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LA CONVERSIÓN DE LUTERO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado la Mañana del Domingo de Reformación
en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles, Octubre 30, 2011

“Como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).


Algunos quizá se preguntarán por qué hablo sobre Martín Lutero (1483-1546). De antemano quiero aclarar que yo soy Bautista, no Luterano. Tocante a la naturaleza de la iglesia, soy Bautista, no Luterano. Tocante al bautismo soy Bautista, no Luterano. Tocante a la Santa Cena del Señor soy Bautista, no Luterano. Tocante a la nación de Israel y al pueblo Judío soy Bautista, no Luterano. Estos son puntos importantes – y no estoy de acuerdo con Lutero tocante a cada uno de ellos, y estoy al lado de los Bautistas. Pero yo aprecio profundamente la enseñanza clara, Bíblica de Lutero sobre la justificación por fe en Cristo solo. No hablo de los Luteranos modernos. Hablo de Lutero mismo. Él es uno de los grandes Cristianos de todas las edades.

Lutero en la historia es una figura muy humana, un hombre de su era, a veces crudo y obstinado. No veía todas las cosas claramente. Él siguió de acuerdo con la doctrina Católica de “la teología de reemplazo” que la iglesia reemplaza completamente a Israel. Esta doctrina Católica lo llevó, más tarde en su vida, a hacer declaraciones en contra de los Judíos. Pero Richard Wurmbrand, un Judío convertido quien se hizo un pastor Luterano, me dijo una vez, simplemente, “lo perdoné”. El Pastor Wurmbrand sabía que Lutero era una criatura de su época, como lo somos nosotros hoy en día. Después la historia mostrará que nosotros hoy tenemos muchas imperfecciones – especialmente sobre aquellos errores del “decisionismo” que condenan el alma, que son tan diabólicos como las decepciones del Catolicismo medieval.

Pero a pesar de sus “puntos ciegos” Lutero tenía dones extraordinarios. Spurgeon, el pastor Bautista más grande de todos los tiempos, lo elogiaba y a menudo lo citaba tocante a la salvación por la fe (vea dos de los sermones de Spurgeon [en Inglés] sobre Lutero, The Metropolitan Tabernacle Pulpit, tomo XXIX, pp. 613-636). Spurgeon dijo: “El testimonio principal de nuestro gran Reformador era el de la justificación de un pecador por fe en Jesucristo, y por eso solamente”. Muchas veces Lutero veía el corazón de las cuestiones teológicas y expresaba sus pensamientos con gran originalidad y fuerza.

La justificación es el punto más importante de todas las doctrinas de la salvación. ¡Sin ser justificado un hombre está condenado al fuego del Infierno! Uno puede estar correcto sobre la iglesia, correcto sobre el bautismo, correcto en la Santa Cena del Señor, correcto tocante a Israel – y aun ir al Infierno porque no está justificado. Por otro lado, un hombre como Lutero, a pesar de estar equivocado en esos y otros puntos, puede ser salvo si ha sido justificado por Cristo. Es por eso que Spurgeon llamó a la justificación: “La piedra preciosa de la Reformación”, porque la justificación es la doctrina más importante, ¡sin la cual nadie puede ser salvo! Sobre éste el punto más crítico de todos, estoy de acuerdo con el Gran Reformador. ¡Yo estoy con Lutero tocante a la justificación por fe en Jesucristo solamente! Ese era el tema principal de Lutero – ¡y sobre ello, yo estoy completamente de acuerdo con él!

"El justo por la fe vivirá" (Romanos 1:17).

¿Cómo llegó Lutero a entender este texto? Spurgeon nos dice sobre la conversión de Lutero:

      Sumaré e ilustraré esta enseñanza mencionando ciertos incidentes sobre la vida de Lutero. La gran luz del Evangelio rompió sobre el Reformador por grados lentos. En el monasterio, volteando las hojas de la Biblia encadenada a un pilar, él llegó a este pasaje: “El justo por la fe vivirá”. Esta frase celestial se le pegó a él. Él, sin embargo, no podía hallar paz en su profesión religiosa y hábito de monasterio. Sin saber nada mejor, él perseveraba en muchísimas penitencias, y en mortificaciones tan arduas, que a veces se le hallaba desmayando de cansancio. Él se llevó a sí mismo a la puerta de la muerte. Él tiene que hacer una jornada a Roma porque en Roma hay una iglesia fresca para todos los días, y de seguro ganarás el perdón de pecados y toda clase de bendiciones en estos lugares sagrados. Él soñaba con entrar en [Roma] una ciudad de santidad, pero encontró una guarida de hipócritas y una cueva de iniquidad. Para el horror suyo él oyó a hombres decir que si había un infierno Roma estaba edificada encima de él, porque era lo más cercano a él [Infierno] que se podía hallar en este mundo; pero aun así él creía en su Papa y continuaba con sus penitencias, buscando descanso, pero sin hallar ninguno…[después] Dios lo liberó de las supersticiones, y él vio que no habría de vivir por sacerdotes, ni por el sacerdocio, ni por penitencias, ni por nada que él pudiera hacer, sino que él viviría por su fe [en Cristo]. Nuestro texto de esta [mañana] había puesto en libertad al monje [Católico], y a su alma en llamas.

[“El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).]

Cuando Lutero finalmente entendió ese texto él confió en Cristo solamente. Él le escribió a su madre: “Sentí que renací y que pasé por la puertas abiertas al paraíso”. Spurgeon dijo:

      Tan pronto creyó que este hombre comenzó a vivir en el sentido de ser activo. Un [sacerdote], llamado Tetzel, andaba por toda Alemania vendiendo perdones de pecados por tanto dinero efectivo. No importaba cual fuera tu ofensa, tan pronto tu dinero tocaba el fondo de la caja [de colectas] tus pecados se iban. Lutero oyó de eso, se indignó, y exclamó: “haré un agujero en su tambor”, lo cual ciertamente hizo, y en varios otros tambores. Clavar su tesis en la puerta de la iglesia fue un modo seguro de silenciar la música de las indulgencias. Lutero proclamó el perdón de pecado por fe en Cristo sin dinero y sin precio, y las indulgencias del Papa luego fueron objeto de división. Lutero vivió por su fe, y por ello aquel que de otro modo hubiera estado callado, denunció el error furiosamente como un león ruge sobre su presa. La fe que estaba en él lo llenaba de vida intensa, y él se sumergió en guerra con el enemigo. Después lo llamaron a Augsburg, y a Augsburg fue, aunque sus amigos le aconsejaron que no fuera. Lo mandaron a llamar, como hereje, a dar respuesta por si mismo en “Diet [La Corte Imperial] de Worms”, y todos [le dijeron] que se alejara, porque de seguro sería quemado [vivo]; pero él sintió que era necesario que se diera el testimonio, así que fue en un coche, de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, predicando mientras iba, la pobre gente salía a darle la mano al hombre que se paraba por Cristo y el evangelio arriesgando su vida. Recuerdas cómo se paró ante aquella augusta asamblea [en Worms], y pese a saber que según el poder humano su defensa le costaría la vida, porque, probablemente, sería [quemado vivo], como John Huss, sin embargo él [se comportó] como hombre para el Señor Su Dios. Ese día en la [Corte] Alemana Lutero hizo una obra por la cual diez mil por diez mil personas han bendecido su nombre, y bendecido aun más el nombre del Señor Su Dios (traducción libre de C. H. Spurgeon, “A Luther Sermon at the Tabernacle,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, reimpreso en 1973, tomo XXIX, pp. 622-623).

“El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17).

Mi primer encuentro con Lutero fue en una iglesia Bautista, hace mucho tiempo, a principios de la década de los 50. Un Domingo en la noche exhibieron una película en blanco y negro que se trataba de él. Me pareció como una figura extraña del pasado, que no me interesaba para nada. La película me pareció aburrida y larga, y me preguntaba por qué el Pastor, Dr. Walter Pegg la exhibió. Pero debo agregar que hoy tengo una opinión completamente diferente de esta película. ¡Ahora me encanta verla! Oprima aquí para ver una escena de esta película.

Mi segundo encuentro con Lutero vino mucho más tarde, después de que fui convertido. Yo leí sobre la conversión de John Wesley, en la cual Wesley dijo:

En la noche fui indispuesto a una sociedad en la Calle Aldersgate, donde alguien leía sobre El Prefacio de Lutero a la Epístola de los Romanos. Como un cuarto para las nueve, cuando él describía el cambio que Dios obra en el corazón mediante la fe en Cristo, yo sentí mi corazón extrañamente acalorado. Sentí que confié en Cristo, Cristo solo para la salvación; y se me dio una seguridad, que él había quitado mis pecados, los míos, y me había salvado de la ley del pecado y de la muerte (traducción de John Wesley, The Works of John Wesley, tercera edición, Baker Book House, re-impresión de 1979, tomo I, p. 103).

Esto me impresionó, porque yo sabía que Wesley llegó a ser uno de los predicadores más poderosos durante el Primer Gran Despertamiento. Wesley fue convertido mientras escuchaba las palabras de Lutero acerca de la justificación por fe en Cristo.

Pero después me dí cuenta de que John Bunyan leía a Lutero durante el tiempo en que fue notablemente convertido, “Expandiendo su estudio de la Escritura con las obras escritas de Martín Lutero” (traducción de la introducción del publicador Inglés del Progreso del Peregrino, Thomas Nelson, re-impresión de 1999, p. xii). ¡Bunyan llegó a ser el autor Bautista más leído de todos los tiempos!

John Wesley, el Metodista, fue convertido al escuchar las palabras de Lutero. John Bunyan, el Bautista, fue ayudado en su lucha para ser convertido al leer lo que Lutero escribió. Pensé que después de todo, habría mucho bien en leer las obras de Lutero. Me di cuenta de que el libro de Romanos estaba en el corazón del mensaje de Lutero. Lutero dijo:

Esta Epístola es en realidad la parte principal del Nuevo Testamento y el purísimo Evangelio, y no solamente es digna de ser aprendida de memoria por cada Cristiano, sino que también de que el Cristiano se meta en ella cada día como el pan de cada día para el alma. Nunca se puede leer ni meditar en ella demasiado, y entre más se trata, más preciosa se vuelve, y es más sabroso su sabor (traducción de Martín Lutero, “Preface to the Epistle to the Romans,” Works of Martin Luther, Baker Book House, re-impresión de 1982, tomo VI, página 447).

¿Por qué creo que Lutero es importante el día de hoy? Simplemente porque él nos lleva de regreso al Libro de Romanos, y nos muestra claramente que Romanos es “La parte principal del Nuevo Testamento y el purísimo Evangelio”. ¡Eso es lo que debemos oír otra vez en estos días malignos de “decisionismo” ¡Más que cualquier otra cosa, necesitamos regresar al Libro de Romanos! Los Católicos del día de Lutero habían olvidado el mensaje central de Romanos. Los “decisionistas” de nuestro día han hecho lo mismo. Pueda que lean Romanos, pero no se benefician de ello. Por eso es que el “decisionismo”, en tantas maneras, se parece al Catolicismo. Pero en el Libro de Romanos la luz pura del Evangelio de Cristo penetra la oscuridad.

“Como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”
       (Romanos 1:17).

Por favor lea de pie Romanos 3:20-26 en voz alta.

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado. Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuantos todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:20-26).

Se pueden sentar. Nota varios de esos versos ahora. El verso 20 es clave. Dice:

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20).

Lutero dijo que no debes pensar que la ley enseña lo que debes hacer o no hacer. Es así como funcionan las leyes humanas. Las leyes humanas son cumplidas por buenas obras, aunque tu corazón esté en desacuerdo con ellas. Pero Dios juzga por lo que está en el fondo de tu corazón, y por esta razón, las leyes de Dios da sus demandas a lo más profundo del corazón humano y no se puede satisfacer con buenas obras, sino que condena las obras que no son hechas del fondo del corazón como meras hipocresías y mentiras. Es por eso que todos los hombres son llamados mentirosos, en el Salmo 116:11, porque nadie puede guardar la ley de Dios desde el fondo de su corazón, porque a cada persona le desagrada lo que es bueno y se complace en lo malo. Entonces, si no hay placer voluntario en lo que es bueno, entonces lo profundo de tu corazón no quiere hacer lo bueno. Le desagrada la ley de Dios y se rebela contra ella. Entonces de seguro hay pecado y la ira de Dios y el castigo son bien merecidos, aunque por fuera parezcas tener muchas buenas obras. En realidad estás condenado por la ley de Dios, porque lo profundo de tu corazón se rebela contra Su ley con todas su fuerza.

Pero las leyes de Dios no se dieron para justificarte, ni para salvarte. Lee Romanos 3:20 de nuevo, en voz alta.

"[Por]que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Romanos 3:20).

Tú puedes tratar de ser lo más bueno posible. Pero Dios no te ve por fuera. Él ve tu corazón. Y allí ve las culebras cascabeles y arañas venenosas, y la gran rebelión y el pecado.

“Ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él...” (Romanos 3:20).

Mientras más trates de obedecer la ley para ser salvo, más empeorarás. Esto fue cierto en la experiencia de conversión de Lutero, y también en las conversiones de Wesley y de Bunyan, mientras trataban desesperadamente de ser justificados por “ser buenos”. Pero la ley va más lejos de eso. Ella escudriña tu corazón para ver la terrible realidad de que has pecado en tu corazón y mente en contra de un Dios Santo. Nota las últimas palabras de Romanos 3:20:

“Porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”
       (Romanos 3:20).

El Espíritu de Dios tiene que venir y cargarte con el peso de tu pecado interior, el cual está listo a arrastrarte al Infierno de fuego.

“Porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado”
       (Romanos 3:20).

Pero Dios ha dado una cura para las almas que tratan de escapar el terror de esta culpa. Lo más que batallan para vencer su pecado, lo más profundo son sumergidas en el pecado. ¿No ha sido esa tu situación? Lo más que tratas de no pecar, te haces un peor pecador por dentro – empujando la maravillosa cura de Cristo para el pecado, y tratando de establecer tu propia bondad por “re-dedicar” tu vida, por “ir al frente”, por decir “una oración de pecador”, aprendiendo más de la salvación, y muchas otras obras de la ley. Pero ninguna cosa que aprendas, digas, o hagas, o sientas te puede dar paz con Dios, quien conoce lo pecaminoso que es tu corazón y tu mente.

Baja al verso 24. Aquí está el lugar al que tu alma culpable pecaminosa tiene que llegar para cura y justificación y propiciación. Lee de nuevo en voz alta los versos 24-25, terminando con el verso 25 con las palabras “por la fe en su sangre”.

“Siendo justificados [hechos justos y limpios] gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación [uno que satisface la ira de Dios] por medio de la fe en su sangre [de Cristo]”
       (Romanos 3:24-25).

Lo que la ley no pudo hacer por ti, la gracia, mediante la “fe” en la Sangre de Cristo puede hacer por ti. Solamente en la Sangre de Cristo puedes hallar la redención de tus pecados y la propiciación de la ira de Dios.

En la muerte vicaria de Cristo en la Cruz (en tu lugar), tus pecados son pagados y tu archivo es limpiado de pecado porque:

“Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:8-9).

Cristo Jesús pagó sobre la Cruz el precio completo por cada uno de tus pecados.

¿Entonces qué te queda por hacer? La respuesta se da en la segunda mitad del verso 26:

“A fin de que él [Dios] sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Romanos 3:26).

Creer en Jesús. Esa es la respuesta completa para la batalla de una persona perdida, tratando de vivir una vida mejor por guardar la “ley” y hacer varias “decisiones”. Arroja todas tus buenas obras y “decisiones”, y tu auto-análisis sicológico, y arroja tu jactancia de ser mejor que otros. Tú simplemente no puedes ser salvo de esa manera.

“[Dios] es el que justifica al que es de la fe de Jesús”
       (Romanos 3:26).

Ten fe en la Sangre de Cristo, derramada por ti una sola vez en la Cruz, ahora trasladada al Cielo, donde está siempre fresca, eficaz para limpiar todo pecado. Ten fe en esa Sangre, la misma Sangre de Cristo.

Cree en Jesucristo Mismo. Míralo colgado de la Cruz, pagando por tu pecado. ¡Míralo resucitando de los muertos para presentar Su santa Sangre ante Dios en el Cielo! Ten “fe en su sangre”. [Dios] es el que justifica y es el Salvador de aquellos que “cree en Jesús” (Romanos 3:26). ¡Ten fe en la Sangre de Jesús!

Esto es más que solamente creer hechos acerca de Jesús. ¡Es una unión espiritual con Él! ¡Significa que vienes a y crees en, Jesucristo Mismo! “Cree en Jesús”. ¡Ven directamente a Él! Esa es la única manera de ser justificado y limpiado del pecado. ¡Es el eterno Evangelio de Cristo! ¡Confía en la Sangre de Cristo! ¡Cree en Él! ¡Ven a Él! ¡Cuando lo hagas serás salvo en un instante!

Ese es el mensaje central de Lutero – y es un mensaje muy cierto. Escucha lo que Lutero y el libro de Romanos dicen tocante a la justificación por la Sangre de Cristo. Cree en Cristo. Lánzate sobre Cristo. Él te salvará a ti como a Lutero, y a Wesley y a Bunyan. Y que la salvación llegue a ti, y te llene de gozo y paz por creer en Cristo Jesús. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Romanos 3:20-26.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“For All My Sin” (por Norman Clayton, 1943).