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¡VIVO OTRA VEZ! LAS APARICIONES DE JESUCRISTO
DESPUÉS DE LA RESURRECCIÓN!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
La Mañana del Día del Señor, 30 de Marzo de 2008

“Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día” (Lucas 24:46).


Eso fue lo que dijo Cristo cuando resucitó de los muertos. Aunque no apoyo todo lo que los escolares del Nuevo Testamento, Dr. Walter A. Elwell y el Dr. Robert W. Yarbrough escribieron, me gusta la siguiente declaración de ellos,

Nadie pretende entender [la historia] completamente, pero ciertas cosas sobresalen en importancia suprema si entendemos [la historia] algo. La primera es lo único de Jesús. Él no solamente es otro líder religioso igual o mejor que Mahoma, Buda o Moisés. Él está en una categoría solo. Los primeros creyentes no hallaban mejor modo de describirlo que llamarlo, “Rey de reyes y Señor de Señores,” en verdad, Dios mismo. Inalterablemente monoteístas, ellos se sentían justificados al hacer esto porque Jesús había dicho tales cosas él mismo y el único Jesús que ellos recordaban era el Jesús que les enseñó con autoridad absoluta, como jamás nunca algún hombre había hablado.
      Segundo, la historia de Jesús es sobrenatural desde el principio hasta el fin. Cualquier atentado en quitar este elemento de las historias las destruye por completo. La historia tiene en abundancia a Dios, a angeles, a demonios, a Satanás, eventos milagrosos, sanamientos divinos, al Espíritu Santo, y a la dimensión eterna penetrando el tiempo. El material mismo de los cuatro Evangelios consiste de muchos eventos singulares en la vida de Jesús, tal como el nacimiento de virgen, su transfiguración, su resurrección de los muertos, y su ascensión al cielo. Estos no son mitos antiguos, sino realidades históricas, la fundación en la que la fe Cristiana está fundada. Quítale estas cosas y ya no queda fe Cristiana.
      Tercero…si nos tiramos sobre la fe nos volveremos en gente nueva del mismo modo que aquellos que conocieron a Jesús cuando estaba en la tierra fueron transformados al rendirle sus corazones a él. No hay otra manera de darse cuenta quién verdaderamente es él.
      Cuarto, la historia de Jesús nos dice que la muerte en realidad no es el fin...Sino tal como Jesús rompió el poder de la sepultura, así el poder la muerte sobre nosotros será quebrantado al creer en él. Él dijo [a Marta], “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente” (Juan 11:25-26). Estas son palabras extraordinarias, pero esa es la promesa. Porque Jesús vive, aquellos que confían en él vivirán para siempre con él.
      Finalmente, todo lo mencionado arriba es cierto porque el punto final es cierto – que Jesús está vivo y promete estar con nosotros ahora y hasta el fin del mundo...El mismo Jesús que anduvo en las playas de Galilea, que sanó a los enfermos de sus enfermedades [y] perdonó a los pecadores sus transgresiones (traducción literal de Walter A. Elwell, Ph.D., y Robert W. Yarbrough, Ph.D., Encountering the New Testament, Baker Books, 1998, pp. 134-135).

Y así venimos esta mañana a la resurrección física de Jesucristo de entre los muertos. Cuando resucitó, Jesús dijo,

“Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día” (Lucas 24:46).

El Dr. A. T. Robertson dijo,

Se dan cinco apariciones [del Cristo resucitado] que tomaron lugar el primer día de su resurrección, y cinco subsecuentes dadas los [siguientes] cuarenta días. Las cinco apariciones en este día [Domingo de Resurrección] fueron (1) a María Magdalena (Juan y Marcos); (2) a las otra mujeres (Mateo); (3) a los dos [que estaban] camino a Emaús; (4) a Simón Pedro (Lucas 24:34); (5) a los diez apóstoles y otros (traducción literal de A. T. Robertson, D.D., A Harmony of the Gospels, Harper and Row, Publishers, edición de 1950, página 172).

1.  Primero, Jesús le apareció a María Magdalena temprano el Domingo de Resurrección en la mañana:

“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. Y volvieron los discípulos a los suyos. Pero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo: ¡María! Volviéndose ella, le dijo: ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro). Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Fue entonces María Magdalena para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas” (Juan 20:1-18).

2.  Segundo, Jesús le apareció a otras mujeres que vinieron a la tumba vacía:

“He aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron. Entonces Jesús les dijo: No temáis; id, dad las nuevas a mis hermanos, para que vayan a Galilea, y allí me verán” (Mateo 28:9-10).

3.  Tercero, Jesús le apareció a dos personas en el camino a Emaús:

“Pero después apareció en otra forma a dos de ellos que iban de camino, yendo al campo. Ellos fueron y lo hicieron saber a los otros; y ni aun a ellos creyeron” (Marcos 16:12-13).

4.  Cuarto, Jesús le apareció a Simón Pedro:

“Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón. Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan” (Lucas 24:33-35).

5.  Quinto, Jesús le apareció a diez de los Apóstoles, en la ausencia de Tomás:

“Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos” (Lucas 24:36-43).

6.  Sexto, Tomás no estaba allí el Domingo de Resurrección. El siguiente Domingo de noche Tomás estaba con los otros Discípulos:

“Ocho días después [después de las 6:00 p.m., que comenzaba el día según los Judíos, pero aun sería Domingo según los Romanos, así que era lo que nosotros llamaríamos Domingo en la noche], estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le dijo: ¡Señor mío, y Dios mío! Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:26-29).

7.  Séptimo, los siguientes días, siete de los Discípulos viajaron de regreso a Galilea, y pescaban en el Mar de Tiberias (también llamado Mar de Galilea), cuando Jesús apareció a la orilla:

“Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos” (Juan 21:12-14).

8.  Octavo, durante este período, Jesús le apareció a más de quinientas personas en una montaña en Galilea:

“Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen” (I Corintios 15:6).

“Pero los once discípulos se fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había ordenado. Y cuando le vieron, le adoraron; pero algunos dudaban. Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28:16-20).

9.  Noveno, Él también le apareció a Su propio medio hermano Jacobo:

“Después apareció a Jacobo” (I Corintios 15:7).

10.  Décimo, al fin de los cuarenta días, Jesús le apareció a los Apóstoles:

“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:4-11).

11.  Décimo Primero, Él le apareció al Apóstol Pablo en camino a Damasco (Hechos 9:3-6; I Corintios 15:8) y en el Templo (Hechos 22:17-21; 23:11):

12.  Décimo Segundo, Él le apareció a Esteban, afuera de Jerusalén (Hechos 7:55), y a Juan en la Isla de Patmos (Apocalipsis 1:10-19).


Una de las pruebas más fuertes de que estos hombres vieron al Cristo resucitado es que todos ellos padecieron muerte de martir por predicar que ellos lo habían visto después de que Él resucitó de los muertos. Solamente Juan escapó ser martir, pero a duras penas, ya que había sido arrojado dentro de aceite hirviendo.


Jacobo, medio hermano del Señor, fue arrojado desde más de 100 pies del techo del templo y luego azotado con palos hasta morir por predicar que su hermano resucitó de los muertos.

Judas, otro medio hermano de Jesús, fue traspasado con flechas por rehusar negar que Jesús, su medio hermano, había resucitado de los muertos.

Santiago, hijo de Zebedeo, fue decapitado en Jerusalén. El soldado Romano que lo guardaba lo escuchó asombrado hablar de la resurrección de Cristo en su juicio. Después, dicho soldado Romano caminó al lado de Santiago hasta el lugar de la ejecución. El soldado estaba tan sobrevencido con convicción que le declaró al juez su propia fe en el Cristo resucitado, y se arrodilló al lado de Santiago para aceptar ser mártir, y fue decapitado como Cristiano, con Santiago. Santiago fue decapitado por predicar que Jesús resucitó de los muertos.

Mateo, fue martir en Etiopía, matado por herida de espada, porque predicaba la resurrección de Jesús.

Marcos, murió en Alexandria, arrastrado por caballos en las calles hasta que estaba muerto, porque él también predicaba la resurrección de Jesús.

Lucas fue colgado en Grecia por predicar la resurrección de Jesús.

Juan fue escaldado en vida en una vasija grande de aceite hirviendo durante una ola de persecución, porque predicaba la resurrección de Cristo. Milagrosamente él escapó vivo, pero horriblemente cicatrizado para el resto de su vida. Él después fue exilado a la Isla de Patmos por predicar la resurrección de Cristo, donde murió siendo mayor de 90 años de edad. Él fue torturado y exiliado por predicar que Jesús resucitó de los muertos.

Pedro fue crucificado cabeza abajo sobre una cruz en forma de X – porque dijo a los que lo mataban que él no era digno de morir de la misma manera que Jesús murió. Mataron a Pedro por predicar que Jesús había resucitado de los muertos.

Bartolome, también conocido como Nataniel, era misionero a la provincia Romana de Asia. Él fue azotado a muerte por predicar la resurrección de Jesús.

Tomás al principio dudaba la resurrección de Cristo, mas luego se encontró con el Salvador resucitado. Él murió traspasado por lanza en la India por predicar la resurrección de Jesús.

Matías, el apóstol escogido para reemplazar a Judas el traidor, fue apedreado y luego decapitado por predicar al Jesús resucitado.

Barnabás fue matado apedreado en Salónica por predicar que Jesús resucitó en cuerpo de entre los muertos.

Pablo, fue torturado y finalmente decapitado en Roma por el malvado Emperador Nerón. Pablo padeció encarcelamiento largo. Mientras estaba en la prisión, Pablo escribió las Epistolas de la Prisión. La Sra. Hymers y yo bajamos en una escalera hasta la Prisión Mamertina, en Roma, hace unos años, a la celda donde Pablo estuvo durante el tiempo que escribía I y II Timoteo. Pablo fue llevado fuera de esa oscura prisión de calabozo y fue decapitado por Nerón por enseñar y predicar que Jesús resucitó físicamente de los muertos.


Todos estos Apóstoles dieron sus vidas por la predicación de la resurrección de Cristo. Después de que Jesús resucitó de los muertos, estos Apóstoles predicaban en todas partes, “Al Señor hemos visto” (Juan 20:25). Ellos murieron proclamando lo que Pedro y Juan dijeron al ser arrestados por predicar la resurrección de Cristo,

“Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:20).

Ellos conocieron a Cristo después de que Él resucitó, y se “presentó vivo con muchas pruebas indubitables apareciéndoseles durante cuarenta días” (Hechos 1:3). Ellos no podían ser detenidos de hablar sobre las cosas que ellos habían visto con sus propios ojos.

Tú también puedes conocer al Cristo resucitado, como ellos. Tal como el Dr. Elwell y el Dr. Yarbrough dijeron, “Si nos tiramos sobre la fe nos volveremos en gente nueva del mismo modo que aquellos que conocieron a Jesús cuando estaba en la tierra fueron transformados al rendirse sus corazones a él. No hay otra manera de hallar quién verdaderamente es él.”

Para cerrar este servicio, el Sr. Griffith vendrá a cantar la canción del evangelista Paul Rader otra vez. Por favor unete en el coro.


María lo vio a Él, y clamó “¡Maestro!”

Después de que Él salió de la sepultura;

De repente Jesús estuvo de pie en medio de ellos,

Entró estando la puerta cerrada.

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

Rompió las frías garras de la muerte –

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!


Pedro lo vio a Él a la orilla del mar,

Comió con Él a la orilla del mar;

Con labios que solían muertos estar,

Jesús le decía, “¿Pedro, me amas?”

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

Rompió las frías garras de la muerte –

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!


Tomás lo vio a Él dentro del aposento,

Su Maestro y Señor a Él lo llamó,

Sus dedos en las llagas de los clavos

Y de la lanza metió.

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

Rompió las frías garras de la muerte –

¡Él, que muerto estuvo vive otra vez!

(Traducción libre de “Alive Again” por Paul Rader, 1878-1938).

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: I Corintios 15:1-8.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Alive Again” (por Paul Rader, 1878-1938).