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EL VALLE DE HUESOS SECOS

 

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
La Mañana del Día del Señor, 21 de Junio de 2009

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 37:3-5).


Spurgeon imprimió tres de los sermones que él predicó acerca de este pasaje de la Escritura. Uno de ellos es muy famoso. Se llama: “La Restauración y la Conversión de los Judíos” [“The Restoration and Conversion of the Jews”] (Traducido de The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, impresión de 1991, tomo X, pp. 425-436). Aunque Spurgeon no era un dispensacionalista y tenía poca luz acerca de la profecía Bíblica, él siempre le fue fiel a la Biblia. Los versos 11 al 14 claramente dicen que este pasje se refiere a la restauración de Israel a su propia tierra, la cual entonces se llamada “Palestina”. Ya que eso es claramente declarado, eso es lo que Spurgeon predicó hace mucho en 1864. El dijo:

Israel ahora está borrada del mapa de las naciones; sus hijos han sido esparcidos a lo largo y a lo ancho…Pero ella será restaurada; ella será restaurada como “de los muertos”…Ella será reorganizada; sus huesos esparcidos serán juntados; Habrá un gobierno nacional otra vez; y habrá de nuevo…un estado (Spurgeon, ibid., p. 428).

.

La visión de Spurgeon de esta promesa se cumplió el 14 de Mayo de 1948, cuando se proclamó el establecimiento de la nación moderna de Israel por el concilio nacional Judío en Palestina. La nueva nación estableció un gobierno guidado por David Ben-Gurion como primer ministro y Chaim Weizmann como presidente. Desde entonces los Judíos de todo el mundo han regresado a Israel, y la primera parte de esta profecía empezó a cumplirse literalmente

:

“Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel” (Ezequiel 37:12).

Los Bautistas y otros Cristianos creyentes Bíblicos siempre han apoyando a Israel, empezando con nuestro presidente Bautista Harry S. Truman. Los Cristianos creyentes Bíblicos en América son los más fuertes y constantes amigos de Israel. Es correcto y Bíblico que lo seamos, no importa lo que los anti-semítas digan hoy en día. Esa es la interpretación literal del pasaje en Ezequiel 37.

Pero en 1882 Spurgeon predicó otro sermón sobre este pasaje de la Escritura. En este Segundo sermón, Spurgeon dijo que este pasaje es

…una ilustración sorprendente de la salvación de Israel de muerte nacional. [Pero] nosotros con la misma exactitud podemos ver en ella una representación vívida de la obra de la gracia en los corazones en todos aquellos quienes son hechos vivos a una vida spiritual por el poder de la gracia divina (Traducido de C. H. Spurgeon, “Despair Denounced and Grace Glorified,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, edición de 1973, tomo XXVIII, p. 469).

Así, el versos 3 y los que siguen ilustran la conversión de pecadores perdidos:

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 37:3-5).

Canten de pie el coro de “Sopla en Mí”.

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, sopla en mi;
Toma mi corazón, lavalo todo,
    Espíritu Santo, sopla en mi.
(Traducido de “Breathe On Me”
    por B. B. McKinney, 1886-1952).

Se pueden sentar. He aquí tres lecciones del texto:

I. Primero, Dios dice: “¿Vivirán estos huesos?”

“La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes” (Ezequiel 37:1-3).

El Dr. McGee dijo que ésta es una ilustración de personas inconversas en la iglesia. Él dijo:

Toda congregación a la que un predicador le habla incluye a aquellos que son salvos y aquellos que no son salvos…los que no son salvos están muertos en delitos y pecados – no han sido redimidos todavía. El predicador es igual de incapaz que Ezequiel, porque cualquier predicador que entiende el verdadero estado y la condición de los que están perdidos reconoce su propia impotencia al hablarles (Traducido de J. Vernon McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers, 1982, tomo III, p. 509; nota sobre Ezequiel 37:4).

Cuando un predicador mira desde el pulpito, eso es lo que mira. Muchos son como huesos:

“Muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).

“Muertos en pecados” (Colosenses 2:13).

“Por cierto secos en gran manera” (Ezequiel 37:2).

¿Es ese tú estado esta mañana? ¿Estás tan muerto que nada te mueve? ¿Está tu corazón “seco en gran manera” a la vista de Dios? Canten este coro, “Sopla En Mi”.

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, Sopla en mi;
Toma my corazón, lávalo todo,
    Espíritu Santo, Sopla en mi.
(Traducido de “Breathe On Me”
    por B. B. McKinney, 1886-1952).

Ahora lee Ezequiel 37:3 en voz alta.

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes” (Ezequiel 37:3).

Dios llamo a Ezequiel “Hijo de hombre”. Esto muestra que el predicador solamente es un ser humano. El predicador solamente es un hombre, un “Hijo de hombre”. El predicador no tiene poder para ayudarte. Yo te puedo predicar a ti, pero las palabras que diga solamente caerán en oídos sordos. Frecuentemente parece que Dios me está preguntando, “Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos?” Esa es la más espantosa y minuciosa pregunta que Dios le puede hacer a un predicador, “¿Vivirán estos huesos?”

Se me pidió que predicara en cierta iglesia un Doming en la noche. Le pregunté a alguien que conocía la iglesia qué debía yo predicar. El me dijo: “Hagas lo que hagas, no prediques un sermón del Evangelio. Ellos oyen eso todo el tiempo. Ya todos están salvos”. No sabía qué hacer. Parecía que Dios me decía que predicara un simple sermón del Evangelio. Pero un hombre que conocía la iglesia dijo que no lo hiciera – todos ya estaban salvos. Yo estaba desesperado. Pasé toda la tarde en oración. Solo tenía un simple sermón del Evangelio. Fui al pulpito temblando.

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes” (Ezequiel 37:3).

Dios dijo: “¿Vivirán estos huesos?” Ezequiel contesto: “Señor Jehová tú lo sabes”. El Dr. McGee lo puso así: “En otras palabras, él dijo, ‘no veo como podrían. Está más allá de mi – solo tú sabes si estos huesos pueden vivir o no’” (McGee, ibid.). Fui a ese pulpito temblando y sudando. Empecé a predicar. ¡Entonces el Espíritu Santo cayó sobre la congregación! ¡Pónganse de pie y cánten!

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, Sopla en mi;
Toma my corazón, lávalo todo,
    Espíritu Santo, Sopla en mi.

¡Ora que el Espíritu Santo descienda aquí esta mañana! (todos orando). ¡Cántenla de nuevo!

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, Sopla en mi;
Toma my corazón, lávalo todo,
    Espíritu Santo, Sopla en mi.

Se pueden sentar.

II. Segundo, Dios dice: “Profetiza sobre estos huesos”.

Lean verso 4 en voz alta.

“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová” (Ezequiel 37:4).

Dios dice, “Profetiza” – ¡predícale a estos huesos secos, muertos! Diles: “Huesos secos, oíd palabra de Jehová”. El predicador piensa, “¿Cómo un hueso seco puede escuchar la palabra del Señor? ¿Cómo pueden? ¿Cómo pueden?” Oh, Dios mío yo sé que no pueden. Sus mentes están en otra parte. Ellos repasan vez tras vez sobre el mismo patrón mental muerto. ¡Ellos no pueden escuchar lo que les digo!

“Y le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que le pusiera la mano encima. Y tomándole aparte de la gente, metió los dedos en las orejas de él, y escupiendo, tocó su lengua; y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien… Y en gran manera se maravillaban, diciendo: bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar” (Marcos 7:32-35, 37).

¡Pónganse de pie y oren que Dios abra los oídos sordos al Evangelio! (todos orando). ¡Cántenlo de nuevo!

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, Sopla en mi;
Toma my corazón, lávalo todo,
    Espíritu Santo, Sopla en mi.

“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová” (Ezequiel 37:4).

Esta es la palabra del Señor – ¡Jesucristo murió en la Cruz para pagar la pena por tus pecados! ¡Jesucristo derramó Su Sangre en la Cruz para lavar todos tus pecados! ¡Jesucristo se alzó de entre los muertos! ¡Jesucristo está vivo en el Cielo, al costdo de Dios! ¡Esta es la palabra del Señor! Cantemos “En la Cruz”. ¡Dame la tonada!

En la cruz, en la cruz,
    Sea mi gloria por siempre;
Hasta que mi alma raptada encuentre
    Descanso más allá del río.
(Traducido de “Near the Cross”
    por Fanny J. Crosby, 1820-1915).

¡Cántenlo de nuevo!

En la cruz, en la cruz,
    Sea mi gloria por siempre;
Hasta que mi alma raptada encuentre
    Descanso más allá del río.

Es en la Cruz donde Él murió para pagar por tus pecados. ¡Es en la Cruz donde Él derramó Su Sangre para lavar tus pecados!

En la cruz, en la cruz,
    Sea mi gloria por siempre;
Hasta que mi alma raptada encuentre
    Descanso más allá del río.

Se pueden sentar.

Yo tenía miedo. Muchos predicadores famosos estaban ahí. Él me dijo: “¡Hagas lo que hagas, no prediques el Evangelio! Lo oyen todos los Domingos. ¡Ya todos están salvos!” ¿Tenía él razón? ¡Fui al pulpito con mi corazón galopando, con sudor en mis manos! Empecé a predicar.

“Huesos secos, oíd palabra de Jehová” (Ezequiel 37:4).

¿Qué si nadie escucha? ¿Qué si nadie viene al frente? ¿Qué si fracaso? ¿Qué dirán ellos?

“Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová” (Ezequiel 37:4).

“Y diles: Así ha dicho Jehová el Señor; escuchen, o dejen de escuchar” (Ezequiel 3:11).

Predica el evangelio de Cristo, ¡te escuchen o no! Ya sea que cierren sus oídos o los abran:

“Y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová”
(Ezequiel 37:4).

¡Ese es mi vocación! ¡Esa es mi misión! ¡Eso es lo que el Dios Todopoderoso me ha dicho que haga!

III. Tercero, Dios dice: “Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”.

Lean verso 5 en voz alta.

“Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 37:5).

Dios dice: “Yo” (no yo, pero Dios) “Yo hago entrar” (no tú, pero Dios) “Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”. ¡Así debe ser! El Espíritu Santo debe entrar en ti. ¡Entonces tendrás vida! Dios dijo:

“Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu” (Ezequiel 36:27).

Pónganse de pie y cántenlo una vez más suavemente:

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, Sopla en mi;
Toma my corazón, lávalo todo,
    Espíritu Santo, Sopla en mi.

Yo me puse de pie para predicar esa noche. Grandes predicadores estaban ahí. Todos ellos me estaban viendo. El hombre aquél me había dicho: “¡Hagas lo que hagas, no prediques el Evangelio. ¡Ya todos están salvos!” Mi corazón latía fuertemente. Mis manos sudaban. Empecé a predicar. ¡Prediqué el Evangelio! ¡Tómalo o déjalo! ¡Eso es lo que vas a escuchar! ¡Estás perdido! ¡No tienes a Cristo! ¡Tienes religión – pero estás perdido! ¡Ven a Cristo! ¡Sé lavado en Su Sangre! Yo dije: “Sal de tu asiento y ven acá ahora”. Empezamos a cantar. Yo pensé: “Nadie vendrá”. Cantamos la segunda estrofa. Tres hombres adultos vinieron por el pasillo. Los llevaron al cuarto de al lado. Cantamos otra estrofa. Alguien gritó: “Un predicador acaba de ser salvo!” ¡Uno de los hombres que había venido era predicador! ¡Entonces el Espíritu Santo descendió sobre la congregación como una nube! Un hombre anciano vino gateando por el pasillo. Mientras el gateaba por el pasillo gritaba con todas sus fuerzas: “¡Estoy perdido!” “¡Estoy perdido!” ¡Esa es la obra de Dios! ¡Esa es la conversión! ¡Esa es la realidad! Continuaba por tres horas. Más de 75 personas pasaron al frente del cuarto, llorando y clamando, gritando y lamentando, confesándole sus pecados a Dios.

“Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”
     (Ezequiel 37:5).

Jesús dijo:

“Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:6-7).

Vamos a cantar “En La Cruz” otra vez. ¡Dame la tonada!

En la cruz, en la cruz,
    Sea mi gloria por siempre;
Hasta que mi alma raptada encuentre
    Descanso más allá del río.

¡Tú eres pecador! ¡Tú estás perdido! ¡Nadie te puede salvar solo Jesús! Es por eso que él murió en la Cruz. ¡Él murió en la Cruz para pagar por tu pecado y lavarlo con Su sangre! Lo vamos a cantar otra vez. Mientras cantamos, ven por el pasillo y di: “¡Estoy perdido! ¡Estoy perdido!” ¡Ahorita, sí, sí tú! ¡Sal de tu asiento y ven acá! “¡Estoy perdido! ¡Oh, Jesús, lava mi pecado con la Sangre que derramaste en esa Cruz!” Canten “En la Cruz” otra vez.

En la cruz, en la cruz,
    Sea mi gloria por siempre;
Hasta que mi alma raptada encuentre
    Descanso más allá del río.

Sopla en mi, Sopla en mi,
   Espíritu Santo, Sopla en mi;
Toma my corazón, lávalo todo,
    Espíritu Santo, Sopla en mi.

(FIN DEL SERMÓN)
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Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Ezequiel 37:1-14.

Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:

“Breathe On Me” (por B. B. McKinney, 1886-1952).


EL BOSQUEJO DE

EL VALLE DE HUESOS SECOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes. Me dijo entonces: Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis” (Ezequiel 37:3-5).

(Ezequiel 37:12)

I.   Primero, Dios dice: “¿Vivirán estos huesos?” Ezequiel 37:1-3;
Efesios 2:1; Colosense 2:13.

II.  Segundo, Dios dice, “Profetiza sobre estos huesos” Ezequiel 37:4;
Marcos 7:32-35, 37; Ezequiel 3:11.

III. Tercero, Dios dice: “Yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”
Ezequiel 37:5; 36:27; Juan 3:6-7.