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LOS PADRES DE NUESTRA RAZA ARRUINADA

(SERMÓN #32 DEL LIBRO DE GENESIS)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
la Tarde del Sabado, 24 de Noviembre de 2007

“Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” (Genesis 3:20).


Hace unos cuantos años la revista Time tuvo el rostro de una mujer joven en la portada. El rótulo debajo del retrato de aquella joven decía algo así, “¿Es ésta la primera mujer, de quien salió la raza humana?” El articulo se basaba en descubrimientos científicos recientes tocante a la genética humana. Cuando los científicos miraban las partes de los genes humanos por medio de fuertes microscopios, descubrieron que había un patrón, y que todos los genes humanos parecen venir de una sola mujer que vivió hace mucho tiempo, en la antigüedad, en un lugar cerca de la Crescenta Fertil, donde los teólogos vieron que el Huerto de Edén tenía que haber estado.

Yo no baso mis creencias en dicha obra de adivinanzas ni en los tubos de los científicos, aunque parezcan estar cerca de confirmar lo que está escrito en la Biblia. Mi creencia está centrada en la Palabra de Dios escrita, que dice simplemente,

“Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” (Genesis 3:20).

Esa declaración se da por revelación directa de Dios. No necesita especulación científica para resaltar su validez. Dios lo dijo en las páginas de las Santas Escrituras, y para mí eso deja el asunto fijo.

“Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” (Genesis 3:20).

Ya sea que tus antececores lleguen hasta China, o Africa, o Europa, o cualquier otra parte de la familia humana, los científicos que estudian la genetica ahora dicen que la humanida surgió de una mujer. Pero, ¿no es eso exactamente lo que la Biblia dijo todo el tiempo? ¡Claro que sí! En su gran sermón de la Colina de Marte, en Atenas, Grecia, el Apóstol Pablo dijo que Dios

“De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26).

Y aquella una sangre, de la cual todas las razas y tribus fueron “hechas,” era la sangre de Eva, la esposa de Adán, ¡la primera “madre” física de todo hombre, mujer y niño en esta tierra! Eso es lo que los teólogos llaman “la unidad de la raza,” que todas las sangres pueden ser mezcladas por transfusiones modernas. Se le puede dar la sangre de un pigmeo en Africa a una chica Noruega rubia, y si es de su tipo particular, aquella sangre pigmea será aceptada por el cuerpo de la chica de la Noruega lejana. ¿Por qué? Porque Dios

“De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” (Hechos 17:26).

Yo podría darle mi sangre al Dr. Kreighton Chan, y su cuerpo Chino aceptaría la sangre Inglesa. Esto se debe a que tenemos un ancestro común. Hace mucho en la antigüedad, el Dr. Chan y yo tenemos un ancestro común, nuestra primera madre, Eva, la esposa de Adán. Esto muestra la validez y veracidad de nuestro texto,

“Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era madre de todos los vivientes” (Genesis 3:20).

El nombre “Eva” significa “dadora de vida,” y en verdad toda vida humana viene de ella.

Pero debemos notar que fue Adán quien la nombró. “Y llamó Adán el nombre de su mujer, Eva...” Adán como cabeza de la raza humana tuvo el deber de nombrarla, así como Dios le había dicho que nombrara a los animales y pájaros (Genesis 2:18-20). Esto habla de el liderato de Adán. Y fue por la transgresión de él, no la de ella, que la maldición cayó sobre la creación. Fue a Adán a quien Dios le dijo, “maldita será la tierra por tu causa” (Genesis 3:17).

Como cabeza de la raza humana, Adán es culpado por la Caída del hombre. El Apóstol escribió,

“En Adán todos mueren” (I Corintios 15:22).

De nuevo el Apóstol dijo,

“El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte” (Romanos 5:12).

Así, la culpa de la Caída cayó sobre Adán, y sobre toda su posteridad. Ya que toda la humanidad descendió de él, y pecó en él, la maldición cayó sobre toda la humanidad cuando Adán pecó. La Caída de la humanidad en Adán consiste en la culpa en la culpa del pecado que pasa de Adán a cada ser humano.

“El pecado entró en el mundo por un hombre” (Romanos 5:12).

Así, todo ser humano nace en pecado. David dijo,

“He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Salmo 51:5).

Eso significa que todo niño nace pecador por la naturaleza que recibe de Adán, incluyendo al culpa que heredan de él. Los niños no nacen inocentes. Nacen pecadores pequeños. Todo padre sabe algo de eso. Aun de bebé, el niño se rebela y patea y grita contra la autoridad paterna, que refleja su rebeldía innata contra Dios, heredada de su ancestro Adán.

También, todos los niños heredan la corrupción de la naturaleza de Adán por la Caída. Así, están totalmene indispuestos, incapacitados, y en oposición a todo lo que es bueno espiritualmente, y están inclinados a la maldad continuamente. Esa evaluación, sacada del Catecismo Westminster Catechism, es el retrato exacto de la humanidad, presentado en Romanos 3:9-20. Por favor lea ese pasaje de pie y en voz alta.

“¿Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos. Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:9-20).

Se pueden sentar. El verso nueve nos dice que todos los humanos, ambos Judíos y Gentiles “todos están bajo pecado” (Romanos 3:9); o sea que toda la raza humana está bajo el dominio del pecado. Y toda la humanida cayó bajo pecado, y se hizo esclava del pecado, por el pecado de Adán, en la Caída, que todo ser humano hereda de Adán, en su mera naturaleza.

Así, pese a ser Eva la madre física de toda la humanidad, Adán es el padre físico de toda la raza humana, y es de él que todos heredan una naturaleza totalmente depravada. El Catecismo Westminster Larger Catechism dice,

El pecado original dado de nuestros primeros padres a su posteridad por generación natural, de modod que todos los que proceden ellos así [generación natural] son concebidos y nacidos en pecado (traducción literal de Westminster Larger Catechism #26).

Luego el Catecismo Larger Catechism dice,

¿Qué miseria le trajo la caída a la humanidad? La caída trajo sobre la humanidad la pérdida de comunicación con Dios [Genesis 3:8, 10-12], Su disgusto y maldición; de modo [que] nosotros somos por naturaleza hijos de ira [Efesios 2:2-3], esclavos atados a Satanás [II Timoteo 2:26]], y justamente merecedores de todos los castigos en este mundo y en el venidero (traducción libre de Westminster Larger Catechism #27).

Eso es exactamente lo que Genesis 3:8, 10-12, Efesios 2:2-3, y II Timoteo 2:26 dicen de la raza humana. Y no es un paisaje bonito. Desde la Caída del hombre en el Huerto de Edén brota la naturaleza malvada que rechaza lo bueno de todo hombre y mujer natural sobre la tierra. Esta retrato feo de la humanidad es fortalecido todos los días en el periódico, que cada informa que el hombre y la mujer son pecadores por naturaleza, viviendo bajo la maldición pronunciada sobre la raza humana en Genesis capitulo tres. Como lo puso el Dr. Watts en uno de sus himnos,


Señor, Soy vil, concebido en pecado

Y nacido impío e inmundo;

Nacido del hombre cuya caída

Corrompe la raza y nos mancha a todos.


Tan pronto al tomar aliento en la infancia,

La simiente del pecado crece hacia la muerte;

Tu ley exige un corazón perfecto,

Mas somos inmundos en cada parte.


He aquí, caigo postrado ante Tu rostro,

Mi único refugio es Tu gracia,

Ninguna forma externa me puede limpiar;

La lepra se halla muy profunda por dentro.

   (traducción literal de “Lord, I Am Vile, Conceived in Sin”

      del Samo 51, por Dr. Isaac Watts, 1674-1748).


Este punto es exactamente donde el “decisionismo” moderno erra. Los “Decisionistas” no tomas suficientemente en serio la Caída del hombre, y la maldición de la depravación total que la Caída trajo a toda la humanidad. Porque piensan muy ligeramente sobre los efectos del pecado original de Adán, ellos piensan que una mera “decisión por Cristo” los salvará. Piensan que un mero acuerdo mental con los hechos del Evangelio cambiará su estado de perdido a salvo. Pero los “decisionistas” no entienden la naturaleza radical del pecado – pasada a todos los hombres de la rebelión de Adán. Así, cuando predican no se dan cuenta de que hablan a gente que son rebeldes contra Dios en su naturaleza misma.

Yo estoy de acuerdo con el poderoso evangelista George Whitefield, en que a menos que un hombre esté convencido de su depravación total, no tiene esperanza alguna de escaparse de ella. Él tiene que sentir que es un pecador arruinado y condenado, o jamás verá realmente su necesidad de redención por Cristo Jesús.

Tú puedes entrar y salir de los servicios de la iglesia sin que el sermón toque tu corazón jamás, simplemente porque no has sido convencido por dentro de que tu mera naturaleza es pecaminosa y rebelde contra Dios. Pero acerca del Espíritu de Dios, Jesús dijo,

“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8).

Cuando por el Espíritu Santo una persona joven se halla bajo la convicción de pecado, comenzará a decirse a sí mismo, “Todo es verdad. Por mi misma naturaleza, soy pecaminoso y rebelde contra la mano de Dios que me hizo.” Cuando ese pensamiento llegue a tu corazón, te desesperará, saber que no puedes hacer ni decir nada que cambie tu corazón arruinado. Antes de esa hora, te hallas espiritualmente dormido, pensando poco o nada de tu corazón impío depravado. Pero cuando Dios comience a iluminarte a tu verdaderamente horrible condición interna, clamarás, quizá en silencio, quizá en voz alta, o talvez gritarás (como en los tiempos de avivamiento verdadero),

“¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

Entonces temerás que Dios te pase de largo y te deje en la condición mortal depravada de tu corazón. Entonces el temor de Dios y Su ira y juicio te podrán llevar a fuera de ti mismo, a Cristo porque,

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”
      (Proverbios 1:7).

Ojalá que una chispa de temor comience a arder en tu alma. Que dicho temor de tu propia condición arruinada te lleve a Jesús, quien vino a “buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). ¡Entonces podrás tener una conversión verdadera!

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Genesis 3:16-20.
El Solo Cantado por el Sr. Mr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Lord, I Am Vile, Conceived in Sin” (por Dr. Isaac Watts, 1674-1748).