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¡MAS A TODOS LOS QUE LE RECIBIERON!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 15 de Abril del 2018

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:11-13).


Jesús estaba en Jerusalén. Fue durante la fiesta de la Pascua. Mucha gente vio a Jesús hacer milagros. Cuando vieron esos milagros creyeron. Pero no creyeron en Él. Creyeron los milagros pero no creyeron en Él. Por lo tanto su fe era sin valor. Me recuerdan a muchos Carismáticos de hoy. Su fe se centra en los milagros. En realidad, eso significa “señales”. Siempre están buscando señales y milagros. Esto no salva a tales personas.

“Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre” (Juan 2:24, 25).

Jesús pudo ver en sus corazones. Él sabía que nunca habían confiado en Él. Solo creían en milagros. Él sabía que su fe en señales y milagros no podía salvarlos. “Sabía lo que había en el hombre”. Él conoce los corazones de “todos los hombres”. Él conoce tu corazón. Él sabe si has experimentado el nuevo nacimiento o no. Antes de experimentar el nuevo nacimiento, tu corazón está totalmente corrompido por el pecado. La Biblia dice:

“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso...” (Jeremías 17:9).

La Biblia no nos dice dónde pasó esa noche Jesús. Pero un erudito famoso llamado Nicodemo “vino a Jesús de noche” (Juan 3:1, 2). Ahora mira a Juan 1:11-13,

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:11-13).

La salvación viene cuando un pecador recibe a Jesús. Estos tres versículos revelan el esquema básico de recibirlo. En el versículo 11, se nos dice que la mayoría de la gente no recibirá a Jesús. La mayoría de las personas irá al infierno. Dice:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1:11).

El primer uso de la palabra “suyo” habla del mundo de la humanidad en general. El segundo uso de “suyos” habla del pueblo Judío. Aunque tenían muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de Él, la mayor parte de ellos no lo recibió como su Mesías y Señor. Tanto los Judíos como la humanidad en general no recibieron a Jesús cuando descendió a la tierra – y no lo reciben hoy.

“Despreciado y desechado entre los hombres…y como que escondimos de él el rostro” (Isaías 53:3).

Se necesita una obra soberana de Dios para traer a los pecadores perdidos a Jesús. Pero eso nos lleva a nuestro texto principal Juan 1:12,

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

Podemos sacar tres puntos de este texto.

I. Primero, describiré lo que significa recibir a Jesús.

La palabra Griega traducida “recibieron” es “lambanō”. Significa “tomar”, “aceptar”, “obtener”. Te pedimos que recibas a Jesús. Te pedimos que aceptes a Jesús. Te pedimos que lo obtengas, que confíes en Él, que lo tomes como tu Salvador y Señor.

Para recibir a Jesús, debes recibirlo tal como está registrado en la Biblia. Jesús es Emanuel – Dios con nosotros. Dios manifestado en la carne. El unigénito Hijo de Dios el Padre. La Segunda Persona de la Trinidad, que fue hecho a semejanza de un hombre. El Dios-hombre, que ahora está sentado a la diestra de Dios Padre en el Cielo. Como hombre, nació de la Virgen María. Él es el Señor eterno – sin principio ni fin, el Hijo eterno de Dios. ¿Qué hay para recibir si no recibes esto? ¡Él es el Salvador, el único que puede librarte de tus pecados y salvarte de tus pecados por toda la eternidad!

Pero no puedes recibir a Jesús a menos que lo recibas como tu Rey. Él debe gobernar tu vida. Debes entregarte a Él. Debes someterte a Él. Debes entregarte cuerpo y alma para ser gobernado por Jesús. Debes someterte a Su control. Debes someterte a Él y dejar que Él domine tu voluntad, tus pensamientos, tus esperanzas y tu vida para que sea controlada por Él. Ya no debes decir: “No tendremos que este hombre reine sobre nosotros”. John Cagan escuchó “¡Ríndete a Jesús! ¡Ríndete a Jesús!” Pero le angustió. Él no quería “ceder a Jesús”. No quería que Jesús lo controlara. Pero John era miserable. “Jesús fue crucificado por mí...pero no me rendiría a Él. Este pensamiento me quebrantó...” En ese momento, John se sometió a Jesús. Él dijo: “Tuve que dejarme morir, y luego Jesús me dio vida”. George Matheson (1842-1906) lo dijo bien. Su himno se llama “Hazme Cautivo, Señor”.

Hazme cautivo, Señor, y entonces seré libre;
Oblígame a rendir mi espada, Y yo venceré;
Me hundo en miedos terrenales, Cuando por mi cuenta estoy;
Átame dentro de Tus brazos, y fuerte mi mano será.

Para recibir a Jesús, debes tenerlo a Él como tu Salvador y tu Rey. Debes entregarte a Él. Esto debe sucederle a ti. ¿Su preciosa Sangre eliminó tu pecado? ¿Has confiado en Su Sangre? ¿Te ha lavado de tu pecado? ¿Te has sometido a Él como tu Rey? No has recibido a Jesús a menos que lo agarres y lo reclames como propio. “Recibirlo” es “creerle” a Él – lo cual es confiar en Él como tu propio Salvador y tu propio Rey. Como dijo el Salmista: “Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis… Bienaventurados todos los que en él confían” (Salmo 2:12). ¡Besa al Hijo de Dios! ¡Sométete al Hijo de Dios! ¡Confía en el Hijo de Dios! ¡Eso es lo que significa “recibir” al Hijo de Dios!

II. Segundo, aprendemos del poder que Dios nos da para recibir a Su Hijo.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios...”

La palabra traducida como “potestad” es “exousia”. Jamieson, Fausset y Brown dicen: “La palabra significa…autoridad y habilidad. Aquí ciertamente ambas están incluidas” (p. 348). “Hijos de Dios” es la mejor traducción (RV). Recibir a Jesús es poner tu fe en Él y rendirte a Él. ¿Cómo te vuelves un hijo de Dios? Al recibir a Jesucristo.

Cuando tenía dos años mi padre se fue, y nunca volví a vivir con él. A medida que fui creciendo, los muchachos mayores me molestaban. Se burlaban de mí y me decían: “Robert no tiene padre”. Fue entonces cuando comencé a firmar mi nombre, “Robert L. Hymers, Jr.” Me pusieron el nombre de mi padre. Yo puse “hijo” después de mi nombre para mostrar que realmente tenía un padre. Lo hago hasta el día de hoy. ¡Quería que todos supieran que tenía un padre! ¡Pero es mucho más importante tener a Dios como tu Padre! ¡Cada hombre, mujer y niño que recibe a Jesús tiene a Dios por su Padre! Si yo me parara aquí esta noche y te dijera que soy hijo de un presidente de los Estados Unidos, me envidiarías. Pero estoy aún más orgulloso de decir que soy un hijo de Dios. ¡Recibí a Jesús, y Jesús me dio autoridad y poder para ser un hijo de Dios, un hijo de Aquel que reina en el Universo!

Soy un hijo del Rey,
   Soy un hijo del Rey:
Con Jesús mi Salvador,
   Soy un hijo del Rey.
(Traducción libre de “A Child of the King” por Harriet E. Buell, 1834-1910).

Si eres un hijo de Dios, Dios te ama profundamente. Si eres un hijo de Dios, estás relacionado con Él, “participante de la naturaleza divina”. Si eres un hijo de Dios, puedes acudir a Él a cualquier hora de la noche, y Él está allí para ayudarte y guiarte. John Cagan tiene un padre maravilloso. A menudo presenta a su maravilloso padre diciendo: “Mi padre tiene dos doctorados”. ¡Pero yo puedo decir aún más acerca de mi padre! Mi padre terrenal no se graduó de la escuela secundaria. ¡Pero mi Padre celestial es el Rey del Universo!

Mi Padre es rico en lo terrenal,
   ¡Riquezas del mundo en Sus manos están!
Rubís y diamantes, plata y oro,
   Sus cofres se llenan de riquezas sin par.
Soy un hijo del Rey, Soy un hijo del Rey:
   Con Jesús mi Salvador, Soy un hijo del Rey.

No tuve un padre terrenal para pagarme la universidad o el seminario o comprarme un automóvil nuevo. Pero tengo un Padre Celestial que “suplirá todo lo que [me] falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Tengo un Padre Celestial que me hizo una promesa increíble: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Toda la gloria, alabanza y honor a mi Padre y mi Rey que me fortalecieron y que suplieron todas mis necesidades a lo largo de mi vida. En el interior de mi autobiografía, el Dr. Cagan dijo esto:

      ¡Es la historia de un hombre que tropezó, fue magullado y quebrantado, se levantó y superó enormes obstáculos para mostrar a la gente que Jesucristo también puede ayudarlos!
      Creció en una familia de borrachos quebrantada – pero se convirtió en un motivador que cambió la vida de miles. Fracasó en la universidad – pero obtuvo tres títulos de doctor y escribió 17 libros. Trató de convertirse en un misionero extranjero y fracasó – ¡pero regresó para convertirse en una fuente de fortaleza para las personas de todo el mundo!
      Cuando alguien más hubiera renunciado, Dr. Hymers plantó una increíble iglesia, compuesta por veinte distintos grupos étnicos, en el corazón del centro de Los Ángeles, y un ministerio mundial que llega hasta los confines de la tierra...
      Es la historia de la vida del Dr. R. L. Hymers, Jr., un hombre que se levantó para lograr lo imposible – contra todos los temores. Lo sé, porque he trabajado estrechamente con él durante más de cuarenta años.
          – Dr. Christopher L. Cagan.

¡Soy un hijo del Rey!

Jóvenes, pongan su fe y confianza en Jesucristo. Reciban a Jesús y Él les dará el poder de convertirte en hijos e hijas de Dios. Él bendecirá tu vida como lo ha hecho con la mía, con una gran casa, una iglesia maravillosa para pastorear, una esposa maravillosa, dos hijos y dos bellas nietas. ¡Soy un hijo del Rey!

Si recibes a Jesús y vives para Él, Él puede bendecir tu vida de maneras que asombrarán al mundo – porque tú también serás un hijo del Rey. Y podrás cantar,

Soy un hijo del Rey,
   Soy un hijo del Rey:
Con Jesús mi Salvador,
   Soy un hijo del Rey.

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:11-13).

III. Tercero, aprendemos del nuevo nacimiento que Dios nos da cuando
recibimos a Jesús.

“Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13).

Debo decir aquí que el bosquejo y los pensamientos básicos de este sermón son tomados del “Príncipe de Predicadores”, el gran Spurgeon.

Todos los que confían en el Señor Jesús han nacido de nuevo. Algunos teólogos se preguntan qué fue primero – la fe o la regeneración. Estoy de acuerdo con Spurgeon. Dijo que la fe y la regeneración “deben ser simultáneas”. Regeneración es el término teológico para el nuevo nacimiento. Spurgeon dijo: “Si creo en Jesucristo, no necesito preguntar si soy regenerado, porque ninguna persona no regenerada podría creer en el Señor Jesucristo; y regenerado, debo creer en Jesús, porque el que no lo hace está claramente muerto en pecado...El acto de fe muestra que una persona ha sido regenerada”.

No nacemos Cristianos. Tampoco nacemos “de la voluntad del hombre”. Los Cristianos más grandes del mundo no pueden crearnos de nuevo. No hemos nacido de nuevo “de la voluntad de la carne”. No por nuestra propia voluntad. La voluntad humana no es capaz de producir regeneración. Debemos nacer de nuevo desde arriba. El Espíritu Santo debe ser la energía que nos entra y nos hace nuevas criaturas.

Donde hay fe en Jesús hay vida nueva. Donde no hay fe, no hay vida. Si confías en Jesucristo, has nacido de nuevo, “No por voluntad humana, sino por Dios”. Debo hacerte esta pregunta – ¿has recibido a Jesús? Sí o no. ¿Has recibido a Jesucristo? ¿Confías solo en Él? Puedes decir,

Jesús la Roca fuerte es,
Toda otra tierra se hundirá.

¿Confías en Jesucristo? ¿Lo has recibido? Si no lo has recibido, ¿por qué no? ¿Hay algo tan difícil en recibirlo? Una cosa es creer en mí. Pero otra cosa es creer en Jesucristo. Creer en Él es confiar en Él. Confiar en Él es recibirlo.

Si Dr. Cagan te pregunta: “¿Has confiado en Jesús?”, ¿Qué responderás? No tienes que verlo. No tienes que sentirlo. Solo debes confiar en Él. Dr. Cagan no intentará engañarte. Él quiere pasarte, y yo quiero bautizarte. Nos encanta ver a personas como tú confiar en Jesús. Jesús murió en la Cruz para pagar la pena por tu pecado. ¿Confiarás en Él? Jesús te ama muy profundamente esta noche. ¿Confiarás en Él? ¿Por qué no confiar en Jesús, ahora, esta noche? Dices: “Quiero confiar en Él”. Entonces, ¿por qué no hacerlo ahora? No busques un sentimiento. Mira a Jesús. No busques una gran experiencia. Mira a Jesús. No mires dentro de ti. No hay nada dentro de ti que pueda salvarte. No confíes en tus propios pensamientos. Confía en Jesús Mismo. Recibe a Jesús, ¡y Él te recibirá!

¿Por qué no? ¿Por qué no?
   ¿A Jesús no vienes hoy?
¿Por qué no? ¿Por qué no?
   ¿A Jesús no vienes hoy?

En el mundo no has hallado
   A tu corazón la paz;
A Jesús ven, fía en Él,
   Gozo y paz recibirás.

¿Por qué no? ¿Por qué no?
   ¿A Jesús no vienes hoy?
¿Por qué no? ¿Por qué no?
   ¿A Jesús no vienes hoy?
(Traducción libre de “Why Not Now?”
      por Daniel W. Whittle, 1840-1901; alterado por el Pastor).

Es simple confiar en Jesús. Escucha lo que dijo Emi Zabalaga: “Estaba buscando un sentimiento o algún tipo de experiencia para fundamentar mi fe...el rechazo interminable de Jesús. Me dejé llevar y colapsé en el Salvador que me esperaba”. John Cagan dijo: “No hubo acción o voluntad de mi mente, pero con mi corazón, un simple descanso en Jesús, Él me salvó”. Emi y John confiaron en Jesús. Ellos lo recibieron. ¡Eso es todo! Oro que confíes en Jesús esta noche. Amén.


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(FIN DEL SERMÓN)
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El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“A Child of the King” (por Harriet E. Buell, 1834-1910).


EL BOSQUEJO DE

¡MAS A TODOS LOS QUE LE RECIBIERON!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12).

(Juan 2:24, 25; Jeremías 17:9; Juan 3:1, 2; 1:11-13; Isaías 53:3)

I.    Primero, describiré lo que significa recibir a Jesús, Salmo 2:12

II.   Segundo, aprendemos del poder que Dios nos da para recibir a Su
Hijo, Filipenses 4:19, 13; Juan 1:11-13.

III.  Tercero, aprendemos del nuevo nacimiento que Dios nos da cuando
recibimos a Jesús, Juan 1:13.