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LA FE QUE JUSTIFICA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 19 de Junio, 2016

“Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).


Sucedió el Domingo pasado. Un jóven Musulmán disparó y mató a 50 personas en un club nocturno de Orlando, Florida. Los mató por ser homosexuales. Me dijeron que el Korán enseña eso. ¡Afuera con tal enseñanza! ¡Afuera con tal crueldad y tal odio y violencia! ¡Afuera con eso! Estos asesinatos en masa se están volviendo común. Oímos hablar de estos homicidios, pero no nos impresionan tanto. Nos estamos acostumbrando a ellos. ¡Que Dios nos ayude!

¡Homicidios, guerras, enfrentamientos, casas e iglesias quemadas en el Norte de África, decapitaciones, torturas, violación, el miedo, el terrorismo! ¡Estas son experiencias diarias en nuestro tiempo!

Nos preguntamos, “¿Por qué?” ¿Por qué no podemos llevarnos bien con los demás? ¿Por qué no podemos vivir en paz? Los hombres han buscado una respuesta desde hace miles de años. ¿Por qué es tan cruel el hombre a sus semejantes? ¿Por qué somos como somos hoy?

Estas son preguntas con las que se trata en la Biblia. La Biblia es un libro sobre el mundo y sobre la humanidad. Es un libro de la historia y, podríamos decir, un libro de psicología.

Pero el mensaje central de la Biblia es el pecado, el pecado original, el resultado del pecado. Pecado. Esto significa “no alcanzar la meta”. La gente en el mundo alrededor de nosotros ha fallado de alcanzar la marca. No han vivido como deberían vivir. No han pensado como deberían haber pensado. No han sido lo que deberían haber sido. Ellos no han alcanzado la marca.

Incluso los hombres más fuertes han sido débiles espiritualmente. Incluso los hombres más inteligentes han sido retrasados mentales espirituales. Incluso aquellos que se enorgullecen de su valor han sido cobardes frente a la adversidad espiritual. No han sido soldados de la verdad, ni han sido campeones en la cara de la tentación. ¡Han sido conformistas al mundo, con sus carreras y con sus vidas! ¡No han sido varones de Dios, apasionados como deberían serlo! Ellos han cedido al mundo. Ellos han buscado seguridad en lugar de heroísmo, debilidad en lugar del valor. Son hombres sin pasión, con miedo de salir de su zona de comodidad. Son una raza de conformistas fríos, no poderosos hombres de Dios. Están esclavizados por sus “carreras” – como Sansón estuvo “atado con grillos de bronce”. Y no pueden escapar porque están dispuesto a ser esclavos, y temerosos de ser hombres. Ellos no han alcanzado la marca.

La humanidad entera no ha alcanzado la marca. Toda la humanidad yace bajo el hechizo del Maligno, el “príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia” (Efesios 2:2). Son “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:3).

Son como la gente en los días de Noé – “comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos” (Mateo 24:38, 39). Son como la gente de Sodoma. Ellos comen. Ellos beben. Compran y venden. Ellos plantan y construyen. “Mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos” (Lucas 17:29). ¡Ellos no han alcanzado la marca! Ellos están hipnotizados por el pecado. Deslumbrados por el mundo.

Ellos están bajo el control de Satanás, el enemigo de Dios. Ellos son esclavizados por los teléfonos celulares, atrapados por las drogas, violados por la pornografía, cautivados por los demonios, enredados en los asuntos de esta vida, temerosos, incrédulos, sin fibra moral. Ellos están cautivos por el adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, el odio, la ira y los conflictos, envidias, borracheras, orgías, y lujuria por la ganancia material. “No hay justo, ni aun uno. No hay quien busque a Dios”. Ninguno ha alcanzado la marca. “No conocieron el camino de paz”. Tal es la triste condición de la raza humana.

¡Pero Jesús ha venido a salvarte de tu corrupción de pecado! Jesús vino del tercer cielo, de otra dimensión, a nuestro mundo. Él descendió del trono de Dios al vientre de una virgen llamada María. Él vino a sanar el problema que entristece y atormenta a la humanidad hoy. Él es Jesús de Nazarét – el unigénito Hijo de Dios – la Segunda persona de la Santa Trinidad. ¡Y Él es el único que trae liberación, gozo, y satisfacción a los hombres y mujeres en la oscuridad de este mundo presente!

Pero solo pocas personas experimentan el gozo y liberación que Jesús vino a darnos. Tal vez te preguntas por qué tantos no están interesados en Jesucristo si eso es verdad. La razón se da en nuestro texto. Hay cuatro palabras en el texto que nos dan la respuesta.

“Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”
(Romanos 4:5).

Los daré en orden reverso.

La mayoría de gente no quiere admitir que es impía. La mayoría no quiere admitir que es pecadora. La Biblia dice:

“Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (I Timoteo 1:15).

Ellos no quieren confesar que son pecadores impíos. Es por eso que no están interesados en Jesús. Se resisten a la idea misma. Ellos no quieren decirse a sí mismos lo que dijo Sheila Ngann, “me sentí tan avergonzada y culpable ... Estaba tan avergonzada para mostrarle mi cara al Dr. Cagan, especialmente al Dr. Hymers ... me sentí tan disgustada conmigo misma, con la vida que estaba viviendo”.

No quieren confesar su pecaminosidad como lo hizo Kai Perng. Él dijo: “Yo sabía que era pecador corrupto. Trataba de ser bueno, pero no importa cuánto trataba todavía no me podía cambiar a mí mismo…me di cuenta de que era un pecador caído, que pecó contra Dios…sentí que estaba sin esperanzas”.

No quieren reconocer su pecado igual que Philip Chan. Philip dijo: “Él me mostró lo terrible que yo era en mi propio ser. Él me mostró que yo había pecado contra Dios con descaro. Él me convenció de muchos pecados que yo había cometido…La negrura de mi corazón era tan obvia, pero me resistía a mirarla. Él me hizo darme cuenta de que yo era indigno [a la vista] de Dios”.

Esos tres jóvenes están aquí esta mañana. Te diré cómo fueron convencidos de pecado por el Espíritu Santo. Parecían ser buenos. Ellos no sintieron la necesidad de que Jesús los salvara hasta que admitieron que eran pecadores impíos. ¡Eso es convicción de pecado! ¿Te has admitido a ti mismo que eres un pecador impío? ¿Alguna vez te has sentido asqueado de ti mismo? ¿Te has sentido avergonzado y culpable de tu pecado? ¿Alguna vez has sentido que no puedes cambiarte no importa cuánto trates? ¿Te has sentido alguna vez culpable de los muchos pecados que has cometido? ¿Has visto alguna vez la negrura de tu corazón ante la vista de Dios? Si nunca sientes algo de lo que ellos sintieron jamás, nunca estarás interesado en Jesús. Entonces nunca experimentarás la satisfacción de conocer a Jesús. Saldrás de esta iglesia y volverás a tu vida – y seguirás en tu manera de vivir – hasta que sea demasiado tarde – y mueras en tus pecados y te hundas en las llamas eternas del Infierno.

El siguiente versículo dice:

“Mas al que no obra...” (Romanos 4:5).

Toda religión en el mundo dice que puedes ser salvo con hacer alguna “obra”. Islam dice eso. El Budismo dice eso. Hasta las tales llamadas iglesias “Cristianas” dicen eso. Toda religión dice que debes hacer alguna obra para ser salvo. Pero la Biblia misma dice que están equivocadas. La Biblia dice:

“Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho” (Tito 3:5).

La Biblia dice:

“Pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe ” (Efesios 2:8, 9).

Nuestro Texto dice: “Mas al que no obra…” (Romanos 4:5).

Tú puedes ser bautizado, pero eso no te salvara de tu pecado. Te puedes unir a una iglesia pero eso no te salvara del pecado. Puedes limpiar tu vida, y vivir una vida mejor, pero eso no te salvara de tu pecado. Puedes tratar de cambiarte a ti mismo, pero eso no te salvara de tu pecado. Tú puedes estar en esta iglesia todos los Domingos toda tu vida, puedes ser un joven que nació aquí, pero eso no te salvará del pecado. “Ninguna” cosa buena que puedas hacer te puede salvar de tu pecado y de los tormentos del castigo eterno. La Biblia dice:

“Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”
(Romanos 4:5).

Por último, el texto dice: “Mas al que no obra, sino cree en aquel”. “Aquel” es el Señor Jesucristo. Él es el unigénito Hijo de Dios. Él es el único que te puede salvar de tu pecado. Jesús bajó del Cielo para pagar la pena de tu pecado en la Cruz. La Biblia dice:

“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos”
(Romanos 5:6).

La Biblia dice:

“En quien [Jesús] tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados” (Efesios 1:7).

¡Cuando pares de tratar de salvarte a ti mismo – cuando confíes en Jesús Mismo – entonces Su Sangre Santa, derramada en la Cruz, te limpiará de todo pecado!

¿Qué ha arruinado a la raza humana? ¿Por qué la gente no puede vivir en paz? ¿Por qué los seres humanos andan de guerra en guerra? ¿Por qué todas las matanzas y todo el odio?

La Biblia nos dice que todo el problema se debe al pecado. El pecado es nuestra rebelión contra Dios, nuestra desobediencia a Dios. Eso es lo que la Biblia llama “pecado”. El pecado es el principio retorcido y pervertido que controla lo consciente así como lo subconsciente de la mente de toda la humanidad.

Pero la Biblia va más allá. No solo revela lo que está mal con la raza humana. También nos da el remedio – el antídoto, la medicina para curar el pecado del hombre.

La medicina no es la “religión”. La cura no está en Islam, el Budismo, ni en la Cristiandad institucional. La cura para tu pecado no se puede hallar en ninguna de las religiones del mundo. ¡La cura no está en la religión, sino que en una persona! Y esa persona es Jesucristo, el Hijo de Dios.

Jesucristo no es un hombre ordinario. Él salió de la eternidad a entrar al tiempo. Él vino de la gloria del Cielo, a un mundo de oscuridad y pecado. Él bajó del Cielo a este planeta Tierra. Él vino a salvarnos de nuestro pecado. Él vino a morir en la Cruz para pagar la pena de nuestro pecado. Él vino a derramar Su Sangre sobre la Cruz para limpiarte de tu pecado. Un himno antiguo lo dijo bien:

¡Completo en Tí! Ninguna obra mía
   Puede tomar, amado Señor, Tu lugar;
Tu sangre ha comprado mi perdón,
   Y ahora estoy completo en Ti.
(traducción de “Complete in Thee” por Aaron R. Wolfe, 1821-1902).

¡Ahora escucha a Sheila Ngann! “Dr. Hymers [me dijo del] bello rostro de Jesús, cubierto en Su Sangre. Cuando pienso en ello todavía me saca las lágrimas. Nunca olvidare ese rostro, aquella cara [de Jesús] que murió amorosamente por mi…Dr. Cagan me preguntó: “¿Vendrás a Jesús?’ Yo dije: ‘Sí, vendré a Él’. Me lancé sobre Jesús aquel día. Me rendí completamente a Él. Aquel día Jesús me salvo. Aquel día Jesús lavó mis pecados.”

Ahora escucha a Kai Perng. Él dijo: “Yo vine a Jesús. Por fe simple en Jesús, Jesús me salvó de mis pecados con Su preciosa Sangre”.

Philip Chan dijo: “Cuando hablé con Dr. Hymers en la sala de consejo, me dijo que debía confiar en Jesús y en Él solo. ¡Nadie más y nada más…me puse de rodillas y confié en el Señor Jesucristo Mismo! Yo sabía que necesitaba a Jesús entonces y allí mismo. ¡No debo esperar! Esperar es permanecer en esclavitud. Yo tenía que ir a Él para la limpieza de mi pecado. ¡Así que fui a Él! Los pensamientos de seguridad propia ya no estaban. Jesús se volvió mi seguridad y mi esperanza. Jesús quitó mi carga pesada de pecado. Él me dio paz con Dios. ¡Ahora verdaderamente puedo llamarlo mi Salvador! Cuando me siento seco y vacío, recuerdo himnos como ‘A mi Ser Ama Jesús’ y recuerdo que tengo un amigo en Jesús. ¡Alabado sea Dios que dio a Su Hijo, Jesús, para rescatarme y perdonar mi pecado con Su Sangre!

Estos testimonios muestran la gracia de Dios en Jesús. Julie Sivilay cantó el himno de John Newton antes de este sermón.

La gracia me enseñó a temer,
   Mis dudas ahuyentó,
¡Oh cuan preciosa gracia hallé
   Cuando mi alma creyó!
(“Amazing Grace” por John Newton, 1725-1807).

“Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).

La fe en Jesús es todo lo que Dios quiere. Dios solo pide que confíes en el Señor Jesucristo. No importa las obras buenas que hagas, todavía eres hijo de ira, todavía maldito por el pecado, hasta que confíes en Jesús. El mismo momento que confíes en Jesús, tu fe es contada por justicia. Desde el momento que confías en Jesús, Dios no te castigará por tus pecados. Tan pronto confíes en Jesús, Dios te trata como si no fueras culpable y justo. Ven pronto. Confía en el Señor Jesús. ¡Tus pecados serán limpiados por la Sangre que Él derramó por ti en la Cruz!

¡Completo en Tí! Ninguna obra mía
   Puede tomar, amado Señor, Tu lugar;
Tu sangre ha comprado mi perdón,
   Y ahora estoy completo en Ti.

Por favor de pie. Si estás cansado de tu pecado, y enfermo de vivir en el pecado, te pido que confíes en Jesús ahora. Todos cierren los ojos por favor. Si quisieras hablar con nosotros acerca de confiar en Jesús, por favor sigue a Dr. Cagan, y los otros consejeros a la parte de atrás del auditorio ahora. Amen.


A Dr. Hymers le gustaría saber de ti si este sermón te bendijo. CUANDO LE ESCRIBAS A DR. HYMERS DEBES DECIRLE DE QUE PAÍS LE ESTÁS ESCRIBIENDO O ÉL NO PODRÁ CONTESTAR TU CORREO. Si estos sermones te bendicen por favor envía un correo electrónico a Dr. Hymers y díselo pero siempre incluye de qué país estás escribiendo. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net (oprime aquí). Puedes escribirle a Dr. Hymers en cualquier idioma, pero escribe en Inglés si es posible. Si deseas escribirle a Dr. Hymers por correo postal, su dirección es P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015. Puedes llamarle por teléfono al (818) 352-0452.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Romanos 4:5-8.
El Solo Cantado Antes del Sermón por la Srita. Julie Sivilay:
“Amazing Grace” (por John Newton, 1725-1807).