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¡USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA
Y LA LUZ DEL MUNDO!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 26 de Febrero del 2017

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:13-16).


Jesús caminaba por el Mar de Galilea. Vio a Pedro y a su hermano Andrés. Ellos estaban echando una red al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron sus redes y le siguieron. Un poco más lejos, Jesús vio a dos hermanos, Santiago y Juan. Estaban reparando sus redes para pescar. Los llamó y dejaron la barca y le siguieron. Lo que vieron a Jesús hacer debe haber sido muy emocionante. Jesús estaba predicando y sanando todo tipo de enfermedades entre el pueblo. Grandes multitudes siguieron a Jesús. Cuando vio a la gran multitud, subió al monte. Después de sentarse Sus Discípulos vinieron a Él. Y Jesús comenzó a enseñar a Sus Discípulos. Les dio las bienaventuranzas. Describen las cualidades internas de un verdadero Cristiano y le prometen bendiciones en el futuro. Entonces dijo a Sus discípulos que ellos eran la sal de la tierra y la luz del mundo. Lo que Jesús dijo de ellos sigue siendo cierto para todo Cristiano verdadero.

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:13-16).

I. Primero, ustedes son la sal de la tierra.

Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra”. El uso principal de la sal en ese momento era para preservar. Si ponían sal en la carne podría mantenerse durante meses sin refrigeración. La sal impediría que se pudriera. Cuando Adán pecó trajo la muerte y la decadencia al mundo. Toda la humanidad ha heredado la muerte del primer pecador, Adán. Nada puede impedir esa muerte sino Jesús. Les dijo a los Discípulos que iban a ser sal, para preservar a la gente de la decadencia y la muerte. El Apóstol Santiago dijo: “El que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma…” (Santiago 5:20).

La obra de evangelismo y oración que haces puede parecer inútil. Pero ese es el Diablo que te habla. Un Cristiano que sale al evangelismo y lleva los pecadores a Jesús es la persona más importante del mundo. ¡Tú eres la sal de la tierra! ¡Estás haciendo la obra más importante en toda la tierra! Si piensas que no eres importante, escucha lo que un joven dijo: “Vine a la iglesia con un odio y un aburrimiento enorme...Me sentía miserable. Muchos de mis amigos y familia me decepcionaron. El mundo que me rodeaba parecía estar desmoronándose. Parecía que no había razón para vivir. No había razón para hacer nada porque había tanta corrupción y destrucción. A veces desee no haber nacido nunca, y a veces pensé en el suicidio. Estaba confundido y no creía en Dios”.

Alguien en nuestra iglesia trajo a ese joven a escuchar el Evangelio. Si no hubieras salido a buscarlo, nunca habría llegado a conocer a Jesús. No sé quién de ustedes lo trajo a la iglesia. No conozco los detalles. Pero uno de ustedes lo trajo. Otros de ustedes lo hicieron sentir como en casa en nuestra iglesia. Dios te usó para salvar la vida de ese joven. Dios te usó para salvar su alma de la muerte, de una vida de desesperación y desesperanza. Por eso Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra”. Sin ti no habría sido salvo.

Pero las iglesias de hoy no habrían podido ayudarlo. ¡Nuestras iglesias están en un terrible estado de frialdad y de apostasía! El Dr. Carl F. H. Henry (1913-2003) era un teólogo muy conocido. Uno de los últimos libros que escribió fue: Crepúsculo De Una Gran Civilización: La Deriva Hacia El Neo-Paganismo. [Twilight of a Great Civilization: The Drift Toward Neo-Paganism] Dijo que hay algo mal con la mayoría de nuestras iglesias de hoy. Él dijo: “La desilusión sobre el Cristianismo organizado está en aumento; se puede ver en las estadísticas de la disminución de la asistencia a la iglesia...Los salvajes están revolviendo el polvo de una civilización decadente y se esconden en las sombras de una iglesia discapacitada” (p.17). Él estaba correcto. No sé de ninguna iglesia aparte de la nuestra en Los Ángeles que está alcanzando a los jóvenes perdidos en las universidades y centros comerciales de la ciudad. Los Sureños Bautistas ahora pierden casi un cuarto de millón de miembros cada año. Ninguna de las otras denominaciones está mejor. Primero cierran la reunión de oración. Luego cierran el servicio del Domingo por la noche. Entonces los servicios del Domingo por la mañana empiezan a bajar. Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se ha vuelto insípida, ¿con qué se hará salada otra vez? Ya para nada sirve, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres” (Mateo 5:13 LBLA). Las iglesias están “discapacitadas” como dijo el Dr. Henry. No son capaces de convertir a los jóvenes de hoy. ¿Por qué es eso cierto? ¡Porque la sal ha perdido su sabor! ¡La enseñanza Bíblica versículo por versículo no cura a una iglesia muerta! Una suave enseñanza no produce vida. Sólo una fuerte predicación evangelística puede hacer eso. Necesitamos predicación con “sal”, predicación sobre el pecado y el Infierno, predicación sobre la Sangre de Jesús, predicación sobre ganar almas. Sólo el ardiente ganar de almas puede mantener la “sal” en una iglesia. Solamente las reuniones fuertes de la oración pueden mantener la “sal” en una iglesia. El Dr. John R. Rice tenía razón cuando dijo: “Sólo el esfuerzo total puede igualar el ganar de almas del Nuevo Testamento” (traducción de Why Our Churches Do Not Win Souls, p. 149).

Si no queremos que nuestra iglesia muera, debemos constantemente trabajar y orar, ¡y hacer todo lo posible para traer a los jóvenes perdidos a escuchar el Evangelio! Jesús dijo: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:23). Debemos hacer el ganar de almas la primera cosa en nuestras vidas o nuestra iglesia perderá su “sal” preservadora de vidas. Si no lo hacemos, nuestra iglesia será que “No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres” (Mateo 5:13). ¡No dejes que nuestra iglesia muera! ¡Sal y trae a los pecadores para escuchar acerca de Jesús y ser salvados por Él!

II. Segundo, ustedes son la luz del mundo.

Jesús dijo: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder” (Mateo 5:14). El Dr. Lloyd-Jones dijo: “La fuerza de la declaración es esta: ‘Vosotros, y sólo vosotros, sois la luz del mundo’, – el ‘vosotros’ es enfático y lleva esa sugerencia...hay ciertas cosas implícitas. La primera es que el mundo está en un estado de tinieblas” (traducción de Sermon on the Mount, p. 139). El mundo está en un estado horrible de oscuridad esta noche. Jesús está diciendo que sólo los verdaderos Cristianos pueden mostrar a otros cómo escapar de esa oscuridad. No hay nada de luz en este mundo. La única luz proviene de verdaderos Cristianos y una iglesia como la nuestra. Jesús miró a Su pequeño grupo de Discípulos. Él les dijo: “Ustedes, y solo ustedes, son la luz del mundo”. Aquí hay unos ejemplos de eso.

El joven que uno de ustedes trajo a la iglesia dijo: “Parecía que no había razón para vivir...A veces desee no haber nacido y a veces pensé en el suicidio...Dr. Hymers me preguntó si Dios me amaba. Rápidamente dije ‘sí’. Pero Doctor Hymers me preguntó una vez más...De repente dije ‘no’, y lágrimas vinieron a mis ojos...Después de eso Dr. Hymers me preguntó si confiaría en Jesús, pero yo no podía, yo estaba demasiado asustado para renunciar a mi pecado. La semana siguiente vi mi pecado de una manera intensa. Me encerraba en el baño y lloraba mientras pensaba en mi pecado. Incluso cuando estaba en la escuela o en el trabajo, mi pecado no me dejaba en paz. El Domingo me rendí y estaba dispuesto a renunciar a todo por Jesús. Fui a ver a Dr. Hymers y confié en Jesús. Simplemente confié en Jesús solo por fe. Ese día estaba increíblemente alegre y pude dormir por la noche. El Salvador crucificado y amoroso me mostró misericordia a pesar de mi rebelión, y esto nunca lo olvidaré”.

Ahora escucha las palabras de una joven China que lleva una vida muy limpia. Ella dijo: “Entré en la iglesia y mi corazón estaba pesado. Dios me había despertado a sentir que yo era una pecadora. Todo el mundo a mi alrededor estaba de buen humor, pero yo no podía reprimir mi conciencia culpable. Ya no podía ignorar que mi corazón era feo, rebelde y contra Dios. Mi corazón ya no podía engañarme pensando que estaba bien y que era una buena persona. No estaba bien y no había bondad en mí. Mientras escuchaba el sermón, parecía que el pastor me hablaba directamente. Sentí un gran desasosiego sobre mí mientras hablaba de mi muerte. Me sentí como si fuera directamente al Infierno. Yo merecía ir al Infierno. Yo era una pecadora. Aunque pensaba que podía esconder mis pecados de la gente, no podía esconderlos de Dios. Dios los miraba todos...Me sentí completamente desesperada. Entonces, cuando el sermón estaba llegando a su fin, escuché el Evangelio por primera vez. Jesús murió en la Cruz en mi lugar, para pagar por mis pecados. Su amor por mí, una pecadora culpable era tan grande que Él murió en la Cruz por mí. Su sangre fue derramada por los pecadores. ¡Su sangre fue derramada por ! ¡Necesitaba desesperadamente a Jesús! En lugar de buscar la bondad en mí, miré hacia Jesús por primera vez. Y en ese momento Jesús me salvó, y lavó mi pecado con Su Sangre. Confié en Jesús y Él me salvó. ¡Toda mi bondad no pudo salvar a una miserable pecadora como yo, pero Jesús sólo me salvó! Jesús había roto las cadenas que me encerraban en el pecado. Jesús me vistió en Su Sangre. Él me vistió en Su justicia. Mi fe y seguridad están en Jesús solamente. ¡Yo era una pecadora, pero Jesucristo me salvó!”

Ahora aquí está otra mujer joven. Ella había sido una “buena” chica a los ojos del mundo. Ella había venido a la iglesia toda su vida pero todavía estaba perdida. Sin embargo, en su corazón estaba enojada con Dios. Escúchala. “A medida que el servicio continuaba me preocupaba cada vez más. Ni siquiera podía sonreír cuando todo el mundo estaba dándose la mano. El sentimiento de derrota y repulsión de mi pecado creció. Y entonces John Cagan predicó sobre ‘Dios está Correcto, y Tú estás Equivocado’. Cada punto entró e intensificó el pensamiento repugnante de mi pecado. Cuando John predicaba, me di cuenta de que Dios estaba hablando conmigo. Cuando John terminó de predicar, estaba muy angustiada. Entonces Dr. Hymers llegó al púlpito y habló de Jesús perdonando a una prostituta tomada en el mismo acto de adulterio. Aunque había oído esa historia antes, nunca me golpeó como lo hizo esa mañana. El amor de Jesús me impactó. Empecé a sentir un fuerte impulso de venir a Jesús. Dr. Hymers me llamó para hablar con él. Mi mente era un torbellino de pensamientos y miedos. Dr. Hymers se señaló a sí mismo y me preguntó si confiaba en él, y le dije ‘sí’. Entonces me dijo que era así como uno confía en Jesús. Siempre había odiado cuando me decían que ‘confiara en Jesús’. ‘¿Qué significa eso?’ Pensaba yo. ‘¿Cómo se supone que debo hacer eso?’ Y sin embargo, cuando Doctor Hymers lo explicó, era lo mismo que confiar en él, tenía sentido. En ese momento simplemente supe que Jesús me amaba. Mientras me arrodillaba, todo lo que podía pensar era que Jesús me amaba. Que Él perdonaría mi pecado. Que yo lo deseaba tanto. Doctor Hymers puso su mano en mi cabeza y lloró y oró por mí. Él me dijo que Jesús quería que confiar en Él. Incluso el más pequeño pedacito de fe le bastaba. Eso es todo lo que Jesús pedía. Y entonces, fue sólo en unos pocos momentos de tiempo, que confié en Jesús. No confié en que Él me salvaría. Confié en Jesús Mismo – comparable a cómo confié en mi pastor, Dr. Hymers. Antes yo buscara a través del abismo de mi mente una manera de confiar en Jesús, y una experiencia para seguirlo. Me rehusaba a confiar en Jesús solo, sin un sentimiento. Y luego, después de fracasar, siempre lloraba de frustración y autocompasión. También tenía miedo de tener una conversión falsa. Estaba en peligro de convertirme en una cínica total. Y sin embargo, después de pensar cuidadosamente, me di cuenta de que el mundo no tenía nada que ofrecerme. Nada de amor. Nada de propósito. Y nada de esperanza. Confía en Jesús ahora. Él es mi única esperanza. Me sorprende que todo lo que Jesús quería era que yo confiara en Él. Él sólo quería que confiar en Él, y en Él solo. Entonces hizo todo lo demás. Mi testimonio es realmente simple. Confié en Jesús y Él me salvó”.

Tomó varias personas para ganar esas almas para Jesús. Uno de los que llaman por teléfono los llamó. Dr. Chan arregló el trasporte para recogerlos. Las palabras de Aaron Yancy acerca de estar fuera de la iglesia, en el mundo...el vacío y la frialdad que el mundo ofrecería. Había los manuscritos del sermón que ellos leían, mecanografiados por Dr. Cagan, y los videos de nuestros sermones que ellos miraron, preparados por el Sr. Olivacce. Había el consejo de John Cagan. Había la amistad que ustedes les dieron. Finalmente estaban mis sermones, los sermones de John Cagan y los sermones de Noah Song. Después de una lucha interna que duró algunas veces por semanas, yo les pregunté: “¿Confiarás en Jesús?” Entonces ellos confiaron en Jesús. Suena tan simple y es simple. Varias personas en nuestra iglesia fueron usadas por Dios para llevarlos a Jesús. Todos nosotros fuimos “luces” para ayudarlos a encontrar a Jesús en este mundo oscuro. Como dijo el Dr. Lloyd-Jones: “Ustedes, y sólo ustedes, son la luz del mundo”. Como dice un viejo himno:

El mundo perdido en pecado se vio;
   Jesús es la luz del mundo;
Más en la tinieblas la gloria brilló;
   Jesús es la luz del mundo.
Ven a la luz, no quieres perder;
   Gozo perfecto al amanecer;
Yo ciego fui, más ya puedo ver;
   Jesús es la luz del mundo.
(Traducción libre de “The Light of the World is Jesus”
      por Philip P. Bliss, 1838-1876).

Queridos hermanos y hermanas, ustedes y yo tenemos el gran privilegio de reflejar la luz de Jesús en un mundo oscurecido por el pecado. Jesús nos ha dado la luz. Nuestro himno de avivamiento lo explica claramente:

Mi visión llena, bello Jesús,
   Haz que Tu gloria brille en mí ser.
Mi visión llena, que vean todos
   Tu imagen santa reflejada en mí.
(Traducción libre de “Fill All My Vision”
     por Avis Burgeson Christiansen, 1895-1985).

Queridos hermanos y hermanas, tenemos una obra maravillosa que hacer como Cristianos. Somos la sal de la tierra. ¡Nosotros, y solos nosotros, somos la luz del mundo! ¡Que todos reflejemos la luz de Jesús en un mundo oscuro y temeroso! Nunca dejes de trabajar para ganar almas. Y nunca, nunca, te desanimes en ganar almas. Jesús está contigo. Él te llevará a través de todas las dificultades y adversidades.

Ahora, para ustedes que todavía están perdidos es mi gran privilegio decirles que Jesús también los salvará. No tienes nada más que hacer que confiar en Jesucristo, el hombre que murió en tu lugar en la Cruz, y derramó Su preciosa Sangre para limpiarte de todo pecado. Hay un himno que lo dice todo:

A Jesús ven, a Jesús ven,
   Y confía en Él,
Él te salva, Él te salva,
   Él te salvará.
(Traducción libre de “Only Trust Him” por John H. Stockton, 1813-1877).


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(FIN DEL SERMÓN)
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El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Saved by the Blood” (por S. J. Henderson, 19th century).


EL BOSQUEJO DE

¡USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA
Y LA LUZ DEL MUNDO!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:13-16).

I.   Primero, ustedes son la sal de la tierra, Santiago 5:20; Mateo 5:13;
Lucas 14:23.

II.  Segundo, ustedes son la luz del mundo, Mateo 5:14.