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LAS DOS RAZONES POR QUÉ LAS IGLESIAS EN
ESTADOS UNIDOS Y EL OCCIDENTE
NO EXPERIMENTAN AVIVAMIENTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
La Noche del Día del Señor, Septiembre 25, 2016


Esta noche voy a hablar sobre las dos razones principales por las que las iglesias en los Estados Unidos y el mundo occidental no tienen avivamiento. Al decir “avivamiento” me refiero a los avivamientos clásicos que leemos del siglo 18 y la primera mitad del siglo 19. No me refiero a los tales llamados “avivamientos” de los Nuevos Evangélicos y Pentecostales en el siglo 20 y la primera parte del siglo 21, en el cual vivimos.

Por favor volteen en su Biblia a II Timoteo 3:1 (está en la página 1237 de la Biblia Anotada de Scofield). Quiero que leas conmigo los 7 primeros versículos de ese capítulo.

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (II Timoteo 3:1-7).

Ahora lee el versículo 13.

“Mas los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor, engañando y siendo engañados” (II Timoteo 3:13).

Estos versículos nos dicen acerca de la gran apostasía en las iglesias de “los postreros días” (3:1). Los versículos 2 al 4 describen la condición apóstata de la mayoría de los tal llamados “Cristianos” en nuestro tiempo. El versículo 5 nos da la razón por la que estos falsos “Cristianos” son tan malvados y rebeldes,

“Que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (II Timoteo 3:5).

Antes de explicar el versículo, voy a darte un poco de lo que dijo el Dr. J. Vernon McGee sobre este pasaje. En cuanto a “los postreros días” del verso 1 Dr. McGee dijo: “‘Los postreros días’ es un término técnico utilizado...[para] hablar de los últimos días de la iglesia”. En cuanto a los versículos 1 al 4 Dr. McGee dijo “Tenemos diecinueve diferentes descripciones dadas...es un grupo feo...Representan la mejor imagen Bíblica de lo que está pasando [en] los últimos días de la iglesia” (J. Vernon McGee, Th.D., A Través de la Biblia, notas sobre II Timoteo, capítulo 3). A continuación el Dr. McGee explica el versículo 5, “Teniendo apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella...” El Dr. McGee dijo: “¡Teniendo apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella! Pasan a través de los rituales de la religión, pero carecen de vida y realidad” (ibid.). Los tales llamados “Cristianos” tienen “apariencia de piedad” – es decir, tienen la forma exterior, pero niegan la eficacia de ella. Esto significa que nunca han sido verdaderamente convertidos por el poder de Dios y la Sangre de Jesús. Esto explica por qué el versículo 7 es verdad de la gran mayoría de los evangélicos hoy en día. Ellos “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. ¡Hay gente cierta así esta noche aquí!

Pueden estudiar la Biblia por décadas, pero nunca son convertidos. El Dr. Charles C. Ryrie dijo que significa, “Ellos nunca pueden llegar a un conocimiento de salvación en Jesús” (traducción de Ryrie Study Bible; nota del versículo 7). Millones de evangélicos están en esa condición hoy en día. Son hombres no convertidos, naturales. I Corintios 2:14 los describe, “El hombre [no convertido] natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios...y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. Ahora te daré dos razones por las que no ha habido un avivamiento importante en Estados Unidos y el Occidente por más de 140 años.

I. Primero, ¡no ha habido un avivamiento importante por más de 140 años porque virtualmente solo bautizamos personas perdidas!

Millones de evangélicos nunca han sido convertidos porque han sido engañados por el “decisionismo” traído a las iglesias por Charles G. Finney. Sus enseñanzas han llegado hasta las iglesias de tal manera que millones piensan que son salvos, ya que “hicieron una decisión”, oraron las palabras de la “oración del pecador”, o creyeron un versículo de la Biblia. Pero no han sido convertidos a través de la obra del Espíritu Santo. La primera obra del Espíritu de Dios es traer al pecador bajo convicción de pecado. Juan 16:8, 9 dice: “Cuando él [Espíritu Santo] venga, convencerá [dará convicción] al mundo de pecado...De pecado, por cuanto no creen en mí”. A menos que una persona perdida tenga profunda convicción por su pecado, nunca verá su verdadera necesidad de Jesús, Su sacrificio en la Cruz, y su necesidad de limpieza en la Sangre de Jesús. Muchas veces vemos personas que dicen que quieren ser salvas, pero como no han tenido convicción por su pecado, no son capaces de confiar en Jesús.

La segunda obra del Espíritu Santo es glorificar a Jesús. Jesús dijo: “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14), o como dijo Jesús en Juan 15:26, el Espíritu Santo “dará testimonio acerca de mí”. Después de tener convicción de pecado, el Espíritu Santo entonces, y sólo entonces, le muestra al pecador que sólo Jesús puede perdonar su pecado. La obra final de la conversión es Dios atrayendo al pecador a Jesús. Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere...” (Juan 6:44). La persona que dice: “¿Cómo vengo a Jesús?” No ha entendido que primero tiene que tener convicción de pecado, y luego ver a Jesús como su única esperanza para la salvación del pecado, y entonces ser atraído a Jesús. Toda la obra de salvación consiste en el poder de Dios. Los discípulos le preguntaron a Jesús: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Jesús respondió: “Para los hombres es imposible, más para Dios, no” (Marcos 10:26, 27).

En las clásicas conversiones Protestantes, la primera cosa que sucede es la profunda convicción de pecado que conduce al pecador a la desesperación de salvarse a sí mismo. Entonces el pecador ve a Jesús como su única esperanza, y viene a Jesús, cuando Dios lo atrae hacia el Salvador. Por supuesto todo esto es rechazado por el “decisionismo” moderno. Hoy en día todo lo que se necesita es decir las palabras de una oración, o caminar por un pasillo. La obra de Dios en el alma del hombre es completamente rechazada. Esa es la primera razón por la que no tenemos avivamiento.

John Cagan es un joven en nuestra iglesia que tiene la intención de entrar en el ministerio. Fue convertido a la edad de 15 años. Estoy dando todo su testimonio aquí por dos razones. Primero, porque es una conversión “antigua” perfecta de la clase que sucedía antes de que Finney cambiara la conversión a una mera decisión. Y, segundo, porque un estudiante universitario que resistió a Jesús por más de dos años fue convertido el Sábado pasado después de que lo oyó al ser leído. Sé de muy pocos testimonios que realmente hayan convertido a alguien. Aquí está el testimonio de salvación de John Cagan:

      Puedo recordar el momento de mi conversión tan vívidamente e íntimamente que las palabras parecen tan pequeñas en comparación con la gran diferencia que Jesús hizo. Antes de mi conversión yo estaba lleno de ira y odio. Tomé orgullo de mis pecados y me gustaba mucho causarles dolor a las personas, y yo me asociaba con los que odiaban a Dios; para mí el pecado no era un “error” que lamentar. Yo me puse intencionalmente en este camino. Dios comenzó a trabajar en mí de una manera que nunca podría haber previsto y mi mundo empezó a desmoronarse rápidamente a mi alrededor. En esas semanas antes de mi conversión me sentía morir: yo no dormía, no podía sonreír, no pude encontrar ninguna forma de paz. Nuestra iglesia estaba teniendo reuniones evangelísticas y yo puedo recordar claramente burlándome de ellas ya que no tenía ningún respeto por mi pastor y mi padre.
      El Espíritu Santo comenzó a darme convicción por mi pecado en ese momento, pero con toda mi voluntad rechacé todos los pensamientos que tenía acerca de Dios y la conversión. Me negaba a pensar en ello, sin embargo no podía dejar de sentirme atormentado. En la mañana del Domingo 21 de Junio del 2009, yo estaba agotado completamente. Estaba tan cansado de todo. Empecé a odiarme a mí mismo, a odiar mi pecado y como me hacía sentir.
      Mientras Dr. Hymers predicaba, mi orgullo estaba tratando desesperadamente de rechazarlo, no escucharlo, pero mientras él predicaba literalmente yo podía sentir todo mi pecado en mi alma. Estaba contando los segundos hasta que el sermón terminara, pero el pastor seguía predicando, y mis pecados se hicieron cada vez peor. Ya no podía dar coces contra el aguijón, ¡tenía que ser salvo! Aun cuando se dio la invitación me resistí, pero ya no podía soportarlo más. Yo sabía que era el peor pecador posible y que Dios era justo para condenarme al Infierno. Estaba tan cansado de luchar, estaba tan cansado de todo lo que era. El pastor me aconsejó, y me dijo que viniera a Jesús, pero yo no quería. A pesar de que todo mi pecado me condenaba todavía yo no quería a Jesús. Estos momentos fueron los peores de todos, me sentía como si yo no podía ser salvo y tendría que ir al Infierno. Yo estaba “tratando” de ser salvo, estaba “tratando” de confiar en Jesús y no pude, yo no pude ir por mí mismo a Jesús, no pude decidir hacerme Cristiano, y me hizo sentir muy desesperado. Podía sentir mi pecado que me empuja hacia el Infierno, sin embargo, yo podía sentir mi necedad deteniendo mis lágrimas. Estaba atrapado en este conflicto.
      De repente, las palabras de un sermón predicado años atrás entraron en mi mente: “¡Ríndete a Jesús! ¡Ríndete a Jesús!” El pensamiento que tenía que rendirme a Jesús me angustiaba tanto que por lo que pareció una eternidad me rehusaba. Jesús había dado Su vida por mí. El verdadero Jesús fue crucificado por mí cuando yo era Su enemigo y no me rendía a Él. Este pensamiento me quebró; tuve que dejar ir todo. Simplemente no podía aferrarme a mí mismo por más tiempo, ¡tenía que tener a Jesús! En ese momento me entregué a Él y vine a Jesús por fe. En ese momento parecía como si tuviera que dejarme morir, ¡y entonces Jesús me dio vida! No hubo ninguna acción o voluntad de mi mente, sino con el corazón, simplemente reposé en Jesús, ¡Él me salvó! ¡Lavó mi pecado en Su Sangre! En ese instante, dejé de resistir a Jesús. Era muy claro que todo lo que tenía que hacer era confiar en Él; puedo reconocer el instante exacto en que dejé de ser yo y era solo Jesús. ¡Tuve que rendirme! En ese momento no hubo ninguna sensación física o una luz cegadora, no necesitaba un sentimiento, ¡tenía a Jesús! Sin embargo al confiar en Jesús sentí como si mi pecado fue levantado de mi alma. ¡Me volví de mi pecado, y miré solo a Jesús! Jesús me salvó.
      ¡Cómo Jesús debió haberme amado al perdonar al peor pecador que había crecido en una buena iglesia y aun así se volvió contra Él! Las palabras no pueden describir mi conversión ni expresar mi amor por Jesús. Jesús dio Su vida por mí y por eso le doy mi todo a Él. Jesús dio Su vida por mi y por ello le doy mi todo a Él. Jesús sacrificó Su trono por una Cruz por mí aun cuando yo escupí Su iglesia y me burlé de Su salvación; ¿cómo podré proclamar suficientemente Su amor y misericordia? Jesús quitó mi odio e ira y me dio amor en su lugar. Me dio algo más que un nuevo comienzo – Me dio una nueva vida. Es solamente por fe que sé que Jesús ha borrado todos mis pecados, y me pregunto, cómo saberlo con mi falta de pruebas concretas, pero siempre me recuerdo a mí mismo que “la fe es la certeza de lo que no se ve” y encuentro paz sabiendo que después de pensar cuidadosamente, mi fe descansa en Jesús. Jesús es mi única respuesta.
      Estoy muy agradecido por la gracia que Dios me dio, por todas las oportunidades que me dio, y por atraerme con tanta fuerza a Su hijo porque yo nunca habría llegado a Jesús por mí mismo. Estas son sólo palabras, pero mi fe descansa en Jesús, porque Él me ha cambiado. Él siempre ha estado allí, mi Libertador, mi Descanso y mi Salvador. Mi amor por Él parece tan pequeño en comparación con lo mucho que Él me amó. Nunca podré vivir el suficiente tiempo o con suficiente sinceridad, no puedo hacer demasiado para Jesús. ¡Servir a Jesús es mi alegría! Él me dio vida y paz después de que todo lo que había conocido era odio. Jesús es mi ambición y dirección. No confío en mí mismo, pero puse mi esperanza en Él solo, porque Él nunca me ha fallado. Jesús vino a mí, y por esto yo no lo dejaré.

Esas son las palabras de la conversión de John Samuel Cagan a la edad de 15 años. Ahora tiene planes para entrar en el ministerio. ¡Lo qué pasó con John Cagan es lo que sucede en una conversión real! ¡Dios tiene que hacer por ti lo que hizo por John!

La mayoría de los predicadores de hoy inmediatamente le hubieran dicho que dijera una oración, y lo hubieran bautizado – ¡y lo hubieran hecho uno de los millones de personas perdidas en nuestras iglesias! La primera razón por la que no tenemos avivamiento hoy en día es que los predicadores no dejan que Dios obre en el corazón del pecador. ¡Arrancan al pecador de la obra de Dios y los bautizan perdido! Creo que casi todos los bautismos hoy en día son bautismos de personas perdidas. ¡Esa es la primera razón por la que no tenemos avivamiento! ¡Prácticamente todos son pronunciados salvos y bautizados sin una conversión real! Confieso que yo mismo he cometido ese pecado. Dios, perdóneme. ¿Pero por qué otra cosa Dios ha detenido el avivamiento de nosotros por más de 140 años? ¿Qué? ¡Bueno, hay una razón más!

II. Segundo, no ha habido avivamiento por más de 140 años porque enfatizamos al Espíritu Santo en vez de que los Cristianos confiesen sus pecados y sean limpiados por la Sangre de Jesús.

Esto era algo que ya sabía. Pero se ha vuelto mucho más claro para mí recientemente. He sido testigo ocular de tres avivamientos. El primero fue el más poderoso – y no depende del “Bautismo” del Espíritu, lenguas, curaciones, o milagros. Dependía completamente de los Cristianos confesando sus pecados y siendo limpios de nuevo por la Sangre de Jesús.

En nuestras iglesias hoy en día, las personas que están verdaderamente convertidas todavía se aferran a los pecados – pecados del corazón, pecados de la mente, pecados de la carne. En el primer avivamiento vi, a casi toda la iglesia confesar sus pecados a Dios en el altar, y derramar lágrimas amargas hasta que Dios les dio paz a través de la Sangre de Jesús. El Apóstol Juan dijo:

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (I Juan 1:9).

¿Y cómo limpia Dios los pecados de los Cristianos? “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado” (I Juan 1:7).

Primero, confesión de todo pecado, interior y exterior. Segundo, la limpieza de nuestros pecados por la Sangre de Jesús. Suena simple, ¿verdad? ¿Pero cuantas iglesias enfatizan eso hoy? No conozco ninguna que lo haga. ¡Y esa es la segunda razón por la que no hemos tenido avivamiento por 140 años!

Escucha las palabras de Brian Edwards, quien ha estudiado mucho el tema del avivamiento. Él dijo:

El avivamiento empieza con una terrible convicción de pecado. A menudo es la forma que toma esta convicción de pecado la que preocupa a los que leen sobre el avivamiento. A veces la experiencia es aplastante. ¡La gente llora sin control, y más! Pero no ha avivamiento sin lagrimas de convicción y pesar (traducción de Edwards, Revival, Evangelical Press, 2004, p. 115).

El primer avivamiento que vi comenzó con unos cuantos Cristianos llorando y confesando sus pecados. Pronto la iglesia entera estaba llena por horas con gente llorando, confesando sus pecados, y suspiros leves. Eso fue todo. Sin lenguas. Sin llenarse del Espíritu Santo. Sin curas. Sin desmayos en el Espíritu. Solo confesiones, llanto, oraciones, y cantos suaves. Pasaba por horas.

Luego paraba un día o dos – pero el Espíritu volvía – vez tras vez en intervalos por más de tres años. Cuando el avivamiento terminó más de 3,000 personas habían sido añadidas a la iglesia, una iglesia que comenzó con menos de 150 personas. Y tuvieron cuatro servicios, en vez de uno, todos los Domingos en la mañana, más dos servicios el Domingo en la noche.

Pero no creo que debamos orar que venga el avivamiento solo para que más gente venga a nuestras iglesias. ¡El motivo real debe ser tener una iglesia limpia! ¡Tenemos que tener una iglesia limpia!

Hemos tenido campañas grandes. Hemos tenido programas de TV Cristianos. Hemos tenido servicios de curación. Hemos visto iglesias tener las lenguas y otras experiencias. ¡Pero no hemos visto un avivamiento clásico en Estados Unidos por más de 140 años! Nos hemos desviado por otras cosas. No hemos dejado al Espíritu Santo convencernos de nuestros pecados a nosotros los Cristianos. ¡No hemos clamado a Jesús para que nos limpie de nuevo en Su preciosa Sangre sagrada!

Hemos tenido un “toque” de avivamiento en nuestra iglesia. En aproximadamente 4 noches 11 personas fueron convertidas, chequeadas por Dr. Cagan, que es un experto. Y todos los 11 dijo él fueron convertidos. Hemos tenido como 8 Cristianos que confesaron sus pecados y oraron con lágrimas cada noche. Nunca habíamos tenido reuniones así en 41 años, desde que nuestra iglesia comenzó.

Pero luego yo pequé. Dr. Cagan me dijo que no lo llamara “pecado”. Pero yo creo que sí pequé. ¡Me hice orgulloso, orgulloso de que tuvimos avivamiento! En realidad el avivamiento apenas había comenzado. Pero dejé de predicar sobre la convicción de pecado y la Sangre de Jesús. Di vuelta a las reuniones hacia otra cosa, y el énfasis se apartó de Jesús hacia el Espíritu Santo. Yo debía haber recordado que Jesús dijo que el Espíritu Santo: “dará testimonio acerca de mí” (Juan 15:26). Nunca debí dejar que alguien viniera a predicar sobre el Espíritu Santo. Esos fueron mis pecados. El pecado del orgullo y el pecado de presumir. Y yo confieso delante de ustedes esta noche. Mi pecado de orgullo y mi pecado de presumir. Por favor, oren por mi todos para que Dios me perdone por descuidar a Jesús y la confesión (oran). Ahora oren por favor que Dios vuelva a nosotros, como lo hizo en el primer avivamiento que vi. Oren para que la presencia de Dios vuelva a nosotros. Por favor oren con lagrimas, como lo hacen en la China (oran). Por favor de pie canten: “Aleluya, Jesús Salva”. Ahora canta “Espíritu de Dios”. Ahora canta: “Examíname, O Dios”. Ahora canta la primera y la última estrofa de “Mi Visión Llena.” Srita. Nguyen, ore por favor para que Dios descienda otra vez. Hay tantos aquí hoy que aun están perdidos y reincididos. Ora que Dios descienda para ellos.

Los que deseen que el avivamiento regrese, pónganse de pie y oren para que Dios descienda otra vez. Ora como lo hacen en la China. Los que quieran confesar sus pecados vengan al altar. Lo que quieran ser limpiados por la Sangre de Jesús, vengan acá y confiesen sus pecados. Los que quieran que Jesús los salve, vengan también. Un hombre laico Sureño Bautistta que ha asistido a nuestra iglesia por 25 años perdido, vino y confió en Jesús en una verdadera experiencia de conversión. Amén.


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(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Aaron Yancy Antes del Sermón: II Timoteo 3:1-5.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón: “Farther Along”
      (por W. B. Stevens, 1862-1940; arreglado y alterado por Barney E. Warren, 1867-1951).


EL BOSQUEJO DE

LAS DOS RAZONES POR QUÉ LAS IGLESIAS EN
ESTADOS UNIDOS Y EL OCCIDENTE
NO EXPERIMENTAN AVIVAMIENTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Porque de éstos son los que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias. Estas siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (II Timoteo 3:1-7).

(II Timoteo 3:13, 5; I Corintios 2:14)

I.   Primero, ¡no ha habido un avivamiento importante por más de 140 años
porque virtualmente solo bautizamos personas perdidas! Juan 16:8,
9, 14; 15:26; 6:44; Marcos 10:26, 27.

II.  Segundo, no ha habido avivamiento por más de 140 años porque enfatizamos
al Espíritu Santo en vez de que los Cristianos confiesen sus pecados y sean
limpiados por la Sangre de Jesús, I Juan 1:9, 7; Juan 15:26.