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HERIDAS, INJURIAS Y ESPUTOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 26 de Marzo del 2017

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).


Con el eunuco Etíope podríamos preguntar: “¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?” (Hechos 8:34). Igual que en el capítulo 53, no podemos dudar que Isaías hablaba aquí del Señor Jesucristo. Seguramente esta era una de las profecías a las que Jesús se refería cuando le hablaba a los Discípulos al subir a Jerusalén y dijo:

“He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Pues será entregado a los gentiles, y será escarnecido, y afrentado, y escupido. Y después que le hayan azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará” (Lucas 18:31-33).

Jesús les dijo que los Gentiles lo escarnecerían, lo insultarían, lo azotarían, y lo matarían. Y Él dijo que todo esto había sido predicho “por los profetas”. Así que nuestro texto tenía que haber sido uno de los versos a los que Él se refería:

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

Luego mira cuan literalmente esa profecía fue cumplida. Poncio Pilato, el gobernador Romano, lo azotó. Luego los soldados Romanos,

“Poniéndole una corona tejida de espinas, comenzaron luego a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían…” (Marcos 15:17-19).

Por lo tanto estoy convencido de que Jesús de Nazaret, nuestro Redentor, cumplió esas mismas palabras de profecía:

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

Deja que Joseph Hart describa la escena,

Ved, cuan paciente está Jesús,
   ¡Con todo insulto en el local!
Al poderoso ataron,
   Al Creador escupieron.

Espinas rasgaron su piel,
   De todo el cuerpo Él sangró;
Su espalda duro golpearon
   Peor se hirió su corazón.
(Traducción libre de “His Passion” por Joseph Hart, 1712-1768;
      alterada por el Pastor).

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

Esta noche yo te traigo al Salvador que sufre. Y digo con Pilato, “He aquí el hombre”. Vuelve tu corazón y míralo a Él en Su pasión. Mira quién es Él, que ejemplo ha dejado Él, y lo que Él ha hecho para salvar a pecadores arruinados del fuego eterno.

I. Primero, míralo como el Hijo de Dios en carne.

Dios en carne humana descendió a vivir entre los hombres sobre esta tierra. Él dice en Isaías 50:2, “Vine”. Dios el Hijo descendió “vino” del Cielo y vivió entre nosotros.

“El Verbo era Dios…Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:1, 14).

“Dios fue manifestado en carne” (I Timoteo 3:16).

Los antiguos Cristianos estuvieron correctos en llamar a Jesús: “Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado”.

Piensa en esto y verás que es la doctrina más extraordinaria que haya entrado en la mente del hombre. Spurgeon dijo:

Si no estuviera bien comprobado, sería absolutamente increíble que el Dios infinito que llena todas las cosas, que era y es, y ha de venir, el Todopoderoso, el que todo lo sabe, omnipresente, condescendiera a vestirse en la vestidura de nuestro polvo inferior. Él hizo todas las cosas, y sin embargo tomó la carne de una criatura en unión consigo mismo…La humanidad de nuestro Señor no era un fantasma…ni aparición en forma humana: sin caber duda el “Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “Palpadme y ved,” dice él, “un espíritu no tiene carne y huesos como vez que yo tengo” (traducción de C. H. Spurgeon, “The Great Mystery of Godliness,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, reimpreso en 1979, tomo 28, p.698 ).

Jesús era Dios en carne humana, por unión hipostática. ¡Él es el Dios en carne, la Segunda Persona de la Santa Trinidad, el Verbo hecho carne!

¡Eso revela que nuestro texto es impensable para la mente humana! ¡He aquí Dios en carne humana permitiéndose ser degradado y torturado! Está más allá de cualquier pensamiento humano que Dios en carne pudiera decir:

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

¡Aquí el Creador del universo, y todo lo que hay en él, permite que el hombre pecaminoso azote Su espalda y le arranque Su barba! ¡He aquí mi Dios deja que los impíos pecadores escupan sobre Su santo rostro! ¡Ellos escupieron en el rostro de Dios!

Ved, cuan paciente está Jesús,
   ¡Con todo insulto en el local!
Al poderoso ataron,
   Al Creador escupieron.
(Traducción libre de “His Passion” por Joseph Hart).

II. Segundo, míralo a Él como nuestro ejemplo.

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

Como siervo de Dios, Jesús permitió que los pecadores azotaran Su espalda, le arrancaran el pelo, y que escupieran en Su rostro. Él podría haber causado que la tierra se abriera bajo a sus pies como con Core, o que causara que fuego los consumiera, como lo hizo Elías. Pero Él fue “como cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53:7). Y el Apóstol Pedro dijo:

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (I Pedro 2:21-23).

Quizá estemos dispuestos a darle a Dios nuestras vidas y dinero, pero cuando somos abusados y calumniados queremos como retroceder. Pero Jesús estuvo dispuesto a ser mofado y llamado impostor por los peores pecadores sin defenderse a Sí Mismo. ¿Que decimos nosotros cuando amigos y parientes nos llaman hipócritas, y hablan mal de nosotros? Debemos recordar que Jesús, “callaba”, no dijo nada cuando fue acusado por testigos falsos la noche antes de Su crucifixión (Mateo 26:63). Cuando Pilato le dijo: “¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?” Jesús “no le respondió ni una palabra; de tal manera que el gobernador se maravillaba mucho” (Mateo 27:13-14).

Yo aprendí esta lección con gran dificultad cuando defendí a Jesús durante nuestras manifestaciones en contra de la película blasfema “La Ultima Tentación de Cristo” [“The Last Temptation of Christ”]. Testigos falsos salieron a acusarme de antisemitismo y traición. Lo cual era totalmente falso. Yo amo al pueblo Judío y al estado de Israel con todo mi corazón y con toda mi alma, y siempre ha sido así. Pero he aprendido a padecer esos abusos en silencio cuando amigos de toda la vida se volvieron contra mí por defender a Jesús. Por veinte años he dicho poco en defensa propia. Solo hace poco he hecho una declaración para proteger el testimonio de nuestra iglesia contra estos acusadores falsos. Jesús dijo:

“Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas” (Lucas 6:22-23).

Aquellas palabras del Salvador han sido gran consuelo para mí en tiempos de prueba. No creo que debamos defendernos muy rápido cuando el mundo nos acusa por causa de Jesús. Durante la manifestación de “La Ultima Tentación de Cristo” un hombre literalmente me escupió en la cara. Allí estuve parado frente a multitud de cámaras de noticieros con escupidas deslizándose en mi cara. Aprendí de Jesús a no recompensar lo mismo, porque Él no escondió Su “rostro de injurias y esputos”. Traté lo mejor que pude de ser amable con ese hombre después. ¡Pobre hombre! Después fue asesinado. Dios sabe el dolor que sentí y las lágrimas que derramé por él y su familia.

En su sermón sobre nuestro texto Spurgeon dijo: “Debes volverte menos y menos, aunque seas despreciado y rechazado entre los hombres, porque esta es la senda a la gloria eternal” (traducción de “The Shame and Spitting,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, reimpreso en 1972, tomo 25, p. 431).

Todos debemos recordar el ejemplo de Jesús cuando la gente nos mofe y hable contra nosotros por ser Sus seguidores en estos días malignos. Spurgeon dijo:

¿Estás lleno de dolores y pesares…? Jesús sabe todo sobre ellos, porque él “dio su cuerpo a los heridores”. ¿Sufres…de calumnias? Él “no escondió su rostro de injurias y de esputos”. ¿Has sido ridiculizado…? ¿Los que no tienen gracia se han burlado de tu piedad? Jesús puede simpatizar contigo, porque tú sabes cómo se han burlado de él. De todo dolor que rompe tu corazón tu Señor ha llevado su parte…(traducción de Spurgeon, ibid.).

Ved, cuan paciente está Jesús,
   ¡Con todo insulto en el local!
Al poderoso ataron,
   Al Creador escupieron.

III. Tercero, míralo a Él como el sustituto de los pecadores.

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

Recuerda que Jesús no sufrió este dolor por algún pecado de Él, porque Él no tenía pecado.

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Este verso en Isaías 53 nos dice claramente que Sus llagas y castigo, tal como Su muerte, fueron necesarios para salvar a los pecadores. Jesús llevó nuestro pecado sobre Si Mismo. Y la Biblia nos dice que Dios “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (II Corintios 5:21). Cuando Jesús sufrió, Él sufrió por nuestros pecados, para pagar la pena por ellos, para que podamos ser salvos. El pecado es la peor cosa posible. El pecado merece ser azotado. El pecado merece ser escupido. El pecado merece ser crucificado. Y porque Jesús llevó nuestro pecado sobre Si Mismo, Él tuvo que ser azotado. Se le tuvo que escupir. Se le tuvo que avergonzar. Si quieres saber lo que Dios piensa del pecado, mira a Su Hijo, azotado en la espalda, la barba arrancada de Sus mejillas, Su rostro escupido por los soldados cuando Él fue hecho una ofrenda por el pecado por ti y por mí. Si tú y yo fuéramos azotados y se nos escupiera y se nos agrediera por nuestros pecados no sería sorpresa. Pero Él quien llevó nuestro pecado era Dios el Hijo. Jesús se paró en nuestro lugar, y “Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10). Aunque nuestro pecado solo fue puesto en Jesús por imputación, le causó gran dolor y vergüenza antes de ser pagado en la Cruz.

Nota que nuestro texto dice: “Di mi cuerpo a los heridores”. Jesús se dio a Si Mismo voluntariamente a los heridores, a aquellos que le arrancaron la barba, y escupieron en Su rostro. Él se dio a Si Mismo para morir en la Cruz. Nadie lo hizo sufrir por nuestros pecados. Él lo hizo voluntariamente. El Hijo de Dios voluntariamente se hizo maldición por nosotros, como nuestro sustituto, para pagar la pena de nuestro pecado – para que pudiéramos ser perdonados por Dios y ser hechos justos ante su vista.

¿Puedes oír esto y no sentirte asombrado? ¿Puedes recordar que el Hijo de Dios fue azotado, y mesado, y escupido, y no estar lleno de maravilla, asombro y elogio? Él que cubre el cielo con nubes no cubrió Su propio rostro de la vergüenza y del esputo. Aquel que creo las montanas, no guardó Su propia espalda de ser azotada hasta ser trizas. El que ata el universo con un cinto que lo mantiene todo junto fue atado en cadenas y los hombres que Él mismo había creado. Cuando los ángeles en el Cielo cantan olas grandes de música alabándole a Él, ¿parecería posible que Él fuera clavado a una cruz? Supongo que es por esto que las marcas de los clavos estarán para siempre en Sus manos y pies, para que no podamos olvidar lo que Él hizo por nosotros cuando lo veamos en el Cielo. ¡Cómo podré ver Su querido rostro en gloria sin recordar que los pecadores mesaron porciones de Su barba mientras escupían en Sus santas mejillas!

Ved, cuan paciente está Jesús,
   ¡Con todo insulto en el local!
Al poderoso ataron,
   Al Creador escupieron.

¡Su rostro! ¿Por qué no escupir sobre ángeles? ¿No había otro lugar para escupir que en su adorable rostro? ¡Dios, ayúdanos! ¡Su rostro! ¡Escupieron en el santo rostro de Jesús! Spurgeon dijo: “¡Yo podría desear que el hombre nunca hubiera sido creado, o que…hubiera sido desecho en vez de haber vivido para cometer tal horror! (ibíd., p. 428). ¡Dios, ayúdanos! ¡Escupieron en el rostro del Redentor!

Si estás perdido, te ruego que confíes en Él ahora. Tu pecado acaba cuando tú confías en Él, porque Él cargo con todas tus iniquidades y vergüenza cuando Él fue clavado a la Cruz. Tu castigo entonces es quitado, porque Jesús lo ha cargado del todo – sobre Sus espaldas, en Sus mejillas, en Su rostro, y en las heridas hechas en Sus manos y pies. Confía en Él y todo el castigo por tus pecados es quitado, ¡y tú eres salvo, justificado para todo el tiempo y para toda la eternidad por Su amor redentor! Por favor pónganse de pie y canten el himno número seis, “¡Oh, Qué Fuente!” por el Dr. John R. Rice.

De un amor infinito hablamos,
   Que el pecador puede perdón tener.
Porque sufrió Jesús hay perdón gratis,
   En el calvario Él hizo expiación.
Oh, fluye fuente de misericordia,
   De el crucificado Salvador.
Preciosa sangre que Él dio por comprarnos,
   Gracia y perdón por nuestros pecados.
(Traducción libre de “Oh, What a Fountain!” por Dr. John R. Rice, 1895-1980).

Oro para que confíes en Jesús esta noche. Su Sangre te limpiará de todo pecado. Confía en Él ahora y serás salvo para siempre y por toda la eternidad.


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(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por Dr. Kreighton L. Chan: Lucas 18:31-33.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Lead Me to Calvary” (por Jennie Evelyn Hussey, 1874-1958).


EL BOSQUEJO DE

HERIDAS, INJURIAS Y ESPUTOS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos” (Isaías 50:6).

(Hechos 8:34; Lucas 18:31-33; Marcos 15:17-19)

I.   Primero, míralo a Él como Dios en carne, Isaías 50:2;
Juan 1:1, 14; I Timoteo 3:16.

II.  Segundo, míralo a Él como nuestro ejemplo, Isaías 53:7;
I Pedro 2:21-23; Mateo 26:63; 27:13-14; Lucas 6:22-23.

III. Tercero, míralo a Él como el sustituto de los pecadores,
Isaías 53:5; II Corintios 5:21; Isaías 53:10.