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POR QUÉ JESÚS RESUCITÓ DE LOS MUERTOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 11 de Julio del 2010

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).


La tumba de Buda tiene un cuerpo en ella. La tumba de Mahoma tiene un cuerpo en ella. La tumba de Jesús está vacía. El gran teólogo B. B. Warfield dijo:

Cristo deliberadamente afirmó todo lo que dijo...sobre Su resurrección. Cuando se le pidió por una señal Él se dirigió a esta señal [Su resurrección de los muertos] como Su única y suficiente credencial (Traducción de The New Encyclopedia of Christian Quotations, Baker, 2000, p. 865).

El evangelista Británico C. S. Lewis llamó la resurrección de Jesucristo “el evento central en la historia de la tierra”. Por lo tanto, no puedo pensar en un tema más importante para hablar esta mañana.

El antiguo himno “La Batalla Terminó”, que el Sr. Griffith acaba de cantar, da el relato de la resurrección de Cristo de manera hermosa y significativa:

Los días pronto pasaron;
   Se alza en la resurrección:
A la Cabeza gloria dad. ¡Aleluya!

Del hades las puertas cerró;
   Las barras del Cielo bajó:
Los himnos cuenten Su triunfo. ¡Aleluya!

Con las heridas que te dieron,
   Del aguijón de muerte librad,
Para vivir y cantarte. ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
   (Traducción libre de la traducción de Francis Pott, 1832-1909).

Sin la resurrección de Cristo no hay Cristianismo, porque el Cristianismo se sostiene o cae con la resurrección de Jesucristo. La resurrección de Cristo hace el verdadero Cristianismo diferente, único, entre las religiones de todo el mundo hechas por el hombre. Es apropiado hablar de la resurrección de Cristo esta mañana por dos razones:

1.  Primero, porque Su resurrección de entre los muertos nos da esperanza.

2.  Segundo, porque Su resurrección de entre los muertos divide todos los tiempos. Como lo dijo el autor Cristiano Chino Watchman Nee: “Nuestra historia antigua termina con la cruz; nuestra historia nueva empieza con la resurrección” (Traducción de The New Encyclopedia of Christian Quotations, ibíd.).


Esta mañana voy a hablar por unos minutos sobre el tema “¿Por Qué Jesús Resucitó de los Muertos?” Me voy a enfocar en cinco de los grandes beneficios que puedes recibir de la resurrección del Salvador.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).

Y Dios resucitó a Jesús de entre los muertos para darte, entre otras, estas cinco cosas.

I. Primero, Dios resucitó a Jesús de los muertos para darte arrepentimiento.

A través de las enseñanzas del Catolicismo medieval y, entre los Protestantes, a través de las enseñanzas de Charles G. Finney, la mayoría de las personas hoy en día piensan en el arrepentimiento como algo que haces. Pero la Biblia claramente nos dice que el arrepentimiento es un don que nos ha dado Dios a través del Cristo resucitado:

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento…” (Hechos 5:30-31).

Por lo tanto, el arrepentimiento es algo que te es dado por el Cristo resucitado.

La palabra “arrepentimiento” significa “un cambio de forma de pensar”. Cuando el Cristo resucitado te da un cambio de forma de pensar, resulta en un cambio de toda tu vida. La Biblia dice:

“A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad [tus pecados]” (Hechos 3:26).

En el acto de conversión, el Cristo resucitado cambia tu forma de pensar, que “te convierte… de [tu] maldad [tus pecados]”. El arrepentimiento verdadero viene como un don del Cristo vivo para ti. Él te muestra que has estado viviendo una vida pecaminosa. Él te muestra que tu corazón está en contra de Dios. Y Cristo transforma tu mente, para que ames a Dios en vez de que te rebeles contra Él. Ese es el cambio de corazón y mentalidad que Cristo te da, cuando Él te da el arrepentimiento.

“[Dios] lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad [pecados]” (Hechos 3:26).

Antes de que seas convertido, piensas que el arrepentimiento no es más que renunciar a unos pocos pecados y venir a la iglesia. Pero cuando eres convertido, el Cristo resucitado te dará una nueva “forma de pensar”. Odiaras el pecado que amabas antes – y amarás al Dios al que te rebelabas en el pasado.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero. A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento…” (Hechos 5:30-31).

II. Segundo, Dios levantó a Jesús de los muertos para darte el nuevo nacimiento.

El gran Reformador John Calvin dijo:

Aunque tenemos salvación completa a través de Su muerte, porque estamos reconciliados con Dios por ella, es por Su resurrección, no Su muerte, que nos dice que hemos nacido a una esperanza viva [I Pedro 1:3]. (Traducción de The New Encyclopedia of Christian Quotations, ibid., p. 864).

Escucha cuidadosamente a I Pedro 1:3,

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (I Pedro 1:3).

Podríamos traducir esto en Español moderno como “[Dios] nos ha hecho renacer...a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. Dios “nos hizo” o nos ha hecho “renacer” a través de la resurrección de Cristo.

Si quieres ser convertido, tienes que renacer. Esto no es algo que haces. El nuevo nacimiento es algo que Dios hace en ti a través de la resurrección de Cristo. Dios te da el nuevo nacimiento por medio de la resurrección de Cristo. A menos que Dios te dé el nuevo nacimiento a través del Cristo resucitado, seguirás siendo una persona perdida, porque no puedes hacerte a ti mismo un Cristiano “renacido”. Sólo Dios puede darte el nuevo nacimiento, “a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”.

En Efesios leemos una descripción clara de esto:

“Aun estando nosotros muertos en pecados, [Dios] nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:5-6).

Toda la acción de darte el nuevo nacimiento es de Dios. El te da vida “juntamente con Cristo”. La resurrección de Cristo te da resurrección espiritual de la religión muerta, para servir al Dios vivo y verdadero con vida nueva – que viene por la resurrección de Cristo de entre los muertos.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).

III. Tercero, Dios resucitó a Jesús de los muertos para darte justificación.

La Biblia dice que Cristo:

“El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25).

Se nos dice un poco después en Romanos que “estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9). Así que, históricamente hablando, la justificación viene a través de la Expiación por la Sangre de Cristo en la Cruz. La justificación significa que Dios te cuenta como si nunca hubieras pecado cuando crees en Jesús. Dios te da justificación y te cuenta como si nunca hubieras pecado por la muerte y la Sangre de Jesús en la Cruz.

Pero prácticamente hablando, esta justificación es puesta a tu disposición hoy a través de la resurrección de Cristo.

La Biblia dice:

“El cual fue entregado [a la Cruz] por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:25).

La justificación comprada por Cristo en la Cruz se convierte en una realidad para ti a través de la fe en el Cristo resucitado.

“Justificados, pues, por la fe [en el Cristo resucitado], tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”
       (Romanos 5:1).

¿Qué significa todo esto para ti? Esto significa que no eres justificado por creer en un Cristo muerto. Cuando crees en el Cristo resucitado, Su muerte y Su sangre te limpia y te hace justo y sin pecado ante los ojos de Dios.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).

IV. Cuarto, Dios resucitó a Jesús de los muertos para llevar Su Sangre al Lugar Santísimo en el Cielo.

En el libro de Hebreos se nos da una idea clara de Jesucristo como el cumplimiento del sumo sacerdote del Antiguo Testamento, quien tomó la sangre al Lugar Santísimo en el Tabernáculo, para expiar los pecados del pueblo. La Biblia dice:

“Pero en la segunda parte [el Lugar Santísimo], sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece…por los pecados de ignorancia del pueblo” (Hebreos 9:7).

Después, en el mismo capítulo, se nos dice:

“Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención” (Hebreos 9:11-12).

En su comentario popular (A Través de la Biblia) el Dr. J. Vernon McGee explica claramente que Cristo tomó Su propia Sangre al Lugar Santísimo en el Cielo y la roció sobre el propiciatorio allí. Esa Sangre se ha conservado incorruptible allí para ti de acuerdo con I Pedro 1:18-19.

Dios resucitó a Jesús de entre los muertos para llevar Su Sangre incorruptible al Lugar Santísimo en el Cielo, donde se conserva ahora mismo para limpiar tus pecados.

Cuando cantamos, “Eres Tú Lavado Hoy, en la Sangre que el Cordero Derramó” no estamos cantando sobre la Sangre que corría en la tierra alrededor de la Cruz y se perdió para siempre. Estamos cantando sobre la Sangre de Cristo, que Dios, en Su poder soberano, elevó al Cielo. Jesús tomó la Sangre con Él cuando Él resucitó de los muertos y regresó al Cielo. Entonces Cristo puso la Sangre en el Lugar Santo en el Cielo. ¡Está allí ahora mismo para limpiar tus pecados! ¿Te ha lavado la Sangre de Jesús? ¿Son tus pecados perdonados, cual la nieve son? ¿Te ha lavado la Sangre de Jesús? Dios resucitó a Cristo para llevar Su sangre al Cielo para que tus pecados puedan ser lavados por ella.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).

V. Pero quinto, Dios resucitó a Jesús de los muertos para que fuera tu Sumo Sacerdote en el Cielo.

La Biblia dice:

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (I Timoteo 2:5).

No necesitamos un ministro que se llame así mismo “sacerdote” para mediar entre nosotros y Dios. Cada Bautista tiene un sacerdote – Jesucristo – en el Cielo, sentado a la diestra de Dios. Jesús es nuestro sacerdote – y Él es el único mediador que necesitamos entre nosotros y Dios, según la Biblia.

En Romanos ocho leemos:

“Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios [en el Cielo], el que también intercede por nosotros” (Romanos 8:34).

Este versículo nos dice que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos y lo llevó de vuelta al Cielo para orar por nosotros. Creo que estás aquí esta mañana porque el Cristo resucitado está orando por ti. Cuando eres convertido, será porque el Cristo resucitado estaba orando por ti. Y Él continuará orando por ti durante toda tu vida. La Biblia dice:

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10).

Ves, es el Cristo resucitado el que te salva “por su vida”. Nosotros no adoramos un Cristo muerto. Él está vivo – en el Cielo, a la diestra de Dios. Y porque Él vive, Él puede salvarte –- si confías en Él. “Nos alegra el oír, ¡Qué Jesús salva hoy! Buenas nuevas esparcid. ¡Que Jesús salva hoy!” Jesús está orando en este momento para que tú seas salvo.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).

Cristo fue resucitado de los muertos por Dios


1.  Para darte arrepentimiento.

2.  Para darte el nuevo nacimiento.

3.  Para justificarte.

4.  Para llevar Su Sangre al Cielo, para lavar tus pecados.

5.  Para que fuera tu Sumo Sacerdote, y orara por ti.


¿Quieres ser convertido y ser en un verdadero Cristiano? Entonces debes venir a Cristo en el Cielo, a la diestra de Dios. Debes venir a Jesús – y Él te convertirá y salvará. La Biblia dice:

“Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3:1-2).

Ya la batalla terminó;
   La vida victoriosa fue;
El canto triunfal comenzó. ¡Aleluya!

La muerte hizo ya lo peor;
   A las tinieblas Cristo esparció,
Con santo gozo grítenlo. ¡Aleluya!

Los días pronto pasaron;
   Se alza en la resurrección:
A la Cabeza gloria dad. ¡Aleluya!

Del hades las puertas cerró;
   Las barras del Cielo bajó:
Los himnos cuenten Su triunfo. ¡Aleluya!

Con las heridas que te dieron,
   Del aguijón de muerte librad,
Para vivir y cantarte. ¡Aleluya!
   ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
(Traducción libre de la traducción de Francis Pott, 1832-1909).

(FIN DEL SERMÓN)
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en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

La Escritura Leída Antes del Sermón por Dr. Kreighton L. Chan: Hechos 5:27-32.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“The Strife Is O’er” (translated by Francis Pott, 1832-1909).
 

EL BOSQUEJO DE

POR QUÉ JESÚS RESUCITÓ DE LOS MUERTOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero” (Hechos 5:30).

I.   Primero, para date arrepentimiento, Hechos 5:30-31; 3:26.

II.  Segundo, para darte el nuevo nacimiento, I Pedro 1:3; Efesios 2:5-6.

III. Tercero, para darte justificación, Romanos 4:25; 5:9, 1.

IV. Cuarto, para tomar Su Sangre al Lugar Santísimo en el Cielo,
Hebreos 9:7, 11-12; I Pedro 1:18-19.

V.  Quinto, para que fuera tu Sumo Sacerdote en el Cielo, I Timoteo 2:5;
Romanos 8:34; 5:10; Colosenses 3:1-2.