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EL ANUNCIO RECHAZADO

(SERMÓN NÚMERO 2 DE ISAÍAS 53)

Un sermón escrito por Dr. R. L. Hymers, Jr., Pastor Emerito
y dado por Jack Ngann, Pastor
en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 6 de Agosto, 2023

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1; p. 732 Scofield).


Isaías está hablando del Evangelio de Cristo. El Domingo pasado yo prediqué de los últimos tres versos del capítulo 52, donde el profeta predijo el sufrimiento de Cristo, que “de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres” (Isaías 52:14). Este es un retrato de Jesús, azotado y crucificado por nuestros pecados, luego resucitado de los muertos, “engrandecido y exaltado...puesto muy en alto” (Isaías 52:13). Pero ahora, en nuestro texto, el profeta lamenta el hecho que pocos creerán ese mensaje del Evangelio.

El Dr. Edward J. Young era un erudito del Antiguo Testamento, compañero de clase y amigo de mi antiguo pastor, el Dr. Timothy Lin. Comentando de nuestro texto:

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?,”

el Dr. Young dijo que esta “es más exclamación que pregunta. No espera respuesta negativa, sino que está designada a llamar la atención al [pequeño número] de creyentes verdaderos en el mundo…el profeta [es] un representante de su pueblo, hablando y expresando consternación de que tan pocos creen” (traducción de Edward J. Young, Ph.D., The Book of Isaiah, William B. Eerdmans Publishing Company, 1972, tomo 3, p. 240).

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?”

La palabra “anuncio” significa “el mensaje proclamado.” Lutero lo tradujo “nuestra predicación” (Young, ibid.). “¿Quién ha creído nuestra predicación?” La expresión paralela al texto es: “¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” El “brazo de Jehová” es una expresión que se refiere a la fuerza del Señor. ¿Quién ha creído nuestra predicación? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? ¿Sobre quién se ha manifestado el poder de salvación de Cristo?

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

Este verso muestra que primero tienes que creer la predicación del Evangelio, y luego ser convertido por el poder de Dios en Cristo. Pero la pregunta misma del profeta muestra que muy pocos creerán y serán convertidos.

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

I. Primero, pocos creyeron y fueron convertidos durante el ministerio

terrenal de Cristo.

Jesús llegó a la tumba de Lázaro. Este hombre ya tenía cuatro días muerto. Jesús les dijo: “Quitad la piedra” (Juan 11:39). La hermana de Lázaro quiso detenerle. Ella dijo: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días” (ibid.). Pero ellos obedecieron a Jesús y quitaron la piedra que cubría la apertura de la tumba. Entonces Jesús “clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:43-44).

“Entonces los principales sacerdotes y los fariseos reunieron el concilio, y dijeron: ¿Qué haremos? Porque este hombre hace muchas señales” (Juan 11:47; p. 1087).

Ellos vieron cuantos milagros hacía Él y tuvieron miedo de que la gente común lo siguiera a Él en vez de ellos.

“Así que desde aquel día acordaron matarle” (Juan 11:53; p. 1087).

Los principales sacerdotes y los Fariseos comenzaron a tener reuniones para averiguar la mejor manera de deshacerse de Jesús, “matarle.” El Apóstol Juan dijo:

“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?”
     (Juan 12:37-38; p. 1089).

Ellos lo vieron alimentar milagrosamente a los cinco mil. Ellos lo vieron sanar leprosos y abrir los ojos de los ciegos. Ellos lo vieron echar fuera demonios, y alzar a los paralíticos a una salud completa. Ellos lo vieron resucitar de los muertos al hijo de la viuda. Ellos no solamente lo vieron volver el agua en vino, sino que también lo oyeron

“enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 9:35; p. 968).

Y aun así, cuando Él alzó a Lázaro de los muertos, “acordaron matarle” (Juan 11:53).

“Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?”
     (Juan 12:37-38; p. 1089).

Sí, solamente unas pocas gentes creyeron y fueron convertidas durante el ministerio de Cristo en la tierra.

II. Segundo, pocos creyeron y fueron convertidos durante el tiempo de los Apóstoles.

Por favor voltea a Romanos 10:11-16. Leamos ese gran pasaje.

“Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?” (Romanos 10:11-16; p. 1161).

Nota que este pasaje de la Escritura dice en el verso 12,

“Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan” (Romanos 10:12).

El Apóstol Pablo escribió esto menos de 30 años después de que Jesús ascendiese de regreso al Cielo. Así, Pablo escribió el Libro de Romanos durante la última parte del libro de Los Hechos. Él estaba hablando a ambos, Judíos y Gentiles, mientras que Jesús le hablaba casi exclusivamente a los Judíos. Pablo dijo: “No hay diferencia entre judío y griego.” ¡Todos los hombres necesitan a Cristo!

Pero a esta gran audiencia que no es Judía, Pablo dijo lo mismo que Jesús dijo, citando de Isaías 53:1, lamentando el hecho de que solamente un comparativo número pequeño de Gentiles creían – y citando a Isaías 53:1 para demostrar lo que el profeta había dicho, por aplicación, que la mayoría de Gentiles respondían solamente un poquito más al Evangelio que los Judíos. Pablo citó las quejas de Isaías para mostrar esto.

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

Los Gentiles eran más abiertos al Evangelio que los Judíos. Pero aún así, solamente un pequeño número de Gentiles en comparación creyó en Jesús en el tiempo de Pablo y de los demás Apóstoles. Hubo grandes avivamientos en la época de los Apóstoles, como vemos en el Libro de Los Hechos. Aun esos grandes avivamientos llevaron, solamente un pequeño número de Gentiles a la salvación en Cristo. El evangelismo era difícil, ¡aun entre los Romanos!

Ambos Cristo y los Apóstoles vieron solamente a unos pocos convertidos. Así, los Cristianos del primer siglo eran una minoría, ¡y una minoría perseguida! Así que ambos Juan y Pablo citaron nuestro texto para explicar la resistencia de la mayoría de gente al Evangelio – para explicar por qué la mayoría que los oyó predicar se quedo inconversa.

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

Y esto ha sido cierto a través de las edades de la historia Cristiana. Siempre, a toda hora, solamente una pequeña minoría de gente ha creído el Evangelio y ha sido verdaderamente convertida. Y eso todavía es cierto en el mundo hoy. Nada ha cambiado. Lo cual nos trae a nuestro último punto.

III. Tercero, pocos creen y son convertidos hoy.

En nuestro tiempo a menudo somos enfrentados con la realidad de la lamentación de Isaías, en aquella dolorosa pregunta,

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

Lamentablemente, debemos decir que pocos hoy día creen la predicación del Evangelio, y pocos son salvos por el poder de Cristo. Aun nuestros familiares más queridos a menudo rechazan a Cristo. Y la mayoría de ustedes saben que solamente unos pocos de aquellos que traemos a la iglesia a oír la predicación llegan a ser convertidos. Daré tres comentarios sobre eso:

(1) Primero, ¿A dónde nos dice la Biblia que la mayoría de gente será salva? No dice. De hecho, Jesús dijo lo opuesto. Él dijo,

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan
     (Mateo 7:13-14; p. 964).

¡Pocos son los que la hallan! Debemos tener eso siempre en mente cuando nuestros esfuerzos evangelisticos resultan en menos conversiones de las que nos esperábamos.


Y, luego, la segunda cosa que diré es esta.

(2) Nuestro motivo de evangelizar no se basa en cuántos serán convertidos. Sea la respuesta grande o pequeña, nuestros ojos no deben fijarse en cuántos son convertidos. Nuestro motivo se basa en la obediencia a Dios. ¡Nuestros ojos deben estar siempre en Dios, y nuestra obediencia a Él cuando vamos al evangelismo; y nuestros ojos deben mantenerse siempre en Dios, y nuestra obediencia a Él cuando predicamos el Evangelio! Cristo nos dijo,

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”
     (Marcos 16:15; p. 1028).

Eso es lo que Cristo nos dijo que hiciéramos, y debemos hacerlo si la gente nos oye o no; sean convertidos o no. ¡Debemos evangelizar porque Cristo nos dijo que lo hiciéramos! ¡Nuestro éxito no depende de la respuesta humana! ¡No! Nuestro éxito depende de nuestra obediencia a Cristo. ¡Por lo tanto debemos ir al evangelismo si creen el Evangelio o no!


Y luego está la tercera cosa que fluye de ésta.

(3) ¿Crees en Cristo? ¿Eres convertido a Cristo? ¿Vendrás a Cristo por fe? Aun si nadie más en tu familia y ninguno de tus amigos es convertido, ¿buscarás a Cristo? ¿Vendrás a Él? Recuerda que Cristo dijo,

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16; p. 1028).

¿Vendrás tú a Jesús, a ser convertido y luego bautizado? ¿O estarás entre las grandes multitudes que rechazan al Salvador, y perecen eternamente en las llamas del Infierno?

“Mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).

Es mi oración que tú no estés entre las multitudes que perecen en el Infierno, sino que te juntes con nosotros en esta iglesia local. ¡Sal del mundo! ¡Ven a Jesús por fe! Entra en esta iglesia local. Y sé salvo para todo el tiempo y toda la eternidad por la Sangre y la justicia de Jesús.

“¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?” (Isaías 53:1).

¡Que tú seas uno de los que creen y son convertidos! Que seas uno de los pocos que creen el Evangelio cuando es predicado. Ojalá que digas, “Sí, Jesús murió para pagar por mis pecados. Sí, Él resucitó de los muertos. Sí, yo vengo a Él por fe.” Que seas uno de los pocos a los que se ha manifestado el brazo de Jehová, al experimentar la salvación por confiar en Jesús, “El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Que seas uno de aquellos que viene a Jesús, y seas lavado limpio de tus pecados por Su Sangre preciosa. ¡Que Dios te conceda gracia para creer nuestro anuncio y experimentes la salvación del pecado por medio del Señor Jesucristo! ¡Amen!

Por favor, canten “Vengo Ya Jesús”.

Te escucho, oh Jesús, Llamándome a mí
     Para que limpio pueda ser, Hoy en Tu sangre así.
¡Vengo ya Jesús! ¡Vengo hacia ti!
     Lávame en Tu sangre que, Fluyó, Jesús por mí.

Yo vil y débil soy; Tú, fuerzas me darás;
     Completamente puro y, Sin mancha me harás.
¡Vengo ya Jesús! ¡Vengo hacia ti!
     Lávame en Tu sangre que, Fluyó, Jesús por mí.
     (Traducción libre de “I Am Coming, Lord” por Lewis Hartsough, 1828-1919).