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PENSAMIENTOS MIENTRAS
ME PASEABA POR UN MAUSOLEO

por Dr. Robert Hymers

Un sermón predicado la mañana del Día del Señor, 6 de Noviembre de 2005
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (II Corintios 4:18).


La semana pasada asistí a dos funerales. El día Martes Ileana y yo fuimos al funeral de un joven que murió a los veinticuatro años de edad. El día Miércoles fui al servicio memorial de un hombre que murió a los setenta y ocho años de edad. Fui al funeral del hombre mayor solo porque Ileana estaba ocupada en la casa. Después del funeral le di la mano a varias personas y me preguntaba qué hacer con un par de horas, ya que el servicio tomó lugar en el condado de Orange y terminó a las 4:00 PM. Yo no quería batallar con el tránsito en mi regreso a Los Ángeles, así que decidí matar el tiempo paseándome en el cementerio. Era un cementerio ya viejo que fue inaugurado a principios del siglo veinte. Anduve por las partes más viejas del cementerio, viendo las lápidas anticuadas, y los nombres y fechas de los que fueron enterrados allí. Luego conduje hacia un mausoleo de piedra, gris y tétrico - pero vi una luz por dentro, estacioné mi carro y subí las gradas de mármol. Todo estaba silencio. Al entrar oí el eco de mis propios pasos en el edificio. Como acostumbro en dichos lugares, tomé tiempo para leer muchas de las inscripciones al frente de los nichos donde los muertos yacen en las frías paredes de mármol de sus nichos.

De repente el silencio fue roto por la música rock. La cual no parecía adecuada en un lugar como este edificio austero. Me preguntaba de donde venía cuando de repente una mujer Hispana mayor se apareció y empezó a desempolvar el lugar. En realidad la música no me disturbó, aunque sí parecía estar fuera de orden. Luego la apagó y se fue. Yo seguí caminando de un lado de los corredores al otro, leyendo las inscripciones en las tumbas de los muertos que fueron puestos en esas paredes, algunas tenían fechas hasta de 1916, cuando el cementerio y el mausoleo fueron inaugurados. Yo pensaba sobre las vidas de aquellos, jóvenes y viejos que estaban enterrados en aquellos nichos en las paredes. Pensaba sobre sus sueños, las batallas que tuvieron en vida, y si acaso habían sido salvos o no, si en realmente fueron gente Cristiana al vivir y al morir - algunos de ellos hace mucho tiempo. Un verso del libro de Eclesiastés me vino a la mente:

"El corazón de los hijos de los hombres está lleno de mal y de insensatez en su corazón durante su vida; y después de esto se van a los muertos" (Eclesiastés 9:3).

Y luego pensé sobre las batallas, los dolores de corazón y lamentos que padecieron en sus vidas sobre la tierra, y me preguntaba cuanto habrán logrado en la vida que tuviese un verdadero significado, o cualquier valor perpetuo. Y andando en aquellos corredores fríos de mármol de aquel edificio, cuando la caída del sol dejaba la luz pálida del día filtrar las ventanas opacas de vidrio pintado en aquella tarde fría de Noviembre, me preguntaba cuantos de ellos estaban en el Cielo, y cuantos en el Infierno.

Al final partí, entré a mi vehículo y me fui. Llevando pensamientos graves conmigo. Y luego me vino a la mente este verso:

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (II Corintios 4:18).

Luego me di cuenta de que en este verso hay un mensaje que no solamente ilumina mis cavilaciones del cementerio, sino que le habla a cada persona, joven y vieja, aquí con nosotros en la iglesia esta noche.

Al meditar en este verso, tuve tres pensamientos en la mente.

I. Primero, la diferencia entre "ellos" y "nosotros".

El Apóstol empieza el texto con las palabras "no mirando nosotros las cosas que se ven..." (II Corintios 4:18). Quiero que notes que pone en contraste la diferencia entre "ellos" y "nosotros", o "sus, los" y "nuestros, nos" en estos capítulos. Él dice:

"Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos" (II Corintios 3:15).

Con eso él quiere decir que

"El entendimiento de ellos se embotó" (II Corintios 3:14).

Él nos dice que esta condición ciega permanece cuando leen la Escritura. Él concluye diciendo:

"Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto" (II Corintios 4:3).

Así que ellos tienen un velo que cubre sus corazones. El entendimiento de ellos está embotado [cegado] cuando leen la Biblia. La verdad y el valor del evangelio está "encubierto" para ellos.

Luego el Apóstol contrasta a "ellos" con "nosotros". Él dice:

"Teniendo [nosotros] tal esperanza, usamos de mucha franqueza" (II Corintios 3:12).

Él dice:

"Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor" (II Corintios 4:5).

Él dice:

"Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo" (II Corintios 4:6).

Y luego, en nuestro texto dice:

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven..." (II Corintios 4:18).

¿Ves el contraste entre los salvos y los perdidos? Ellos tienen un velo que cubre sus corazones. El entendimiento de ellos está cegado cuando leen la Biblia. Para ellos la verdad y el gran valor del evangelio están "encubiertos". Pero nosotros "teniendo...esperanza". Nosotros "predicamos a...Jesucristo como Señor". La luz de Dios "resplandeció en nuestros corazones" para darnos conocimiento de Jesucristo. "No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven".

No puedo pensar en otro pasaje de la Escritura que sea más claro que este respecto a la diferencia entre los salvos y los perdidos. La diferencia es simple. Los salvos tienen fe. Los perdidos no tienen fe. Pueden tener conocimiento mental de la Biblia, pero no tienen fe. Pueden saber el plan de salvación. Pueden saber los hechos del evangelio. Pero no tienen fe en Cristo.

"Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve" (Hebreos 11:1).

El Dr. Ryrie dijo: "La fe en este gran verso se describe como la seguridad (o realidad)...de lo que se espera, la convicción...de las cosas que no se ven. La fe da realidad y prueba de las cosas que no se ven, tratándolas como si ya fuesen objetos a la vista..." (traducción de la nota sobre Hebreos 11:1 de The Ryrie Study Bible).

Esta, pues, es la diferencia entre los salvos y los perdidos. Nosotros tenemos fe en Cristo. Ellos no tienen fe en Él. Ellos pueden ver solamente el mundo material. Pero

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven..." (II Corintios 4:18).

Esa es la primera diferencia, la diferencia entre aquellos que tienen fe en Cristo y aquellos que no tienen fe el Él.

Si tú no tienes fe en Cristo, tu futuro es muy oscuro. Te diriges al cementerio, y al Infierno,

"Sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12).

II. Segundo, la diferencia entre lo físico y lo real.

Mira nuestro texto otra vez,

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven..." (II Corintios 4:18).

Nosotros tenemos la tendencia humana depravada de tratar las cosas que vemos como reales y las que no vemos como si no lo fuesen. En la filosofía este punto de vista tiene un nombre. Se llama "materialismo mecánico". Quiere decir que aparte del mundo material no existe nada más, solo lo que puedes ver, sentir y tocar. Pero nosotros, como Cristianos decimos que el materialismo mecánico está equivocado. El Dr. A. W. Tozer habló del tema en su maravilloso artículo titulado: "El Mundo de la Biblia es el Mundo Real" [traducido]. El Dr. Tozer dijo:

    El mundo como lo veían los hombres y mujeres de la Biblia era un mundo personal, caluroso, intimo, poblado. Su mundo contenía primero a Dios, quien lo había creado, que aun moraba en él como en un santuario y que se podría encontrar caminando entre los árboles del huerto si acaso los ojos humanos estaban suficientemente aclarados para ver. Y también estaban presentes muchos seres enviados por Dios para ser ministros de los que eran herederos de la salvación. Ellos también reconocían la presencia siniestra de las fuerzas que debían oponer y las que podían conquistar al apelar a Dios en oración...
    [Pero] el mundo de hoy consiste de espacios grandes y sin limite, que aquí y allá tienen a distancias remotas otros cuerpos ciegos e insignificantes, controlados solamente por leyes naturales de las cuales no se pueden escapar. Ese mundo es frío e impersonal y totalmente inhabitado, con la excepción del hombre, el pequeño ser que se pega al suelo...
    Los ojos ciegos de la gente moderna no pueden ver lo invisible, pero eso no destruye la realidad de la creación espiritual. La incredulidad nos ha privado del consuelo de un mundo personal. Hemos aceptado el mundo vacío e insignificante de la ciencia por cierto, olvidando que la ciencia es válida solamente cuando tratamos con las cosas materiales y no puede saber nada respecto a Dios y al mundo espiritual...
    La Biblia nos dice de otro mundo demasiado refinado para los instrumentos de los estudios científicos. Por la fe asimos aquel mundo y lo hacemos nuestro. Sí nos es accesible por medio de la sangre del pacto eterno. Si creemos aun ahora podremos disfrutar de la presencia de Dios...

Yo pensaba en el artículo del Dr. Tozer al caminar del cementerio al mausoleo el Miércoles pasado. Los árboles estaban fríos con el cielo gris al fondo. El mausoleo era aun más frío - duro, de piedra. Ausente de sonido aparte del de mis pies en el piso de mármol. A ese lugar irá tu cuerpo si no tienes a Cristo,

"Sin esperanza y sin Dios en el mundo" (Efesios 2:12).

Pero

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven..." (II Corintios 4:18).

Esa es la diferencia entre "ellos" y "nosotros". Ellos ven solamente lo material, solamente su trabajo, solamente su escuela, solamente su vida terrenal. Pero nosotros vemos las cosas "que no se ven".

III. Tercero, la diferencia entre lo temporal y lo eterno.

Leamos de pie nuestro texto otra vez.

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (II Corintios 4:18).

Se pueden sentar.

El Miércoles pasado al pasearme en los corredores del mausoleo, leí los nombres de aquellos cuyos cuerpos fueron puestos en las paredes detrás del mármol. Pensaba sobre sus sueños y batallas en vida, y me preguntaba lo que sus vidas significaron. ¿Adónde están ahora? Seguramente fueron algo más que momias encerradas en piedra. ¿Están con Cristo? ¿En el Infierno? ¿Por qué causa vivieron - si acaso hubo alguna?

Y luego pensé en mi mismo. Pronto mi cuerpo yacerá en el sepulcro como ellos. El único recuerdo mío quedará escrito en una piedra. Pronto ya no habrá nadie en la tierra que me recuerde. Igual que los Faraones, cuyas tumbas fueron saqueadas, cuyos cuerpos fueron esparcidos a los cuatro vientos, también mi nombre y recuerdo sería olvidado para siempre. También mi vida vivida, mis batallas peleadas, mis triunfos llegados y marchados - todo para nada - sin Cristo.

Tú también debes pensar más allá de lo temporal si esperas hacerte Cristiano. Debes sacar la cabeza de la rutina diaria y contestar aquella pregunta aguda de Poncio Pilato:

"¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?" (Mateo 27:22).

Tu respuesta a esa pregunta determinará tu destino eterno.

"¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?"

"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (II Corintios 4:18).

(FIN DEL SERMÓN)
Tú puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet,
en www.rlhymersjr.com. Oprime "Sermones en Español."


La Escritura Leída por el Dr. Kreighton L. Chan Antes del Sermón: II Corintios 4:3-18.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
"Is My Name Written There?" (por Mary A. Kidder, 1820-1905).


EL BOSQUEJO DE

PENSAMIENTOS MIENTRAS
ME PASEABA POR UN MAUSOLEO

por Dr. Robert Hymers


"No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (II Corintios 4:18.).

I.   Primero, la diferencia entre "ellos" y "nosotros",
II Corintios 4:18a; 3:15, 14; 4:3; 3:12; 4:5, 6;
Hebreos 11:1; Efesios 2:12.

II.  Segundo, la diferencia entre lo físico y lo real,
II Corintios 4:18b; Efesios 2:12.

III. Tercero, la diferencia entre lo temporal y lo eterno,
II Corintios 4:18c; Mateo 27:22.