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DOLOR, PESADEZ, Y TRISTEZA PROFUNDA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en la Iglesia Calvary Road Baptist Church, Monrovia, California,
La Tarde del Sábado, 1 de Enero de 2011

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…pero la tristeza del mundo produce muerte” (II Corintios 7:10).


Dos clases de tristeza aparecen en nuestro texto, la que es según Dios y la tristeza del mundo. La palabra Griega traducida “tristeza” es “lupē.” Significa “dolor, pesadez, tristeza profunda”. He aquí las dos clases de tristeza.

I. Primero, la tristeza del mundo.

“La tristeza del mundo produce muerte”. El Dr. Gill dijo que la tristeza de este mundo es la “común a los hombres del mundo, como Caín, faraón, Judas, y otros; sale de principios mundanos...a menudo no es sino preocupación por la pérdida de cosas del mundo, por tristeza en la gratificación de placeres mundanos” (traducción de John Gill, D.D., An Exposition of the New Testament, The Baptist Standard Bearer, reimpreso en 1989, tomo II, p. 804; nota de II Corintios 7:10). No es tristeza por pecar contra un Dios santo. Es tristeza egoísta. Sale de sentir lástima por ti mismo, no por tristeza por el pecado. Es la tristeza de Caín, que dijo:

“Grande es mi castigo para ser soportado” (Génesis 4:13).

Caín desobedeció a Dios con la ofrenda equivocada. Al ser rechazada, ¿tuvo Caín tristeza según Dios? ¡No! Él se enojó con Dios. Al matar a su hermano Abel, ¿tuvo tristeza según Dios? Uno pensaría que sintió dolor, pesadez y tristeza profunda por cometer aquel terrible pecado. ¡Pero no! Él tuvo tristeza por sí mismo, no por el pecado. Él le dijo a Dios:

“Grande es mi castigo para ser soportado” (Génesis 4:13).

¡Fíjate en el egoísmo de ese hombre! “Grande es mi castigo para ser soportado”. Nota el pronombre personal: “Mi”. Él estaba triste por él mismo – pero no por su pecado. ¡Horrible! ¡Asqueroso!

Y algunos de ustedes no son mejor que él. Algunos han tenido lágrimas en cada una de estas reuniones. Pero no son de tristeza por los pecados que has cometido. “Pobre de mí”, tu corazón egoísta dice:

“Grande es mi castigo para ser soportado” (Génesis 4:13).

No has pensado en la tristeza que le has causado a otros por tus pecados. No has pensado en la tristeza, sufrimiento y pena que has causado a tu familia y amigos, no tienes tristeza por el dolor y sufrimiento que Cristo pasó para salvarte de tus pecados. ¡Para nada! ¡Para nada! Solo tienes tristeza por ti mismo, y no tienes tristeza alguna por todos los pecados que has cometido contra un Dios santo, y Su Hijo que sufrió.

“Grande es mi castigo para ser soportado” (Génesis 4:13)

es tu lamento egoísta. Una persona que permanece egoísta del todo, como Caín, jamás podrá ser convertida, porque “la tristeza del mundo produce muerte” (II Corintios 7:10). Al final tu alma caerá en el Infierno, donde seguirás sintiendo lastima por ti mismo y no por tu pecado, por toda la eternidad. ¡Nótalo! El Hombre Rico en el Infierno seguía sintiendo lastima, no por sus pecados, sino que por él mismo. No lloraba por sus pecados. ¡No! ¡No!

“Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de …porque estoy atormentado en esta llama” (Lucas 16:24).

“Mí”. “Yo”. ¡Egoísta hasta el fin! Como Cain, nunca sintió tristeza por sus pecados. Hasta en el Infierno sentía lastima propia. Dolor por él mismo. Nunca sintió tristeza por sus pecados. “La tristeza del mundo produce muerte” - la segunda muerte, en las llamas del Infierno. La salvación no le puede llegar a un hombre ya en el Infierno. Entonces ya será eternamente demasiado tarde para ser salvo. Por los siglos de los siglos darás voces, egoísta como Caín:

“Grande es mi castigo para ser soportado.”

Por los siglos de los siglos darás voces con el Hombre Rico:

“Ten misericordia de …porque estoy atormentado en esta llama.”

Mas no habrá misericordia porque viviste tu vida, y moriste tu muerte, sin ser convencido en tu corazón de los pecados que has cometido contra un Dios santo. “La tristeza del mundo produce muerte”.

He visto eso noche tras noche en estas reuniones. Un estudiante Chino llora todas las noches. Pero no por sus muchos pecados. Él llora porque no puede entender cómo venir a Cristo. “¡Pobre de mí! No puedo entenderlo”, llora en su corazón. ¡Qué lastima propia diabólica! Es “la tristeza del mundo [que] produce muerte”. Si ese hombre fuese convencido de los pecados que ha cometido contra un Dios santo, ¡Dios Mismo lo llevaría a Cristo!

Una jovencita viene llorando todas las noches. Pero no por sus pecados. Llora porque siente presión de sus padres. Ella quiere que la dejen en paz para seguir como está, inconversa. Ella no tiene tristeza por sus pecados. Solamente siente lastima por sí misma, ¡lastima porque sus padres la hacen venir a la iglesia!

Una mujer llora todas las noches. Lagrimas de emoción. Ella es naturalmente emocional. Así que llora. Pero no lagrimas de convicción. No son de convicción como las de un bebé tampoco lo son. Mi madre las llamaba “lagrimas de cocodrilo”, que salen de emociones infantiles, que son “tristeza del mundo [que] produce muerte”.

Hemos visto a otros que lloran porque temen ir al Infierno. Aunque parezca extraño, estas salen de “La tristeza del mundo [que] produce muerte”. El temor del Infierno es diferente a la tristeza por el pecado. Es ego-céntrico, “No quiero ir al Infierno”. Es tristeza egoísta. ¡No es la convicción por que has pecado contra un Dios santo! No es aquella tristeza que le dice a Dios:

“Mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos”
       (Salmo 51:3-4).

Es la tristeza de miedo, no la tristeza de dolerse por pecar contra un Dios santo.

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…pero la tristeza del mundo produce muerte”
       (II Corintios 7:10).

II. Segundo, la tristeza que es según Dios que produce arrepentimiento para salvación.

Matthew Henry dijo: “El antecedente del arrepentimiento verdadero es la tristeza que es según Dios. No es el arrepentimiento mismo, sino que es una preparación para el arrepentimiento, y en cierto sentido la causa que produce arrepentimiento...[Es] una tristeza que es según Dios, porque [es] una tristeza por pecado, como una ofensa contra Dios...la tristeza que es según Dios...acabará en la salvación; pero la tristeza del mundo produce muerte...La humillación y la tristeza que es según Dios se necesitan [para salvación]”. Iain H. Murray dijo: “Nadie ha sido convertido sin saber que necesitaba serlo. La regeneración normalmente ocurre cuando la gente está bajo convicción” (traducción de Iain H. Murray, The Old Evangelicalism, The Banner of Truth Trust, edición de 2005, página 22).

¿Puedes ser en verdad convertido sin sentir tristeza por tu pecado? ¿Puedes volverte un Cristiano verdadero sin sentir “dolor, pesadez y tristeza profunda” por pecar ante los ojos de un Dios santo? Mira aquella “mujer de la ciudad, que era pecadora” (Lucas 7:37). Mírala yendo a Jesús, “detrás de él a sus pies, llorando” (Lucas 7:38). ¿La reprende Jesús por llorar por su pecado? ¡No! Él le dijo a la pecadora que lloraba: “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:48). El Dr. Martyn Lloyd-Jones dijo: “¿Puede alguien verse pecador condenado sin emoción? ¿Puede alguien escuchar los truenos de la ley sin sentir nada? O si no, ¿puede alguien en verdad contemplar el amor de Dios en Cristo Jesús sin sentir emoción alguna? Suponer [que no debes sentir emoción] es totalmente ridículo” (traducción de D. Martyn Lloyd-Jones, M.D., Preaching and Preachers, Zondervan Publishing House, edición de 1981, p. 95).

Cuando la tristeza por el pecado le llega a una persona, será intensamente disturbada. Su corazón clamará a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). Su corazón clamará: “¡Ay de mí! que soy muerto [estoy perdido]” (Isaías 6:5). Su corazón clamará: “Pusiste nuestras maldades delante de ti, Nuestros yerros a la luz de tu rostro” (Salmo 90:8). Sentirá lo que Jeremías oró: “desháganse nuestros ojos en lágrimas, y nuestros párpados se destilen en aguas” (Jeremías 9:18). Él clamará como Pablo: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

He sido testigo ocular de dos avivamientos enviados por Dios. Puedo decir que lo que ví fue descrito perfectamente por William Gibson tocante al Avivamiento de Ulster en Irlanda del Norte en 1859. Gibson dijo: “La gente se sentía como si el Señor hubiere soplado sobre ellos. Primero fueron afectados con sorpresa y temor – luego fueron bañados en lagrimas – luego llenos de amor inefable” (citado por Iain H. Murray en Pentecost Today? The Biblical Basis for Understanding Revival, The Banner of Truth Trust, 1998, p. 22).

Eso fue exactamente lo que ví. Vi gente tan convencida de su pecado que “fueron bañados en lagrimas”. Eso es lo que sucede en el avivamiento en China ahora. He visto videos del avivamiento en China. Allí hay grandes multitudes de gente China tan convencida de su pecado que son “bañados en lagrimas”. No es Pentecostalismo. No es lo que según llaman “adoración”. Esta es la obra de Dios dándole convicción profunda de pecado a los pecadores. ¡Las lágrimas del avivamiento en China son de dolor, pesadez y tristeza profunda por el pecado contra un Dios Santo! Estas son lagrimas de convicción de pecado ante los ojos de un Dios santo:

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (II Corintios 7:10).

Yo digo que debes sentir “tristeza que es según Dios”. Yo digo que tu corazón necesita ser derretido por convicción enviada por Dios por tu pecado. Digo que hay algunos aquí hoy cuyos corazones necesitan ser “compungidos” como la gente de Pentecostés, cuando hombres adultos “se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?” (Hechos 2:37). Los predicadores muertos llamaran “fanaticismo” si lloras por pecar contra un Dios santo. Pero la Biblia lo llama “la tristeza que es según Dios [que] produce arrepentimiento para salvación” (II Corintios 7:10).

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”
       (Salmo 51:17).

¡Ojalá que seas quebrantado por el Espíritu de Dios! Oh, que Él te de un corazón contrito y quebrantado! Oh, que las lagrimas de contrición fluyan de tus ojos al sentir “tristeza que es según Dios” por romper la ley de Dios, y pecar ante Sus ojos.

Te sientas aquí sin ser conmovido, pensando que puedes aprender ser Cristiano con tu mente. Pero la Biblia dice: “con el corazón se cree para justicia” (Romanos 10:10). Tu “corazón” tiene que ser quebrantado. Tu “corazón” tiene que llorar. Tal vez no broten lagrimas de tus ojos, pero tu corazón tiene que sentir tristeza por tus pecados.

Todos estos años has pecado contra un Dios santo. Por años has rehusado derramar una lagrima por rechazar a Jesús, que fue “herido por [tus] rebeliones, [que fue] molido por [tus] pecados” (Isaías 53:5). Él murió en la Cruz para expiar por tu pecado. Él derramó Su Santa Sangre para limpiarte de pecado. Él pasó tortura y agonía para salvar tu alma eterna del castigo sin fin. ¿No puedes sentir tristeza por el amor que Él te ha mostrado?

Cuando Dios se movió poderosamente en Corea, un misionero tomó registro de una de las reuniones. “Al seguir la oración, un espíritu de pesadez y dolor por el pecado cayó en la audiencia. Por un lado, alguien empezó a llorar, y luego todos lloraban. Uno tras otro...quebrantado lloraba, y luego se lanzaba al piso y golpeaba el piso con sus puños en agonía perfecta de convicción [de pecado]. Mi cocinero...fue quebrantado en medio de ellos, y clamaba: ‘Pastor, dígame, hay esperanza para mí, puedo ser perdonado?’ y luego se lanzó al piso y lloraba y casi gritaba en agonía” (traducción de Brian H. Edwards, Revival: A People Saturated With God, Evangelical Press, edición de 2004, p. 115).

En la Primera Iglesia China Bautista vi a la gente China joven que nunca había ido a la iglesia llorar y gemir bajo la convicción de pecado, confesando sus pecados, y llorando ante Dios por horas y horas, noche tras noche. Cuando Dios dio convicción en otra reunión en una iglesia Bautista, vi gente joven tratar de cantar, ser quebrantada con lágrimas brotando de sus ojos – bajo la convicción de pecado. Vi a un anciano, miembro de la iglesia por años, gatear en sus manos y pies por el pasillo, gritando “¡Estoy perdido! ¡Estoy perdido!” Eso a menudo sucede en tiempos de avivamiento enviados por Dios.

“Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”
       (Salmo 51:17).

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…” (II Corintios 7:10).

Tú no vendrás a Cristo hasta que tu corazón sea quebrantado. No confiarás en el Salvador sino hasta que seas entristecido, y sientas dolor pesado por tus pecados. Solo cuando sientas tu necesidad por Jesús vendrás a Él y serás salvo. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Salmo 51:1-9.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Search Me, O God” (Salmo 139:23-24).


EL BOSQUEJO DE

DOLOR, PESADEZ, Y TRISTEZA PROFUNDA

por Dr. R. L. Hymers, Jr

“Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación…pero la tristeza del mundo produce muerte” (II Corintios 7:10).

I.   Primero, la tristeza del mundo, Génesis 4:13; Lucas 16:24;
Salmo 51:3-4.

II.  Segundo, la tristeza según Dios que produce arrepentimiento
 para salvación, Lucas 7:37, 38, 48; Salmo 51:4; Isaías 6:5;
Salmo 90:8; Jeremías 9:18; Romanos 7:24; Hechos 2:37;
Salmo 51:17; Romanos 10:10; Isaías 53:5.