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LAS LÁGRIMAS DEL SALVADOR

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 4 de Octubre, 2015

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3).


Recientemente vi un video de un predicador gritándole a un grupo de pecadores afuera de su iglesia. Siguió gritándole a ellos, “¡Vas al Infierno!” “¡Te vas a quemar para siempre en las llamas del Infierno!” Apagué el video y me sentí realmente enfermo. No había una palabra de bondad del predicador, ni una palabra de dolor por las personas perdidas y confusas que enfrentó, ni una sola mención del amor de Jesús por un mundo perdido.

No puedo pensar en ningún caso en el que Jesús predicó así a las multitudes perdidas. Sí, Él habló palabras duras. Sí, les dijo a los hombres que iban al Infierno. Pero Él reservaba esas palabras para los escribas y Fariseos – los falsos líderes religiosos de Su tiempo. He oído a predicadores gritar contra los Mormones, los Católicos, los Musulmanes, los pervertidos, e incluso a los estudiantes universitarios en sus escuelas. Pero cuanto más viejo me hago, más creo que su predicación no sigue el ejemplo de Jesús. Cuanto más viejo me hago, más me parece que Jesús reservaría Sus más fuertes regaños para los líderes religiosos de nuestro tiempo. Aquellos como los Fariseos, que predican la religiosidad en lugar del Evangelio, los que atacan la Biblia en los seminarios como Fuller, los que predican por dinero, los que predican la psicología de autoayuda, los que predican la teología de “nómbralo y clámalo”, los que predican el mensaje de prosperidad, y los que predican la salvación al decir las palabras de la tal llamada “oración del pecador”. ¡! Creo que, si Jesús estuviera aquí hoy, Él predicaría, “Vas al Infierno”. ¡Pero la mayoría de esa clase de predicación Él la reservaría para los predicadores y los falsos maestros de nuestro tiempo! – Para los hombres que cierran sus servicios del Domingo por la noche, y dejan a sus jóvenes sin un lugar de compañerismo el Domingo por la noche, para aquellos que predican secos estudios de la Biblia versículo a versículo, dirigidos a las personas religiosas, pero perdidas que vienen el Domingo por la mañana solamente, para los que traen la música rock – y sacan la predicación evangelística – fuera de sus iglesias, ¡para los que dicen que la Sangre de Jesús pereció y ya no está disponible para limpiar a los hombres y mujeres perdidos de sus pecados! Creo que Jesús les daría vuelta a las mesas de dinero, en sus templos, y les diría:

“Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13).

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia” (Mateo 23:27).

“¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno?” (Mateo 23:33).

Sí, ¡creo que Jesús les predicaría así a los falsos predicadores y maestros de nuestros días y de nuestro tiempo!

Pero Él nunca predicó así a la multitud de pecadores que vinieron a escucharlo. Para ellos era “varón de dolores, experimentado en quebranto”. Él le habló en voz baja a la mujer en el pozo, aunque ella se había casado cinco veces, y estaba viviendo en adulterio cuando Él la conoció. Él les habló en voz baja a los que estaban enfermos y moribundos, “y todos los que lo tocaron [Su manto], quedaron sanos” (Mateo 14:36). A la mujer sorprendida en el acto mismo de adulterio Él le dijo suavemente: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:11). Al ladrón en la cruz al lado de Él, le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Al paralítico le dijo: “Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2). A la mujer pecadora que besó Sus pies, Él dijo: “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7:48). ¿Jesús alguna vez río? Puede que sí, pero no está registrado en la Biblia. En las páginas de la Escritura se nos dice que Él era “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3). Y en las páginas de la Escritura se nos dice tres veces que Él lloró, y en nuestro texto vemos que esto era parte de Su personalidad – y una parte importante. Es difícil imaginar al Buda desapasionado llorando – imposible pensar en los dioses Romanos impasibles, o el dios de sangre fría del Islam, derramando lágrimas. Las lágrimas de Jesús nos muestran la compasión de Su corazón hacia el sufrimiento humano.

La mayoría de ustedes saben que le tengo gran respeto a Winston Churchill. Pero es posible que no lo conozcas como Inglaterra lo conoció durante la Segunda Guerra Mundial.

St. Paul's Cathedral
La Catedral de San Pablo, Londres, durante los bombardeos.

Quizás solo conozcas su rostro severo de la fotografía icónica por Yousuf Karsh. Pero en los largos meses que Londres fue destruida y quemada por las bombas de Hitler, los Ingleses a menudo lo veían de una manera diferente. Después de una noche de bombardeos, lo veían caminar por las ruinas de sus casas con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Sir Winston Churchill
Churchill durante el bombardeo de Londres.

Se detiene frente a una vivienda en ruinas, donde cuarenta adultos y niños habían muerto la noche anterior. Una multitud se reúne mientras Churchill limpia las lágrimas de sus ojos. La multitud grita: “¡Pensamos que vendrías!” Una anciana grita, “Ves, a él realmente le importa, él está llorando”. Luego hay otro grito de la multitud: “¡Podemos aguantar! ¡Dile a Hitler que podemos aguantar!” Hitler podía destruir sus hogares y su ciudad con bombas, pero sólo destruyendo su espíritu podía derrotarlos. Se ha dicho que las lágrimas de Churchill por su gente hicieron más que cualquier otra cosa para superar la potencia de la máquina de guerra Nazi. Él lloró cuando vio a la gente de pie en línea en la calle en ruinas, esperando para comprar semillas para sus canarios. Él lloró cuando vio los cuerpos de niños muertos y moribundos en los escombros. Nunca lloró por miedo, pero siempre por el sufrimiento de sus compatriotas.

No, Churchill no era Cristiano doctrinalmente. Pero había aprendido de su vieja niñera Metodista, la señora Everest, a tener las emociones de un Cristiano. La foto de ella estuvo cerca de su cama hasta el día que él murió. Así, él tenía las emociones de un Cristiano, más que cualquier otro líder de nuestro tiempo que yo pueda pensar. Es imposible imaginar al Ayatola Alí Khamenei, o Vladimir Putin, o Barack Obama llorando por compasión por el sufrimiento de su gente. La compasión es una virtud Cristiana – enseñada por Jesús al frío mundo Romano del primer siglo, “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3).

“De dolores,” el varón,
   Oh, que nombre al que murió,
¡Para darnos salvación!
   ¡Aleluya! ¡Jesús salva!
(Traducción libre de “Hallelujah! What a Saviour!”
      por Philip P. Bliss, 1838-1876).

Tres veces se nos dice en las Escrituras que Jesús lloró.

I. Primero, Jesús llora sobre la ciudad.

Él entró en Jerusalén una mañana sobre un asno. Una gran multitud de personas lo seguían clamando: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mateo 21:9). Esto se conoce como la “Entrada triunfal” de Jesús el Domingo de Ramos.

The Triumphal Entry
La entrada triunfal de Jesús “el Domingo de Ramos”.

Pero casi nunca se nos dice cómo terminó ese día,

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella” (Lucas 19:41).

El Dr. W. A. Criswell fue uno de los tres más grandes predicadores que he escuchado jamás. Fue pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, Texas por casi sesenta años. En uno de sus sermones, el Dr. Criswell habló de un predicador que había ido recientemente a pastorear una iglesia en una gran ciudad.

      “Cuando llegó el tiempo de que él predicara él no estaba allí. A un diácono se le dijo que buscara al predicador. Cuando lo encontró el predicador estaba en su oficina, de pie junto a la ventana, mirando por encima de una vasta zona de barrios pobres de la ciudad en expansión. Mientras miraba a esos edificios de barrios marginales, el pastor lloraba. El diácono le dijo: ‘Señor, las personas están esperando y ha llegado el momento para que usted predique’. El pastor respondió: ‘Me agarró la tristeza y la angustia y quebranto y la desesperanza de la gente. Solo mira. Solo mira’ – mientras señalaba a la ciudad. El diácono respondió: ‘Sí, señor, lo sé. Pero pronto se acostumbrará a eso. Ha llegado el momento para que predique’”.

Y entonces el Dr. Criswell dijo:

“Eso es lo que me da miedo, en la iglesia, en todas las iglesias. Que nos acostumbremos. Las personas están perdidas – ¿y qué? No tienen esperanza – ¿y qué? Y finalmente nos acostumbramos – y lo pasamos por alto. En eso somos diferentes a Jesús. ‘Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella’” (traducción de W. A. Criswell, Ph.D., The Compassionate Christ, Crescendo Book Publications, 1976, p. 58).

Cuando Jesús se puso de pie en el Monte de los Olivos ese día y miró a la ciudad de Jerusalén, ¿quién iba a pensar que tan sólo cuarenta años después ya no estaría allí? ¿Quién hubiera pensado que una generación más tarde las legiones del general Romano Tito botaría las puertas y las paredes, y prendería fuego a la casa de Dios? Nada quedaría sino parte de un muro de piedra que rodeaba el Templo Sagrado. “He aquí vuestra casa os es dejada desierta”. Y Él lloró. Jesús lloró por los perdidos en la ciudad.

Alguien dice: “Pero pastor, ¿qué podemos hacer?” No podemos salvar a todo el mundo. Ni aun podemos salvar a la mayoría de las personas. Pero podemos salvar a algunas de las personas. Puedes venir el Miércoles y el Jueves por la noche al evangelismo. ¡Puedes venir al evangelismo el Sábado por la noche! ¡Puedes ir y traerlos el Domingo por la tarde! ¡Puedes hacer eso! Algún día las calles de nuestra ciudad estarán llenas de escombros y humo y sangre y muerte. Algún día será demasiado tarde para salvar a alguien. Hoy, en esta hora, sal como soldado de la cruz y seguidor del Cordero. ¡Hoy es la hora de ayudar a los pobres, pecadores perdidos a encontrar a Jesús, encontrar el perdón, y encontrar la esperanza! “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella”.

II. Segundo, Jesús llora en simpatía.

Le dijo a Sus Discípulos: “Nuestro amigo Lázaro…ha muerto” (Juan 11:11, 14). Él dijo: “mas voy para despertarle” – es decir, levantarlo de entre los muertos. Y así se fueron a Betania, a la casa de Lázaro. Los paganos hablaban de un “sepulcro”. Pero los Cristianos hablan de un “cementerio” – Que es una palabra Griega que significa un lugar para dormir, donde ponemos nuestros muertos hasta que Jesús venga para despertarlos. Eso es lo que Jesús va a hacer por Lázaro. Pero Él esperó cuatro días para hacer el milagro para mostrar Su divinidad y Su poder, para que creyeran en Él.

Ahora Jesús se acerca a la tumba de Lázaro. María, la hermana de Lázaro, encuentra a Jesús cuando Él se acerca.

“Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió” (Juan 11:33).

En el Griego original significa que Jesús se quebrantó por completo, Su pecho agitado, lamentándose, resoplando, jadeando (ĕmbrimaŏmai) – profundamente agitado, como el mar en una tormenta, profundamente perturbado, muy afectado (tarassō). ¿Te has sentido así cuando alguien muy cerca de ti fallece? Yo lo he sentido. Me he quebrantado y lamentado, y he jadeado, resoplado y llorado. He sido profundamente perturbado, agitado como el agua hirviendo, profundamente estremecido. Sólo he sentido ese extremo dolor y pesadez pocas veces en mi vida – pero fueron suficientes para hacerme entender lo que Jesús sintió. Me sentí así cuando mi dulce abuela, mama Flores murió. Me sentí así cuando mi vida se derrumbó en el seminario liberal Sureño Bautista. Me sentí así cuando mi madre, Cecilia, murió. No es malo. Jesús nos muestra, por medio de Su dolor, que no es pecado que nosotros a veces sintamos tristeza también. Fue conmovido con una fuerte compasión por el dolor de María y Marta, y los amigos de Lázaro, quienes lloraban porque había él muerto.

Jesús sabía que iba a resucitar a Lázaro de entre los muertos en pocos minutos. Pero Él estaba quebrantado y angustiado por el hecho mismo de la muerte, y el dolor que nos trae. Y luego, dos versículos después, en el capítulo once de Juan, se nos da el versículo más corto de toda la Biblia. Por medio de su angustia y llanto, Jesús dijo: “¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve”. Entonces el versículo más corto,

“Jesús lloró” (Juan 11:35).

Él compartió el dolor de María y Marta, porque Él también amaba a su hermano Lázaro. Y Jesús comparte nuestras angustias y dolores también. Compadezco a los jóvenes de tu generación. En muchas iglesias ya no cantan los viejos himnos – los que tocan el corazón y consuelan el alma. Los niños de hoy no los conocen, y por lo tanto no pueden recurrir a ellos en momentos de dificultad. Pero los viejos himnos son los que han llevado a mi alma a través de la oscuridad.

O, Jesús, que gran amigo,
   ¡Él llevo nuestro dolor!
Privilegio es que llevemos
   Todo a Dios en oración…
O que paz que no alcanzamos,
   Sin necesidad, dolor,
Es así por no llevarle
   Todo a Dios en oración.
(Traducción libre “What a Friend We Have in Jesus”
      por Joseph Scriven, 1819-1886).

“Jesús lloró” (Juan 11:35).

Las preciosas lágrimas de Jesús. La compasión de Jesús. Gracias a Dios por la simpatía de Jesús.

El Dr. Henry M. McGowan me llevó con su familia a una iglesia Bautista por primera vez cuando era un niño. Una vez me dijo que yo era como un hijo para él. Mi familia y yo fuimos a Vernon, Texas a verlo varias veces. En uno de esos viajes me dio un pequeño poema que explica muchas cosas. Fue escrito por una chica llamada Mary Stevenson cuando sólo tenía 14 años:

Una noche tuve un sueño.
Mientras caminaba por la playa con mi Señor.
Al otro lado del cielo oscuro brillaron escenas de mi vida.
En cada escena, vi dos pares de huellas en la arena,
Una pertenecía a mí y otra a mi Señor.

Después que la última escena de mi vida pasó ante mí,
Miré de nuevo las huellas en la arena.
Me di cuenta de que en muchas ocasiones a lo largo de mi vida,
especialmente en los tiempos más difíciles y tristes,
sólo había un par de huellas.

Esto realmente me preocupó, por lo que le pregunté al Señor.
“Señor, Usted dijo que una vez que decidiera seguirle,
Usted caminaría siempre conmigo.
Pero me di cuenta de que en los momentos más tristes y difíciles de mi vida, sólo había un par de huellas.
No entiendo por qué, cuando yo lo necesitaba más, Usted me dejó”.

Él susurró: “Mi pequeño, te amo y nunca te dejaré.
Nunca, nunca, durante tus pruebas y dificultades,
Cuando viste sólo un par de huellas,
Fue cuando te llevaba en brazos”.
   (Traducción libre de “Footprints in the Sand”
      por Mary Stevenson, 1922-1999; escrito en 1936).

Jesús llora por nuestras ciudades – perdidas, sin esperanza. Jesús llora con nosotros en simpatía – cuando pasamos por momentos de dolor.

III. Tercero, Jesús llora por nosotros al expiar por nuestros pecados.

Hebreos 5:7 dice:

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” (Hebreos 5:7).

Este es Jesús, llorando en el Huerto de Getsemaní, la noche antes de ser crucificado. Dr. Criswell dijo:

¿Cuál es el significado de la agonía en Getsemaní? Cuando Él sufrió en agonía en oración Su “sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44)...El profeta Isaías dijo: “Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado”. Isaías dijo: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho”. De alguna manera es un misterio en el que no podemos entrar, Dios lo hizo a Él pecado por nosotros. Y al soportar el peso y la carga de todos los pecados del mundo, clamó con gran clamor y lágrimas “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa” (ibid., p. 60).

Jesús lloró con grandes lágrimas, para que Dios librara Su vida en Getsemaní, para que pudiera vivir para tomar nuestros pecados en Su cuerpo en la cruz la mañana siguiente. Y en la Cruz clamó, “Consumado es” (Juan 19:30) – Y habiendo inclinado la cabeza murió. Con gran clamor y lágrimas, fue clavado en la Cruz para pagar la pena completa por nuestros pecados.

Una mañana subió Jesús
   Hacia el Calvario llevó Su cruz;
Por pecadores allí murió
   Para salvar al que se perdió.
Redentor bello, Redentor santo,
   Sobre el madero yo lo puedo ver;
Muy mal herido, con ruego fijo,
   Muere abatido, Jesús por mí.
(Traducción libre de “Blessed Redeemer”
      por Avis Burgeson Christiansen, 1895-1985).

Te pido que confíes en Jesús, quien derramó muchas lágrimas, y derramó

Su Sangre en la Cruz para salvarte del pecado y el juicio. Ahora está en el Cielo, a la diestra de Dios. Ven con fe sencilla y confía en Él. Su preciosa Sangre te limpiará de todo pecado – y te dará vida eterna. Amén. Dr. Chan, por favor guíenos en oración.

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(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Lucas 22:39-44.
El Solo Cantado por el Sr. Mr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Blessed Redeemer” (por Avis Burgeson Christiansen, 1895-1985).


EL BOSQUEJO DE

LAS LÁGRIMAS DEL SALVADOR

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Isaías 53:3).

(Mateo 23:13, 25, 27, 33; 14:36; Juan 8:11;
Lucas 23:43; Mateo 9:2; Lucas 7:48)

I.   Primero, Jesús llora sobre la ciudad, Mateo 21:9; Lucas 19:41.

II.  Segundo, Jesús llora en simpatía, Juan 11:11, 14, 33, 35.

III. Tercero, Jesús llora por nosotros al expiar por nuestros pecados,
Hebreos 5:7; Lucas 22:44; Juan 19:30.