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EL PRIMER APARECIMIENTO
DEL CRISTO RESUCITADO A SUS DISCÍPULOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
La Mañana del Día del Señor, 11 de Abril de 2010

“Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros”
(Lucas 24:36).


Judas estaba muerto. Se suicidó después de traicionar a Jesús. Tomás por alguna razón no estaba allí. Pero los otros diez Discípulos se juntaron esa noche. Era ya el final del Domingo, el día en que Cristo resucitó de los muertos. Estamos endeudados con el Apóstol Juan por decirnos que era

“...la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros” (Juan 20:19).

Era Domingo en la noche, el día “primero de la semana” en el calendario Romano. Jesús había resucitado temprano el domingo en la mañana – y ahora Él se le aparecía a aquellos diez Discípulos el Domingo en la noche. Así, el primer servicio Cristiano tomó lugar el Domingo en la noche. Muchas iglesias hoy se han dejado de reunir el domingo en la noche. ¡Qué vergüenza! Ya no siguen el ejemplo de aquel primer servicio de Domingo – ¡que fue de noche! Nuestros padres Bautistas se reunían siempre el Domingo en la noche. ¡Cómo oro que nuestras iglesias regresen al método de ellos! El Domingo en la noche es casi siempre el mejor servicio de la semana. A menudo avivamiento ha comenzado en el servicio de la noche. Como lo fue en el principio, así fue cuando el avivamiento vino:

“Jesús se puso en medio de ellos” (Lucas 24:36).

Nota que los Discípulos tuvieron miedo cuando vieron a Jesús. “Entonces, espantados y atemorizados” (Lucas 24:37). Esto muestra que ellos no esperaban que Jesús resucitara de los muertos. Él les había dicho que lo haría, pero ellos no le habían escuchado. Él les dijo que “después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará” (Lucas 18:33; Mateo 20:18; Marcos 10:33) – pero de algún modo ellos no recordaban lo que Él había dicho. Así que estaban “atemorizados” cuando Él les apareció a ellos, resucitado de entre los muertos. Y así, para calmar el temor de ellos, Jesús les dijo: “Paz a vosotros” (Lucas 24:36).

De este pasaje maravilloso de la Escritura aprendemos de lo cierto de la resurrección de Cristo, y del carácter del Cristo resucitado.

I. Primero, lo cierto de la resurrección de Cristo.

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies” (Lucas 24:36-40).

Cuando yo estuve en un seminario liberal, oí a profesores incrédulos citar al teólogo modernista Rudolph Bultmann, quien dijo: “Jesús resucitó de entre los muertos en las mentes de los Discípulos”. Así era la forma engañosa de hablar de este liberal Alemán, diciendo que Cristo en realidad no resucitó de entre los muertos – ¡los Discípulos solamente pensaban que Él lo había hecho! ¡Pero eso no era para nada cierto! ¡Los Discípulos pensaban exactamente lo opuesto! ¡Ellos pensaban que Él no había resucitado! Es por eso que estaban “espantados y atemorizados” cuando lo vieron (Lucas 24:37).

Ellos sabían que Jesús había sido azotado casi hasta la muerte. Ellos habían que Él había sido clavado a una cruz. Ellos sabían que Él estaba muerto, y que él había sido sepultado en un sepulcro sellado. Ellos estaban atemorizados, y aquella noche se habían encerrado en un aposento por temor. ¡Pero allí estaba Él! Él había roto las cadenas de la muerte. ¡Y ahora estaba en frente de ellos!

“Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros”
      (Lucas 24:36).

Ningún hecho en la historia está mejor atestiguado que la resurrección de Cristo de entre los muertos, Thomas Arnold, maestro de historia de la universidad Oxford University, y uno de los historiadores más destacados del mundo dijo:

Yo no sé de ningún hecho en la historia de la humanidad que esté mejor comprobado, más lleno de evidencia de toda clase, para el entendimiento de alguno que indague, que la gran señal que Dios nos ha dado de que Cristo murió, y resucitó de entre los muertos (traducción de Thomas Arnold, Ph.D., Sermons on Christian Life, Its Fears and Its Close, 6ª edición, London, 1854, p. 324).

Una de las grandes pruebas de la resurrección de Cristo es el hecho de que cambió completamente a los Discípulos. Cuando Jesús fue arrestado, la noche antes de Su crucifixión, “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Mateo 26:56). Después de que Cristo fue sepultado, ellos se encerraron en un aposento por “miedo” (Juan 20:19). Pero después de haber encontrado al Cristo resucitado, ellos salieron como leones rugientes – y le predicaban a los meros hombres que habían crucificado a Cristo:

“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”
      (Hechos 4:12).

¡Los once Discípulos salieron sin temor al mundo proclamando Su resurrección de entre los muertos! Después de haberse encontrado con el Cristo resucitado, nada sino sola muerte misma podía pararlos de proclamar:

“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos” (Hechos 2:32).

El Dr. Gary Habermas dijo:

La resurrección [de Jesús] fue indudablemente la proclamación central de la primera iglesia desde el mero principio. Los primeros Cristianos no solamente apoyaban las enseñanzas de Jesús; ellos estaban convencidos de que ellos lo habían visto vivo después de su crucifixión. Eso fue lo que cambio las vidas de ellos y comenzó la iglesia. Ciertamente, puesto que ésta era su convicción más central, ellos tendrían que haberse asegurado totalmente de que era cierta (traducción de cita en The Case for Christ Study Bible, Lee Strobel, editor general, Zondervan, 2009, p. 1505).

La resurrección de Cristo de entre los muertos – “eso fue lo que cambio las vidas de ellos y comenzó la iglesia” ¡Amén!

Pedro lo vio a la orilla del mar,
Comió con Él allí;
Jesús le decía, con labios vivos,
“¿Pedro, me amas tú?”
¡Él que murió vive otra vez!
¡Él que murió vive otra vez!
Las garras de la muerte rotas están –
¡Él que murió vive otra vez!
   (Traducción de “Alive Again” por Paul Rader, 1878-1938).

¡Estos hombres murieron proclamando la resurrección de Cristo! ¡Ellos fueron cambiados de cobardes a mártires porque habían visto a Cristo después de que Él resucitó de la sepultura!

Santiago el hijo de Zebedeo fue decapitado.
  Mateo fue decapitado.
     Jacobo, el hermano del Señor, fue lanzado del techo del
        Templo, y golpeado hasta la muerte.
           Matías fue apedreado y decapitado.
              Andrés fue crucificado.
                 Marcos fue arrastrado hasta morir.
                    Pedro fue crucificado cabeza abajo.
                       Pablo fue decapitado.
                          Judas fue crucificado.
                             Bartolomé fue golpeado y crucificado.
                                Lucas fue colgado de un árbol de olivos.
                                   Juan fue echado a un recipiente lleno de aceite
                                    hirviendo y fue exiliado a la Isla de Patmos.
                                      Tomás fue atravesado con lanzas,
                                        y echado a las llamas de un horno.
(Traducción libre de The New Foxe’s Book of Martyrs,
    Bridge-Logos Publishers, 1997, pp. 5-10).

El Dr. D. James Kennedy dijo que los hombres “no mueren por algo que sabes que es falso” (Why I Believe, Thomas Nelson Publishers, 2005, p. 127). Estos hombres pasaron por sufrimientos odiosos y por muertes horribles porque predicaban que Cristo resucitó de los muertos. ¡Los hombres no mueren por algo que no han visto! ¡Estos hombres vieron a Cristo después de que resucitó de la sepultura! Por eso la tortura y la amenaza de muerte no los pudo parar de proclamar “¡Cristo ha resucitado de los muertos!”

Lo vio a Él Tomás en el aposento,
Lo llamó su Señor y Dios,
Sus dedos puso en los hoyos
Hechos por los clavos y la espada.
¡Él que murió vive otra vez!
¡Él que murió vive otra vez!
Las garras de la muerte rotas están –
¡Él que murió vive otra vez!
   (Paul Rader, ibid.).

“Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros”
      (Lucas 24:36).

II. Segundo, el carácter del Cristo resucitado.

Es importante saber cómo era Jesús después de que resucitó de entre los muertos. De este pasaje en Lucas descubrimos que:

“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”
      (Hebreos 13:8).

Jesús era el mismo después de que Él resucitó de los muertos – ¡y Él aun es el mismo hoy!

Él añoraba traer paz a los corazones de Su pueblo. Tan pronto les apareció a ellos dijo: “Paz a vosotros”. Jesús quiere que seamos felices. Mientras estaba en la tierra Él dijo:

“No se turbe vuestro corazón” (Juan 14:1).

Él dice eso hoy. Él quiere que los Cristianos tengan Su gozo en ellos, que el gozo de ellos sea completo. Aun cuando estamos en tribulación, Jesús nos susurra: “Paz a vosotros”. Él amaba a Sus Discípulos en el cuarto aquella noche. Ellos estaban llenos de miedo por lo que les podría suceder. Pero Él vino a ellos y dijo: “Paz a vosotros” – y entonces los Discípulos estuvieron contentos. Él les da esa misma paz a Sus discípulos hoy – ¡paz que sobre pasa el entendimiento humano!

Él también los anima a tener fe en Él. Él dijo:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39).

Él quería que ellos supieran que Él no era un espíritu. Él les dijo que lo “palparan” – que lo tocaran – y vieran que en verdad era Él – que Su cuerpo físico realmente había resucitado de los muertos. Unos cuantos días después le dijo al Tomás dudoso:

“Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”
      (Juan 20:27).

El Dr. Henry M. Morris dijo:

El Señor le responde a los teólogos [liberales] modernos, que interpretan la resurrección como cosa espiritual, en vez de física…Él también refuta a aquellos que dicen que los “aparecimientos” a Sus discípulos eran “apariciones espirituales”, o alucinaciones. Aun ellos [Sus Discípulos] al principio pensaban que Él era un espíritu, pero entonces Él les mostró las cicatrices de los clavos que clavaron Sus manos y pies y hasta comió parte de un pescado y miel de panal delante de ellos (Lucas 24:37, 40, 42). Ellos ya no podían dudar la realidad de Su resurrección corporal, ni jamás nunca la volvieron a dudar después de entonces (traducción de Henry M. Morris, Ph.D., The Defender’s Study Bible, World Publishing, 1995, pp. 1128-1129; nota sobre Lucas 24:39).

¡Cuan triste es que hoy tantos evangélicos piensan que Jesús es un espíritu. Este es esencialmente un punto de vista Gnóstico de Cristo. Los Gnósticos creían que la materia física era mala y que solamente es espíritu es bueno. Así ellos rechazaron la resurrección física, corporal de Cristo. La herejía del nuevo Gnosticismo se mezcla con las ideas de la nueva edad, creando a un Cristo falso – uno que es solamente un espíritu. El Apóstol Juan, en su primera epístola, refutaba esa herejía cuando dijo: “palparon nuestras manos” a Cristo (I Juan 1:1). El “Cristo espíritu” Gnóstico de la nueva edad ¡no es Jesús! ¡Es “otro Jesús” (II Corintios 11:4), no el verdadero Jesús que los Discípulos vieron y palparon después de que resucitó de los muertos.

“Y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (I Juan 4:3).

Por lo tanto aquellos que piensan en Jesús como un espíritu no son “de Dios” – porque hablan de “otro Jesús”, no el Jesús verdadero, ¡cuyo cuerpo de carne y hueso resucitó de los muertos! El Jesús verdadero dijo:

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39).

He leído un articulo de revista titulado: “Cuando el Espíritu te Mueve” (Cathy Lynn Grossman, USA Weekend, Abril 2-4, 2010, pp. 6-7). La autora dice: “Esta temporada santa tú puedes quedarte cerca de Dios – aun cuando no estés cerca de una banca de [iglesia], cuando el Espíritu te mueva”. Eso resume la “espiritualidad” Gnóstica del movimiento de la nueva edad de la generación de los viejos hippys (Boomer). Ahora andan por arriba. Entre las edades de 45 a 65, la generación hippy siempre ha sido llevada por “sentimientos internos” y adoración propia.

Pero la Biblia nos llama afuera de nuestros sentimientos y experiencias interiores. Cristo no es “Dios según lo entendemos”. ¡Oh, no! Cristo es el Dios hombre según no lo entendemos! Él nos está revelado en la Biblia. El Cristo de la Biblia es transcendente – o sea, Él está arriba en el Cielo, sentado a la diestra de Dios. Solamente cuando el Espíritu de Dios nos saca de nosotros mismos podemos conocer a Cristo. El Espíritu de Dios nos muestra nuestro pecado, y nos humilla en convicción. Entonces, y solamente entonces, el Espíritu de Dios nos atrae arriba, fuera de nosotros mismos, a Cristo – sentado a la diestra de Dios en el Cielo. Cuando somos sacados de nosotros mismos – hacia arriba a Cristo – entonces Él nos habla como Él lo hizo en aquel primer Domingo de Pascua – y dice:

“Paz a vosotros” (Lucas 24:36).

“Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39).

Que Dios te convenza de pecado y te humille. Que Él te atraiga arriba hacia Cristo en “el tercer cielo” (II Corintios 12:2).

“Y el Señor, después que les habló, fue recibido arriba en el cielo, y se sentó a la diestra de Dios” (Marcos 16:19).

“Exaltado por la diestra de Dios” (Hechos 2:33).

“El que además está a la diestra de Dios” (Romanos 8:34).

“A la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1:3).

Cuando seas convencido de pecado, y disgustado por tu corazón “perverso” (Jeremías 17:9) – entonces podrás estar preparado para que Dios te atraiga arriba a Jesucristo para la justificación y la limpieza por Su Sangre. Recuerda que Jesús dijo:

“No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere…” (Juan 6:43-44).

Tú tienes que ser atraído lejos del mundo, de tus propias emociones y sentimientos, fuera de tí mismo – y tienes que ser llevado arriba, arriba de las nubes, sobre las estrella, a Jesús – el Dios-hombre, el único sacrificio por los pecados, el único que puede salvar tu alma de la ira de Dios, el único que puede lavar tus pecados con Su preciosa Sangre, ¡y el único que puede darte paz eterna! Cuando tú vengas a Jesús, será para ti como lo fue para los Discípulos aquel primer Domingo en la noche:

“Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros”
      (Lucas 24:36).

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Lucas 24:36-43.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Alive Again” (por Paul Rader, 1878-1938).


EL BOSQUEJO DE

EL PRIMER APARECIMIENTO
DEL CRISTO RESUCITADO A SUS DISCÍPULOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros”
(Lucas 24:36).

(Juan 20:19; Lucas 24:37; 18:33; Mateo 20:18; Marcos 10:33)

I.   Primero, lo cierto de la resurrección de Cristo, Lucas 24:36-40;
Mateo 26:56; Juan 20:19; Hechos 4:12; 2:32.

II.  Segundo, el carácter del Cristo resucitado, Hebreos 13:8;
Juan 14:1; Lucas 24:39; Juan 20:27; Lucas 24:37, 40, 42;
I Juan 1:1; II Corintios 11:4; I Juan 4:3; II Corintios 12:2;
Marcos 16:19; Hechos 2:33; Romanos 8:34; Hebreos 1:3;
Jeremías 17:9; Juan 6:43-44.