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¡CARNE VERDADERA! ¡HUESOS VERDADEROS!
¡SANGRE VERDADERA! – PARTE I

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 13 de Junio de 2010

“Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos” (Lucas 24:41-43).

¡Oh, yo sé que el tema de este sermón podría molestar a algunos predicadores! Pero ellos quizá no han estudiado el tema completamente, ¡o no han meditado sobre estos versos de la resurrección de Cristo lo suficiente! Los predicadores deberían hablar en voz alta y claramente sobre las doctrinas centrales de la fe Cristiana, incluyendo la resurrección corporal de Cristo.

Estoy en completo acuerdo con el Dr. Michael Horton en que hay mucha gente en nuestras iglesias que creen en un Cristo-espíritu “Gnóstico”. Cómo quisiera yo que todos los predicadores en el mundo de habla Inglesa leyeran su librito La Cristiandad Sin Cristo: El Evangelio Alternativo de la Iglesia Americana [Christless Christianity: The Alternative Gospel of the American Church] (Baker Books, 2008). Él está completamente correcto cuando dice que muchos evangélicos tienen un Cristo “gnostico”, no el verdadero Cristo de carne y hueso del Nuevo Testamento. Nadie puede ser salvo al creer en “otro Jesús” (II Corintios 11:4). Solamente el Cristo resucitado puede salvar un alma humana, porque el Cristo “gnóstico” sí es “otro Jesús”.

Pero iré más allá de solamente decir que el Cristo resucitado tuvo carne y huesos. Sí, yo sé muy bien que Jesús dijo:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39).

Pero la declaración de Jesús no era exhaustiva. Él no explicó en detalle completo todos los hechos sobre Su cuerpo resucitado. Déjame decirte por qué creo que Su cuerpo resucitado no tenía solamente carne y huesos, sino también sangre.

Yo creo que Cristo resucitó en un cuerpo de carne, huesos y sangre verdaderos, ¡porque la clara enseñanza de la Biblia exige que así sea! A través de los años he aprendido a escucharle a las Escrituras y a seguirlas. Mi pastor y maestro de mucho tiempo Dr. Timothy Lin, que fue catedrático de teología y de idiomas Bíblicos en la Universidad Bob Jones University, me enseñó a creer la Biblia, y a apegarme de cerca a lo que enseña.

La Biblia enseña claramente que el mismo cuerpo de Jesús, que fue sepultado en la tumba, resucitó de los muertos. No era un fantasma o “espanto” el que resucitó de la tumba. Era el mismo Jesús que había estado sepultado tres días después de haber muerto en la Cruz. Él resucitó de los muertos en el mismo cuerpo que fue sepultado.

Cuando Él resucitó de los muertos, Él resucitó físicamente. Él dijo a los Discípulos aquel primer Domingo:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies”
       (Lucas 24:39-40).

Ahora, un cuerpo de carne y hueso tiene necesariamente todavía tener mucha sangre en él.

He estado leyendo un libro médico sobre la medula ósea. La medula ósea es el segundo órgano más grande en el cuerpo. El Dr. Chan es médico que ejerce aquí en Los Ángeles. Él me dio ese libro medico: Hoffman: Hematology, un libro sobre la sangre humana. En ese libro hay un capítulo titulado: [Examinando la Medula Ósea] “Bone Marrow Examination,” por Dr. Daniel H. Ryan and Dr. Harvey J. Cohen. El Dr. Ryan y el Dr. Cohen en ese libro dijeron:

Después de la piel, la medula ósea es el órgano más grande en el cuerpo. Nuestra medula ósea contiene un trillón de células [con] aproximadamente 200 billones de células rojas de sangre, 100 billones de células blancas de sangre, y 400 billones de plaquetas (traducción libre de Hoffman: Hematology, Churchill, Livingstone, Harcourt, Brace and Co., 2005, p. 2656).

Ese libro fue publicado en el año 2005, y ahora mismo, hoy, se usa como libro de texto sobre el estudio de medicina en muchas universidades.

¿Qué nos dicen estos hechos médicos sobre la sangre en la medula ósea humana sobre los huesos del Cristo resucitado? Recuerda que el Cristo resucitado le dijo a sus Discípulos:

“Palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39).

El punto está aquí – aunque la mayoría de la Sangre haya sido derramada del cuerpo de Jesús en la crucifixión, Sus huesos todavía contenían una gran cantidad de Sangre que todavía estaba en la medula de Sus huesos. ¡Aun había 200 billones de células rojas, 100 billones de células blancas, y 400 billones de plaquetas de sangre adentro de la medula de los huesos de Cristo cuando El resucitó de los muertos! Además de toda la sangre en Sus huesos, también había mucha Sangre alojada en los órganos de Su cuerpo, también como en las células y los tejidos de Su piel, cuando El resucitó de los muertos. Un medico calculó que como el 20% de la Sangre de Jesús quedó en Su cuerpo cuando fue sepultado.

El Dr. Norman L. Geisler, presidente del Seminario Southern Evangelical Seminary, dijo:

El punto de vista ortodoxo no puede evitarse con decir que el cuerpo resucitado de Jesús solamente tenía carne y huesos pero no carne y sangre materiales (traducción libre de Norman L. Geisler, Ph.D., The Battle for the Resurrection, Wipf & Stock Publishers, 1992, p. 122).

El Dr. Geisler cree que el Cristo resucitado todavía tenía “carne y sangre materiales”.

El Dr. Geisler dijo que la frase Bíblica “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios” (I Corintios 15:50), en contexto, significa carne y sangre mortales. De acuerdo con el Dr. Geisler, esta frase se refiere a la carne y sangre que no ha sido resucitada. El Dr. Geisler nota que:

un entender equívoco de este texto ha jugado un papel desastroso en la teología del Nuevo Testamento en los últimos sesenta años. La frase en I Corintios 15:50 se refiere a la sangre que no ha sido resucitada (ibíd. p. 123).

Así, conforme al Dr. Geisler, I Corintios 15:50 no puede usarse para mostrar que la carne y los huesos de Jesús, en Su estado resucitado, no contenían alguna sangre resucitada (ibíd.). Por tanto, ya que su carne y sus huesos todavía retenían como el 20% de Su Sangre, concluimos que Su cuerpo resucitado todavía contenía cierta cantidad de Sangre resucitada.

Este no es un tema “nuevo”, ni es falto de importancia. Nuestros padres pelearon en la controversia Fundamentalista/modernista a favor de la resurrección “corporal” literal de Cristo. Pero hemos dejado que esta gran doctrina se nos escape. Hemos dejado que los liberales como George Eldon Ladd, ex maestro en el Seminario Fuller Theological Seminary, nos digan que la resurrección de Cristo “no fue revivificar un cuerpo muerto, volviéndolo a la vida física” (Geisler, ibíd., pp. 93-94). ¿Por qué dijo él “revivificar” en vez de “resurrección”? ¡Significa lo mismo! Pero él quiso usar una palabra elegante para esconder de alguna persona laica que leyera su libro lo que él creía. En palabras simples, el Dr. Ladd dijo que la resurrección de Cristo de entre los muertos “no era la resurrección de un cuerpo muerto”. ¡Eso está mal! ¡Eso no es lo que la Biblia enseña, ni es lo que los Cristianos han creído a través de los siglos! ¡Eso es exactamente lo que quisieron decir nuestros padres con la resurrección “física” de Jesús! ¡El cuerpo muerto de Jesús regresó a la vida física!

No descartemos lo que dijo el Dr. John R. Rice sobre este tema. El Dr. Rice era un hombre sabio que creía la Biblia, y siempre tuvo mucho cuidado de seguir el significado literal de la Escritura, lo mejor que podía. En sus comentarios sobre Lucas 24:36-45 el Dr. Rice dijo:

El comió ante ellos y dio seguridad a sus corazones dudosos. Este es Jesús resucitado de los muertos, con su cuerpo de carne y sangre... Ya que Jesús aquí menciona que ellos pueden palpar Su carne y huesos pero no menciona su sangre, algunos han pensado que nuestros cuerpos [de los Cristianos] de resurrección no tendrán sangre. Cierto, I Corintios 15:50 dice que “la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios”. Pero el verso continua, “ni la corrupción hereda la incorrupción”... Eso no significa que la carne no pueda entrar en el reino en los cuerpos resucitados... Ya que Jesús comió comida literal física, toda razón existe para creer que el proceso de la digestión continuaba y que el cuerpo que tenia carne y huesos, también tenía sangre para llevar a cabo estos procesos naturales... Después de Su resurrección el cuerpo de Jesús era un cuerpo de carne y huesos, con los procesos normales. Era un cuerpo que podía comer y digerir comida, un cuerpo que podía sentir (traducción libre de John R. Rice., D.D., The Son of Man: A Verse-by-Verse Commentary on the Gospel According to Luke, Sword of the Lord Publishers, 1971, pp. 556-557).

“Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos” (Lucas 24:41-43).

Ahora, hay dos puntos importantes que salen de esto.

1.  La carne y sangre de todos los Cristianos verdaderos serán resucitadas, así como lo fueron la carne y la Sangre de Jesús. El Apóstol Pablo dijo:

“Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”
     (Filipenses 3:20-21).

Así el Apóstol Pablo nos dice que nuestros cuerpos de “humillación” se “transformará[n]...semejante al cuerpo de la gloria suya” – o sea, que tendremos cuerpos resucitados, con carne, huesos, y sangre, como Su “cuerpo de la gloria suya”. Nosotros no seremos “fantasmas” o “espíritus”. No, los cuerpos resucitados de los Cristianos verdaderos serán “transformados” cuando sean resucitados para ser cuerpos “incorruptibles” e “inmortales”, cambiados para ser como el cuerpo resucitado de Cristo (vea I Corintios 15:51-53). ¡Me alegra que sea así! ¡Reconoceremos a nuestros amados que han partido, así como Moisés y Elías fueron reconocidos en la Transfiguración! Reconoceremos a los amados Cristianos que han muerto porque habrán resucitado, como Jesús, ¡en los mismos cuerpos resucitados que murieron!
      El Apóstol Juan dijo más sobre este tema cuando nos dijo:

“Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (I Juan 3:2).

En la resurrección, los Cristianos “seremos semejantes a él,” como Él fue cuando estaba con los Discípulos en aquel primer domingo, cuando dijo:

“¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos” (Lucas 24:41-43).

En el Evangelio de Lucas, Jesús dijo que comería y bebería con ellos “en el reino de Dios”:

“¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga
       (Lucas 22:15-18).

      Así, en la Última Cena, Cristo dijo a los Discípulos que Él comería y bebería con ellos en Reino venidero. Una vez más, en Lucas 22:30, Jesús les dijo que iban a “comer y beber a mi mesa en mi reino”. Eso quiere decir que sus cuerpos resucitados necesitarían tener “sangre para llevar a cabo los procesos naturales” de la digestión, como El Dr. Rice dijo: “Habrá líquidos en los cuerpos de los Cristianos resucitados, como en el cuerpo de Jesús, porque Jesús dijo: “No beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga” (Rice, ibíd., p. 558).
      ¡Me alegro de que no vamos a ser “fantasmas” o “espíritus” en Reino venidero de Cristo! ¡Me alegro de que tendremos verdaderos cuerpos resucitados, como el de Él, cuerpos de carne y hueso, y sangre, capaces de sentarse y comer y beber con Jesús en el futuro Reino, cuando Él regrese para reinar sobre la tierra, capaces de participar en esa Gran Cena con Él y sus Discípulos, y todos los verdaderos Cristianos, para “comer y beber” con ellos en aquel gran festín de celebración (Lucas 22:30)! ¡Qué bendita esperanza para todo verdadero Cristiano!

“Les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos”
       (Lucas 24:41-43).

Pero hay otra gran lección para nosotros aquí, en la que debemos pensar a menudo.

2.  ¡La sangre de Jesús está ahora en el Cielo! Al menos la Sangre en Sus huesos y carne tenía que haber resucitado y ascendido con Él de regreso al Cielo. El Dr. Rice y muchos otros van más lejos, como yo, y dicen que Él llevó la Sangre que salió de Su cuerpo en la Cruz también. Él estaba en camino a presentar la sangre sagrada en el cielo” (traducción de John R. Rice, D.D., The Son of God: A Verse-by-Verse Commentary on the Gospel According to John, Sword of the Lord Publishers, 1976, p. 393).
      Lo cierto es que si tomamos la Biblia en serio – al menos la Sangre que permaneció en Su carne y en Su medula ósea está en el Cielo ahora. No debe caber duda de eso si uno cree en Su resurrección física. Sin embargo, hay varios maestros modernos como George Eldon Ladd y John MacArthur, que dicen que la Sangre de Cristo no está en el Cielo. Yo creo que ellos están equivocados porque la Biblia nos dice específicamente que la Sangre de Jesús sí está en el Cielo:

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada
     (Hebreos 12:22-24).

La Biblia nos dice en Hebreos 12:22-24 que la Sangre de Jesús es una de las cosas que están en el Cielo. Fue llevada arriba, trasladada, resucitada al Cielo, junto con Su cuerpo de carne y hueso – así como el cuerpo y la sangre de Enoc (Hebreos 11:5) y el cuerpo y la sangre de Elías (II Reyes 2:11) fueron resucitados al Cielo. C. H. Spurgeon dijo:

      Cuando subamos al Cielo mismo... no iremos más allá de la Sangre del esparcimiento, no, la veremos allí realmente presente más que cualquier otro lugar. “¡Cómo!” Dices, “¿La sangre de Jesús en el Cielo?” ¡Sí! Que aquellos que hablan con ligereza de la preciosa sangre corrijan su punto de vista antes de que sea culpable de blasfemia...Para mí no hay nada digno de pensar o predicar sino este gran tema. La Sangre de Cristo es la vida del Evangelio (traducción de C. H. Spurgeon, “The Blood of Sprinkling,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, reimpreso en 1975, tomo 32, p. 121).

Spurgeon dijo que la Sangre de Cristo está en el Cielo en muchos otros sermones también, con frases como, “la sangre está ahí, intercediendo por nosotros eternamente” (traducción de “The Saviour’s Precious Blood,” MTP, #3,395).
      Hemos dado 15 testigos de la Sangre de Cristo en el Cielo en nuestro libro Predicando a una Nación que Muere [Preaching to a Dying Nation ] por R. L. Hymers, Jr., D.Min., y Christopher Cagan, Ph.D. Lo puedes ordenar [en Ingles] enviando $15.00 y pidiéndolo por nombre, to P.O. Box 15308, Los Ángeles, CA 90015. Entre los que dijeron que la Sangre de Cristo está en el Cielo estaban Crisóstomo (siglo 5), Juan Calvino (siglo 16), Matthew Henry (siglo 18), Charles Wesley (siglo 18), La Biblia Anotada de Scofield (siglo 20), el Dr. John R. Rice (siglo 20), y el Dr. J. Vernon McGee (siglo 20). El Dr. McGee dijo:

Aún ahora Su Sangre está en el cielo, y a través de los siglos estará allí para recordarnos el terrible precio que Cristo pagó para redimirnos (traducción de J. Vernon McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers, 1983, vol. 5, p. 560).

¡Estoy muy contento que tengo un verdadero Evangelio para predicarles esta mañana! Cristo realmente murió en la Cruz para pagar la pena completa por tu pecado. Cristo realmente resucitó físicamente – ¡Su carne se resucitó! ¡Sus huesos resucitaron! ¡La sangre en la médula ósea y las células resucitaron! ¡Él realmente resucitó de los muertos! Y porque Él realmente vive, a la diestra de Dios, tú puedes venir a Él. Y cuando vienes a Él, Él en realidad perdonará tu pecado, y Él te dará un verdadero nuevo nacimiento, una conversión verdadera, y vida eterna verdadera. ¡Todo es real, mi amigo! ¡Ven al verdadero Jesús y Él te dará una verdadera conversión!

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos” (Lucas 24:36-43).

¡Ese es el verdadero Jesús! ¡Ven a Él y Él te salvará para siempre, y por toda la eternidad! Canten de pie el coro del himno, “¿Te Ha Lavado la Sangre?”

¿Eres tú, lavado hoy,
   En la sangre que el Cordero derramó?
¿Son tus ropas blancas? ¿Cuál la nieve son?
   ¿Te ha lavado la sangre de Jesús?
(Traducción de “Are You Washed in the Blood of the Lamb?”
     por Elisha A. Hoffman, 1839-1929).

(FIN DEL SERMÓN)
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en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Lucas 24:36-43.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Alive Again” (por Paul Rader, 1878-1938).