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LOS FARISEOS Y LA MUJER DE CANAAN EN CONTRASTE

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado el Día del Señor en la Mañana, 7 de Mayo de 2006
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres…” (Mateo 15:28).


Todos nosotros que somos Cristianos hemos tenido la experiencia de hacer nuevos descubrimientos al leer la Biblia. Un verso de Escritura que hemos leído muchas veces de repente salta de la página hacia nosotros, y de una vez parece ser la cosa más importante que jamás hemos leído. Esta mañana esto es lo cierto de mi texto. Estaba batallando con otro pasaje de sobre el mismo evento en el evangelio de Marcos, cuando de repente me di cuenta de que sería mejor predicarlo el próximo Domingo en la mañana para el Día de la Madre.

Luego regresé a este verso, que registra los mismos eventos, y vi en el pasaje en mateo que había otro buen mensaje en él, uno que les prepararé para el Día de la Madre el próximo Domingo en la mañana. Leí los eventos en esta historia, consulté con mis mentores y maestros Dr. Gill, Matthew Henry, y Spurgeon. Y luego leí los versos Bíblicos del pasaje otra vez. Y de mi lectura, oración y meditación sobre estos versos en Mateo y Marcos, me llegó un pensamiento. La conclusión a la que llegué es que el capítulo quince de Mateo contiene información sobre dos clases de personas que son confrontadas por Cristo. Ante los ojos de Dios hay solamente dos tipos de personas en el mundo. Hasta me atrevo a decir que todos aquí esta mañana caben en alguna de estas dos categorías. Al principio de la cuenta de la mujer sirofenicia, antes de leer su historia, Cristo había reprendido a los fariseos. Ellos eran los legalistas de aquellos días. Y vinieron a Jesús a discutir con Él. Jesús les dio un sermón muy fuerte y los despidió sin estar satisfechos, y perdidos a la verdad que Él predicaba. Ellos no sacaron nada de lo que Él dijo. Ese es mi primer punto.

I. Primero, aquellos que se acercan a Jesús de la manera equivocada
no hallan la salvación en Él.

Los Fariseos vinieron a Él de esa manera, al principio de Mateo 15. Pero no sacaron nada sino regaños de Su parte. Los Fariseos vinieron a Él de esa manera, al principio de Mateo 15. Pero solamente consiguieron regaños de Su parte, y no la salvación. Ellos lo hostigaban, buscando defectos, haciendo preguntas impertinentes y recibían solamente una respuesta seca de nuestro Señor. Me pregunto si ese no será el caso tuyo esta mañana. Me pregunto si no buscas defecto tal vez con el Cristo escondido en los confines de tu mente. Fíjate en este capítulo que la gente como tú (si eres como los Fariseos) no halló la salvación en Cristo. Jesús siempre dejaba a esta gente que era como los Fariseos a solas y perdidos. Él terminaba sus discusiones, y luego, en la cuenta de la mujer que se da en Marcos 7:24,

“Levantándose de allí, se fue a la región de Tiro y de Bidón…no quiso que nadie lo supiese; pero no pudo esconderse”
      (Marcos 7:24).

Tal vez tu desacuerdo interior con Cristo está bien Escondido de la mayoría de gente, aun de tu familia. Tal vez ellos te miran como una persona fina y destacada, que le va muy bien en la vida, bien vestida, en la iglesia cada Domingo. Pero no ven adentro de tu corazón, ¿verdad? Si pudiesen ver dentro de ti, como Dios ve, ¿no crees que verían en tu corazón lo que Jesús vio en los Fariseos - malos pensamientos, avaricia, orgullo, lujuria, insensatez? (ref. Marcos 7:22). Y no crees que los “deseos de otras cosas” son los que forman una barrera entre tú y Jesús? ¿No es por eso que has venido a Él y confiado en Él? ¿No hay mucho cierto en eso? ¿No es cierto que tú en verdad tienes en el fondo de tu corazón un argumento en contra de Cristo? ¿Será que Cristo quiere sacarte de tus hábitos religiosos y prejuicios, pero tú no quieres escucharle a Él?

¿Quieres caer a Sus pies y hacerle el maestro de tu vida? ¿O pospones venir a Él como lo hicieron los Fariseos? Si eso es cierto eso de ti, la situación tuya es muy parecida a la de Dr. Cagan, nuestro diácono, antes de que fuese convertido. Él decía, “Yo todavía batallaba contra Jesús. Yo no quería venir a Él. Yo era demasiado orgulloso. Pero yo sabía que el evangelista estaba predicando la verdad de la Biblia.” El Dr. Cagan pasó dos años de batalla interna porque era mucho como los Fariseos. Él discutía con Cristo, sin estar dispuesto a someterse a Él y confiar en Él. Hay personas así aquí esta mañana. ¿Eres tú uno de ellos? Si eres, no hallarás la salvación. Es la manera equivocada de acercarse a Jesús.

II. Segundo, aquellos que se acercan a Jesús de la manera correcta
si hallan la salvación en Él.

La mujer de la que se habla en nuestro texto era muy diferenta a los Fariseos. Ella no se rebeló contra Jesús. Ella

“clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David ten misericordia de mí!” (Mateo 15:22).

Al principio Él no le contestó. Pero ella estaba empeñada en gran manera en encontrarlo. Estaba empeñada. Esto demuestra que solamente aquellos que están empeñados en gran manera lo hallarán. Ella siguió clamando hacia Él. Nos recuerda de Jacob, quien dijo al Cristo pre-encarnado:

“No te dejaré ir, si no me bendices” (Genesis 32:26).

Eso es lo que esta mujer en nuestro texto hizo. Igual que Jacob ella persistió fuertemente hasta que Cristo la salvó. ¿Has hecho eso alguna vez? ¿Le has dicho a Cristo, “no te dejaré ir, si no me bendices”?

Jesús le respondió fuertemente para probarla. Él dijo:

“No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (Mateo 15:26).

Ella dio la respuesta correcta. Ella no se rebeló ni dijo: “Yo no soy perrillo.” “Perrillo” era la palabra que los Judíos usaban comúnmente para describir a una mujer Gentil como ella. Jesús usó la palabra en modo común, cotidiano, de todos los días. Sin embargo ella no se rebeló. Ella dijo:

“Sí Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos” (Mateo 15:27).

Me pregunto si tu problema no será que tienes una opinión muy elevada de tí mismo. Eso era lo que estaba mal con los Fariseos. Ellos pensaban que eran buenos los suficiente, a su manera. ¿Podría ser esa la razón por la que tropiezas en vez de venir a Cristo? ¿Podría ser que no estás dispuesto a admitir que de verdad no eres nada más que un “perrillo” pecaminoso ante los ojos de Dios? En uno de sus grandes sermones, el Dr. Lloyd-Jones preguntó: “¿Eres tú un éxito? ¿Estás muy complacido y satisfecho contigo mismo? ¿Está todo bien con tu alma? ¿Jamás caes, ni pecas? ¿Tu propio corazón no te condena? ¿Cuánto más entonces ¡un Dios Santo!…¿Puedes limpiar tu [propia] alma y purificar tu [propio] espíritu? ¿Puedes tú, con todos tus esfuerzos, ameritar por tí mismo aquel vestido de justicia sin mancha? ¿Sin él, estás condenado a la muerte y la miseria eterna. No sirve de nada dejar de pensar en ellos y olvidarlo. ‘El día se viene acercando más, la noche ya casi pasó.’ ¿Estás listo? ¡Oh! Date cuenta de la terrible posición en que te hallas y [corre] a Jesucristo” (traducción libre de Martyn Lloyd-Jones, M.D., Evangelistic Sermons at Aberavon, The Banner of Truth Trust, 2001, pp. 248-249).

Cristo no salvará a aquellos que son orgullosos y satisfechos en sí mismos. Él solamente salvará a aquellos que son humildes y que están consientes de su pecado. Como lo puso Joseph Hart en uno de sus himnos:

No al justo, no al justo,
Jesús vino a llamar a los pecadores.
   (“Come, Ye Sinners” por Joseph Hart, 1712-1768).

Solamente cuando estés consiente de que estás desesperadamente perdido, solamente entonces vendrás a Cristo. Tú jamás lo conocerás si no estás dispuesto a venir a Él como lo hizo esta mujer. Esa es la única manera de ser salvo por Él. Nuestro diácono Dr. Cagan, experimentó eso cuando cedió a Cristo una noche en una reunión evangelistica. Y al igual que el Dr. Cagan, la mujer Sirofenicia vino a Jesús.

“Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!” (Mateo 15:25).

“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres” (Mateo 15:28).

Tú quizá piensas que tu propia fe es demasiado pequeña, no tan grande como la de ella. Quizá sea cierto - pero recuerda que no es la cantidad de fe que tengas la que te salva! ¡Oh, no! Es Cristo quien salva a los pecadores. Es Cristo quien murió en la Cruz para pagar la pena de tu pecado. Es Cristo quien ha resucitado y esta sentado a la diestra de Dios en el Cielo. Si tú vienes a Él, aun con fe débil, aun con muy poca fe, Él te salvará. Tu fe puede ser débil, pero Cristo es poderoso. Olvídate de la cantidad de fe que tengas, y simplemente ven a Él. Todos los que vengan serán recibidos por Él.

“Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37).

En la posición desesperada en que te hallas, cara a cara con Dios en Su ley, ven a Jesucristo y Él lavará tus pecados con Su Sangre y te vestirá en Su propia justicia ajena. Sí, justicia ajena - ¡no tu propia justicia sino que la de Él! Él te vestirá en Su propia justicia y te salvará de la ira de Dios. Cede a Cristo. Ven a Cristo. Cree en Cristo, recordándo que Él dijo:

“Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37.).

¿Vendrás y arrojarás a Jesús incondicionalmente esta mañana? Si lo haces Él te salvará. Si no, ya estás condenado y viviendo bajo la condenación de Dios en este mismo momento. Simplemente ven a Cristo y la condenación se quita, tus pecados se perdonan, y tendrás la vida eterna en Cristo Jesús. Tus pecados serán perdonados y lavados por Él, y tú tendrás vida eterna en Él.

¿Vendrás y te arrojarás a Jesús incondicionalmente esta mañana? Si lo haces Él te salvará. Si no, ya estás condenado y viviendo bajo la condenación de Dios este mismo momento. Simplemente ven a Cristo y la condenación se quita, tus pecados se perdonarán y lavarán por Él, y Su justicia ajena te será imputada a tí. “Vestido en su justicia nada más, Sin macula ante el trono a estar” (“The Solid Rock” por Edward Mote, 1797-1874).

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).

¿Perecerás tú eternamente en el Infierno tal como los Fariseos orgullosos, o vendrás humildemente a Jesús y ser salvo por Él?

(FIN DEL SERMN)
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La Escritura Leída por el Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón:
Mateo 15:1-9; Mateo 15:21-28.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“For All My Sin” (por Norman Clayton, 1943).


EL BOSQUEJO DE

LOS FARISEOS Y LA MUJER DE CANAAN EN CONTRASTE

por Dr. R. L. Hymers, Jr.


“Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres…” (Mateo 15:28).

I.   Aquellos que se acercan a Jesús de la manera equivocada no 
hallan la salvación en Él, Marcos 7:24 (cf. Marcos 7:22).

II.  Aquellos que se acercan a Jesús de la manera correcta sí hallan
la salvación en Él, Mateo 15:22; Genesis 32:26; Mateo 15:26-27;
Mateo 15:25, 28; Juan 6:37; Marcos 16:16.