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¡DIOS VE! ¡Y DIOS JUZGA!

por Dr. Kreighton L. Chan, Diácono

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Sábado, 4 de Junio de 2011

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).


El mes pasado Harold Camping predijo el día y la hora de la venida de Cristo. Cuando el día llegó y pasó, se reveló que Camping es un falso profeta. Cristo dijo:

“Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre” (Mateo 24:36).

Pero, en el siguiente verso, Cristo dijo:

“Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:37).

Cristo nos dijo que no puedes saber el día ni la hora de Su venida, pero sí podemos saber el tiempo en general. Cristo dijo que sería como los días de Noé.

Esta generación extrañamente se parece a los días de Noé. Las semejanzas entre los días de Noé y nuestro día son sorprendentes.

¿Cómo era en los días de Noé? Quiero que voltees en tu Biblia a Génesis 6:5. Este verso da un retrato grafico de cómo eran los días de Noé. De pie para la lectura de la Palabra de Dios.

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

Se pueden sentar. Aprendemos dos cosas de este texto.

I. Primero, Dios ve la maldad del hombre.

Dios miró al mundo en los días de Noé y vio que el hombre era completamente malvado. Dios determinó juzgar la raza humana con un diluvio catastrófico, porque la humanidad era del todo malvada.

¿Cómo sucedió eso? Cuando Dios hizo al primer hombre, Adán, lo hizo a Su imagen y a Su semejanza y lo hizo “bueno…en gran manera” (Génesis 1:31). Pero Adán pecó. Ese pecado pasó desde Adán a toda la humanidad. El hombre se volvió totalmente corrupto y malvado. El hombre perfecto que Dios había creado se volvió un pecador arruinado.

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

La mayoría de gente no entiende por qué Dios juzgó al mundo. Es porque no comprendes la idea del pecado y el juicio. Piensas: “¿Cómo puede la humanidad ser tan malvada que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal?” Dices: “¿Puede alguien ser tan malo y digno de tal juicio?” ¿Estaba la gente antes del Diluvio adorando ídolos, jurando, matando, haciendo adulterio, robando, y mintiendo en todo momento del día? ¿Por qué ante los ojos de Dios fueron malvados continuamente?

La maldad de ellos, como la tuya, se describe solo parcialmente por los pecados que se cometen. Tu maldad está mejor explicada por lo que eres, un pecador depravado, descendiente de Adán. Tus pecados son síntomas de tu corazón depravado, que está en un estado de pecado continuo. La raíz de tu pecado es que tienes un corazón corrupto emanando el fruto corrupto del pecado.

“No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos” (Mateo 7:18).

De nuevo, Cristo dijo:

“Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mateo 15:19).

Tu corazón pecaminoso y corrupto solamente produce fruto pecaminoso. ¡No puedes cambiar eso, no importa lo que hagas! La Biblia dice: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” (Jeremías 17:9). Tú te has engañado a ti mismo al pensar que no eres tan pecaminoso. ¡Has sido engañado por tu propio corazón! Pero Dios conoce tu corazón, y en Sus ojos tú eres igual de pecaminoso y no eres mejor que la gente que fue juzgada por el diluvio. Y Dios también te juzgará a ti.

“Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24:38-39).

Así se comportaba el hombre antes del Diluvio. Por encima, parecían hacer cosas normales, casarse, comer y beber. Eran culpables de otros pecados, pero eran culpables del peor pecado. Eran culpables de romper el mandamiento más importante. Cristo dijo:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento” (Marcos 12:30).

En sus actividades no tenían tiempo para Dios. No amaban a Dios. Ni siquiera pensaban en Él. Solamente pensaban en ellos mismos, en sus propias vidas, excluyendo a Dios.

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

¿Amas a Dios? ¿De verdad? ¿O es cierto que casi ni piensas en Dios cuando estás solo? ¿Alguna vez has sentido que eso sí es pecado? ¿Has sentido alguna vez que tu corazón está mal? ¿Has sentido alguna vez que Dios ve las cosas de un modo y tú de otro?

¿Te preocupan más las calificaciones que pensar en Dios? ¿Te interesa más pasar tiempo con amistades perdidas que la salvación de tu alma? ¿Te interesa más analizarte psicológicamente que pensar en tu pecado, y el juicio que viene?

Dios ve esta gran maldad en tu corazón, pero tú no te sientes culpable ni con vergüenza. Sin temer la ira de Dios no hay sentimientos de pecado, juicio, e Infierno, y ciertamente no hay sentimiento de tu necesidad de Cristo. Todo despertamiento debe comenzar con estar consciente de la ira de Dios – y con la conciencia de lo que Dios ve cuando mira tu corazón malvado.

“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón” (I Samuel 16:7).

Cuando Dios mira dentro de tu corazón Él mira que hierve de pecado. Estás muerto en delitos y pecados y no tienes convicción de pecado en tu corazón. Y si nunca sientes la maldad de tu corazón, no hay esperanza para ti.

II. Segundo, Dios juzga la maldad del hombre.

Cuando Dios te mira Él ve que tienes el mismo corazón que la gente impía que Él juzgó en el Diluvio. Como la gente en el día de Noé fue juzgada, así lo serás tú.

Eres hombre natural de la tierra. No puedes recibir nada del Espíritu de Dios (I Corintios 2:14). Así sigues sin convencerte de que realmente eres un pecador depravado que merece el juicio en el Infierno. No tienes interés verdadero en los sermones y dejas vagar tu mente. Cualquier impresión seria que tengas es temporal y pronto la pierdes.

Solo vienes a la iglesia porque tienes amistades acá. Te cuidas de compórtate y de no pecar frente a otros, pero no tienes temor de pecar ante Dios que ve “en secreto”. Temes al hombre, pero no temes a Dios porque no sientes pecado contra Dios. Cristo dijo:

“Temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno” (Mateo 10:28).

No sientes temor de Dios quien puede destruir ambos tu cuerpo y alma en el Infierno.

El no pensar en Dios de parte tuya es pecaminoso. Has escogido a propósito no pensar en El.

“Dicen, pues, a Dios: Apártate de nosotros, Porque no queremos el conocimiento de tus caminos. ¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirvamos? ¿Y de qué nos aprovechará que oremos a él” (Job 21:14-15).

En tu modo de vivir no hay lugar para Dios. No quieres ser reconciliado con Dios y no quieres a Su Hijo, el Señor Jesucristo. Es porque no sientes convicción de pecado y no sientes necesidad de perdón. No quieres que Cristo y la iglesia interfieran con los planes de tu vida.

Tu voluntaria e impía elección de ignorar a Dios y no venir a Cristo te llevará a tu condenación en el Infierno.

“Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Romanos 1:28).

Quizá Dios ya te ha entregado. Ciertamente te arriesgas a ser reprobado si sigues como estás. Dios juzgó a los del día de Noé, y Él te juzgará a ti. Tu caso pierde esperanza más y más. El Infierno te espera. No hay cosa buena que puedas hacer para cambiar la mente de Dios. No puedes dedicarte a Dios. No puedes rendirte a Cristo. Eso no te salvará.

No habrá esperanza para ti sino hasta que te veas del modo que Dios te ve – un pecador sin esperanza perdido, malvado, que merece el Infierno. Pero eso no sucederá a menos que la gracia de Dios esté sobre ti. Tienes que rogarle a Dios en oración que Él sea misericordioso contigo y te haga sentir esto. Se te debe hacer sentir el peso de tu pecado y tener tristeza de Dios por ello. Tienes que sentir que sería lo correcto que Dios te enviara al Infierno. Se te tiene que hacer sentir que no hay salvación aparte de Jesucristo. Se te tiene que hacer sentir que Su Sangre sola puede limpiar tu pecado.

(FIN DEL SERMÓN)
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EL BOSQUEJO DE

¡DIOS VE! ¡Y DIOS JUZGA!

por Dr. Kreighton L. Chan, Diácono

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5).

(Mateo 24:36, 37)

I.   Primero, Dios ve la maldad del hombre, Génesis 1:31; Mateo 7:18;
Mateo 15:19; Jeremías 17:9; Mateo 24:38-39;
Marcos 12:30; I Samuel 16:7.

II.  Segundo, Dios juzga la maldad del hombre, I Corintios 2:14;
Mateo 10:28; Job 21:14-15; Romanos 1:28.