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LA SALVACIÓN ES DEL SEÑOR

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 12 de Junio, 2016

“La salvación es de Jehová” (Jonás 2:9).


Una traducción moderna dice: “La salvación es del Señor”. El comentarista Alemán C. F. Keil nos dice lo que eso significa. “La salvación está en el poder [de Dios], por lo que sólo Él puede conceder la salvación” (traducción de Keil and Delitzsch; nota sobre Jonás 2:9). El Dr. J. Vernon McGee dijo: “Si alguna vez eres salvo, es porque la salvación es [del] Señor...la salvación es la obra de Dios de principio a fin”. La Salvación es de Jesús. La salvación te trae gozo, paz, vida eterna, y los pecados perdonados.

¿Por qué Jonás dijo “la salvación es del Señor”? Porque él estaba perdido. Él no tenía ninguna esperanza. Él sabía que no podía salvarse a sí mismo. Fue expulsado de una nave al océano. Un monstruo marino se lo tragó. Él estaba en el estómago de la criatura monstruosa. Él no podía hacer nada. Él no tenía fuerzas para salvarse a sí mismo. No había manera de que él escapara.

Nunca serás salvo hasta que sientas algo de la desesperanza que Jonás sintió. ¡Jonás clamó!

“Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre… Cuando mi alma desfallecía en mí” (Jonás 2:5-7).

Debes sentir algo de eso o nunca serás capaz de decir: “la salvación es del Señor”. Tú puedes pensar que eso nunca le pasa a la gente hoy en día. Pero estás equivocado. ¡Cada Cristiano aquí esta mañana sintió algo de eso! Primero te debes sentir pecaminoso y perdido, antes de que puedas confiar en Jesús y ser salvo.

Karen Yang dijo: “entré a la iglesia y mi corazón estaba pesado...yo era una pecadora. Todos a mí alrededor estaban en un estado de ánimo alegre. Yo no pude reprimir mi conciencia culpable. Podía sentir el peso de mis pecados presionándome, como que yo llevaba una piedra pesada sobre los hombros...Mi corazón ya no podía engañarme que yo estaba bien y era una buena persona. Yo no estaba bien y no había bondad en mí. Yo sabía que si moría en ese instante, yo iría directamente al Infierno...yo era una pecadora. Pensé que podría ocultar mis pecados de la gente. Pero no pude ocultar mis pecados de Dios. Dios los vio todos...me sentí completamente indefensa”.

Allí estaba ella, una niña adolescente China. Nunca habrías pensado que era una pecadora. Ella nunca había tomado drogas. Ella nunca había andado por ahí con los muchachos. Ella se veía limpia y buena. Sin embargo, ella dijo: “¡Yo ya no podía pasar por alto el hecho de que mi corazón era feo, rebelde, lleno de maldad, contra Dios!...No estaba bien y no había bondad en mí... yo era una pecadora”.

Ella se sintió como Jonás, ahogándose en un océano de pecado – ¡con algas marinas envueltas alrededor de su cabeza! Si nunca sientes algo de eso nunca serás capaz de decir: “la salvación es del Señor”.

Jack Ngann era un niño Chino agradable. Se veía tan limpio y bueno. Nadie hubiera sospechado que era verdaderamente un pecador. Pero él fue al cuarto de consejo. Él dijo: “Me sentía en un estado de culpa por los pecados que había cometido. Recordé claramente el peor pecado que había cometido. Me demostró que yo era un pecador terrible...yo estaba llorando por el dolor, el miedo y la culpa”.

Jack pensó en el peor de los pecados que había cometido. Espero que hagas eso en este momento. Piensa en el peor de los pecados que has cometido. Jonathan Edwards dijo que eso a menudo ayuda a las personas a ver qué terribles pecadores son. Jack lloró “por el dolor, el miedo y la culpa”. Fue entonces cuando él empezó a comprender lo que Jonás experimentó – “Salvación es del Señor”.

Estefania Baltazar tuvo tres conversiones falsas. Ella dijo: “Siempre estaba confiando en una sensación...yo estaba tan ocupada tratando de ganar mi salvación que nunca pensé en Jesús”. Entonces ella dijo: “Mi naturaleza pecaminosa comenzó a ser insoportable. Yo pecaba sin fin en mi mente y corazón. Nunca tuve paz en mi alma. Llegó un punto en que no podía dejar de pensar en mis pecados y la condenación que me esperaba. Mis pecados me atormentaban. No podía reír o disfrutar de nada. Pensé, ‘¿Cómo puedo bromear y reír cuando mi alma está en peligro de condenación eterna?’ Nada podía quitar mis pecados de mi mente....traté de corregir mi naturaleza pecaminosa ...pero no podía escapar de mi mente y corazón pecaminosos...yo lloraba desesperadamente y oraba a Dios.

Yo podía sentir mi cara roja y el sudor goteando por mi rostro, pero permanecía perdida y sin esperanza. Lloraba hasta quedarme dormida...me di por vencida en mí misma. Yo había abandonado completamente la idea de ser salva”. Ella se estaba ahogando, como Jonás, en un océano de pecado. Para hacerte Cristiano, debes sentir al menos algo de eso – o nunca serás capaz de decir: “la salvación es del Señor”.

Yo sé que tú continuarás pensando que estás bien, a menos que te des cuenta de tu pecado. Puedes decir: “Eso está bien para esos jóvenes – pero yo no estoy tan mal”. Querido amigo, tú eres realmente peor que esos jóvenes. Se honesto contigo mismo. No eres mejor que ellos. ¡Eres peor! Ellos tomaron tiempo para pensar – para pensar profundamente – para recordar los pecados que habían cometido – para pensar en el hecho de que en realidad no aman a Dios. Tú vienes a la iglesia para ver a tus amigos. Tú en realidad no vienes a adorar y alabar a Dios. Te gusta estar con nosotros comiendo feliz después del servicio. Te gusta hablar con todas las personas agradables después. Pero, ¿dónde está Dios en todo esto? ¿No es cierto que realmente no piensas en Jesús cuando vienes a la iglesia? De hecho a menudo tienes pensamientos lujuriosos, celos, incredulidad, envidia, pensamientos feos y sucios.

Tú ciertamente no eres tan bueno como lo era Charles Wesley. Él fue de Inglaterra como misionero a los Indios en América. Tú nunca has tratado de ayudar a alguna persona a encontrar a Jesús – ¿verdad? Wesley ayunaba y oraba varias veces cada semana. Tú nunca has dejado de comer y pasar horas en oración – ¿verdad? Tú no eres tan bueno como Charles Wesley – ¿verdad? Y sin embargo, Charles Wesley dijo:

Santo y justo eres Tú,
   Yo soy toda indignidad;
Tengo mal y falsedad,
   Tienes Tu gracia y verdad.
(Traducción libre de “Jesus, Lover of My Soul”
      por Charles Wesley, 1707-1788).

Y ese hombre que parecía bueno dijo:

Resistí la gracia de Él,
   Mucho yo le provoqué,
Al llamarme no escuché,
   Mil veces le contristé.
¿Hay clemencia aún allí,
   Reservada para mí?

¡Hazme arrepentirme, Dios!
   Mis pecados lamentar;
Mi rebelión deplorar,
   Llorar, creer, no pecar.
¿Hay clemencia aún allí,
   Reservada para mí?
(Traducción libre de “Depth of Mercy” por Charles Wesley, 1707-1788).

Charles Wesley fue mejor hombre de lo que tú puedas llegar a ser. Y sin embargo él podía decir:

Santo y justo eres Tú,
   Yo soy toda indignidad;
Tengo mal y falsedad,
   Tienes Tu gracia y verdad.

Esa es la forma en que Jonás se sintió. Él sabía que era un pecador. Se estaba ahogando en el estómago de ese pescado monstruoso. Se estaba ahogando en pecado. No tenía esperanza. No podía hacer nada para salvarse a sí mismo. Él estaba completamente indefenso. Sólo el Señor podía salvarlo ahora. Él dijo: “Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, Y mi oración llegó hasta ti…La salvación es de Jehová” (Jonás 2:7, 9). ¡Él sabía que sólo Jesús podía salvarlo!

¿Has llegado a ese lugar? Noah Song lo hizo. Él dijo: “El Espíritu Santo me hizo ver lo indefenso pecador que era. Me sentí tan disgustado de mi pecado...Dr. Hymers me preguntó si confiaría en Jesús y le dije ‘sí’. Dr. Hymers estaba cantando, ‘Hay lugar en la cruz para ti, hay lugar en la cruz para ti. Aunque millones han venido, todavía hay lugar para uno, hay lugar en la cruz para ti’. Vine a Jesús con toda mi culpa y pecado. Jesús no me rechazó. Fue Jesús y Su Sangre limpiadora que me salvó... ¡Qué Salvador tan poderoso! Yo le amo porque Él me amó primero en esa vieja cruz. ¡Jesús es mi Salvador y mi Rey! Me ha salvado del aguijón de la muerte, y la corrupción del pecado. Me sentí tan bajo como la suciedad, pero Jesús me levantó y me salvó. Soy un pecador salvo por la gracia. ¡Jesús ha hecho toda la diferencia! Jesús sangrado en la Cruz por mí, para pagar por mis pecados, y el amor que Él tiene para mí, siempre lo recordaré”.

“La salvación es del Señor”.

Jack Ngann dijo: “Dr. Hymers me dijo: ‘Todo lo que Él requiere es ver tu necesidad de Él’. Seguro que sí vi [mi] necesidad de Jesús en ese momento. Yo pensaba constantemente que ‘no había salida’. Mientras me arrodillaba para orar, un mayor torrente de pensamientos fluyó a través de mi mente, ahora sé que era el mismo Diablo tratando de evitar que confiara en Jesús. Entonces yo confié en Jesús. Salté a Jesús. Por simple fe en el Señor Jesucristo y su Sangre que abolió mi pecado fui salvo”.

“La salvación es del Señor”.

Estefania Baltazar dijo: “Ese Domingo Dr. Hymers nos dijo que nos pusiéramos de rodillas y confiáramos en Jesús...Yo no analicé mi pecado o mis sentimientos como siempre lo hice. Mi corazón clamó a Jesús por perdón. Mientras estaba de rodillas, miré a Jesús por fe y confié en Él por completo. Rápidamente me senté en mi silla. Salí del cuarto de consejo como una pecadora perdonada. No vi ni sentí a Jesús. No tuve una experiencia religiosa divina. Yo simplemente confié en Él. El momento en que confié en Jesús, Él lavó mis pecados con Su Sangre. Yo no tuve la seguridad que pensé que necesitaba, pero estaba increíblemente feliz porque Jesús perdonó mis pecados, y mi registro de pecado fue limpiado. Me alegro de saber que Dios ve la sangre de Jesús y no mis pecados cuando me mira...Desde que era una niña, siempre he sentido un inmenso vacío dentro de mi alma. Nada en este mundo podría deshacerse de eso, solo Jesús, el día que me salvó”.

“La salvación es del Señor”.

Karen Yang dijo: “A medida que el sermón se acercaba al final, yo [escuché] el Evangelio de Jesucristo por primera vez. Jesús murió en la Cruz en mi lugar, para pagar por mis pecados...Su Sangre fue derramada por los pecadores. ¡Su Sangre fue derramada por mí! ¡Yo necesitaba desesperadamente a Jesús!...Mis ojos se levantaron lejos de mí. ¡Miré hacia Jesús por primera vez, y en ese momento me salvó! Jesús no me rechazó como yo lo había rechazado a Él por tanto tiempo. Me recibió y lavó [mi pecado] en Su Sangre. Ahora entendía lo que John Newton quiso decir. Él dijo: ‘¡Sublime gracia! ¡Qué salvo tal vil ser como yo! Yo ciego fui más salvo soy, perdido y Él me halló’”. Karen dijo: “¡Ahora veo que Jesús es mi Salvador! ¡Yo era una pecadora, pero Jesucristo me salvo!”

“La salvación es del Señor”.

John Cagan se graduó de la universidad ayer. Pero él fue salvo en 2009. John dijo: “El pastor me aconsejó, y me dijo que viniera a Jesús, pero yo no lo hacía. A pesar de que todo mi pecado me condenaba, todavía no quería a Jesús. Estaba ‘tratando’ de ser salvo, estaba ‘tratando’ de confiar en Jesús y no pude. Simplemente no pude traerme a mí mismo a Jesús, y me hacía sentir desesperado. Podía sentir que mi pecado me empujaba hacia el Infierno, también podía sentir mi necedad haciéndome tragar mis lágrimas. Estaba atrapado en ese conflicto.

De repente, las palabras de un sermón predicado años antes entraron en mi mente: ‘¡Ríndete a Jesús! ¡Ríndete a Jesús!’ El pensamiento que tenía que rendirme a Jesús me angustiaba tanto que pareció una eternidad y yo simplemente no lo hacía. Jesús había dado Su vida por mí. Jesús fue crucificado por mí cuando yo era Su enemigo y no me rendía a Él. La idea me quebrantó; tuve que dejar ir todo eso. No podía aferrarme a mí mismo por más tiempo. ¡Yo tenía que tener a Jesús! En ese momento me entregué a Él y vine a Jesús por fe. ¡En ese momento parecía como si yo tuviera que dejarme morir, y entonces Jesús me dio la vida! No hubo ninguna acción o voluntad de mi mente pero con el corazón, con un simple reposo en Jesús, ¡Él me salvó! ¡Él lavó mi pecado en Su Sangre! En ese simple momento, dejé de resistir a Jesús, ¡Él me salvó!... En ese momento no había ninguna sensación física o luz cegadora. No necesitaba un sentimiento, ¡tenía a Jesús! Sin embargo confiar en Jesús se sintió como si mi pecado fue levantado de mi alma. ¡Me volví de mi pecado, y miré solo a Jesús! Jesús me salvó...Él me dio vida y paz después de que todo lo que había conocido era como odiar. Jesús vino a mí, y por esto no lo dejaré”.

“La salvación es del Señor”.

“Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra”. ¡Jonás fue salvo! Él dijo: “la salvación es del Señor”, y así fue. Y así será contigo en el momento que confíes en Jesús, el Hijo de Dios. ¡Confía en Jesús ahora y serás salvo del pecado y el Infierno por todo el tiempo y toda la eternidad! No necesitas ver a Jesús. No necesitas sentirlo. Él está en el Cielo en otra dimensión. Solo confía en Él. ¡Él perdonará tu pecado y te salvará!

Si ves tú necesidad de Jesús, quiero que sigas a Dr. Cagan, John Cagan y Noah Song a la parte de atrás del auditorio ahora. Te llevarán a una habitación tranquila en la que podemos hablar y orar. Amén.


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(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Jonás 2:5-10.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Depth of Mercy” (por Charles Wesley, 1707-1788).