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ALIENTO PARA AQUELLOS
QUE NO ESTÁN LEJOS DE LA SALVACIÓN

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 7 de Junio del 2009

“Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).


Cuando Jesús conoció a este escriba, el hombre estaba en contra de Él. El escriba “le hizo una pregunta, para tentarlo” (Mateo 22:35). Dicha información se da en el Evangelio de Mateo, pero aquí en Marcos no. Pero su oposición a Cristo se suavizó cuando oyó a Jesús contestarles a los demás escribas. “Sabía que les había respondido bien” (Marcos 12:28), parece que su corazón comenzó a suavizarse hacia Jesús. Entonces Jesús le dijo que el mandamiento más grande es amar a Dios, y el segundo mandamiento más grande es amar a tu prójimo como a ti mismo. Jesús acabo diciendo, “No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:31).

Es aquí donde vemos la sensatez de este escriba. Su antagonismo contra Jesús se suavizó y él le dijo a Jesús: “Maestro, verdad has dicho” (Marcos 12:32),

“Que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; y el amarle con todo el corazón, con todo el entendimiento, con toda el alma, y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios”
     
 (Marcos 12:32b-33).

Entonces Cristo le habló en las palabras de nuestro texto:

“Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

Mostraré tres cosas del encuentro de Cristo con este hombre: (1) él fue persuadido a dejar de tentar a Jesús y de oponerse a Él; (2) su corazón fue abierto para oír y aprobar lo que Jesús decía; (3) él fue llevado muy cerca a la salvación. Estas son cosas que le suceden a todos aquellos que están empezando a ser despertados por el Espíritu de Dios, y así preparados para la salvación. Y yo oro que algunos de ustedes pasen por lo que pasó este hombre, para que Jesús te pueda decir a ti:

“No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

Para que Él diga eso de ti, tienes que pasar por lo que este escriba experimentó.

I. Primero, él fue persuadido a dejar de tentar y de oponerse a Cristo.

El Espíritu de Dios no se menciona en la historia de este escriba en Mateo ni en Marcos. Pero el Espíritu Santo definitivamente estaba operando en el corazón de este hombre, porque solamente el Espíritu de Dios puede romper la oposición de un hombre contra Dios y su antagonismo hacia Cristo. Y yo veo la “mano escondida” del Espíritu de Dios operando en el corazón de este hombre.

Tú podrás decir que no tienes tal oposición y antagonismo. Pero, si no eres convertido, estás equivocado. Eres tal como este escriba cuando hablaba contra Cristo para “tentarle” (Mateo 22:35). No importa cuán sutil o suprimido, tú sí te opones a Cristo si no eres salvo. Así, el escriba retrata a una persona en el proceso de ser despertada, antes de la conversión. Spurgeon dijo:

Este hombre comenzó como rival [un enemigo]…está claro en Mateo, que el escriba le hizo una pregunta al Salvador para “tentarle” [Mateo 22:35]. El era, por tanto un enemigo. Ponle el sentido más suave que prefieras a la palabra “tentarle” y conservará la idea de poner a prueba de un modo no amigable (traducción de C. H. Spurgeon, “For the Candid and Thoughtful,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, 1972, tomo XXVI, p. 61).

Desde la Caída del hombre en el Huerto de Edén, todos los seres humanos han heredado una naturaleza malvada, que se opone a Dios y es hostil a Cristo.

“Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios” (Romanos 8:7).

Lo confiesen o no, todas las personas no convertidas son, más o menos, mencionadas en Filipenses 3:18,

“Son enemigos de la cruz de Cristo” (Filipenses 3:18).

El hombre en su estado natural es hostil contra Dios y en algún sentido enemigo de la cruz de Cristo. La Biblia describe al hombre en su estado natural como

“extraños [de Dios] y enemigos en vuestra mente”
       (Colosenses 1:21).

La mente humana está en rebelión contra Dios. En un estado natural, no convertido, el hombre no es solamente hostil hacia Dios y enemigo de la cruz de Cristo, pero también está ciego espiritualmente, tan ciego que de él se dice:

“El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios” (I Corintios 2:14).

Así, la persona que no es convertida es enemiga de Dios, enemiga de la cruz de Cristo, enemigo en su mente, y espiritualmente ciego. Esto se puede resumirse en aquellas terribles palabras, que lo describen como,

“Muertos en pecados” (Efesios 2:5).

Y la esclavitud al pecado que esto implica se puede resumir con el veredicto del Apóstol:

“Todos están bajo pecado” (Romanos 3:9).

O sea, todas las personas no convertidas están dominadas y controladas por el pecado, por su propia naturaleza pecaminosa, y por el Diablo, el autor del pecado.

Los teólogos llaman esta condición “la depravación total”. La declaración de Westminster Confession (IX. 3) define la depravación total con éstas palabras:

Por su caída a un estado de pecado, el hombre ha perdido completamente toda habilidad de la voluntad hacia cualquier bien espiritual que acompañe a la salvación; así que como hombre natural, estando completamente [contra] ese bien, y muerto en pecado, no es capaz de convertirse por su propia fuerza, ni prepararse para ello.

Para que este escriba cambiara y le dijera a Jesús:

“Verdad has dicho” (Marcos 12:32).

Dios tenía que haber iluminado su corazón. La declaración Westminster Confession dice que “el Espíritu de Dios hace la lectura, pero especialmente la predicación de la palabra de Dios, un medio eficaz para iluminar…pecadores” (Westminster Larger Catechism 155). Así, la predicación de Cristo fue usada por Dios para iluminar al escriba. ¿Has sido iluminado en alguna medida por un sermón? Si no, los sermones te entran por un oído y te salen por el otro, sin hacer ninguna impresión en tu mente.

Te quedarás muerto en pecados y ciego a la realidad del Evangelio hasta que el Espíritu Santo ilumine tu corazón. Fíjate que este escriba, en su estado natural, estaba en contra de Cristo. Así, vemos que tiene que haber sido la obra de Dios en su corazón lo que causó que dejara de oponerse a Cristo. Fue guiado por el Espíritu de Dios a dejar de “probar” a Cristo y a comenzar a escucharle a Él.

II. Segundo, sus oídos fueron abiertos a lo que Cristo decía.

En Marcos 12, leemos que:

“Acercándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien…le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho” (Marcos 12:28, 32).

Yo creo que esto muestra que Dios estaba alumbrando su oscuro corazón. Esta es obra solo de Dios. No puedes entender las Escrituras solo por estudiar. Lo que estudias en las Escrituras tiene que ser iluminado y vivificado por el Espíritu de Dios, como pasó con los discípulos mismos después que Jesús resucitó de entre los muertos.

“Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24:45).

Este escriba sabía todo de la Biblia en su mente. Pero la verdad espiritual de ella le estaba escondida completamente hasta este momento, cuando Dios iluminó su mente y su corazón, moviéndolo a decir:

“Maestro, verdad has dicho” (Marcos 12:32).

He visto esto suceder muchas veces. Este Domingo que pasó, un joven que ha estado en nuestra iglesia toda su vida me preguntó: “¿Por qué tuvo que morir Jesús en la Cruz?” En casi todos los sermones yo digo: “Cristo murió en la Cruz para pagar la pena del pecado del hombre”. Digo palabras así en casi todos los sermones. Y este joven me ha oído decir esas palabras vez tras vez, Domingo tras Domingo. Pero su mente oscura y depravada no captó lo que yo predico. Se requiere la obra iluminadora del Espíritu de Dios. Eso es lo que le sucedió a Lidia, en Hechos 16:14.

“El Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta [pusiera atención] a lo que Pablo decía” (Hechos 16:14).

Yo no reprendí al muchacho que me hizo esa pregunta. Simplemente le volví a repetir: “Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las escrituras” (I Corintios 15:3). Tal vez un día el Espíritu lleve ese verso adentro de su corazón. En ese instante la verdad del Evangelio brillará en su corazón como el sol del mediodía, pero no antes. Tú realmente no puedes recibir un beneficio importante de un sermón a menos que Dios abra tus oídos. Sin la obra de Dios dentro de ti, será cierto de ti que:

“Oiréis, y no entenderéis…Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos” (Hechos 28:26-27; Isaías 6:9-10).

El Espíritu de Dios abrió los oídos del escriba para que pudiera oír y entender de verdad lo que Jesús dijo. Cuando sus oídos fueron abiertos, él pudo decir: “Maestro, verdad has dicho” (Marcos 12:32). Y eso nos lleva al último punto.

III. Tercero, él fue llevado muy cerca de la salvación.

“Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

Spurgeon dijo:

Este hombre vino muy cerca al reino: ¿alguna vez entró? No sabemos… Él debió hacerlo. [Él debió haber dicho con el Apóstol Pablo] “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte” (ibid., p. 68).

Él debió haber visto que no podía amar a Dios perfectamente, y que él era un pecador que necesitaba a Cristo para que lo salvara.

“Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

La palabra “sabiamente” traduce el Griego el cual dice que él le respondió a Jesús en “una manera pensativa, comprensiva” (Strong #362, 363). Esto sucedió porque el Espíritu de Dios le abrió sus oídos para que escuchara las palabras que el Salvador dijo. Como resultado, él le respondió a Jesús pensativo.

Si tú has venido tan cerca a la salvación que estás pensando en ella comprensivamente y pensativamente, te alentamos a que vengas todo el camino hasta Cristo. ¿Por qué estar parado afuera de la puerta cuando Cristo te invita a entrar? ¿Por qué estar parado desconcertado, pensando y con preguntas? Debes ser movido a actuar en lo que has escuchado. ¡Ven a Cristo! Él lavará tus pecados con Su Sangre y salvará tu alma del juicio eterno. ¡Ven a Cristo!

“No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

John Calvin dijo, “el testimonio de Cristo es más aliento que alabanza”. Yo creo que él está correcto en este punto. Habiendo venido tan lejos, ¡Cristo alentó al hombre en venir del todo! ¡Ven a Cristo y Él te salvará!

“No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

Cristo está alentando al escriba a que vaya un paso más y en realidad entre al Reino de Dios por venir a Jesús.

¿Qué te detiene de venir a Cristo? ¿Es el miedo que vas a perder amigos no Cristianos? ¡Déjalos ir! De todos modos los perderás en el Infierno – porque no hay compañerismo en ese horrible lugar,

“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44).

¿Qué te detiene de venir a Cristo? ¿Tienes miedo de lo que digan los demás? ¡Olvida lo que puedan decir! Sus palabras no importarán en ese otro mundo,

“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44).

¿Qué te detiene de venir a Cristo? ¿Es miedo que vas a perder dinero o posición? ¿Qué si pasa? Cómo una mejor posición o más dinero y seguridad te ayudará, si tú entras al Infierno,

“Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44).

¡Arrepiéntete! ¡Deja tus pecados y ven a Cristo! No hay otra manera de escapar el juicio venidero. Como dijo el Dr. John R. Rice, en una de sus canciones que toca al alma, que el Sr. Griffith cantó hace unos momentos,

Demasiado tiempo descuidé al Salvador.
   Demasiado tiempo me aferré a mi pecado.
Demasiado tiempo excusé mi rechazo,
   Y ahora sin Él perdido estoy.
Es muy tarde, ¡Oh, cuán tarde! Pero Él toca la puerta,
   Y Jesús, dulce Salvador, llama otra vez.
(Traducción de “Too Long I Neglected”
   por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

(FIN DEL SERMÓN)
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en www.realconversion.com. Oprime en “Sermones en Español.”

Escritura Leída Antes del Sermón por Dr. Kreighton L. Chan: Marcos 12:28-34.
Solo Cantado Antes del sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Too Long I Neglected” (by Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

ALIENTO PARA AQUELLOS QUE
NO ESTÁN LEJOS DE LA SALVACIÓN

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Jesús entonces, viendo que había respondido sabiamente, le dijo: No estás lejos del reino de Dios” (Marcos 12:34).

(Mateo 22:35; Marcos 12:28, 31, 32, 33)

I.   Primero, él fue persuadido a dejar de tentar y de oponerse a Cristo,
Mateo 22:35; Romanos 8:7; Filipenses 3:18; Colosenses 1:21;
I Corintios 2:14; Efesios 2:5;
Romanos 3:9; Marcos 12:32.

II.  Segundo, sus oídos fueron abiertos a lo que Cristo decía, Marcos 12:28,
32; Lucas 24:45; I Corintios 15:3;
Hechos 16:14; Hechos 28:26-27; Isaías 6:9-10.

III. Tercero, él fue llevado muy cerca de la salvación, Romanos 7:24;
Marcos 9:44.