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LA HOSTILIDAD DE LA MENTE CARNAL

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en la Mañana del Día del Señor, 14 de Enero de 2007
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios [es hostil contra Dios]; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Romanos 8:7).


El Dr. Martyn Lloyd-Jones creía que

La predicación moderna...se ha puesto fundamentalmente mal. Él vio la mayor prueba de eso en la falla de los [predicadores] en reconocer que la primera obra del Espíritu Santo es convencer de pecado y humillar a los hombres ante la presencia de Dios... [el Dr. Lloyd-Jones creía] que antes que el hombre pueda ser convertido tiene que ser convencido de pecado (traducción de Iain H. Murray, D. Martyn Lloyd-Jones: the First Forty Years, The Banner of Truth Trust, re-impreso en 1983, pagina 206).

El Dr. Lloyd-Jones vio a mucha gente venir a Cristo “del mundo.” Él predicaba sobre la terquedad innata, interior del corazón del hombre. Él hacía énfasis en la depravación total del hombre, especialmente durante el tiempo que predicaba en Gales en la última parte de la década de 1920 y la parte temprana de la década de 1930. Dios usó ese énfasis en la conversión de muchos cientos de personas en uno de los últimos avivamientos en Gales. El Dr. Lloyd-Jones dijo que la gente perdida “fallaba de recibir a Cristo porque no estaban convencidos de pecado” (ibid, p. 207).

Spurgeon creía lo mismo. Él dijo:

Al principio el deber del predicador no es convertir al hombre, sino lo opuesto. Es vano [inútil, necio, y sin provecho] tratar de sanar a aquellos que no han sido heridos, tratar de vestir a aquellos que nunca han estado desnudos [sin ropa], y hacer ricos a aquellos que nunca se dieron cuenta de su pobreza (traducción literal de C. H. Spurgeon, The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, re-impreso en 1976, tomo 44, p. 421).

Estoy convencido de que estos dos grandes predicadores estaban correctos – que es inútil ofrecer el perdón y la paz de Cristo a aquellos que no la quieren, y no ven la necesidad. Eso es lo que Spurgeon quiso decir cuando dijo: “Al principio el deber del predicador no es convertir al hombre, sino lo opuesto.” Él quiso decir que la primera cosa que la verdadera predicación evangelistica hace es herir con la ley al pecador. La primero es arrancar al pecador de su falsas esperanzas y excusas necias. Lo primero es demostrarle al pecador que es pobre ante los ojos de Dios, y que en lo más profundo de su ser es rebelde contra Cristo.

Así que venimos a Romanos 8:7 con eso en mente. Leámoslo de pie y en voz alta.

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede”
      (Romanos 8:7).

Se pueden sentar.

Si aun estás inconverso no hay mayor descripción de tu corazón en la Biblia que la que se halla cierta en nuestro texto:

“La mente carnal es enemistad contra Dios” (Romanos 8:7).

Con este sermón me propongo describir tu enemistad contra Dios, y denunciarla, y finalmente mostrarte liberación de ella,

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” 
    (Romanos 8:7).

I. Primero, describiré esta enemistad.

La palabra Griega traducida “enemistad” es echthra. Esa palabra Griega viene de la palabra echthros. Significa que tu corazón siempre, a toda hora se halla en un estado de “hostilidad” contra Dios (traducción literal de F. Rienecker, A Linguistic Key to the New Testament, Zondervan Publishing House, 1980, p. 365). R. C. H. Lenski dijo que esta enemistad “significa hostilidad personal [amargura, mala voluntad]…disgusto, y oposición directa contra Dios” (traducción literal de R. C. H. Lenski, The Interpretation of St. Paul’s Epistle to the Romans, Augsburg Publishing House, 1961, p. 506). Matthew Henry dijo respecto a esta enemistad en tu corazón, que es “la oposicion del alma contra Dios, se rebela contra Su autoridad…se opone a Su interés, escupe en Su rostro” (traducción literal de Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible, Hendrickson Publishers, re-impreso en 1996, tomo 6, p. 335). Y el Dr. J. Vernon McGee dio este comentario sobre nuestro texto:

Este verso revela cuan incorregible [perdida, abandonada, reprobada] y completamente destituida la carne está. Es un anticristo espiritual...La realidad es que el hombre es el enemigo de Dios. Él no está solamente muerto en delitos y pecados, sino que en rebeldía activa contra Dios (traducción literal de J. Vernon McGee, Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers, 1983, tomo IV, p. 699).

Todos estos grandes predicadores y comentaristas dicen cosas parecidas sobre nuestro texto. Tu corazón inconverso está lleno de “hostilidad” hacia Dios (Rienecker). Tu corazón se halla en un estado de “oposición directa contra Dios” (Lenski). Tu corazón “se rebela contra Su autoridad…se opone a Su interés, escupe en Su rostro” (Henry). Tu corazón “es un anticristo espiritual...en rebeldía contra Dios” (McGee). ¿Están los comentaristas en lo correcto?

Sócrates, el gran filosofo de antaño dijo: “No vale la pena vivir una vida no examinada.” La Biblia dice: “Examinaos a vosotros mismos” (II Corintios 13:5). Si eres honesto, y examinas tu propio corazón, estoy convencido de que hallarás una fea realidad de ti mismo, la verdad de que tu corazón es hostil contra Cristo, rebelde contra Su autoridad, opuesto a Él, y que escupe en Su rostro; que tu corazón es anticristo espiritual, en rebeldía contra Dios, que eres

“Enemigo en vuestra mente” (Colosenses 1:21),

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” 
    (Romanos 8:7).

¿Qué otra cosa podría detenerte de venir a Cristo? Si tu corazón no es rebelde contra Dios, ¿cuál otra cosa podría ser la razón? Ninguna otra cosa aparte de la rebeldía en el corazón se da en las páginas de la Escritura.

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” 
    (Romanos 8:7).

II. Segundo, denunciaré esta enemistad.

Dirás: “Yo no soy rebelde contra Dios. Soy simplemente indiferente. Soy neutro, ni por Dios ni contra Dios.” Yo oigo tu negar, pero los hechos demuestran que estás equivocado.

Si no estás rebelándote contra Dios, entonces ¿por qué no vienes a Cristo? Cristo dijo:

“Venid a mí” (Mateo 11:28).

¿Por qué rehúsas venir a Él si tu corazón no está en rebelión contra Dios? Contesta ahora en tu propia mente. Cristo te llama que vengas a Él. Pero no lo harás. ¿Cuál otra razón podría ser sino la que es dada en nuestro texto?

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” 
      (Romanos 8:7).

Si piensas que podrás de algún modo ser salvo sin rendirte claramente a Jesús - ¡Yo lo denuncio!

De nuevo, si no estás en rebelión contra Dios, ¿entonces por qué rehúsas dejar tus amigos perdidos? La Biblia te dice claramente que los dejes.

“Por lo cual, Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor...Y yo os recibiré, Y seré para vosotros por Padre, Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso” 
      (II Corintios 6:17-18).

De nuevo, la Biblia dice:

“Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4:4).

Si crees que puedes ser convertido sin separarte de los enemigos de Dios – ¡Tengo que denunciarlo!

De nuevo, ¿por qué buscas una salida rápida de la opinión que pone a Jesús en un lugar de poca importancia? Una chica dijo: “Yo fui salva cuando me lavé la cara en el baño. Me sentí mejor.” ¡Qué horrenda cosa! ¡Ella reemplazó la Sangre de Jesús al lado de unas gotas de agua! Ella ha reemplazado el cancelar de sus pecados en los grandes libros de Dios en el Cielo con “Me siento mejor.” Pero, ¿qué de Dios? ¿Cómo se siente Él cuando piensas tan bajo de Jesús muriendo para pagar por tus pecados, y la obra del Señor Jesús en salvarte sea reemplazada en tu mente con unas cuantas gotas de agua rociadas en tu cara en el baño? Tengo que denunciarlo también. Yo lo denuncio porque has despreciado y rechazado a Cristo, buscando la salvación sin Él.

“[Escondiste] de él [tu] rostro, fue menospreciado, y no lo [estimaste]” (Isaías 53:3).

“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios” 
      (Romanos 8:7).

III. Tercero, te mostraré liberación de esta enemistad.

La liberación de tal hostilidad hacia Dios viene solo de una manera. Tienes que dejar de confiar en tus propios pensamientos y sentimientos y someterte a Él. Tus propios pensamientos y sentimientos te harán siempre esclavo de tu propia mente carnal, y te mantendrán para siempre en un estado de rebelión hostil contra Dios.

Por lo tanto, la única manera de ser liberado de la enemistad hacia Dios es por medio de Jesucristo, el Salvador:

“El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”
      (Juan 1:29).

Es por eso que Cristo dejo que lo clavaran a una cruz. Es por eso que Él sufrió y sangró por ti – para romper la pared de división, para abolir la enemistad – ¡así haciendo la paz!

Cordero de Pascua, asignado por Dios,
   Todos nuestros pecados fueron puestos en Ti.
Ungido por amor Todopoderoso,
   Haz hecho la redención completa.
Toda tu gente es perdonada,
   Por los meritos de Tu Sangre,
Abierta está la puerta al Cielo,
   La paz hecha entre los hombres y Dios.
(“Hail, Thou Once-Despised Jesus” por John Bakewell, 1721-1819).

¡Cristo trae la paz entre el hombre y Dios! ¡Cristo abole la enemistad!

“Tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).

Ven a Cristo por fe simple y toda la enemistad se irá – clavada a Su Cruz! Ven a Cristo, sentado a la diestra de Dios en el Cielo. Él abolirá tu enemistad contra Dios. Él te dará paz con Dios. Él salvará tu alma – ¡ para toda la eternidad! ¡Amen!

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Romanos 8:5-8.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Hail, Thou Once-Despised Jesus” (por John Bakewell, 1721-1819).


EL BOSQUEJO DE

LA HOSTILIDAD DE LA MENTE CARNAL

por Dr. R. L. Hymers, Jr.


“Por cuanto la mente carnal es enemistad contra Dios [es hostil contra Dios]; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede” (Romanos 8:7).

I.   Primero, describiré esta enemistad, II Corintios 13:5;
Colosenses 1:21.

II.  Segundo, denunciaré esta enemistad, Mateo 11:28;
II Coronations 6:17-18; Santiago 4:4; Isaías 53:3.

III. Tercero, te mostraré liberación de esta enemistad,
Juan 1:29; Romanos 5:1.