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NO LO ESTIMAMOS

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en la mañana del Día del Señor, 16 de Enero de 2005
en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles

"Como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos" (Isaías 53:3).


Se podría traducir:

"Como uno del cual los hombres esconden la cara, fue despreciado, y no lo estimamos".

Este es el estado natural de toda la gente. Todos los que no son convertidos esconden su rostro de Cristo y no lo estiman.

"No lo estimamos" (Isaías 53:3).

Probablemente piensas que eso no es cierto de tí - pero sí lo es. Esto está probado por tu:



1. Falta de amor por Cristo (sin pensamientos interiores de la belleza de Cristo).

2. Falta de interés en la Biblia (la lectura Bíblica diaria no te deleita).

3. Falta de oración en secreto.

4. Falta de gratitud hacia Cristo por Su sufrimiento en tu lugar (no te parece una maravilla).

Si eres honesto contigo mismo, admitirás que esas cosas son ciertas en tu caso.

"No lo estimamos" (Isaías 53:3).

Además, es por esta razón que tú tratas de "entender" cómo ser salvo. Tú tratas esto y lo otro, pero no descansas en Cristo - porque tú no lo estimas.

Escucha al Dr. W. G. T. Shedd:

"El Espíritu Santo no regenera a un hombre hasta que este sea un hombre convicto… un sentido de culpa y de peligro es un 'preparativo' para libralo" (Shedd, Dogmatic Theology, P and R Publishing, 2003 reimpresión, p. 775).

A menos que tengas un sentido de culpa y de peligro no considerarás importante el sacrificio de Cristo.

"No lo estimamos" (Isaías 53:3).

I. Primero, tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente hasta
que hayas terminado de jugar.

Tú oyes del sufrimiento de Cristo, pero no tiene efecto alguno en tí. Tú oyes de la pasión de Cristo y te causa lástima o repugnancia - pero esto solamente dura corto tiempo. Después de unos cuantos minutos tu mente vuelve a pensar en otras cosas.

"Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden" 
      (I Corintios 1:18).

Tú no lo admites, pero este es, de hecho, el estado de tu corazón. Si ese no fuese el verdadero estado de tu corazón, estarías abrumado con el solo pensamiento de la pasión de Cristo. Su sufrimiento en tu lugar te llenaría de gran angustia. Se aparecería en tu mente constantemente.

Piensa interiormente. ¿No es cierto que tú sabes del sufrimiento de Cristo pero has pensado muy poco sobre ello? ¿No es cierto? Y si eso es cierto dentro de tí, no es cierto que - en la realidad - "La palabra de la cruz es…locura" para tí? Consideralo interiormente.

¿No es cierto que el sufrimiento de Él debería haberte capturado? ¿No debería haberte quebrantado por dentro? ¿No debería haberte abrumado con dolor y tristeza - que Él haya pasado por todo eso para expiar por tus pecados? ¿No deberías haber sentido más angustia y dolor de lo que sentiste? Y el hecho que tuvo tan poco efecto en tí - ¿no demuestra eso que aún estás jugando - jugueteando con Cristo? Sé honesto contigo mismo. Consideralo en tus adentros. ¿No eres tú uno de los cuales se dice que:

"No lo estimamos" (Isaías 53:3)?

Tú no considerarás a Cristo y a Su sufrimiento de gran importancia hasta que hayas terminado con tus juegos.

II. Segundo, tú no estimarás a Cristo y a Su sufrimiento altamente
hasta que tengas miedo de la muerte.

El temor de la muerte no es un estado anormal para nada. Mucha gente piensa que sí. Piensan que tener miedo de la muerte es algo extraño y raro. Pero están equivocados. Es la gente normal la que le teme a la muerte. El Dr. Chan, uno de nuestros diáconos, cuando era niño se hizo una persona mórbida y muy temerosa de la muerte. Le agarraba el temor de morir constantemente. No podía sacarlo de su mente. Con razón el fue convertido al oirme predicar tan solo uno de mis sermones del evangelio. Dios había preparado su corazón. Dios lo había hecho temer la muerte y el juicio tanto, y por tanto tiempo, que para él fue un alivio oirme predicar la salvación y la vida eterna mediante Cristo. El gran evangelista John Wesley también tuvo un mórbido temor de la muerte antes de su conversión. Igual el gran reformador, Lutero. También nuestro padre Bautista, John Bunyan. Así deberías hacerlo tú. Cristo vino a:

"Librar a todos los que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre" (Hebreos 2:15).

Él vino a librar a aquellos que temían la muerte y estaban sujetos a esclavitud toda su vida. Pero yo digo que es la gracia de Dios y Su misericordia las que ponen a alguien en ese estado de mente. Sin la misericordiosa gracia de Dios, el hombre pondría la muerte completamente fuera de su mente, y no pensaría seriamente sobre este tan importante tema, si acaso lo hace.

Cuando una persona se siente atada por el temor de la muerte, es generalmente porque la gracia de Dios esta obrando en su corazón. De otro modo, estaría muy desinteresada, y pensaría poco sobre ello. Seguramente no estaría sujeta o esclava al temor de la muerte si esto no fuese producido dentro de ella por la gracia de Dios. Como John Newton lo puso en su famoso himno: "Sublime Gracia", "La gracia me enseñó a temer". David habló del temor de la muerte preparando a una persona para la salvación cuando dijo:

"Terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblos vienieron sobre mí y terror me ha cubierto. Y dije:…me apresuraría a escapar" (Salmo 55:4-8).

Dios mismo le mandó "terrores de muerte" a David para "apresurarse a escapar" de ellos.

Te aseguro que no estimarás a Cristo, ni lo considerarás de gran importancia, hasta que tú estes sujeto al temor de la muerte, y hasta que por la gracia de Dios hayan caído sobre ti los terrores de muerte. Y si nunca experimentas alguno de los "errores de muerte", dudo que alguna vez llegues a considerar a Cristo de gran importancia, y a Su sacrificio de Sangre para salvarte de ella. Tú no estimarás a Cristo hasta que hayas tenido algun temor de la muerte. Aún se dirá de tí:

"Como que escondimos de él el rostro…y no lo estimamos"
    (Isaías 53:3).

III. Tercero, tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente
hasta que te des por vencido.

No podrás ser convertido a Cristo mientras que sigas pensando que puedes vencer los obstáculos y problemas de la vida con tu propia fuerza. La única gente que yo sé que ha experimentado la verdadera salvación en Cristo, es la que ha dejado toda esperanza en sí misma y en sus propias abilidades. ¿Has considerado esto interiormente? Dentro de tu propia cabeza, ¿has pensado "Soy demasiado depravado y raro, y estoy demasiado arruinado por dentro para ser Cristiano"? a menos que tus pensamientos interiores fluyan de este modo, y a menos que tengas esos pensamientos, no veo ninguna esperanza de que llegues a estimar a Cristo, de considerarlo lo suficientemente importante para buscarlo con todo tu corazón. ¿Por qué necesitas a Cristo si piensas que puedes solucionar todos tus problemas por tí mismo?

Pero cuando el Espíritu de Dios empiece su obra en tu alma, entonces dirás de tí mismo:

"¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Romanos 7:24).

Cuando veas tu propia debilidad, y dentro de tí veas la rebelión y contaminación en tu corazón, serás llevado a decir esas palabras en tu propia mente:

"¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Romanos 7:24).

Es en este estado de mente , ya habiendo dejado toda fe en tí mismo, que eres preparado para estimar a Cristo, y considerarlo de suma importancia, como el único que puede ayudarte y salvarte de la miseria de tu pecado, y del juicio venidero. Hasta el día que te des por vencido, se dirá de ti:

"Como que escondimos de él el rostro…y no lo estimamos"
    (Isaías 53:3).

IV. Cuarto, tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente
hasta que seas convencido y convicto de pecado.

David dijo:

"Yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Contra tí, contra tí solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos" (Salmo 51:3-4).

Esta es la convicción, quizá sean los versos más grandes en la Biblia sobre la conversión verdadera. Y si tú nunca has sentido algo de eso, tú nunca estimarás a Cristo lo suficiente para venir a Él de modo que salva, para la justificación y la imputación de Su justicia a tu archivo pecaminoso. El Dr. Shedd dijo.

"Las dificultades con [la conversión] vienen del hecho de que los hombres…hacen objeciones desde el punto de vista y posisión de un pecador inconverso. Niegan que ellos son pecadores incapaces; o niegan que el pecado requiere castigo sin fin; o niegan que el pecado requiere expiación vicaria para remisión. Una mente que [pone en duda estas cosas] no está preparada para la [conversión]" (W. G. T. Shedd, Dogmatic Theology , P and R Publishing, 2003 reimpresión, p. 777).

La mera "palabra de la cruz es locura a los que se pierden" (I Corintios 1:18). Parecen muchas palabras, o "así termina todos sus sermones", y tu mente se apaga el momento preciso en que necesitas escuchar como si tu vida dependiese de ello - porque de hecho así es.

No obstante, cuando empiezo a predicar sobre la muerte vicaria de Cristo y en Su Sangre lavando tus pecados, tú "apagas la sintonía" y dejas vagar tu mente. Es cierto, debe ser cierto que la predicación de la Cruz no es nada más que las locas palabras del predicador. ¿Por qué es esto tan cierto de tí, en tus adentros? ¿Por qué la pasión de Cristo te parece de tan poca importancia que bajas la vista cuando la menciono? La respuesta es simple. Tú no estás convicto de pecado. Si estuvieses convicto de pecado, como lo estuvo David, exclamarías con él:

"Mi pecado está siempre delante de mí" (Salmo 51:3).

Tú verías claramente tu necesidad de Cristo y Su pasión, y Sangre.

Así que, yo digo que no considerarás a Cristo de suma importancia hasta que estés convencido y convicto de tu pecado. A menos que estes convicto de tu pecado, serás uno de los que describe nuestro texto:

"Como que escondimos de él el rostro…y no lo estimamos"
    (Isaías 53:3).

Tú nunca considerarás a Cristo de suma importancia, no lo estimarás en gran manera,

hasta que hayas terminado de jugar;
   hasta que tengas temor de la muerte;
       hasta que te des por vencido;
           hasta que estés convencido y convicto de pecado.

Si no experimentas esas "preparaciones", nunca vendrás por simple fe a Jesús ni te darás cuenta que, después de todo, "por sus llagas fuimos nosotros curados" (Isaías 53:5).

Si este sermón te ha hecho pensar, espero que vengas a verme a mi o a uno de los diáconos ahora mismo. Si quieres con nosotros acerca de hacerte Cristiano y ser salvo por Jesús, por favor vete a la parte trasera del cuarto cuando inclinemos nuestros rostros en oración.


(FIN DEL SERMÓN)

La Escritura Leída por el Dr. Kreighton L. Chan antes del Sermón: Isaías 53:1-6.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith antes del Sermón:

"Mi Alma El Compró" (por Stuart Hamblen, 1908-1989).

EL BOSQUEJO DE

NO LO ESTIMAMOS

por el Dr. R. L. Hymers, Jr.

 

"Como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos" (Isaías 53:3).

I.   Tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente hasta
que termines de juguetear, I Corintios 1:18.

II.  Tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente hasta
que tengas temor de la muerte, Hebreos 2:15; Salmo 55:4-8.

III. Tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente hasta
que te des por vencido, Romanos 7:24.

IV. Tú no estimarás a Cristo y Su sufrimiento altamente hasta
que estés convencido y convicto de pecado, Salmo 51:3-4;
Isaías 53:5.

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