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APACIENTA MIS OVEJAS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 21 de Febrero, 2016

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos” (Juan 21:15).


Voltea por favor a Juan 21:15. Está en la página 1101, en la Biblia anotada de Scofield. Por favor mantén tu Biblia abierta allí.

Jesús había resucitado de entre los muertos. Él vio primero a Pedro, y luego vio a los otros con Pedro, en una habitación en Jerusalén. Comió con ellos y abrió las Escrituras a ellos. Él sopló sobre ellos, y ellos recibieron el Espíritu Santo.

Ahora los Discípulos fueron al Mar de Galilea. Yo creo que ellos esperaban ver a Jesús de nuevo. Pedro dijo: “Voy a pescar”. Los otros dijeron que iban a ir con él. Era de noche. A menudo pescaban por la noche porque era más fresco. Pero esa noche no pescaron nada.

Cuando el sol salió a la mañana siguiente vieron a Jesús que estaba a la orilla. Pero los Discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les llamó, “Amigos, ¿han pescado algo?” Le contestaron, “No”. Espero que no tengas que decir “no” cuando Jesús te pregunte cuántas personas salvaste mientras estabas en la tierra. A veces estamos tan ocupados agarrando nombres para darles seguimiento que ni siquiera vemos cuantos “peces” hemos traído a la iglesia. La semana pasada una persona se quejó conmigo porque tenemos tan pocos. ¡Leí una lista de treinta y tres nombres de los jóvenes que han venido a nuestra iglesia en los últimos meses! Treinta y tres personas han venido, pero ella no parecía darse cuenta de ello. Si todas las 33 personas hubieran llegado a la vez ello lo habría visto. Pero no lo hizo porque vinieron una o dos a la vez. Aquí está una lista de personas que han venido a nuestra iglesia en los últimos meses. Tenemos que tener cuidado de no ignorar a los que vienen. Son muy importantes, como veremos en un minuto.

Jesús gritó de nuevo a los Discípulos: “Echad la red a la derecha de la barca y hallaréis”. Ellos hicieron lo que Él dijo y no podían sacar la red porque había muchos peces en ella. Tenemos que tener mucho cuidado cuando pescamos por almas. Te puedes poner tan emocionado cuando ves un gran número de visitantes que los pierdes todos. Tú dirás: “¿No fue grandioso el pasado Domingo?” ¡Pero te desanimarás el siguiente Domingo cuando ninguno de ellos vuelva! Tienes que tener mucho cuidado al hablar con ellos y hacerlos sentir como en casa, sino, vas a ser como los Discípulos que: “no la podían sacar, por la gran cantidad de peces” (Juan 21: 6).

Cuando eso sucedió al Apóstol Juan dijo a Pedro: “Es el Señor”. Parece que Pedro estaba tan ocupado tratando de sacar el pescado que no vio que era Jesús Él que los llamaba desde la orilla. Hay otra lección en eso. La primera lección es centrarse en los que vienen, o vamos a perderlos a todos. La segunda lección es que no debes estar tan ocupado agarrando nombres que te olvidas de centrarte en Jesús en oración. ¿No es obvio a estas alturas que sin Él no podemos hacer nada? La oración es extremadamente importante, en esta obra de ganar almas.

Cuando Pedro se entera de que el hombre en la playa es Jesús, se quitó el abrigo de pescador y se tiró al agua. Pedro quiere acercarse a Jesús lo más rápido posible. Jesús había perdonado su pecado, y Pedro jamás lo volvería a negar. Él amaba a Jesús y nadó a la orilla para estar con Él.

Los otros Discípulos vinieron en la barca arrastrando la red llena de peces. Jesús dijo: “Traed de los peces que acabáis de pescar”. Pedro subió a la barca y trajo la red a la orilla. Estaba llena con 153 peces grandes. Vieron a Jesús junto a un fuego de brasas donde se cocinaban los pescados, y el pan.

Jesús les dijo, “Venid comed”. Ninguno de los Discípulos se atrevía a preguntarle quién era. Ellos sabían que era el Señor. Jesús tomó el pan y se lo dio a ellos. Entonces les dio el pescado que él había asado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a Sus Discípulos después de haber resucitado de entre los muertos.

Por favor, pónganse de pie y lean en voz alta los versículos 15, 16, 17.

“Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas” (Juan 21:15-17).

Pueden sentarse.

Por qué Jesús le preguntó tres veces, “¿Me amas?” Se ha dicho que Pedro lo negó tres veces, y ahora Jesús lo hace afirmar su amor por Él tres veces. Parece que las tres preguntas son las mismas, pero son diferentes en el Griego.

Jesús le llama “Simón, hijo de Jonás”. Ese era su antiguo nombre. Anteriormente Jesús le cambió el nombre a Cefas, que significa “hombre roca” en Arameo, y en Griego Petros – en Español Pedro. Aquí, en estas tres preguntas Jesús vuelve a utilizar su antiguo nombre, Simón, hijo de Jonás. Esto le recuerda a Pedro que él no había actuado como un “hombre de roca” cuando negó a Jesús un par de noches antes. Jesús no hace esto para avergonzarlo, sino para recordarle a Pedro que él es débil y necesita al Señor para hacer de él un “hombre de roca”.

Entonces Jesús dijo: “¿Me amas más que éstos?” – ¿Más de lo que estos otros Discípulos me aman? Pedro dice: “Señor, tú sabes que te amo”. La palabra que Jesús usó para amor era agapaō. La palabra Griega para amistad es phileō. Pero agapaō es la forma más grande de amor. Es la palabra que la Biblia usa para el amor de Dios, y el amor Cristiano de uno al otro en la iglesia. Pero Pedro le responde con la palabra phileō en lugar de agapaō. Él le dijo a Jesús: “Sabes que te quiero como un amigo”. Creo que todavía estaba avergonzado por haber negado a Jesús – así que usó una palabra menor, “Tengo afecto por ti”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”. Apacienta mis ovejas bebés. Esto nos aplica también a nosotros. Si verdaderamente amamos a Jesús, nosotros cuidaremos a las personas nuevas, las ovejas bebé.

Hace años teníamos gente en nuestra iglesia que dijeron que amaban a Jesús, pero fueron muy duras con mis dos niños pequeños. Trataron a mis niños pequeños muy duro en la Escuela Dominical. No supe de eso hasta mucho tiempo después. Pero la gente suele hacer eso a los hijos del pastor. Y la razón por la que lo hacen es porque no aman a Jesús. Si aman a Jesús tomarían mucho cuidado de las pequeñas ovejas. El pastor asistente fue el director de la Escuela Dominical – y él y sus amigos fueron muy malos con mis hijos. No hay que sorprenderse de que un hombre así haya tratado de destruir nuestra iglesia unos años más tarde. Él no amaba a Jesús – que fue probado al no amar a las ovejas bebés en su Escuela Dominical. Me dolió el corazón cuando me enteré de ello más tarde. Oro que mis hijos sean capaces de superar su crueldad. Estoy seguro de que él quería arruinar su fe. Que el Señor anule su maldad y la utilice para bien. Jesús le dijo a Pedro: “Si me amas, cuida de mis pequeños corderos”. Mucha más maldad se hace en nuestras Escuelas Dominicales de lo que la gente cree. Es por eso que la deshice en nuestra iglesia. Ahora traemos a los niños a nuestros servicios de la iglesia. Muchas de las personas que trabajan en la Escuela Dominical no están calificadas para cuidar las ovejas. Esa es una razón por la que nuestras iglesias pierden más del 88 por ciento de sus niños antes de que cumplan 25 años de edad – y por supuesto hay algunas otras razones, pero esa es una de ellas. Sé de una persona cuya hija es prostituta. Esa persona dirige la Escuela Dominical. ¡Ridículo! Si ella no pudo criar a su propia hija, ¿cómo podía ayudar a los niños de cualquier otra persona?

La segunda vez Jesús deja fuera las palabras, “más que éstos”. Pero aún así Pedro no se atreve a utilizar la palabra agapaō. Todavía usa phileō – “Señor, tú sabes que te tengo afecto”. Jesús dice: “Pastorea mis ovejas” – cuida de ellas. No es posible que un pastor haga esto si los lideres de su iglesia no son convertidos. ¡En la década de 1960 (por dos meses) yo fui el pastor interino de una iglesia con sólo dos ovejas en ella! ¡Todos los demás eran cabras! ¡Fue realmente horrible! ¡Una pesadilla! Muchos pastores hoy en día están tratando de “enseñar” a las cabras a ser ovejas. Yo estuve alrededor de cabras y ovejas cuando era niño en el hermoso desierto de Arizona. Sé por experiencia que no puedes pastorear una cabra. ¡Y tampoco puedes “enseñar” a una cabra a ser oveja! Ellos deben ser convertidos (epistrephō) de cabra a oveja. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (II Corintios 5:17). No espero que la gente sea perfecta, pero necesitan ser convertidos de cabras a ovejas – ¡o los pastores nunca podrán pastorearlos! Jesús dijo: “pastorea mis ovejas”. En el Juicio Final, Cristo “pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda...Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno” (Mateo 25:33, 41). No puedes guiar a las personas con naturaleza similar a las cabras. ¡Ellos deben ser convertidos – o designados al Infierno! ¡Esas son las únicas dos opciones!

La tercera vez que Jesús dijo: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” Esta vez Jesús usó la palabra phileō – “Simón, ¿tienes afecto por mi?” Pedro se entristeció porque Jesús usó la palabra de simple amistad en lugar del amor Cristiano (agapaō). Pedro aún no se atreve a usar la palabra más alta. Él dice: “Señor, tú sabes que te amo”. Jesús le dice: “Apacienta mis ovejas”. Las ovejas mayores necesitan ser apacentadas también.

Está claro lo que quería decir Jesús. Él las había amado. Él las había apacentado. Ahora Él le dice que haga lo mismo por los demás. Cuida de ellos. Ámalos, “porque yo te he amado”. En la Última Cena Jesús dijo a los Discípulos: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Juan 13:34).

Nuestro amor no es sólo para ser mostrado a los Cristianos, sino incluso a aquellos que no son Cristianos y no te aman. Jesús dijo: “Amad, pues, a vuestros enemigos…seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos” (Lucas 6:35).

Cuando yo era un niño perdido de 13 años de edad, el Dr. y la Sra. McGowan fueron amables conmigo. Me llevaron a la iglesia. A menudo me alimentaron. Incluso me llevaron con ellos a Disneylandia, a la playa y a las montañas, y otros lugares. Sin duda yo no sería pastor, ni siquiera un Cristiano, si ellos no me hubieran amado, como Jesús le dijo a Pedro que hiciera.

Cuando tenía 19 años fui a la iglesia Bautista China y fui finalmente convertido en un servicio de capilla en la Universidad Biola. No la habría hecho si una joven pareja China, Murphy y Lorna Lum, no me hubieran cuidado y no hubieran sido amables conmigo. Hasta el día de hoy, estoy agradecido a estas dos parejas por pastorearme y “apacentarme” cuando yo era joven e indefenso.

Si amas a Jesús, entonces muestra ese amor a otros – especialmente a aquellos que aún no son salvos. ¡Ámalos! Invítalos a la fiesta de cumpleaños en la iglesia. Tráelos tú mismo. Y cuando vengan, cuídalos. “Apacienta mis ovejas”. Habla con ellos. Pasa tiempo con ellos. Cuida de ellos. Ámalos antes de que sean convertidos. Sigue amándolos después de que sean convertidos.

Tráiganlas, tráiganlas,
Tráiganlas del campo del pecar.
Tráiganlas, tráiganlas,
A Jesús trae las ovejas.
   (Traducción libre de “Bring Them In” por Alexcenah Thomas, siglo 19).

¡Cántala conmigo!

Tráiganlas, tráiganlas,
Tráiganlas del campo del pecar.
Tráiganlas, tráiganlas,
A Jesús trae las ovejas.

¿Nos ayudarás a traer las ovejas perdidas y cuidar de ellas? Si nos vas a ayudar, por favor ven aquí y arrodillate en el altar. Dr. Chan, por favor guíenos en oración. Amén.

Algunos de ustedes todavía no son convertidos. Les pido que reciban el amor de Jesús. A pesar de que eres un pecador, Jesús te ama. Él murió en la Cruz para pagar el castigo por tu pecado. Su Sangre te limpiará de todo pecado. Confía en Jesús y Él te salvará – y Él te mantendrá salvo por todo el tiempo y toda la eternidad, “viviendo siempre para interceder por [ti]” (Hebreos 7:25). Amén. Ya pueden regresar a sus asientos.

Sr. Griffith, por favor canta la canción del Dr. B. B. McKinney de nuevo.


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(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Juan 21:12-17.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Lord, Lay Some Soul Upon My Heart”
(por Dr. B. B. McKinney, 1886-1952).