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El Salmo Cantado Antes del Sermón: Salmo 139:23-24.


EXCUSAS POR EL PECADO
(SERMON #27 DEL LIBRO DE GENESIS)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado la Tarde del Sábado, 20 de Octubre de 2007
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Genesis 3:11-12).


Adán y Eva rompieron la ley de Dios y comieron del fruto que Él les dijo no comiesen. Las conciencias de ellos sintieron instantáneamente un agudo sentido de culpa. Ellos se hicieron delantales de hojas para esconder de Dios su desnudez descubierta por el pecado. ¡Que tontería – imaginar que Dios no podría ver a traves de aquellos delantales insignificantes!

Pero sus conciencias culpables los llevaron a hacer una cosa más necia todavía. Ellos se escondieron de Dios “entre los árboles del huerto” (Genesis 3:8). Ellos trataron de esconderse de Dios, pero no pudieron hacerlo.

¡Ves cuan necios se han vuelto ahora que han roto la ley de Dios! ¡Ves como corren de un lado al otro, tratando una cosa y luego otra, para evadir a Dios, para escapar de Su clamor, al esconderse en aquellos árboles! ¡El pecado los ha hecho tan necios que se imaginan que pueden esconderse del ojo de Dios que todo lo ve! Pero el ojo de Dios atraviesa todos los trucos que el hombre usa para esconder su pecado. Dios los alcanza y les hace dos preguntas penetrantes.

“¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?” (Genesis 3:11).

El Dr. Henry M. Morris dijo sabiamente,

...la vergüenza de la desnudez [no fue] introducida por las reglas de la civilización, según lo han dicho ciertos antropólogos y gente sofisticada centrada en sí misma. Tiene su raíz en el sentido primitivo del pecado, y solamente se deshecha cuando la conciencia moral se ha endurecido a tal punto de perder toda sensitividad al pecado.
       Vale la pena notar también que en el cielo se usan ropas. Los “ejercitos...en el cielo” se ven como “vestidos de lino fino, blancos y limpios” (Apocalipsis 19:14), y el Hijo del Hombre glorificado [Jesús] es visto por Juan como “vestido de una ropa que llegaba hasta los pies” (Apocalipsis 1:13). Con la excepción del breve período de la inocencia Edénica, en la Biblia, la desnudez ante alguien aparte del propio esposo o esposa, se considera vergonzosa (traducción literal de Henry M. Morris, Ph.D., The Genesis Record, Baker Book House, edición de 1986, pp. 116-117).

[La desnudez] nunca antes había sido un problema, pero no hay duda que ahora Adán estaba agudamente consciente de estar desnudo ante la presencia de Dios. Los delantales de hojas de higuera [no le ayudaban] tampoco, y [Adán] lo sabía. El pecado flagrante había entrado en el cuerpo de Adán y contaminaría a todas las generaciones futuras (Morris, ibid., pagina 116).

Fue solo después de que nuestros primeros padres pecaron que las consciencias de ellos fueron molestadas por la desnudez. El pecado que ellos cometieron les robó la inocencia, y los hizo estar dolorosamente conscientes de que estaban desnudos en la presencia de Dios.

Ellos estaban avergonzados por su desnudez porque sus conciencias, pese a ser caídas, no estaban completamente endurecidas por el pecado. Más tarde, cuando Moisés bajaba del Monte Sinaí con los Diez Mandamientos, la gente no tenía vergüenza cuando bailaba desnuda alrededor del becerro de oro que habían hecho. La Biblia dice,

“Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado [en Inglés: desnudo], porque Aarón lo había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo” (Exodo 32:25-26).

Entonces Moisés, por mandato de Dios, mató a todos aquellos que habían bailado sin vestirse, con la excepción de los que vieron su pecado y se pusieron con él en arrepentimiento y vergüenza. Los pecadores endurecidos entre ellos que rehusaron arrepentirse de adorar en desnudo a ídolos, fueron justamente matados por el mandato de Dios.

Desde que Adán y Eva pecaron por comer el fruto prohibido, la desnudez fue vista como una gran maldad en las páginas de la Escritura. La desnudez se pinta en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamentos como un hecho deliberado de pecado y rebelión en contra de Dios. En el Libro de Apocalipsis los miembros malvados de la iglesia en Laodicea eran tan bajos por el pecado que [no sabían que eran] “ciego[s] y desnudo[s]” (Apocalipsis 3:17).

Cristo dijo que estaban tan endurecidos por el pecado que no veían nada malo con estar “ciegos, y desnudos” ante la vista de Dios. Los de la iglesia de Laodicea tenían conciencias aun más duras que las de Adán y Eva, quienes tuvieron terror de que Dios los hallara desnudos en pecado. ¿Es eso cierto de ti? Cuando Dios mira en tu corazón, ¿ve pecado? ¿Mira Él que has pecado internamente, o aun exteriormente?

“Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmo 139:23-24).

¡Qué carga de pecado sería descubierta si tú oraras esa oración con cierto grado de sinceridad! Dios, por Su Palabra “discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Todos tus pecados interiores y exteriores serán revelados en el Ultimo Juicio a menos que sean cubiertos por la Sangre de Cristo.

“Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala” (Eclesiastes 12:14).

Lutero dijo,

La conciencia [de Adán] fue exaltada en su desnudez... ...Así, ahora él tenía que oír de la boca del Señor los pensamientos mismos que estaban en su mente. Empero rehusó confesar, y pasó su pecado de largo en silencio (traducción de Martin Luther, Th.D., Luther’s Commentary on Genesis, Zondervan Publishing House, reimpreso en 1958, tomo I, p. 76).

Al fin Adán habló. Pero verdaderamente no confesó su pecado. En vez, él excusó su pecado, e insinuó que Dios mismo tenía la culpa.

“Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Genesis 3:12).

Lutero dijo,

Adán negó su transgresión y se excusó a sí mismo, de hecho acusó a Dios (de ser el autor de su pecado). Él hizo esto aun habiendo sido convicto en su conciencia y Dios le había mostrado que había pecado. Él quiso decirle a Dios, “Si no me hubieses dado a la mujer, yo no hubiese comido del árbol.” Así que le echó la culpa del pecado a Dios. Su transgresión comenzó con la desobediencia y la incredulidad, ahora le añadió insulto y blasfemia. Todo pecador detesta el castigo de igual manera (impuesto sobre él por su pecado). (ibid.).

Y, del mismo modo, todo pecador no despierto trata de excusarse de la condenación, culpando a otros, o diciendo que no es peor que los demás, o echándole la culpa a otros, en vez de confesarle su pecado a Dios.

Eva le contestó a Dios de un modo parecido.

“Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Genesis 3:13).

Lutero dijo,

[Eva] trató de excusarse echándole la culpa a la serpiente, que Dios había creado. De este modo, mientras rehusaba aceptar la culpa, se la echó al Creador. De esto aprendemos que el pecador nunca quiere [admitir que es] pecador, ni cargar con su castigo (justo). Él [pretende ser] justo, y si no tiene éxito en ello, le echa la culpa a Dios (ibid., p. 77).

Mientras el pecador perdido culpe a otros, o se excuse a sí mismo, no puede haber perdón de pecado. Él debe ser llevado al punto de decirle a Dios,

“Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3).

Cuando el ojo de Dios que todo lo ve penetre tu corazón y admitas tu pecado, y pesé en gran manera sobre ti, entonces confesarás tu pecado y buscarás a Cristo para que te salve de su [del pecado] culpa. Voltea a I Juan 1:8-10. Por favor lee esos tres versos de pie y en voz alta.

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (I Juan 1:8-10).

Se pueden sentar.

Matthew Henry dijo, “Debemos estar alerta de no engañarnos a nosotros mismos negando o excusando nuestros pecados” (nota de I Juan 1:8). “La religión Cristiana es la religión de los pecadores” (ibid.). En otras religiones del mundo el hombre obtiene la salvación tratando de hacer lo mejor que puede para ser bueno. Pero, en la Cristiandad verdadera, la salvación viene por reconocer el pecado, admitirlo, y aventarse uno mismo sobre Jesús, que murió en la Cruz para pagar por el pecado, y derramó Su Sangre para que el pecado pudiera ser limpiado. El corazón que reconoce su pecado querrá venir a Jesús, y cantará con sinceridad completa,

¡Vengo ya, Jesús! ¡Vengo hacia Tí!
Lávame en tu sangre que fluyó, Jesús, por mí.
   (Traducción de “I Am Coming, Lord” por Lewis Hartsough, 1828-1919).

(FIN DEL SERMÓN)
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