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UNA CONVERSIÓN FALSA REVELADA Y EXAMINADA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 12 de Febrero del 2017

“Despreciado y desechado entre los hombres…y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3).


He estado leyendo el “testimonio” de una joven que se declaró salva. Pero ella no fue salva esa noche, y todavía no es salva. La forma en que sabemos que no fue salva es porque John Cagan fue el principal objeto de su falsa conversión.

1.  Su testimonio era una copia aproximada a la del testimonio de John. Ella escuchó el testimonio de John desde el púlpito el 10 de Julio, y se le dio una copia para llevar a casa y leerla. Había más o menos memorizado el testimonio de John. Así que cuando oyó a John hablar de nuevo el 27 de Agosto, lo había leído varias veces y había copiado las partes principales de su falsa conversión aquella noche. Escucha las palabras de él, y luego las de ella para ver cómo lo copió. John dijo: “Puedo recordar el momento de mi conversión”. Ella dijo: “La noche del 27 de Agosto será grabada para siempre en mi memoria”. John dijo, “Yo todavía no tendría a Jesús”. Ella dijo: “Yo no quería a Jesús”. John dijo que “había crecido en una buena iglesia y todavía se había vuelto contra [Jesús]”. Ella dijo que ella era “una niña de la iglesia, una persona nacida en la iglesia que rechazó a Jesús a cada paso”. John dijo: “Yo estaba contando los segundos hasta que el sermón se terminó”. Ella dijo: “Yo odiaba estar en la iglesia bajo [el] Evangelio”. John dijo: “Aun cuando se dio la invitación me resistí”. Ella dijo, “Yo no quería ir y ser aconsejada”. John dijo, “Yo sabía que yo era el peor pecador posible que podría ser”. Ella dijo: “Mi pecado era todo sobre mí”. John dijo, “Yo podía sentir mi terquedad deteniendo mis lágrimas”. Ella dijo, “Traté desesperadamente de secar mis lágrimas”. John dijo, “Empecé a odiarme”. Ella dijo, “Yo me odié a mí misma. John dijo, “Quería confiar en Jesús y no pude, no pude ir a Jesús por mi propia voluntad”. Ella dijo: “Yo no podía confiar en Jesús...no importa cuánto lo intenté”. John dijo: “Yo estaba atrapado en un conflicto”. Ella dijo: “Era una situación imposible”. John dijo: “¡Tenía que tener a Jesús! En ese momento me rendí a Él”. Ella dijo: “De repente, supe que tenía que tener a Jesús”. En un instante, confié en Él.


Podría seguir y seguir, pero es obvio que estaba copiando el testimonio de John. ¡Y un testimonio copiado nunca salvó a nadie!

2.  Pero ella omitió algo que dejó muy claro que era un testimonio falso. John dio un párrafo completo y otro medio párrafo sobre Jesús y el amor que Jesús tenía por Él. Ella no dijo nada sobre el Evangelio. Ni una frase completa. Sólo “Él lavó mis pecados con Su Sangre”. Ni una palabra acerca de Jesús sufriendo y muriendo en su lugar. ¡Ni una palabra!

3.  Su testimonio consistió en tres párrafos completos sobre John – ¡y sólo la mitad de una oración sobre Jesús! ¡Este fue un testimonio centrado en John Cagan! No un testimonio centrado en Jesús. El suyo era un testimonio sobre John Cagan. No citó la Biblia una sola vez. Pero citó a John Cagan. Él dijo: “Estas a un mal fin de semana de dejar la iglesia”. Ella dijo: “Eso es tan cierto, pensé”. ¡Qué, no era cierto en absoluto! Había otra joven de la que sí era verdad. Y la otra joven se marchó después de “un mal Domingo”. Pero esta joven no estaba ni cerca de irse de la iglesia “después de un mal fin de semana”.
      Ella escribió un hermoso testimonio, pero era todo sobre John Cagan, y lo que él dijo. Ella dijo: “Escuché a John cantar ‘Tal Como Soy’, y de repente...Confié en Él”. Pero ese “Él” no era Jesús. ¡Ese “Él” era John Cagan! ¡Oyó a John cantar y confió en John! ¿Por qué confió en John en lugar de Jesús? La respuesta está en nuestro texto de esta mañana. El profeta Isaías dijo esto acerca de Jesús –

“Despreciado y desechado [por] los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3).

El “él” en este versículo no es el predicador, aunque sea un joven encantador como John. El predicador no es el que es despreciado y rechazado. El predicador no es de quien escondemos nuestros rostros. Las almas perdidas de la persona desprecian, rechazan, y ocultan nuestros rostros. ¡No! ¡No! La persona que es rechazada por las almas perdidas es Jesús. Es de Jesús de quien nos escondemos. Es Jesús quien es despreciado y rechazado por pecadores perdidos como tú. Puede que no te guste un viejo como yo. Eso no es importante. Puede que te guste un joven fuerte y atlético como John. Eso tampoco es importante. Te guste o no el predicador – es a Jesús a quien desprecias y rechazas. ¡Es Jesús a quien rechazas! ¡Es Jesús a quien rechazas! Es Jesús a quien rechazas. Puedes confiar en un predicador, pero nunca confiarás en Jesús en tu condición presente. ¡Nunca! ¡Nunca! ¡Nunca!

4.  Ella omitió algo más que estaba en el testimonio de John. John dijo: “Esas semanas [antes] de mi conversión me sentía morir. No dormía, no podía sonreír, no podía encontrar ninguna forma de paz...No podía dejar de sentirme tan atormentado. Yo estaba completamente agotado... Comencé a odiarme a mí mismo, a odiar mi pecado...mis pecados se hicieron peor y peor...No podía soportarlo más...Estaba tan cansado de luchar, estaba tan cansado de todo lo que yo era”. ¡Recuerda, John Cagan se sintió así por semanas! Dijo: “Esas semanas [antes] de mi conversión me sentía morir. No dormía, no sonreía...No podía sonreír”. Pero no había nada ni siquiera cerca de eso en el testimonio de la joven. Sólo tuvo un momento de convicción. En su testimonio ella vino sonriendo a la iglesia, fue encantada por las palabras de John, y salió sonriendo. El gran teólogo W. G. T. Shedd dejó claro que “El Espíritu Santo no suele [convertir] a un hombre hasta que es un hombre convencido” (Dogmatic Theology, vol. 2, p.514). El Dr. Lloyd-Jones dijo que debes estar aterrorizado del juicio de Dios y tener una agonía de alma...“durante días, semanas y meses” (Sermon on the Mount, vol. 1, p. 235). John tuvo eso y fue salvo. La joven no tuvo eso y sigue perdida.


¡En tu estado actual nunca confiarás en Jesucristo Mismo! Confiarás en una sensación. Confiarás en una doctrina, incluso en una doctrina acerca de Jesús – diciendo: “Confío en que Jesús murió por mí”. Confiarás en “eso” – ¡pero nunca confiarás en Jesús! ¿Por qué no? Porque eres descendiente de Adán, el hombre que trajo el pecado a la raza humana. El hombre que arruinó a todo el género humano por su desobediencia y rebelión contra Dios. Es de Adán de quien heredaste el pecado original. Es la sangre de Adán en tus venas, el sello de Adán en tus genes y el pecado de Adán en tu corazón. “Pecado original” significa que la pecaminosidad marca a todos desde el nacimiento. Es de Adán que heredaste un corazón que desprecia a Jesús. Es de Adán que escondes tu rostro de Jesús. Recuerda que Adán se escondió de Jesús en los árboles del Huerto del Edén. Recuerda que Adán fue envenenado por el pecado, y por eso escondió su rostro del Jesús pre encarnado. Es Adán quien dijo a Jesús: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo…y me escondí” – me escondí de Jesús (Génesis 3:10). Y tienes la naturaleza de Adán. El corazón de Adán que rechaza a Jesús es tu corazón, porque tu corazón heredó su pecado de Adán. La Biblia de Estudio de la Reforma dice que tú tienes un corazón naturalmente pecaminoso. Dice: “Esta pecaminosidad interior...es transmitida a [ti] de Adán...no somos pecadores porque pecamos, pecamos porque somos pecadores, nacimos con una naturaleza esclavizada al pecado...Ninguna parte de [ti] está intacta del pecado, Y ninguna acción [tuya] es tan buena como debería ser” (nota en la página 781).

La “caída” de Adán en el pecado te ha hecho pecador por herencia. El pecado de Adán te ha sido imputado. Por lo tanto, eres un pecador por naturaleza. Tu corazón está arruinado. Tu corazón está ciego. Tu corazón se esconde de Jesús cuando Él viene a llamarte, “Adán, ¿Dónde estás tú?" (Génesis 3:9). Rebekah, ¿dónde estás tú? Julie ¿dónde estás tú? Robert, ¿dónde estás tú? Jason, ¿dónde estás tú? Pecador, ¿dónde estás tú? Y la respuesta de Adán es tu respuesta: “Oí tu voz…y tuve miedo…y me escondí” (Génesis 3:9, 10). “Y como que escondimos...de él el rostro” (Isaías 53:3).

¡Es por eso que confiaste en John Cagan en vez de Jesús! ¡Es por eso que algunos de ustedes confían en mí en lugar de Jesús! ¡Es por eso que confiaste en un “sentimiento” en vez de Jesús! Es por eso que confiaste en cosas sobre Jesús, “que Él hizo” por mí, ¡doctrinas sobre Jesús pero no Jesús Mismo! Es por eso que el propio John Cagan “despreciaba por completo a mi pastor [yo] y a mi padre [Dr. Cagan]”. Es por eso que John Cagan dijo: “A pesar de que todo mi pecado me condenaba, ¡todavía no tendría a Jesús!” Es por eso que John Cagan, de quince años, rechazaba a Jesús. Le dije a John: “Ven a Jesús”, pero John dijo: “No lo hice. A pesar de que todo mi pecado me condenaba, todavía no tendría a Jesús...Yo no me rendía a Él”. Es por eso que la Biblia enseña que un pecador perdido como tú hará casi cualquier cosa en lugar de confiar en Jesús.

“Despreciado y desechado entre los hombres…y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3).

No puedes ser salvo nunca, no importa lo que hagas. No importa lo que digas. No importa lo que sientas o no sientas. No importa si dices “que Él me salvó”. Eso es sólo confiar en una doctrina – ¡pero escondes tu rostro de Jesús Mismo! ¡Por eso desprecias y rechazas a Jesús!

Y sin embargo, sólo Jesús puede ayudarte. Y sin embargo, sólo Jesús puede liberarte de la maldición de Adán que te mantiene como esclavo del pecado. Y sin embargo, sólo Jesús puede quitarte el corazón endurecido y darte un corazón nuevo.

Era después de la medianoche. La comida había sido comida. Una canción había sido cantada. Entonces Jesús sacó a sus hombres en la noche. Caminaron por el lado de una colina, a través de un pequeño arroyo, y una corta distancia hasta otra colina – hacia el Huerto de Getsemaní. Jesús dejó a Sus Discípulos y entró en la oscuridad de medianoche del Huerto. ¡Solo allí en ese Huerto Jesús oró en gran agonía! Él luchó y oró hasta que el sudor corrió por Su rostro, y de Su cuerpo. Pero no era un sudor normal. La Biblia dice,

“Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44).

¿Por qué sudó Sangre en ese Huerto? Es porque Dios puso sobre Jesús todo tu pecado – el pecado de millones de personas que más tarde confiarían en Él. Jesús fue exprimido en un molino, mientras el juicio de Dios y tu pecado cayeron sobre Jesús. Jesús sudó Sangre mientras tus pecados fueron colocados en Su alma por Dios el Padre. Ellos vinieron y lo arrestaron. Ellos lo golpearon. Ellos lo maltrataron. Finalmente, clavaron Sus manos y Sus pies en una cruz. Jesús colgó allí en esa cruz, en agonía y Sangre. “Jesús, ¿por qué estás sufriendo así?” Él está muriendo en la Cruz para pagar el precio de tu pecado. Él está sangrando allí para que Su Sangre pueda hacerte limpio de todo pecado. Entonces Jesús grita: “¡Tetelestai! ¡Tetelestai!” ¡Consumado es!

El pecado de Adán te fue imputado. El pecado de tu propio corazón y vida. Los pecados secretos que has cometido, pecado original, todo pecado – había aplastado el cuerpo de Jesús. Y “¡Consumado es!” Y Jesús murió para pagar por tu pecado y limpiarlo con su Sangre santa. Como dijo Joseph Hart (1712-1768),

Jesús solo, Jesús solo, Puede al pecador salvar;
Jesús solo, Jesús solo, Puede al pecador salvar.
   (Traducción libre de “Come, Ye Sinners”).

Ahora, mis queridos hijos, ¿qué harán con Jesús? ¿Seguirás despreciándole y rechazándolo? ¿Seguirás como estás hasta que mueras, y Dios envíe tu alma al Infierno? ¿O estarás en agonía de alma como John, quien “no podría encontrar ninguna forma de paz”? Sólo cuando sientas algo de eso vendrás a Jesucristo Mismo. Sólo entonces verás tu necesidad de Jesucristo Mismo. Sólo entonces estarás aterrorizado de Dios. Sólo entonces el Espíritu de Dios te atraerá hacia Jesús para la salvación.

Trate de complacerme, busque enriquecerme,
   Más paz que es sin medida, la halle en Jesús tan solo.
Mis culpas perdonadas, y desencadenadas,
   Mi corazón es dado, Solo a Jesús, a Él solo.

Me falló el orgullo, sin cura a mi pecado,
   El Espíritu me venció a que en Jesús confiara.
Mis culpas perdonadas, y desencadenadas,
   Mi corazón es dado, Solo a Jesús, a Él solo.
(Traducción libre de “Jesus, Only Jesus” por Dr. John R. Rice, 1985-1980).

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ADAN, ¿DÓNDE ESTÁS TÚ?”, “LOS DOS ADANES,” Y
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(FIN DEL SERMÓN)
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El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Jesus, Only Jesus” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980;
estrofas 1 y 2 con coro).