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CAÍN Y ABEL – ¡LA HISTORIA INTERIOR!

(SERMÓN #37 DEL LIBRO DE GENESIS)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
la Tarde del Sabado, 1 de Marzo de 2008

“Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano. Cuando labres la tierra, no te volverá a dar su fuerza; errante y extranjero serás en la tierra. Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará. Y le respondió Jehová: Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara. Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén” (Genesis 4:3-16).


Mucho se ha escrito sobre este pasaje de la Escritura. Algunas cosas son de ayuda y otras no. Creo que debemos ver las Escrituras más de cerca, y si lo hacemos, creo que ellas revelan la historia por dentro, los motivos verdaderos tras la batalla trágica entre dos hermanos atrapados en el conflicto de las eras – ¡y lo que eso significa para nosotros hoy! Yo creo que el mejor modo de explicar este conflicto es verlo como una pelicula, tipificando dos clases de gente – aquellos que son convertidos y los que no son convertidos. Con esa vista Bíblica, pondré a Caín y a Abel en contraste. He aquí tres maneras en las cuales ellos eran diferentes.

I. Primero, Abel tenía fe y Caín no.

Los versos cuatro y cinco dicen que

“Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya” (Genesis 4:4-5).

¿Por qué miró con agrado Dios a Abel pero no a Caín? La respuesta se da en Hebreos 11:4,

“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Hebreos 11:4).

Aquí debemos tener cuidado. Esto no quiere decir que Caín era ateo, ni siquiera que era agnóstico. La Biblia hace muy claro que Caín creía en Dios. Dios le habló a Caín en los versos seis y siete. Caín aun tuvo una conversación con Dios en los versos nueve a quince. Estos versos aclaran que Caín creía en Dios, y hablaba con Dios en oración, y recibía conocimiento sobre las cosas espirituales de Dios. Sin embargo se nos dice,

“Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (Hebreos 11:4).

La palabra Griega traducida “fe” aquí es “pistis.” Significa “creencia, apoyo en” Dios (Strong). Es una cosa creer en Dios, pero otra es apoyarse en Dios.

“Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2:19).

Y ellos creen mucho más que eso. En los cuatro Evangelios leemos de nuevo que ellos creen que Jesús es el Hijo de Dios. Pero he aquí la diferencia: apoyarse en Cristo no es lo mismo que creer cosas acerca de Él. Tú dices, “Pero yo creo que Cristo murió por mi pecado.” Muy bien, los demonios creen eso. ¿Pero has venido tú a Cristo? ¿Te has apoyado en Él? ¿Has confiado en Él?

Sí, Caín creía en Dios. Pero no confiaba en Él. Él no se apoyaba en Él. De hecho, ¡tuvo una discusión con Dios! Así que allí tienes el primer contraste – Abel se apoyaba en Dios, pero Caín no. Él se apoyaba en sí mismo. Mientras la persona se apoye en sí misma nunca será convertida. Un viejo canto lo dice bien:

Me abandono a mí mismo, y todo lo que sé,
Ahora lávame y más blanco que la nieve seré.
   (Traducción de “Whiter Than Snow” por James Nicholson, 1828-1896).

La persona tiene que dejar sus propios pensamientos y razones, y reposar en Dios en Cristo solo. Ese es el gran tema de la Reformación: la justificación por fe sola. Abel fue justificado por fe. Caín no.

II. Segundo, Abel trajo una ofrenda de sangre, y Caín no.

A mí me cuesta entender por qué eso no parece estar claro hoy día. Hasta el Dr. Ryrie dice,

Una ofrenda sin sangre era perfectamente adecuada, Lev. 2:1, 4, 15, 16 (traducción de Charles C. Ryrie, Ph.D., The Ryrie Study Bible, nota de Genesis 4:3).

¡A mí me parece que un especialista en dispensaciones como el Dr. Ryrie debería entender que las “ofrendas de comida” de los Judíos en Levitico no tienen nada qué ver con los sacrificios en Genesis! Todo lo que tienes que hacer es volver unas cuantas páginas de la Biblia y ver que:

“Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar”
      (Genesis 8:20).

¿Debemos de suponer que Noé inventó el sacrificio de sangre? Claro que no. Abel

“trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no...a Caín y a la ofrenda suya” (Genesis 4:4-5).

¿Qué podría estar más claro que eso? Dios miró con agrado a la ofrenda de sangre de Abel, pero no a la ofrenda de vegetales de Caín. Aunque no estoy de acuerdo con todas las notas de La Biblia Anotada de Scofield, lo que dice sobre la ofrenda de sangre de Abel me parece Bíblico y razonable,

Este tipo se destaca por medio del contraste con el sacrificio incruento de Caín, quien ofreció el fruto de sus propias obras, y este tipo proclama, en la infancia misma de la raza humana, la verdad fundamental de que “sin derramamiento de sangre no se hace remisión” Hebreos 9:22; 11:4 (La Biblia Anotada de Scofield, nota de Genesis 4:4).

¡Todo esto fue discutido y acordado durante el conflicto Modernista/Fundamentalista hace cien años! ¿Por qué debemos repasar este campo otra vez? Yo no veo otra posible razón a menos que sea una revelación de la apostacía de nuestro día. El Dr. W. A. Criswell dijo que había

un medio prescrito de adoración, por ejemplo, por sacrificio, y Abel dio evidencia de su fe por obediencia a la voluntad revelada de Dios. En esta primer acto grabado de adoración formal, la ofrenda de Abel fue de “los primogénitos de sus ovejas.” “De lo más gordo de ellas” sugiere una ofrenda primordial. La ofrenda de Abel era aceptable, y la ofrenda de Caín no era aceptable (v.5). Este capitulo no se enfoca en los hombres solamente sino también en las diferencias de sus ofrendas. La ofrenda de Caín era (1) sin sangre (vea Hebreos 9:22), (2) la obra de sus propias manos (vea Tito 3:5), y (3) un producto de la tierra maldecida (vea 3:17). Abel, sin embargo, presentó “más excelente sacrificio”..., vea Hebreos 11:4 (traducción literal de W. A. Criswell, Ph.D., The Criswell Study Bible, nota de Genesis 4:4).

Repito, ¡Abel tuvo ofrenda de sangre y Caín no! Este tipo señala a Jesucristo,

“a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romans 3:25).

Abel tuvo sus pecados lavados, limpiados en la Sangre

“del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8)

en el plan y propósito de Dios Todopoderoso.

“Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:9).

El pecado de Abel fue lavado, limpio por la preciosa Sangre de Cristo, de la cual su “más excelente sacrificio” (Hebreos 11:4) era una sombra o tipo. Así que mi pregunta para ti esta noche es esta:

¿A Jesús veniste por limpieza ya?
   ¿Te ha lavado la sangre del Cordero?
¿Confías por completo en Su gracia ya?
   ¿Te ha lavado la sangre del Cordero?
¿Eres tú, lavado hoy,
   En la sangre del Cordero que limpia el alma?
¿Son tus ropas blancas?
   ¿Cuál la nieve son?
¿Te ha lavado la sangre del Cordero?
   (Traducción de “Are You Washed in the Blood?”
   por Elisha A. Hoffman, 1839-1929).

Pero hay un punto más que quiero sacar del cuarto capitulo de Genesis.

III. Tercero, Caín resistió la convicción del Espíritu de Dios, mientras que Abel no.

Se implica que cuando Dios convenció de pecado a Abel él no resistió. Pensar que Abel fue salvo porque era bueno es un error. Nadie es salvo por ser bueno. La madición de Dios cayó sobre Adán y Eva cuando se rebelaron contra Dios en el Huerto de Edén. El Apóstol Pablo lo hizo claro cuando dijo,

“Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12).

El veneno del pecado de Adán lo heredaron ambos de sus hijos, según ese verso. Y así fue que Abel reconoció su pecado, cuando él le llevó aquel sacrificio de sangre a Dios. Fue entonces, y solo entonces, que Cristo lo podía llamar “Abel el justo” (Mateo 23:35). Convencido de pecado, Abel se lanzó sobre el Cristo preencarnado, y sus pecados fueron para siempre lavados de los libros de cuentas de Dios, en el Cielo (Apocalipsis 20:12-13).

Mas no fue así con Caín. El Espíritu de Dios reprendió su corazón.

“Pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya”
      (Genesis 4:5).

Pero cuando el Espíritu de Dios puso convicción profunda en su corazón, Caín se rebeló con enojo.

“Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante”
      (Genesis 4:5).

Se le llenaron los ojos de enojo y su semblante se puso decaído.

“Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido?” (Genesis 4:6-7).

Oh, Dios le dio una oportunidad de arrepentirse y venir, ¡y ser limpiado por la Sangre! Yo creo que Dios le dio una cantidad de oportunidades de volverse del pecado y ser limpiado por la Sangre eterna de Jesús. Sin embargo vez tras vez, como en un cuarto de consejo después de un servicio, Caín resistió las palabras convincentes que Dios le hablaba a su corazón. Vez tras vez, él entristecía al Espíritu. Vez tras vez, él resistía la convicción de Dios.

“Cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Mas cuando el Espíritu de Dios vinía a Caín, él se ponía a la defensiva. Él rehusaba oír las palabras de advertencia,

“Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta” (Genesis 4:7).

¡Como un león listo para cazar, el pecado espera dominarte, Caín! Pero no sirve de nada. Él sacudió todas estas palabras punzantes y de convicción. Caín por dentro discutía su escape, guardaba su justicia propia, rechazaba los pensamientos y las palabras convictantes que Dios le hablaba.

¿Por qué resistía Caín la salvación? Parecía ser tan fácil.

“Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido?” (Genesis 4:7).

Todo lo que Caín tenía que hacer era venir por fe en la Sangre. ¿Por qué no lo hizo? Te daré el testimonio de nuestro diácono, Dr. Christopher Cagan. Yo creo que el testimonio del Dr. Cagan ilumina lo que tenía de malo Caín. Igual que Caín, el Dr. Cagan creía en Dios, mas él decía, “Yo no estaba listo para creer en Jesucristo...no quería que Él interfiriera con mi futuro...no estaba dispuesto a someterme a Él. Yo batallé interiormente con pensamientos de Cristo por dos años más” (traducción literal de C. L. Cagan, Ph.D., From Darwin to Design, Whitaker House, 2006, p. 17). Al fin el Dr. Cagan se rindió, vino a Cristo, y fue limpiado por Su Sangre. Lastimosamente, Caín resistió la salvación hasta que fue demasiado tarde.

¡Al fin! Llegó el día y la hora en que Dios lo dejó en sus propios caminos. Y en aquel día, cuando Dios lo dejó, los poderes del Infierno le cayeron encima y controlaron por completo su mente y su corazón.

Judas jugaba con el pecado de igual modo. Él se robaba el dinero de la bolsa. Él rechazaba la predicación de Cristo, su capitán. Él salió de la cena de Pascua, “era ya de noche” (Juan 13:30). Después de toda la predicación que había oído, y de todo el compañerismo que había tenido con Cristo y con los Discípulos, después de todas las palabras de advertencia que había escuchado, y todas las convicciones que seguramente su corazón había sentido, ¡Judas salió de noche y traicionó al Hijo de Dios!

¿No es la experiencia de Caín un tipo de lo que Judas haría después? ¿No demuestra esto le hecho de que él, tal como Judas, ahora ya estaba literalmente controlado por Satanás?

“Y entró Satanás en Judas...fue y habló con los principales sacerdotes, y con los jefes de la guardia, de cómo se lo entregaría” (Lucas 22:3-4).

Y lo que Caín le hizo a Abel estuvo muy cerca de lo que Judas le hizo a Cristo, una paralela, y creo que fue un tipo de ello. El Dr. Merrill F. Unger dijo sobre Caín,

Los celos, la ira, y el odio [ahora] rugían en su pecho y crecieron a tal grado que los poderes demoníacos lo sobrecogieron y lo llevaron al primer homicidio (traducción literal de Merrill F. Unger, Ph.D., Th.D., Unger’s Commentary on the Old Testament, Moody Press, 1981, tomo I, p. 25).

“Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató” (Genesis 4:8).

Y de un modo u otro, a cierta hora, todo aquel que rechaza la salvación por medio de la Sangre, lo sepa o no, caerá bajo el control demoníaco y romperá compañerismo con el pueblo de Dios. Entonces se dirá,

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros” (I Juan 2:19).

Oh, yo advierto al que ha tomado el Evangelio ligeramente, tú que has rechazado la convicción del Espíritu de Dios, tú que has rehusado venir a Jesús, aquel día viene y viene pronto. Entonces se dirá de ti, que fuiste como Caín,

“No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (I Juan 3:12).

Y Caín ya estaba tan endurecido en el pecado que fue echado “de la tierra” (Genesis 4:14), y se hizo “errante y extranjero en la tierra” (Genesis 4:12). Y ahora Caín no quería tener nada qué ver con las cosas de Dios.

“Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén” (Genesis 4:16).

La tierra de “Nod” significa la tierra de “vagancia.” Si Dios te deja, vagarás por el mundo sin Él. Condenado para siempre, vagarás las calles, vivirás una vida quebrantada, y morirás una muerte sin Cristo. Y entonces se dirá,

“¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín”
      (Judas 11).

¡He aquí, mientras todavía hay tiempo! Mientras Dios todavía le habla a tu corazón y a tu mente.

“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:10).

Humillate y ven a Jesús. Ven a Él y se lavado limpio por Su Sangre mientras todavía hay tiempo, antes de que los vientos ahulladores del juicio te arrojen a las calles oscuras de la condenación, a una eternidad sin Cristo en el Infierno. Humillate ante la vista de Dios. Ven a Cristo antes de que sea eternamente demasiado tarde, y te hayas ido en el camino de Caín.

(FIN DEL SERMÓN)
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EL BOSQUEJO DE

CAÍN Y ABEL – ¡LA HISTORIA INTERIOR!

(SERMÓN #37 DEL LIBRO DE GENESIS)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

(Genesis 4:3-16)

I.   Primero, Abel tuvo fe y Caín no, Genesis 4:4-5; Hebreos 11:4;
Santiago 2:19.

II.  Segundo, Abel trajo una ofrenda de sangre y Caín no, Genesis 8:20;
Genesis 4:4-5; Romanos 3:25; Apocalipsis 13:8; Romanos 5:9;
Hebreos 11:4.

III. Tercero, Caín resistió la convicción del Espíritu de Dios, mientras
que Abel no, Romanos 5:12; Mateo 23:35; Apocalipsis 20:12-13;
Genesis 4:5, 6-7; Juan 16:8; Genesis 4:7; Juan 13:30; Lucas 22:3-4;
Genesis 4:8; I Juan 2:19; 3:12; Genesis 4:14, 12, 16; Judas 11;
Santiago 4:10.