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AVIVAMIENTO PARA SOBREVIVIR

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
Jueves por la Noche, 31 de Agosto del 2017


Por favor, pónganse de pie y canten, el número 19 en su cancionero, “Ese Amor, Cual El Mar Vasto”.

Ese amor, cual el mar vasto, Inundación de bondad,
   Cuando el Príncipe de Vida, Por nosotros Él sangró.
¿Quién Su amor no recordará? ¿Quién cesará de alabar?
   Él jamás será olvidado, Por toda la eternidad.

En el monte del calvario, Grandes fuentes se abrieron;
   De sus portales de merced, Ola de gracia fluyó.
Gracia, amor, cuan grandes ríos, Incesantes corrieron,
   La justicia y paz celestial Al mundo vil besaron.

Que tu amor al aceptarlo, Te ame, todos mis días;
   Que solo Tu reino busque, Sea mi vida Gloria a Ti;
Solo Tú serás mi gloria, El en mundo nada hay.
   Limpio y santo Tú me hiciste, Libertad Tú me diste.

En Tu verdad por la Biblia, Y Tu Espíritu me guías;
   Suples lo que necesito, al confiar en Ti, Señor.
De Tu plenitud me viertes, Tu poder y amor a mí,
   Sin medida, ilimitado, Atrayéndome a Ti.
(Traducción libre de “Here is Love, Vast as the Ocean”
      por William Rees, 1802-1883).

Todos oren para que Dios esté presente con nosotros esta noche (oran). Ahora canta el número 22, “La Batalla Terminó”.

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Ya la batalla terminó,
La vida victoriosa fue.
El Canto triunfal comenzó, ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

La muerte hizo ya lo peor,
A las tinieblas Cristo esparció;
Con santo gozo grítenlo, ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Los días pronto pasaron,
¡Se alza en la resurrección!
¡A la Cabeza gloria dad! ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Del hades las puertas cerró;
Las barras del Cielo bajó;
Los himnos cuenten Su triunfo. ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

Con las heridas que te dieron,
Del aguijón de la muerte librad,
Para vivir y cantarte, ¡Aleluya!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
   (Traducción libre de “The Strife Is O’er,”
      traducida por Francis Pott, 1832-1909).

Todos oren para que Jesucristo sea glorificado aquí esta noche (oran). Ahora canta el número 23, “¿Cómo Es Que Hallé Un Interés?”.

¿Cómo es que hallé un interés, En la sangre que Jesús vertió?
Por mi Él murió, yo quien lo hirió. Yo quien Su muerte le causó.
¡Grandioso amor! ¿Cómo es que fue, Que tú, mi Dios, murieras por mí?
¡Grandioso amor! ¿Cómo es que fue, Que tú, mi Dios, murieras por mí?

Misterio es que muera lo inmortal, ¿Quién descifrará Su divino plan?
En vano trata el serafín de proclamar, Su amor sin fin.
Esta merced tierra todo adorad, Y ángeles ya no pregunten más.
¡Grandioso amor! ¿Cómo es que fue, Que tú, mi Dios, murieras por mí?

Dejó Jesús Su trono de esplendor, Cuan enorme y libre gracia nos dio;
Todo dejó menos Su amor, Y con sangre al vil compró;
Esta merced cuan inmensa es, Pues, oh mi Dios a mí me halló.
¡Grandioso amor! ¿Cómo es que fue, Que tú, mi Dios, murieras por mí?

Por mucho tiempo fui preso del mal, Atado en pecado y oscuridad;
Tu ojo un rayo de vida dio, Me despertó, luz me rodeó;
Libre quedé, las cadenas dejé; Me levanté y vine a Ti.
¡Grandioso amor! Cómo es que fue, Que Tú, mi Dios, murieras por mí.

No temo ya la condenación, Es mío Jesús y todo en Él;
De Su justicia vestido estoy, Y vivo por gracia del Salvador,
Con gran valor entro al trono del Señor, Y clamo corona que Jesús me dio.
¡Grandioso amor! Cómo es que fue, Que Tú, mi Dios, murieras por mí.
   (“And Can It Be?” por Charles Wesley, 1707-1788).

Pueden sentarse. Nuestro diácono mayor, el Sr. Ben Griffith, vendrá a cantar para nosotros.

Estamos aquí esta noche para alabar y glorificar al Señor Jesucristo – ¡y sólo Él! Ahora ve en tu Biblia a Proverbios, capítulo 14, versículo 14. Está en la página 654 en la Biblia Anotada de Scofield. Por favor, pónganse de pie mientras leo el texto.

“De sus caminos será hastiado el necio de corazón” (Proverbios 14:14).

Pregúntate – “¿Estoy lleno de mis propios caminos? ¿Mi corazón se ha enfriado? Trato de orar cuando estoy solo, pero no siento la presencia de Dios.” ¿Ese eres tú? Cuando vas al evangelismo, ¿hay un fuego en tus huesos que te obliga a buscar un alma perdida? ¿O tienes menos celo de lo que alguna vez tuviste por evangelismo? Cuando escuchas a alguien orar en voz alta, ¿tu corazón y tus labios dicen, “Amén” en cada petición? ¿O crees que no son tan buenos como tú eras cuando empezaste a orar? ¿O piensas, “Pronto se irán”? ¿Buscas defectos en un nuevo Cristiano? ¿Crees que no son tan buenos como eras tú cuando fuiste salvo? Cuando la predicación te hace pensar en tus faltas, piensas: “Nunca las confesaré. ¿Nunca me harás confesarme?” ¿Estás contento cuando una nueva persona recibe atención? ¿O crees que no son tan buenos como eras tú cuando fuiste salvo? ¿Eres tan buen Cristiano como eras cuando fuiste salvo? ¿O tienes el corazón frío y vacío?

“De sus caminos será hastiado el necio de corazón” (Proverbios 14:14).

Cuando fuiste salvo hiciste cualquier cosa por el Señor. En aquel entonces, dijiste: “Amo servir a Jesús. Nunca puedo hacer mucho por Él”. ¿Podrías decir eso ahora? ¿O eres un Cristiano reincidido? No estoy hablando sólo con los jóvenes. Estoy hablando con “los 39” – Estoy hablando con las personas mayores, así como con los jóvenes. No estoy hablando con los jóvenes perdidos. Estoy hablando con ustedes que han sido salvos por mucho tiempo. ¿Has perdido tu primer amor? ¿Estás tan lleno de amor por Jesús como cuando fuiste salvo? Jesús dijo a los Cristianos en Éfeso:

“Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Apocalipsis 2:4, 5).

He sido predicador durante casi 60 años. Mi corazón se ha reincidido a veces en esas 6 décadas. ¿Cómo salgo de un estado reincidido? Sucede así. Primero me doy cuenta de que mi corazón está lleno de mis propios caminos. Siento lástima por mí mismo. Me siento triste. Me quejo de lo duras que son las cosas. Segundo, empiezo a darme cuenta de que he dejado mi primer amor por Jesús. Tercero, recuerdo hasta dónde he caído. Estoy convencido de los pecados entre Jesús y yo. Entonces me acuerdo de Jesús en la Cruz, muriendo para pagar por mis pecados. Me arrepiento y confío en Él de nuevo. Es casi como una segunda conversión. “Mi Visión Llena”. Cántalo.

Mi visión llena, oh, Salvador,
   Que solo vea a Jesús hoy;
Aunque el valle me guíes pasar,
   Tu gloria sin fin me rodeará.
Mi visión llena, bello Jesús,
   Haz que Tu gloria brille en mí ser.
Mi visión llena, que vean todos
   Tu imagen santa reflejada en mí.
(Traducción libre de “Fill All My Vision”
      por Avis Burgeson Christiansen, 1895-1985).

No te pediré que hagas algo que yo mismo no haré. Le aconsejé a John Cagan que se rindiera a predicar. Finalmente dijo que lo haría. Entonces descubrí que él era mejor predicador que yo. Tiene la fuerza de la juventud, mientras yo soy viejo y he perdido mi fuerza. Me sentí muy celoso de John. Me atormentaba hasta que una noche se lo confesé. Entonces se lo confesé a ustedes. Entonces fui sanado y mi alegría fue restaurada. Te pido que hagas esta noche lo que hice. Estaba tan reincidido de corazón que en realidad tenía miedo de que ustedes no quisieran que les predicara más. Entonces Dios envió un toque de avivamiento a nuestra iglesia y me arrepentí y volví a Jesús para que me limpiara una vez más en Su preciosa Sangre. ¿Te parece extraño que un hombre de 76 años de edad, que ha estado predicando durante 60 años, necesite arrepentirse? No, no es extraño. Es la única manera de ser renovado y revivido en tu corazón. “Arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Apocalipsis 2:5). Arrepiéntete una y otra vez. ¡Vuelve a Jesús y se purificado por Su Sangre una y otra vez! El gran Reformador Lutero dijo: “Nuestra vida entera debe ser un arrepentimiento constante o incesante”. Lutero tuvo que arrepentirse constantemente y regresar a Jesús por limpieza. Así tú y yo debemos también.

Creo que Santiago 5:16 tiene una aplicación en el avivamiento. Dice: “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados” Nota la palabra “ofensas”. La palabra Griega es “paraptōma”. El Dr. Strong dice que el significado principal de la palabra es “un error; un error o falta, y otros pecados”. Lo que se nos pide que confesemos no es sólo grandes pecados, sino que aquí se nos dice confesar nuestros “errores” nuestras “faltas”. Nuestro enojo hacia alguien, falta de perdón, nuestros celos, nuestra falta de amor, otras faltas que se interponen entre nosotros y Dios.

A menudo nuestros corazones son curados confesando nuestras faltas sólo a Dios. Noté que la cara de Kai Perng brillaba de amor y preocupación. Antes tenía una mirada amargada y enojada. Le pregunté qué pasó. Me dijo: “Vi cómo el Espíritu Santo trabajó en la Sra. Shirley Lee. Quería tener la paz y la alegría que ella tenía. Confesé a Dios que estaba enojado con usted, pastor. Entonces mi enojo se fue y tengo paz y preocupación por los demás”. ¡Maravilloso! ¡Me dio mucha alegría cuando lo oí decir eso! Le dije que lo amaba. De eso se trata la confesión. ¡Se trata de perdonar a los demás y tener nueva paz y alegría de Dios! Eso es lo que hace el avivamiento – tendrás nueva paz y gozo cuando confieses tus faltas a Dios.

Pero cuando Dios se mueve entre nosotros, debes confesar tus faltas directamente a un hermano o hermana. Debes confesar tus faltas el uno al otro. Santiago 5:16 puede traducirse literalmente como: ‘“Haz práctica de confesar tus ofensas unos por otros y haz practica de orar unos por otros’. Esto significa que no debes esperar hasta que te enfermes para confesar” (R. C. H. Lenski). En China hacen la práctica de confesar sus faltas el uno al otro y practicar la oración el uno por el otro. Es por eso que tienen avivamiento constante en China.

Le dije a un hermano que daría una invitación para que vinieras y oraran por ti, como lo hice otras dos veces. Le pregunté: “¿Crees que vendrá alguien?” Pensó en ello durante un rato y luego dijo: “No. Nadie vendrá”. Le pregunté por qué no vendrías. Dijo que tú crees que quiero un avivamiento para que más gente venga a nuestra iglesia. Pero esa no es la razón. Pregúntate: ¿De qué serviría si llegara más gente? ¿Cómo podríamos ayudarles si vinieran? Les ofrecemos amistad, alegría y profundo compañerismo. ¿Pero lo tienes tú? ¿Lo tienes? ¿O sólo tienes una religión del deber sin amor? Ustedes no se aman ni se cuidan el uno al otro, ¿verdad? No tienes una amistad profunda, ¿verdad? No tienes alegría, ¿verdad? No tienes una profunda amistad, ¿verdad? Tu corazón no está profundamente enamorado de la nueva gente, ¿verdad? Sé honesto, ya no tienes un amor profundo por Jesús, ¿verdad? ¿Cómo podemos ofrecer estas cosas a otros cuando no las tenemos nosotros mismos?

Cuando te pido que confieses tus faltas y pecados, piensas: “Me avergonzará hacer eso”. Ya estás haciendo trabajo – ¡mucho trabajo! No es más trabajo que tú necesitas. ¡Es más amor! ¡Más amor por Jesús! ¡Más amor el uno por el otro sólo puede llegar cuando tenemos más amor por Él!

Mi visión llena, todo desear
   Sea por Tu gloria; inspírame
Con Tu perfección, Tu santo amor,
   Mi senda inunda con celestial luz.
Mi visión llena, bello Jesús,
   Haz que Tu gloria brille en mí ser.
Mi visión llena, que vean todos
   Tu imagen santa reflejada en mí.

Estaba pensando en el pobre Sansón la otra noche. Cuatro capítulos enteros de la Biblia están dedicados a Sansón. Él está listado como un hombre salvo en Hebreos 11:32. ¿Cuándo fue salvo? Creo que no fue salvo hasta unos minutos antes de su muerte cuando finalmente clamó a Dios por ayuda. Pero Jesús lo había llamado para ser un hombre santo, “nazareo a Dios” (Jueces 13:5). “Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él” (Jueces 13:25). Pero Sansón no pudo amar a Dios con todo su corazón. Durante la mayor parte de su corta vida él era como tú. Pensó que podía vivir la vida Cristiana por su propio poder, por su propia fuerza. Pero él no pudo. Falló una y otra vez, como tú y yo. Al fin, las fuerzas satánicas lo tomaron y le sacaron los ojos, “para que moliese en la cárcel” (Jueces 16:21).

Oh, hermanos y hermanas, ¿no son algunos de ustedes como el pobre Sansón? Has sido llamado por Jesús. Has sido movido por el Espíritu Santo a hacer grandes cosas para Dios en el pasado. Pero gradualmente te volviste amargado y triste. No eres feliz ahora. No tienes amor verdadero por la iglesia ahora. Vienes a la iglesia con ojos ciegos. Tu religión es trabajo pesado, trabajo duro sin alegría. ¡Trabajo de esclavos! ¡Eso es todo! Vienes a la iglesia como un esclavo. Es pura fatiga. No te gusta estar aquí. Estás “moliendo en la cárcel” como el pobre Sansón. No sé cómo piensan los demás de él, pero he llorado lágrimas amargas cuando leo sobre él “moliendo en la cárcel” – atado con grilletes de bronce y cadenas, moliendo, empujando el molino que molía el grano, hora tras hora.

Y sé que esa es tu religión también, y a veces mi corazón llora por ti. No tienes alegría. No tienes amor. No tienes esperanza. Sigues moliendo como un esclavo en la prisión. ¡Sí! Para algunos de ustedes esta iglesia es una prisión, una prisión donde mueles a través de los servicios, donde mueles a través de la obra esclava del evangelismo. ¡Lo odias! ¡Pero no sabes cómo escapar! Estás atado con cadenas espirituales, moliendo, moliendo, moliendo sin esperanza. A veces piensas en irte. Sé que algunos de ustedes lo hacen. Pero no puedes irte. Los únicos amigos que tienes están aquí. ¡Los únicos parientes que tienes están aquí! ¿Cómo puedes escapar de la molienda incesante, de la odiosa tarea pesada y del trabajo de una iglesia que te parece una prisión? ¡Quiero ayudarte! ¡Dios sabe que sí! Sólo hay una manera de escapar. ¿Cómo lo sabes, predicador? ¡Porque he estado en el mismo lugar que tú estás ahora! He sido encadenado en una iglesia, moliendo, moliendo, odiándolo – ¡sin encontrar escape! ¡La única manera de escapar es Jesús! ¡Confiesa tus faltas! ¿Por qué no? ¡Tus faltas son las cadenas que te atan! ¡Deshazte de ellas! Arrepiéntete y se limpiado por la Sangre, porque solo Jesús puede soltar tus cadenas y liberarte.

“Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados...” (Santiago 5:16).

Confiesa tus temores, tus dudas, tus pecados, tu ira, tu amargura, tus celos. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados...” (Santiago 5:16). ¡La señora Lee lo hizo! Y Jesús la sanó. Kai Perng lo hizo, y Jesús lo sanó. Justo ahora hay un rayo de esperanza. Tú piensas: “¿Puede ser cierto?” ¡! ¡Es verdad! Todos, por favor oren para que alguien confiese sus faltas y sea sanado por Jesús (ellos oran).

“Jesús dijo: ‘Bienaventurados los que lloran’ (Mateo 5:4), que se refiere a aquellos que sienten estar reincididos y claman por ello. El pecado es siempre un problema para el Cristiano que anhela avivamiento, y el avivamiento siempre trata incómodamente con aquellas cosas que el mundo no ve. El avivamiento arroja luz a lugares oscuros...para prepararse para el avivamiento, Evan Roberts les recordaba que el Espíritu [Santo] no vendría hasta que la gente estuviera preparada: “Debemos librar la [iglesia] de todos los malos sentimientos – toda malicia, envidia, prejuicio y malentendidos. [No ores] hasta que todas las ofensas hayan sido perdonadas; pero si sientes que no puedes perdonar, inclínate al polvo y pide un espíritu de perdón. Lo conseguirás entonces”...sólo el Cristiano limpio puede vivir cerca de Dios (traducción de Brian H. Edwards, Revival, Evangelical Press, 2004, p.131)... “Cada hombre se olvidó de todos los demás. Cada uno estaba cara a cara con Dios [al confesar sus pecados]...[Esto es] típico de casi todos los avivamientos registrados. No hay avivamiento sin la profunda, incómoda y humillante convicción de pecado” (ibíd., P.116)…“Tenemos hoy una iglesia que no es santa porque los Cristianos no sienten pecado o no le temen...Los que anhelan más el avivamiento deben comenzar examinando sus corazones y sus vidas ante un Dios santo. Si cubrimos nuestros pecados y no lo confesamos ahora [no tendremos avivamiento]...Un Dios santo hace que el Cristiano sepa incluso el pecado más pequeño...Aquellos que se saben a sí mismos en presencia de un Dios santo están siempre conscientes del pecado personal...Este profundo trabajo de convicción conduce siempre a la libertad y a la alegría en la nueva experiencia del perdón. Después de ‘golpear el corazón’ surgen los estallidos del gozo de la salvación” (ibid., P.120).

Tuvimos diecisiete jóvenes convertidos en esas reuniones. Experimentamos un toque de avivamiento en esas reuniones. Por lo menos, esos jóvenes fueron despertados. Nadie esperaba que fueran despertados y ojalá salvos. Sin embargo, cuando anuncié sus nombres, nadie se alegró en nuestra congregación. ¿Por qué no te regocijaste? ¡En China habrían llorado de alegría! ¿Por qué no aquí?

Diecisiete jóvenes esperamos fueron salvos pero no hubo lágrimas de alegría, ninguna alegría entre nosotros. ¿Por qué? Porque “De sus caminos será hastiado el necio de corazón” (Proverbios 14:14).

“¿No volverás a darnos vida, Para que tu pueblo se regocije en ti?” (Salmo 85:6).

¡No podemos regocijarnos en lágrimas hasta que confesamos nuestras faltas en lágrimas! Eso está sucediendo en China. ¿Por qué no en nuestra iglesia? Tienes miedo de confesar tus faltas uno al otro, y orar uno por el otro, para que seamos sanados. El miedo a lo que piensan los demás impide que confieses. Isaías dijo: “Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal...Y ya te has olvidado de Jehová tu Hacedor” (Isaías 51:12, 13).

“Examíname, Oh Dios, y conoce mi corazón:
Pruébame, y conoce mis pensamientos:
Y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mi camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno”.
   (Salmo 139:23, 24).

Mi visión llena, que nada vil
   Oscurezca la luz interior.
Que vea solo Tu bella faz,
   Susténtame con Tu gracia eternal.
Mi visión llena, bello Jesús,
   Haz que Tu gloria brille en mí ser.
Mi visión llena, que vean todos
   Tu imagen santa reflejada en mí.
(Traducción libre de “Fill All My Vision”
      por Avis Burgeson Christiansen, 1895-1985).

No has venido antes. Sabías que debías, pero tenías miedo. La Sra. Chan me dijo por teléfono que estaba terriblemente reincidida. Entonces la miré el Domingo por la mañana – y la señora Chan me miró. Pude ver que quería venir. Tomé su mano y dije, “ven”. Ella vino. Ella había tenido miedo de venir. Después de todo, ¡era la esposa del Dr. Chan! ¿Qué pensaría la gente si ella confesara sus faltas? ¡Olvídate de lo que otros piensan! Mientras estamos de pie y cantamos, ven aquí y arrodíllate y confiesa tus faltas. Dios te convence, y entonces el Sangre Jesús derramada sobre la Cruz te limpia de nuevo.

Mi visión llena, que nada vil
   Oscurezca la luz interior.
Que vea solo Tu bella faz,
   Susténtame con Tu gracia eternal.
Mi visión llena, bello Jesús,
   Haz que Tu gloria brille en mí ser.
Mi visión llena, que vean todos
   Tu imagen santa reflejada en mí.
(Traducción libre de “Fill All My Vision”
       por Avis Burgeson Christiansen, 1895-1985).


CUANDO LE ESCRIBAS A DR. HYMERS DEBES DECIRLE DE QUE PAÍS LE ESTÁS ESCRIBIENDO O ÉL NO PODRÁ CONTESTAR TU CORREO. Si estos sermones te bendicen por favor envía un correo electrónico a Dr. Hymers y díselo pero siempre incluye de qué país estás escribiendo. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net (oprime aquí). Puedes escribirle a Dr. Hymers en cualquier idioma, pero escribe en Inglés si es posible. Si deseas escribirle a Dr. Hymers por correo postal, su dirección es P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Puedes llamarle por teléfono al (818) 352-0452.

(FIN DEL SERMÓN)
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El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamín Kincaid Griffith:
“More Love to Thee” (por Elizabeth P. Prentiss, 1818-1878).