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LA INHABILIDAD HUMANA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado la Mañana del Día del Señor, 3 de Diciembre de 2006
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).


Yo no soy Calvinista de los cinco puntos. A veces se ha dicho que he sido confundido con las ideas de Richard Baxter y Martín Lutero y John Goodwin. Tal vez sea cierto. Yo no veo todas las cosas perfectamente, ni creo que nadie lo haga por completo. Lo cierto es que

“Ahora vemos por espejo, oscuramente” (I Corintios 13:12).

Yo no pretendo tener un entendimiento completo de lo que se conoce como “las doctrinas de la gracia” en el Calvinismo. Pero aunque no me apego a todos sus “puntos” y doctrinas, creo nuestro texto, y lo creo con el mismo fervor del más fuerte Calvinista. De hecho, creo este verso en Juan 6:44 igual que el más fuerte Calvinista, porque creo que el punto de vista del texto es plano y claro en la pagina de la Escritura, cuando Jesús dijo:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

No podría encontrar un modo de “evadirlo” aun si quisiera, así que te lo presentaré en un mensaje adaptado de C. H. Spurgeon, el príncipe de los predicadores. He titulado el sermón igual que él, y te daré el bosquejo de su sermón, “La Inhabilidad Humana,” en forma abreviada y simplificada, mejor adaptada para los oyentes modernos (traducción libre, ver The New Park Street Pulpit, Pilgrim Publications, re-impreso en 1981, tomo IV, pp. 137-144). Cristo dijo:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

“Venir a Cristo” es frase común en la Biblia. Se usa para describir que la persona deja su justicia propia y huye a Jesús, recibiendo la justicia de Jesús como cubierta, y la Sangre de Jesús para su limpieza. “Venir a Cristo” incluye el arrepentimiento y la fe en Jesús, y suma todas aquellas cosas que acompañan la salvación del alma. “Venir a Cristo” es la única cosa necesaria para que el pecador sea salvo. Cuando la persona no ha venido a Cristo, es seguro que no ha sido convertida y aun está muerta en delitos y pecados.

En estos oscuros días de “decisionismo,” se cree que venir a Cristo es la cosa más fácil del mundo. Sin embargo, al escuchar con atención muchos testimonios, el pastor discernidor verá que casi todos han fallado de venir a Cristo Mismo y, de ese modo, no le han pegado al blanco. Es fácil creer cosas acerca de Cristo. Es fácil creer que Él puede salvar del pecado, que Él puede lavar el pecado, y que Él puede salvar el alma. Los demonios creen esas doctrinas. Son cosas fáciles de creer. Pero el hecho de venir a Cristo Mismo es imposible para el hombre, a menos que el Padre le trajere a Cristo, porque Cristo dijo:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

Esta mañana hablaré sobre la inhabilidad del hombre, y de cómo el Padre trae, y concluiré con la aplicación de esta doctrina.

I. Primero, la inhabilidad del hombre.

El texto dice:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

Cuando los Discípulos preguntaron: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” (Marcos 10:26), Jesús respondió:

“Para los hombres es imposible” (Marcos 10:27).

¡Para los hombres es imposible ser salvos! ¡Eso es lo que Jesucristo nuestro Señor dijo en Marcos 10:27!

Algunos podrán decir que predico en contra de lo que llaman “creer fácil.” Podrían pensar que hablo sobre “La salvación por Señorío,” a la cual un autor se refiere como “Difícil de Creer,” en un libro titulado así. Pero no estoy hablando de “creer fácil” ni de “difícil de creer”! Hablo de “imposible de creer.” ¡Hablo de la imposibilidad del hombre natural de venir a Cristo!

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

¿Qué es lo que hace el venir a Cristo humanamente imposible? ¿De dónde viene esto? No viene de alguna imperfección física, falla, ni defecto. Si venir a Cristo significase mover el cuerpo o caminar con los pies, seguramente el hombre tendría la habilidad de venir a Cristo. Una vez un hombre dijo que él no creía que alguien pudiera caminar a la iglesia a menos que el Padre lo trajere. Ese hombre estaba errado, ya que se ve claramente que si el hombre tiene piernas puede usarlas, ¡le es igual de fácil caminar a la iglesia que caminar a la licorería! Si venir a Cristo significase decir la “oración del pecador,” ¡le es tan fácil decir la oración como decir una mala palabra! Así que está claro que la inhabilidad del hombre en venir a Cristo no es física.

Esta inhabilidad tampoco está en la mente. Yo puedo creer que la Biblia es cierta igual de fácil como puedo creer que cualquier otro libro es cierto. Yo puedo creer lo que Cristo dijo tan fácilmente como puedo creer lo que cualquier otra persona diga. Con mi mente yo puedo creer la existencia de Cristo tan fácilmente como puedo creen en la existencia de alguien más. El defecto entonces no yace ni en el cuerpo ni en la mente. ¿Entonces por qué Jesús dijo,

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44)?

Déjame mostrarte dónde la inhabilidad del hombre realmente existe. Existe en su naturaleza. ¡Por la Caída, y por medio de nuestro propio pecado, la naturaleza misma del hombre está tan arruinada, y depravada, y corrupta que no es posible que él venga a Cristo a menos que el Padre le trajere!

Una oveja no puede comer carne. Un león no puede comer pasto. ¿Por qué? Porque está en contra de la naturaleza de la oveja comer carne. Está en contra de la naturaleza del león comer pasto. ¡Y está en contra de la naturaleza del hombre venir a Cristo! Como lo puso el Dr. Watts:

Gran Dios de gloria y de gracia,
   Avergonzados reconocemos,
Cuan vil es nuestra raza degenerada,
   Y el nombre de nuestro primer padre.

Nuestra sangre manchada viene de Adán,
   El veneno rige por dentro;
Nos opone a los que es bueno,
   Y nos hace esclavos voluntarios al pecado.

A diario rompemos las leyes santas de Dios,
   Y luego rechazamos Su gracia;
Envueltos en la terrible causa de Satanás
   Contra el rostro del Dios santo.

Vivimos cortados, lejos de Dios,
   Y la distancia nos encanta;
Andamos a prisa la senda de peligro
   Que lleva al pecado y al infierno.

Alzamos el nombre del Padre en las alturas,
   Quien su propio Espíritu envía
Para acercar a los pecadores rebeldes,
   Y volver los enemigos de Cristo en amigos.

Y ¿se podrá restaurar al rebelde,
   Y tal ceguera hacer brillar?
Que los pecadores vean a tu Hijo, Señor
   Y sientan Su sangre divina.
(Traducción libre de “Our Unconverted State”
      por Isaac Watts, D.D., 1674-1748;
        al son de “O Set Ye Open Unto Me,” Belmont).

Considera en serio esas palabras. ¿No tenía razón el Dr. Watts?

Nuestra sangre manchada viene de Adán,
   El veneno rige por dentro;
Nos opone a los que es bueno,
   Y nos hace esclavos voluntarios al pecado.

Es por eso que:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

Todo corazón humano está arruinado por la Caída, envenenado por el pecado, incapaz, inhábil, muerto para con Dios. Es por eso que:

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

II. Segundo, el traer del Padre.

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

¿Cómo trae el Padre la gente a Jesús? Los Cristianos solían saber que los pecadores eran usualmente traídos a Jesús por la predicación del Evangelio. Pero también sabían que era una calidad especial en la predicación la que volvía a los pecadores a Cristo. Ellos sabían que la predicación tenía que ser llena de poder, para que el predicador pudiera decir con el Apóstol Pablo:

“Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (I Corintios 2:4).

El Rev. Brian Edwards, autoridad Británica sobre el avivamiento, dijo acerca de la predicación de Pablo:

Esa era predicación de avivamiento. En el avivamiento, las congregaciones no hablan del estilo ni de la elocuencia del hombre, de hecho, ni debaten el contenido, son movidos a acciones. La predicación de avivamiento tiene un poder y una autoridad que llevan la palabra de Dios como un martillo al corazón y a la conciencia. Esto es exactamente lo que le falta a nuestra predicación hoy (traducción libre de Rev. Brian H. Edwards, Revival! A People Saturated with God, Evangelical Press, 1991, p. 103).

Lo que le sucede a un numero de personas en un avivamiento, le sucede a una o dos aquí y allá durante los servicios de predicación regular. Pero nota esto, ¡toda conversión verdadera es un milagro!

Yo sé que no puedo cambiar tu modo de pensar. Yo sé que no te puedo convencer. Soy tan incapaz de convertirte como un paralítico es incapaz de caminar. A menudo temo subir al pulpito y predicar. Yo sé que puedo predicar. He predicado cientos de veces. ¡Pero yo sé, y lo sé muy bien, que las palabras que yo diga jamás podrán ayudar o cambiar, o convertir a una sola alma, aparte del poder de Dios que atrae!

Señor, ahora me doy cuenta
   Que tu poder y el tuyo solo,
Puede cambiar las manchas del leproso;
   Y derretir el corazón de piedra
.
Jesús lo pagó todo,
   a Él se lo debo todo;
El pecado había dejado una mancha roja,
   Él la lavó como la nieve.
(traducción libre de “Jesus Paid It All”
   por Elvina M. Hall, 1820-1889).

¿Cómo derrite Dios el corazón de piedra? Él cambia la dirección de la voluntad. Él mueve el corazón a desear a Jesús, a quererlo, a tener sed de Él.

Martín Lutero dijo: “El Padre no arranca al pecador por el cabello, sino que lo atrae por el corazón.” Por una operación misteriosa Dios vuelve el corazón para venir a Jesús y amarlo, Dios vuelve el corazón de la religión fría a una bella, calurosa y amigable relación con Cristo.

Cuando yo era joven conocí a un hombre de quien todos los otros chicos tenían miedo, porque decían que era malo. Pero de alguna manera por instinto yo sabía que era un anciano bueno. Yo solía recogerlo del Hotel Biola en mi carro, al lado de la Iglesia de Open Door en el centro de Los Angeles, y lo llevaba a la reunión de oración en la iglesia China que yo atendía cuando iba a la universidad. Los jóvenes Chinos en aquella iglesia pensaban que él daba miedo y que era malo, porque estaba tan viejo. ¡Pero yo me di cuenta de que él era un anciano amable y gentil, lleno de amor por Cristo! Yo siempre me sentaba a su lado cuando oraba. Él era de Hungría y hablaba con un acento fuerte, pero sus oraciones estaban tan llenas de amor por Cristo que me saca las lagrimas pensar del amor que expresaba por Cristo cada vez que oraba.

Yo creo que somos así con Dios y con Cristo. Antes de ser convertidos, estamos muy fríos hacia Dios y Cristo. Pensamos que son figuras distantes, un poco enojadas, que deben ser temidas y evitadas. Pero cuando Dios cambia nuestras voluntades, descubrimos para sorpresa nuestra, que Dios y Cristo nos aman más de lo que jamás imaginamos, ¡más de lo pensábamos que podrían amarnos!

“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

Y cuando Dios abre nuestros ojos, Él nos atrae a Jesús

“con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor”
      (Oseas 11:4).

Como lo pone el himno antiguo:

Hallé un amigo, oh, ¡qué amigo!
   Me amó antes de conocerlo;
Me atrajo con cuerdas de amor,
   Y así a Él me ha atado.
(traducción libre de “I’ve Found a Friend”
   por James G. Small, 1817-1888).

Lutero dijo:

Dios trae por la voluntad, no por el cuello. Aquí Cristo dice: solo viene a mi, y solo recibe fe aquel a quien el Padre atrae a mí. Este traer no como traer [arrastrar] a un ladrón a ser colgado. En vez, es un invitar y traer amigable, como un hombre [dulce y fino] atrae gente a sí mismo por ser tan amigable y agradable que [estás] contento de [venir] a él. De este modo Dios también invita amablemente a la gente hacia [Cristo] para que ellos dispuestos y contentos [quieran estar] con Él y cerca de Él (traducción libre de Martin Luther, Th.D., What Luther Says, Concordia Publishing House, re-impresión de 1994, paginas 346-347).

Dios va a la parte secreta del corazón humano, y por una obra misteriosa, vuelve la voluntad hacia la dirección opuesta y el hombre es salvo, como Ralph Erskine paradójicamente lo pone: “consintiendo completamente en contra de su voluntad,” o sea, en contra de su vieja voluntad, él viene a Jesús. Pero es salvo consintiendo completamente, por ser hecho dispuesto en el día del poder de Dios. Cuando el Espíritu de Dios gentilmente influye tu corazón a venir a Jesús, se cumple un verso de Cantares:

“Atráeme; en pos de tí correre... [Jesús] me ha metido en sus cámaras; [me gozaré y alegraré] en ti” (Cantares 1:4).

¡Atráeme, y correré en pos de Tí!

El corazón del hombre está preocupado, lleno de conflicto y desesperación. Él piensa, “Nunca podré ser salvo. Nada me puede salvar.” Entonces viene Jesús, ¡y la noche se vuelve en día! El hombre es llevado tan dispuestamente a Él que parece que no ha sido atraído para nada. Y él viene a Cristo muy rápida y fácilmente.

Alguien dice: “Bueno, yo he ido a otra iglesia donde se me dijo que yo podía ser salvo cuando quisiera. Dijeron que yo podía decir una ‘oración de pecador’ a cualquier hora que quisiera y ser salvo. Así que lo he demorado. Pero ahora tú me has quitado esta esperanza, predicador. Me siento lleno de dolor y miedo.” Yo digo: “Amigo, me alegra oírlo. Es lo que esperaba que sucediera. Yo oro que sientas ese dolor interior y miedo aún más, mucho más. Y cuando ya no tengas esperanza de salvarte a ti mismo, me atreveré a esperar que Dios ha comenzado a salvarte.” Tan pronto como digas dentro de ti mismo: “Oh, no puedo venir a Cristo. Dios, atráeme, ayúdame,” estaré muy alegre por ti, porque el que desea a Jesús, aunque no tenga la capacidad, la gracia de Dios ha comenzado en su corazón, y Dios no lo dejará hasta que la obra sea terminada, y él sea convertido.

Déjame darte un verso de la Escritura que te puede ayudar:

“Jehová se manisfestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia” (Jeremías 31:3).

Yo creo que vendrás a Cristo porque Dios te ha estado trayendo, y el que Él te está atrayendo es prueba de que Él te ama, como ninguna persona es esta tierra te ha amado. Ojalá que vengas por fe a la cruz de Jesús. ¡Ojalá que te arrodilles bajo Su cruz y

Que el agua y la sangre,
   Que fluyeron de tu costado,
Sean la cura doble del pecado,
   Me limpien de su culpa y su poder.
(Traducción libre de “Rock of Ages” por Augustus Toplady, 1740-1778).

Cantemos de pie el ultimo himno en la hoja de canciones. ¡Cántalo con todo tu corazón y con toda tu alma!

Escucho tu voz que me da la bienvenida,
   Que me llama, Señor, a Ti
Para que sea limpio en Tu preciosa sangre
   Que fluyó en el Calvario.
¡Vengo ya Señor! ¡Vengo hacia Ti!
   Lávame, límpiame en la sangre
Que fluyó en el Calvario.

Aunque vengo débil y vil,
   Tú me das la fuerza,
Tú limpias mi vileza,
   Hasta quedar sin mancha y puro.
¡Vengo ya Señor! ¡Vengo hacia Ti!
   Lávame, límpiame en la sangre
Que fluyó en el Calvario.

Es Jesús quien me llama
   A la perfecta fe y amor,
A la perfecta esperanza, y paz, y confianza,
   En la tierra y arriba en el Cielo.
¡Vengo ya Señor! ¡Vengo hacia Ti!
   Lávame, límpiame en la sangre
Que fluyó en el Calvario.
   (Traducción libre de “I Am Coming, Lord”
      por Lewis Hartsough, 1828-1919).

Si sientes que debes venir a Jesús ahora, me gustaría que hablaras con Dr. Cagan y conmigo. Por favor encuéntranos en el pequeño vestíbulo que lleva al Salón de Compañerismo, al subir las gradas para comer juntos. Y que nuestro Padre Celestial use este sermón como medio de guiarte a Jesús, para limpieza de todos tus pecados en Su preciosa Sangre. Amen.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: Juan 6:38-44.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Our Unconverted State” (por Dr. Isaac Watts, 1674-1748;
cantada al son de “O Set Ye Open Unto Me,” Belmont).


EL BOSQUEJO DE

LA INHABILIDAD HUMANA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.


“Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44).

(I Corintios 13:12)

I.   Primero, la inhabilidad del hombre, Juan 6:44; Marcos 10:26-27.

II.  Segundo, el traer del Padre, I Corintios 2:4; Oseas 11:4;
Cantares 1:4; Jeremías 31:3.