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ORANDO POR EL ESPÍRITU SANTO

(SERMON NUMERO 19 SOBRE AVIVAMIENTO)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Viernes, 4 de septiembre, 2015


He estado leyendo otro libro sobre avivamiento. No daré el nombre del autor. Creo que probablemente es un buen hombre. Pero creo que no entiende el avivamiento. Realmente no lo culpo porque yo mismo estuve cegado por muchos años. Pero supe que este hombre no entendía el avivamiento cuando leí uno de sus capítulos titulado “La Fórmula para el problema.” Como sospechaba, habló acerca II Crónicas 7:14. Cualquier libro o sermón que se centra en este versículo está mal desde el principio. Simplemente pregúntate: “¿Por qué se daría la ‘fórmula’ para el avivamiento en un lugar tan oscuro, en II Crónicas, en el Antiguo Testamento?” ¿No es obvio que se trata de una promesa del Antiguo Testamento, dada a la nación de Israel? ¡Por supuesto que es! No tiene nada que ver con el avivamiento del Nuevo Testamento. El verso se centra en lo que las personas tienen que hacer en la nación de Israel. Cuando se arrastra a esta dispensación se convierte en una “fórmula” centrada en el hombre, y no el don centrado en Dios. El autor del libro, en la funda del libro, dice: “La esperanza de avivamiento está en manos de la siguiente generación.” Tengo que decir lo más fuerte que sea posible – ¡NO! ¡NO! ¡NO! ¡La esperanza de avivamiento no descansa en tus manos! ¡La esperanza de avivamiento descansa en las manos de Dios! Puedes orar: “Hazlo de nuevo, Señor” – y realmente creer que vas a hacerlo mismo.

Las iglesias locales experimentaban avivamiento como casi diez años o algo así, según el Dr. Martyn-Lloyd Jones. ¡Pero hoy hay decenas de miles de iglesias evangélicas y Bautistas que nunca han tenido avivamiento! De hecho, si un verdadero avivamiento llegara a la mayoría de ellas, el pastor no sabría qué hacer – ¡y la gente huiría de miedo! Sé que es verdad, porque eso es lo que sucedió en nuestra propia iglesia. ¡Oramos por un avivamiento y más de trescientas personas, incluyendo el Pastor Asociado, huyeron de nuestra iglesia como ratas que huyen de un barco que se hunde! ¡No, el avivamiento es lo último que los pastores y miembros de la iglesia en América quieren! ¡Esa es una de las razones por las que nunca han experimentado el avivamiento, y nunca lo experimentarán! He notado que la mayoría de los predicadores Bautistas ya no creen en la conversión, por lo que, naturalmente, tienen miedo cuando hablas de avivamiento. Tienen miedo de perder algunos miembros no convertidos de sus iglesias. ¡Qué ceguera! ¡Están cegados por miedo!

A finales de 1960 se inició el “movimiento de Jesús”. Al principio se trataba de un verdadero avivamiento. Pero se descarriló y entró en el movimiento carismático, Kathryn Kuhlman, Benny Hinn, ese tipo de cosas. ¿Por qué? Debido a que las iglesias Bautistas no quisieron a esos jóvenes. Los rechazaron. Jack Hyles predicó en contra de permitir que los de “pelo largo” entraran en las iglesias. Prediqué en dos iglesias Sureñas Bautistas alrededor de 1972. Algunos de los nuevos conversos entraron con el pelo largo. Nos corrieron. Ellos no querían que sus propios “niños de la iglesia” fueran influenciados. Así que los Bautistas perdieron decenas de miles de Hippies convertidos, y también perdieron a sus propios hijos. No me puedo imaginar a George Whitefield o a John Wesley actuando así. ¡Ellos querían ver gente perdida ser salva y que entraran en las iglesias! A menudo predicaban a grandes multitudes de personas pobres vestidos con harapos, y los hombres que acababan de salir de las minas cubiertos de pies a cabeza con la suciedad y el polvo de carbón. ¡Y ellos tuvieron avivamiento!

En un avivamiento los Cristianos no tienen miedo de recibir de brazos abiertos a los perdidos del mundo. Ahora están tratando de reinventar el “movimiento de Jesús.” Se hacen todo tipo de cosas tontas para que los jóvenes perdidos entren a las iglesias. Los predicadores se quitan las corbatas y tratan de ser “buena onda”. Meten la música rock, luces intermitentes, lo que sea. Pero es demasiado tarde. El movimiento de Dios ha terminado. No pueden “inventarlo” otra vez. La mayor parte de su gente ahora es de edad mediana. Los jóvenes que tienen están confusos y son mundanos. ¡Los chicos perdidos en el mundo piensan que están locos! Hemos perdido el 88% de nuestros jóvenes, y las iglesias están pataleando en confusión. ¿Cuándo vamos a aprender que “la esperanza de avivamiento [no] está en las manos de la próxima generación?” ¿Cuándo vamos a aprender que el avivamiento depende completamente de Dios, no de nosotros? ¿Cuándo vamos a aprender que II Crónicas 7:14 no es una “fórmula” que traerá avivamiento? El Dr. Martyn Lloyd-Jones dijo:

El problema que enfrentamos no es problema de métodos, ni de organización, ni de hacer algún ajuste aquí o allá, o de mejorar las cosas un poquito, o mantenernos actualizados, o cualquier cosa así… El problema que nos encara es las necesidades de la vida misma, la necesidad del poder y vigor fundamentales en todas las actividades de la iglesia, que en verdad tenga impacto en el mundo, y haga algo vital y drástico respecto al curso que llevan las cosas en este tiempo presente; la necesidad de vida, la necesidad de poder, la necesidad de el Espíritu Mismo (traducción literal de Martyn Lloyd-Jones, M.D., Revival, Crossway Books, edición de 1994, p. 22).

¡La necesidad es la vida! ¡La necesidad es el poder! ¡La necesidad es el Espíritu Santo Mismo!

Un pastor amigo mío me dijo lo que había oído un viejo predicador Bautista decir. El anciano dijo: “Lo que necesitamos es poder, y no sé cómo conseguirlo.” El pobre anciano era honesto, pero era necio. ¡Jesús nos dijo cómo obtener la vida y el poder, y el Espíritu Santo! Por favor voltea en tu Biblia a Lucas 11, versículo 5. Está en la página 1048, en la Biblia Anotada de Scofield. A partir de los versículos 5-13 Jesús dio la parábola del amigo inoportuno. La Biblia de Estudio Scofield comete el error de dividir el pasaje en dos parábolas. Se dice que el versículo 5 al 10 da la parábola del amigo inoportuno. Después dice que el versículo 11 al 13 es la “parábola de la paternidad.” En mi opinión, eso destruye el significado. Los versículos 5 y 10 hablan de un hombre que va a su amigo y le pide pan para alimentar a un amigo que ha llegado a su casa. El amigo le dice que ya es demasiado tarde en la noche. Pero el hombre sigue golpeando la puerta, pidiendo pan. Finalmente el amigo sale de la cama y le da lo que necesita, “por su importunidad” (Lucas 11:8). La palabra Griega traducida “importunidad” es “anaidia”. Significa “persistencia descarada.” Entonces Jesús dijo:

“Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá” (Lucas 11:9, 10).

Entonces la primera parte de la parábola nos dice que sigamos pidiendo, que sigamos buscando, que sigamos llamando. Esa es la idea en el Griego original.

¿Pero qué significa el “pan” en la parábola? El “pan” no se explica sino hasta la Segunda mitad del versículo 13: “¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” ¡El “pan” que necesitamos para los perdidos es el Espíritu Santo! El gran Spurgeon, predicando sobre el versículo 13 dijo: “Pidamos que el Espíritu Santo sea dado más abundantemente – y con dicha oración contestada, como debe ser contestada, entonces veremos todo lo que desea nuestra alma” (traducción de C.H. Spurgeon, “Right Replies to Right Requests,” MTP, número 959, p. 924).

El Dr. John R. Rice tiene unas cosas importantes que decir sobre eso en su capitulo titulado: “Pidiendo Pan para Pecadores”. El Dr. Rice dijo:

Dios todavía le da el Espíritu Santo en poder de ganar almas a aquellos que le piden inoportunamente, y no se conforman con un “no” como respuesta…Y nosotros podemos tener pan para pecadores si estamos en serio, pero yo quiero que sepas que hay un precio que pagar. Podrás tener el pan si estás dispuesto a llamar a la puerta y esperar por Dios hasta que Él te dé cuantos panes necesites (traducción de John R. Rice, D.D., Prayer: Asking and Receiving, Sword of the Lord Publishers, edición de 1970, pp. 97, 98).

Hay un punto que siento que debo aclarar en la declaración del Dr. Rice. Estoy de acuerdo con todo, pero creo que el poder de ganar almas también debe llegar a los que no son salvos, y en vez de sólo al ganador de almas. Sí, el predicador necesita el poder del Espíritu Santo, pero lo principal que se necesita es que el poder venga sobre el pecador. No importa la cantidad de energía que el predicador tenga, el pecador no será salvo a menos que el Espíritu Santo venga directamente a él – a convencerlo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16: 8) – y a revelar a Jesús a él (Juan 16:14). Le estamos pidiendo a Dios que nos dé “pan” para pecadores, ¡no solo poder para nosotros mismos, sino que poder para despertar y regenerar al perdido – pan para pecadores! Tenemos una manera de orar para que el predicador tenga poder – y no orar para que los pecadores tengan poder. Esto es muy importante conforme oramos por avivamiento. ¡Tenemos que orar siempre que el Espíritu Santo dé poder al predicador y a los pecadores perdidos mismos! Me temo que este punto ha sido casi olvidado por completo – y es una de las razones por las que no tenemos avivamiento en nuestro día.

La Biblia nos dice que Esteban estaba “lleno de gracia y de poder” (Hechos 6:8). La multitud de pecadores, “al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel” (Hechos 6:15). Una vez más se nos dice que Esteban estaba “lleno del Espíritu Santo” (Hechos 7:55). Pero el Espíritu Santo no cayó sobre los perdidos. Así que no fueron compungidos de corazón, no tuvieron convicción, y no confiaron en Jesús. En vez, “se taparon los oídos, y arremetieron en una contra él, con un acuerdo, y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon” (Hechos 7:57-58). Eso hace claro que el predicador puede estar lleno del Espíritu Santo, pero si la gente no es tocada por el Espíritu ellos rechazarán el mensaje, e incluso estarán contra el predicador. Yo personalmente vi eso suceder un par de veces, cuando el Espíritu Santo estaba conmigo, pero no con las personas perdidas. Una vez ellos cerraron las reuniones, aunque era evidente que Dios estaba obrando a través de mi predicación. Otra vez, como ya he dicho, más de trescientas personas se fueron de nuestra iglesia en una gigantesca división de iglesia. Aunque el Espíritu Santo vino a mí muchas veces en mi predicación, Él no vino a la gente y los hizo que se arrepintieran.

Yo considero éste un punto muy importante. Sí, el predicador debe tener el poder del Espíritu Santo sobre sí. Y debemos orar por eso. Pero también debemos orar por la congregación. Y tenemos que orar que el Espíritu Santo dé vida a aquellos que ya son convertidos, al igual que a aquellos que están perdidos. Debemos orar para que los perdidos vengan bajo convicción del Espíritu Santo. Sin el poder del Espíritu Santo, todo el servicio terminará en rebelión, o estará seco y frío. Es “Finneyismo” creer que el predicador se llena con el Espíritu Santo y la gente automáticamente se convierte. El Espíritu Santo debe venir al reincidido, a los perdidos, así como al predicador. La ausencia del Espíritu Santo en una congregación fue descrita por el Dr. A. W. Tozer. El Dr. Tozer dijo:

La ausencia del Espíritu Santo se puede trazar [hasta] el sentido vago de irrealidad que invierte en casi todas partes en nuestro tiempo. En el servicio de iglesia promedio la cosa más real es la irrealidad de todo. El adorador se sienta suspendido en un estado de pensamiento; un tipo de adormecimiento sube sobre él; oye las palabras pero no registran; no se puede relacionar a nada de ello su propio nivel de vida…Él no está consciente de ningún poder, ninguna presencia, ninguna realidad espiritual. Simplemente no hay nada en su experiencia que corresponda a las cosas que oyó del pulpito o que se cantó en los himnos (traducción de A. W. Tozer, D.D., The Divine Conquest, Marshall, Morgan and Scott, 1964, pp. 90, 91).

Encuentro difícil explicar lo que sucede en avivamiento. Tal vez es mejor poner el avivamiento en contraste con la frialdad de la cual hablaba el Dr. Tozer. Cuando el Espíritu Santo desciende “el vago sentido de irrealidad” se va. Cuando el Espíritu Santo desciende las palabras del predicador “sí registran”. La persona está consciente del poder, de la presencia de Dios, y la realidad espiritual. Cuando el Espíritu Santo desciende lo que oye del pulpito está lleno de realidad, ¡y es lo más real que ha oído en su vida! Yo sé esto por experiencia porque tuve el gran privilegio de estar en un avivamiento en la Iglesia China Bautista.

Al salir de tu carro, podías sentir la presencia de Dios. Al acercarte más al edificio de la iglesia la presencia se hizo más y más evidente. Al entrar al auditorio tu corazón comenzaba a acelerarse. A medida que la congregación se ponía de pie para cantar un himno lágrimas venían a tus ojos. A medida que la gente comenzaba a orar, uno por uno, comenzabas a llorar. Mientras la gente comenzaba a dar testimonios y a confesar públicamente sus pecados, literalmente se podía sentir la presencia de Jesucristo. Los milagros de conversión barrieron a los perdidos hacia los brazos de Jesús. Luego se cantaron himnos de gozo. Se podía cantar una canción una y otra vez – hasta que tu corazón fue arrastrado hasta la misma presencia de Dios. ¡La gente había caído bajo el hechizo de Dios Mismo! No se observaron “dones carismáticos”. Hubieran estado terriblemente fuera de lugar. La iglesia estaba llena de la presencia y la dulzura del Dios vivo. Yo vi todo esto hace más de cuarenta años. No lo olvidaré mientras esté vivo. El Dr. James Alexander Stewart escribió sobre el avivamiento de Gales en 1905,

Ya era evidente para todos que dios había contestado las oraciones agonizantes de Su pueblo y había enviado una agitación poderosa. Un sentido de la presencia del Señor estaba en todas partes (traducción de James Alexander Stewart, D.D., When the Spirit Came, Revival Literature, n.d., p. 43).

¿Hay gente así en esta reunión, que desea dicho derramamiento del Espíritu Santo? Sin eso, podríamos tener de 10 a 12 personas perdidas quedarse con nosotros este verano, pero no serán salvas. Charles Simeon estaba correcto cuando dijo: “la obra de la conversión debe ser gradual en cantidad entre ustedes, a menos que Dios derrame su Espíritu en una manera muy extraordinaria sobre ti” (traducción de Charles Simeon, Memoir, 1843, Segunda edición, reimpresa por the Banner of Truth Trust, 1961, p. 141).

Tú puedes saber de Jesús y no conocer a Jesús Mismo. El Dr. A. W. Tozer dijo:

Es posible crecer en una iglesia, aprender la [Biblia] y tener todo hecho para nosotros...pero después de haber hecho todo puede que no conozcamos a [Jesús] para nada, porque Dios no es conocido por estas cosas externas. Estamos ciegos, y no podemos ver, porque las cosas de Dios nadie puede saber sino por el Espíritu de Dios...Una revelación del Espíritu Santo en un glorioso destello de iluminación interior en un instante puede enseñarte más acerca de Jesús que cinco años en un seminario teológico...Pero el destello final que introduce tu corazón a Jesús debe ser por la iluminación del Espíritu Santo Mismo, o no se hace para nada. Estoy convencido de que sólo conocemos a Jesucristo cuando el Espíritu Santo se complace en revelarlo a nosotros, porque Él no puede ser revelado por cualquier otro medio (traducción de A. W. Tozer, D.D., When He is Come, Christian Publications, 1968, pp. 26, 35).

Es el pecado y la rebelión los que detienen al Espíritu Santo de revelarnos a Jesús. Debes venir bajo la convicción de pecado. Debes desear a Jesús. Debes desear conocerle. Debes odiar el pecado en tu corazón que te detiene de conocerlo.

Una de las canciones que el Dr. Timothy Lin nos hacía cantar repetidamente mientras el Espíritu Santo era derramado, era el Salmo 139:23-24. Por favor cántalo de pie:

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y conoce mi corazón,
Pruébame y conoce mis pensamientos;
Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.
   (Salmo 139:23, 24).

Amén.

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(FIN DEL SERMÓN)
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