobre toda la raza humana. Ese es el Dios grande, terrible y temible de Abraham, que castigó vez tras vez a la nación de Israel por su pecado. ¡Y, sí, ese es el Dios terrible y temible de Jeremías, que profetizó el cautiverio de Israel en Babilonia!

La Biblia deja bien claro que los Judíos son el pueblo escogido de Dios. El pueblo Judío es amado por el corazón de Dios. Son el pueblo escogido de Dios sobre la tierra (Génesis 12:1-3). Dios les dio la tierra de Canaán en posesión eterna. Dios les dice: “Con amor eterno te he amado” (Jeremías 31:3). Aun en su Apostasía, Dios les dijo: “yo soy vuestro esposo” (Jeremías 3:14; ver Oseas 2:19-20).

¡Pero el castigo de Dios sobre Israel por sus pecados ha sido a veces tan lleno de furia que debe hacernos temblar! En Cades Barnea, en el desierto, Israel dudó de Dios. Le oyeron a los espías incrédulos y temieron entrar en la tierra prometida. Entonces Dios dijo que los detendría en el desierto hasta que aquellos rebeldes murieran y sus cuerpos se pudrieran en el desierto. Él llevaría a los hijos de ellos a la tierra solo hasta después de que aquella generación incrédula pereciera. ¡El castigo directo de Dios sobre su amado pueblo Israel es una advertencia solemne de que nadie puede pecar y quedar libre de castigo!

Después de que los hijos de Israel bailaran desnudos alrededor del becerro de oro, Dios mandó que se matara a 3,000 de ellos en juicio. En el desierto, se quejaron de Dios, “Y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento” (Números 11:1). Cuando se quejaron de no tener más que comer aparte del maná, y quisieron comer carne, Dios se airó por sus quejas, y les envió codornices para que comieran. “Aún estaba la carne entre los dientes de ellos, antes que fuese masticada, cuando la ira de Jehová se encendió en el pueblo, e hirió Jehová al pueblo con una plaga muy grande” (Números 11:33). ¡Oh, la ira y el juicio de este Dios temible y terrible!

Luego Coré, Datán y Abiram se rebelaron contra Moisés y Aarón. Dios dijo a Moisés que apartara a su pueblo de estos hombres impíos. Y se abrió la tierra bajo los pies de ellos y se los tragó, y a todo el pueblo que estaba con ellos. Ellos “descendieron vivos al Seol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación” (Números 16:33). Pero otros todavía se quejaron y se rebelaron por este juicio, ¡y Dios envió una plaga que mató a 14,700 más de ellos! ¡Oh, Dios temible, terrible, el Dios que está airado con el pecado, el Dios furioso que envió el juicio sobre ellos por su pecado y rebelión!

De nuevo los Israelitas se quejaron de tener solo maná para comer. “Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo; y murió mucho pueblo de Israel” (Números 21:6).

Después el pueblo fue tentado a cometer pecado sexual con las hijas de Moab. ¡El juicio de Dios cayó sobre ellos, y 24,000 Israelitas murieron de una plaga ante el Señor!

Lee el libro de Jueces. Mira cómo Dios castigó a Israel por su pecado vez tras vez entregándolos a sus enemigos. ¡Oh, cuan cierto es que “Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31).

Después el pueblo olvidó a Dios otra vez y adoró a ídolos, cometiendo todo tipo de pecado. Después de advertencias repetidas, el reino del norte de Israel cayó. Luego el reino del sur de Judá fue juzgado, y cayó al cautiverio en Babilonia. Jerusalén fue destruída. Los muros fueron derrumbados. Las puertas y palacios fueron quemados. ¡Hasta el tempo de Dios fue destruido! El poco pueblo que quedaba fue llevado a esclavitud en Babilonia por setenta años. ¡Oh, Israel, cuán pesado fue el juicio de Dios sobre ti! Con razón Nehemías oró en Babilonia al “Dios…grande y temible” (Nehemías 1:5). Con razón Daniel oró en aquella tierra lejana al “Dios grande, digno de ser temido” (Daniel 9:4).

En misericordia Dios llevó a un remanente de Israel de vuelta a su tierra en los días de Nehemías y Esdras. El templo fue reconstruido. Jesús nació. Mucho gente de Israel creyó en Él y fue salva. Pero los principales sacerdotes, los fariseos y otros lo rechazaron.

En el año 70 A.C. los Romanos, bajo Tito, destruyeron Jerusalén. La ciudad fue tomada con una terrible matanza. El historiador Judío Josefas dijo que 1,100,000 Judíos fueron asesinados. Otros 50,000 fueron vendidos como esclavos. El templo fue quemado hasta las ruinas. El pueblo de Dios fue esparcido a toda nación sobre la tierra hasta que Dios, en Su misericordia, comenzó a recogerlos en 1948. ¡Oh, Dios! ¡Oh Dios grande, temible y terrible! ¡Oh Dios, que no dejará el pecado pasar sin ser castigado! Este es el Dios que advirtió claramente: “Los malos serán trasladados al Seol, Todas las gentes que se olvidan de Dios” (Salmo 9:17). ¡O Dios grande y terrible! ¡O, Señor, el Dios grande y temible!

¡No te equivoques en esto! La Biblia dice que “Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmo 7:11). Si tus pecados nunca han sido perdonados, y nunca has sido salvo, Dios está airado contigo esta mañana. Solo hay una manera de que tú seas salvo. Dios envió a Su Hijo unigénito, el Señor Jesucristo, a la tierra para pagar la pena de tu pecado sobre la Cruz. ¡Cuando yo me di cuenta de que Él murió para salvarme, yo supe que yo lo había matado, tan seguro como si yo hubiera clavado los clavos en Sus manos y pies, tan seguro como si yo hubiera traspasado Su costado con una lanza!

Mis pecados fueron los que
   A Él atormentaron;
Mi crimen fueron los clavos,
   Y la lanza mi incredulidad.

¡No trates la crucifixión de Cristo como una cosa ligera! Jesús murió sobre la Cruz para satisfacer la ira de Dios y expiar por tu pecado. Es por eso que “predicamos a Cristo crucificado” (I Corintios 1:23). Tú tienes que volverte de tus pecados y confiar en Jesucristo. Solamente entonces Su Sangre preciosa te limpiará “de todo pecado” (I Juan 1:7). Solamente el Cristo crucificado y resucitado te puede salvar de la ira y el juicio del Dios grande y temible de Nehemías y Daniel, Moisés y Pablo. Si Jesús no es castigado en tu lugar, por tus pecados, entonces el Dios grande y temible te castigará a ti. Nadie sino solo Jesús puede salvarte de la ira de Dios. ¡Huye a Jesús de una vez!

William Cowper (1731-1800) escribió, “Hay un precioso manantial, de Sangre de Emanuel, y sumergido el pecador sus manchas pierde él”. William Cowper también escribió el himno que el Sr. Griffith cantó antes de que yo predicara este sermón.

Mis esperanzas huyeron,
   Empieza mi terror;
¡Al fin me siento muerto
   En delitos y pecados!

¿A dónde esconderme?
   El rayo tronará;
La ley anuncia destrucción,
   Y la venganza ya.

Al ver todos mis hechos,
   Temo que condenado soy;
Mas una voz amigable dice:
   “Huye de la ira venidera”.
(Traducción de “Under Conviction” por William Cowper, 1731-1800).

¿Te hallas bajo convicción? ¿Te molestan tus pecados en la noche, cuando estás solo? ¿Temes la ira de un Dios airado? ¿Sientes tu necesidad de que Jesús perdone tus pecados y los limpie con Su Sangre? ¿Huirás a Jesús de la ira de nuestro Dios grande y temible?

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Jeremías 22:1-6.
El Solo Cantado por Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Under Conviction” (por William Cowper, 1731-1800).