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COMPASIÓN AL GANAR ALMAS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 30 de Agosto, 2015

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36).


La palabra Griega “splagchnisthē” es traducida “compasión”. Significa “sentir simpatía, lástima, ser movido con misericordia” (Strong). Spurgeon dijo que esta palabra Griega “es muy notable. No se halla en el griego clásico. No se halla en el Septuaginto [la traducción Griega del Viejo Testamento]. El hecho es que fue una palabra hecha por los evangelistas [Mateo, Marcos, y Lucas]. Ellos no hallaron [una palabra] en todo el idioma Griego que lograra su propósito, y por eso hicieron una. Expresa la emoción más profunda, lucha [de corazón] – un anhelo interior con lástima…el corazón de [Jesús] estaba listo para explotar con lástima por el dolor que sus ojos miraban. Tuvo compasión…por los que sufrían ante él…Si resumieras el carácter entero de Jesús…se podría juntar en una frase: ‘Tuvo compasión de ellos’” (traducción de C. H. Spurgeon, “The Compassion of Jesus,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, edición de 1979, tomo LX, p. 613; texto, Mateo 9:36).

Creo que sé la razón por la que no había palabras para describir “compasión” en el idioma Griego. El mundo Greco-Romano no necesitaba esa palabra porque no sentía esa emoción. Era una civilización que se había degenerado a la crueldad despiadada. El Apóstol Pablo describió estas personas paganas como “sin afecto natural [sin amor], implacable [despiadada], sin misericordia [sin compasión]” (Romanos 1:31). Sin afecto natural, implacables, sin misericordia y compasión – eso resume el mundo Romano del primer siglo. El Dr. Charles Hodge dijo: “tan oscura como la imagen se ilustra aquí, no es tan oscura como la presentada por los más distinguidos autores Griegos y Latinos, de sus propios compatriotas [en el primer siglo]. Los comentaristas han recogido una serie temerosa de pasajes de los escritores antiguos, que sostienen el relato [en Romanos 1] dado por el Apóstol” (traducción de Charles Hodge, PhD., A Commentary on Romans, The Banner of Truth Trust, 1997 edition, p. 43; nota sobre Romanos 1: 29-31).

En este breve sermón sólo puedo recordarles de la crueldad de los Romanos, y su crueldad sangrienta en los coliseos, donde las personas celebraban en festividades de borrachos mientras gladiadores, e incluso niños pequeños, eran despedazados por osos salvajes y leones. Sólo puedo recordarles que era una práctica común para estos paganos “exponer” los recién nacidos, dejando morir a miles de bebés no deseados en los campos y bosques, en una forma cruda de aborto.

Pero cuando Jesús vino Sus seguidores salvaron a muchos de los que sobre vivieron la crueldad que experimentaron en las arenas. Y era común que esos primeros cristianos fueran a los campos y bosques a rescatar a los bebés en llanto, abandonados allí para morir. La compasión de estos primeros cristianos era algo nuevo en el mundo Romano del primer siglo. Y fue una de las grandes características de la nueva religión que atrajo a decenas de miles de personas a las iglesias. ¡Aquellos primeros cristianos habían aprendido de Jesús Mismo a tener compasión! Ahora voy a señalar de nuestro texto dos puntos sobre ganar almas:

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36)

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I. Primero, para ser un ganador de almas tienes que sentir lo que Jesús sintió.

“Bueno” dice alguien: “eso era Jesús. Yo no soy Jesús”. Yo sé que tú no eres Jesús. Pero también sé, si en verdad eres convertido, que quieres tenerlo a Él como tu modelo. Él vino: “dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (I Pedro 2:21). Jesús es nuestro ejemplo. Debemos tratar de seguir a Jesús como nuestro modelo. Debemos tener aun la misma actitud de Jesús. El Apóstol Pablo dijo: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:5). Debemos luchar para pensar y sentir como lo hacía Jesús:

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36).

Vez tras vez en los Evangelios sinópticos leemos sobre la compasión de Jesús, Su simpatía y lástima hacia los perdidos.

“Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos…” (Mateo 14:14).

“Y Jesús, llamando a sus discípulos, dijo: Tengo compasión de la gente...” (Mateo 15:32).

“Entonces Jesús, compadecido...” (Mateo 20:34).

“Y Jesús, teniendo misericordia” (Marcos 1:41).

“Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos...” (Marcos 6:34).

“Tengo compasión de la gente, porque ya hace tres días que están conmigo, y no tienen qué comer” (Marcos 8:2).

“Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores” (Lucas 7:13).

Cuando yo tenía trece años de edad las circunstancias hicieron imposible que yo siguiera viviendo con mi madre. De mala gana mi tío me permitió quedarme en su casa. Pero yo no me sentía bienvenido allí. También, la casa estaba llena de peleas y discusiones. Así que en las tardes, después de la escuela, me salía por la puerta de atrás, me saltaba la cerca y jugaba con el hijo del Dr. y la Sra. McGowan, los vecino de al lado. A la puesta del sol, Mike y yo entrábamos a ver la televisión. A menudo la Sra. McGowan preguntaba: “Robert, ¿cenas con nosotros?” Cené muchas veces con ellos en su cocina.

Una tarde la Sra. McGowan dijo: “Robert, ¿gustas ir a una reunión de avivamiento esta noche con nosotros?” Le dije: “claro”, y fui con ellos esa noche a la Primera Iglesia Bautista de Huntington Park, California. Después de eso iba con ellos todos los domingos. No fui salvo por varios años, pero seguí yendo a la iglesia con ellos.

Hace un tiempo conté esa historia. Después le dije al Sr. Griffith que yo no sería pastor el día de hoy, 61 años más tarde, si la Sra. McGowan no me hubiera dado de cenar y dicho: “Robert, ¿gustas ir a una reunión de avivamiento esta noche con nosotros?” El Sr. Griffith luego me dijo: “Yo tampoco estaría aquí si ella no hubiera hecho eso”. Luego el señor Cerón dijo: “¡Ninguna otra persona tampoco estaría aquí en la iglesia!” La compasión que el Dr. y la Sra. McGowan tuvieron de un niño solitario de trece años tuvo como resultado que dos iglesias se comenzaran, mucha gente fuera salva, y que estos sermones salgan a miles de personas alrededor del mundo en 32 idiomas en el Internet.

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36).

“Bendición Hazme” ¡Cántala!

Bendición hazme, Bendición hazme,
   Que Brille en mí vida Jesús;
Bendición hazme, yo ruego, Jesús,
   Bendición hazme para alguien hoy.
(Traducción libre de “Make Me a Blessing” por Ira B. Wilson, 1880-1950).

Los ganadores de almas deben sentir lo que Jesús sintió. Si no sientes compasión, ni simpatía o lástima por una persona perdida, hay poca oportunidad de que lo ganes.

II. Segundo, para ser ganador de almas tienes que hacer lo que Jesús hacía.

Jesús no solo sentía compasión por los perdidos – ¡Él hizo algo al respecto! Los Discípulos dejaron a Jesús junto al pozo de Jacob en Samaria cuando fueron a comprar de comer. Cuando volvieron, Jesús se hallaba rodeado de Samaritanos siendo convertidos. Los Discípulos trataron de detener a Jesús para que comiera. Él dijo que ya tenía comida:

“Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:34-35).

Cuando yo tenía 17 años Dios me llamó a predicar el Evangelio. Me licenciaron para predicar en la iglesia de Huntington Park. Comencé a predicar de inmediato, pero todavía estaba perdido. Prediqué un evangelio memorizado, pero yo no conocía a Jesús. ¡Dios me llamó a predicar antes de que fuera salvo! Me mudé de regreso con mi madre en el área de Echo Park en Los Ángeles.

Leí un librito de Hudson Taylor, misionero pionero a China. Sentí que debía ser misionero a los Chinos. Me uní a la Primera Iglesia Bautista China de Los Ángeles en Enero de 1961. Tenía 19 años. No lo sabía, pero aun no era convertido. Había pocos jóvenes de mi edad en esa iglesia entonces. Era una iglesia pequeña antes de que el Dr. Timothy Lin fuera el pastor. Pero Murphy y Lorna Lum, una pareja joven en la iglesia, me hicieron sentir bienvenido allí. Me llevaban a cenar después de los servicios de la noche, con el Sr. Gene Wilkerson. Me llevaron a la casa de ellos. En el otoño fui a la universidad Biola. Murphy tomaba clases en el Seminario Talbot, conectado con Biola. Yo estaba sentado al lado de Murphy Lum la mañana que fui salvo, el 28 de Septiembre de 1961. Cundo estaba en el funeral de Murphy Lum dos semanas antes, todos estos pensamientos vinieron a mi mente.

Al ver a más de medio siglo atrás, me doy cuenta de que no sería Cristiano o pastor si no fuera por la compasión del Dr. y la Sra. McGowan y del Dr. y la Sra. Lum. Ellos cuidaron de mi alma hasta que fui lo suficientemente fuerte en Jesús para pararme solo. Puedo decir con gran convicción que esas cuatro personas ganaron mi alma para Jesús. Ellos no me hicieron decir una rápida “oración del pecador”, y me dejaron ir. ¡No, ellos hicieron mucho más que eso! ¡Ellos cuidaron de mi alma! Ellos ganaron mi alma por su compasión sobre un adolescente solitario, perdido. ¡Ese es evangelismo igual al de Jesús! Ellos fueron buenos conmigo y me ayudaron a quedarme en la iglesia a oír el Evangelio predicado todos los domingos. Espero que hagas lo mismo con los jóvenes perdidos que vienen a nuestra iglesia.

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas” (Mateo 9:36).

“Bendición Hazme” ¡Cántala!

Bendición hazme, Bendición hazme,
   Que Brille en mí vida Jesús;
Bendición hazme, yo ruego, Jesús,
   Bendición hazme para alguien hoy.

El Dr. John R. Rice dijo:

     El mensaje del Evangelio naturalmente requiere compasión por los perdidos…El sacrificio supremo del Señor Jesús, Su amor al morir, debe derretir nuestros corazones. La historia de cómo el Salvador dejó el Cielo, Su pobreza, Su humildad, la traición, Su sudor con sangre en Getsemaní, Su morir en agonía sobre la cruz, son tales temas que sin tener el alma conmovida no se pueden discutir adecuadamente. ¡Qué mares de amor, de gratitud, de entrega santa, de servicio alegre despiertan en el alma del creyente verdadero!...
     Oímos que los pecadores perdidos dicen: “Hay muchos hipócritas en la iglesia”. Bueno, me pesa decir que tienen razón. Sin duda hay muchos hipócritas en la iglesia. Uno de los doce Apóstoles era un hipócrita…¿Sabes lo que más hace parecer a los Cristianos hipócritas?...Creo que la gente perdida siente algo que no entienden por completo, ni pueden poner en palabras, que si los Cristianos fueran lo que deberían ser…no podrían ser indiferentes a tales cosas santas como la salvación de los perdidos. Creo que los pecadores perdidos en todas partes saben que si hay un Cielo que ganar y un Infierno que evitar, que si la muerte y la eternidad y la salvación y la condenación son temas de tal magnitud como enseña el Evangelio de Jesús, ¡entonces por seguro todo renacido hijo de Dios debería…pagar cualquier precio para detener del Infierno a los pobres pecadores condenados! (traducción de John R. Rice, D.D., The Golden Path of Successful Personal Soul Winning, Sword of the Lord Publishers, 1961, pp. 123, 124, 125).

La indiferencia en el ganar de almas marca a los miembros de iglesia como hipócritas a los ojos del mundo. La gente siente: “Si estos Cristianos realmente creen lo que dicen, harían más para ayudar a los demás a hacerse Cristianos.” ¡Tú sabes que piensan eso! ¡Despojémonos de este reproche amando a las multitudes perdidas que vienen a nuestra iglesia cada Domingo!

Escucha lo que una nueva muchacha me escribió en un correo electrónico hace unas noches. Ella es de China. Sus palabras no son perfectas. Pero son profundas y llenas de amor. Ella dijo,

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 8 años. Mi mamá se vino a Los Estados Unidos. Y yo me quedé con mi papá el resto de mi vida de escuela primaria. Mi papá me trasladó a otra escuela más cerca a una parte de su casa. Así él no tenía que manejarme cada dos semanas. El dejó que yo me cuidara sola en esta casa vacía y no había nadie sino yo. Hasta que cumplí 11 años y vine a América a vivir con mi mamá para mi plan básico y bachillerato. Pero todo siguió igual. Mi mamá muy ocupada en el trabajo. La gente me ignoraba en la escuela. Y un día enfermedades de fiebre alta con estallido de emoción. Yo me desmayé y fui llevada al cuarto de emergencia. Ese tiempo yo estaba en estado vegetal total. Ese tiempo no pude ir a la escuela por casi dos meses. Hasta el día en que se fueron mis enfermedades. Pero cuando regresé a la escuela, nadie me preguntó qué pasó. Eso es normal porque yo no existo desde el principio. Imperceptible en la vida el bachillerato llega al fin. Y…en el principio de mi vida colegial esto será igual que en los años de plan básico y bachillerato.

Pero un milagro de repente viene ante mí. ¡Era una persona! ¡Una persona se me acercó y me dijo hola a mí! ¡Ese fue el tiempo que yo no había experimentado en mi vida entera! ¡Fue una persona mayor! Y ella preguntaba si yo estaba interesada en venir a una fiesta en una iglesia Bautista. Yo dije, “sí” inmediatamente sin pensarlo. Y el segundo día un número extraño me llamó. Yo estaba sorprendida y demasiado temerosa para contestar el teléfono, porque nunca había contestado un número extraño. Pero por alguna razón lo contesté. Entonces alguien en la otra línea dijo que ella me recogería este Domingo por la mañana. ¡Después de la llamada yo estaba tan excitada por el Domingo!...

Entonces cuando yo vine a esta iglesia, mi vista al mundo fue totalmente cambiada. ¡¡¡”Yo existo”!!! ¡”Ellos pueden mirarme”! Ellos también manejan lejos a mi hogar y me dan mi píldora de medicina. ¡Y este tiempo quiero decir gracias! ¡Gracias! ¡Y gracias! Por toda la gente en esta iglesia. Yo me siento muy agradecida.

Si quieres volver a dedicarte a esta tarea sagrada de ganar almas por favor ven y arrodíllate aquí delante del púlpito. Vamos a orar para que Dios te de compasión por la gente joven perdida que viene a nuestra iglesia. (Oración). “Hazme Una Bendición”. Cántala mientras regresas a tu asiento.

Bendición hazme, Bendición hazme,
   Que Brille en mí vida Jesús;
Bendición hazme, yo ruego, Jesús,
   Bendición hazme para alguien hoy.

No debo cerrar este servicio sin decir unas palabras a aquellos de ustedes que todavía están perdidos. La Biblia dice: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito [a morir en la Cruz], para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Es nuestra oración que te voltees del pecado y vengas directamente a Jesucristo. Él está sentado a la diestra de Dios en el Cielo. ¡Ven a Él por fe! Él te limpiará de tus pecados con Su Sangre preciosa, y te dará vida eterna. Amén.


Si este sermón te bendijo por favor envía un correo electrónico a Dr. Hymers y díselo. Por favor también dile de que país estás escribiendo. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net (Haz click aquí). Puedes escribirle a Dr. Hymers en cualquier idioma, pero escribe en Inglés si es posible.

(FIN DEL SERMÓN)
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Puedes enviar un correo electrónico a Dr. Hymers a rlhymersjr@sbcglobal.net
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Mateo 9:35-38.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Here Am I” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

COMPASIÓN AL GANAR ALMAS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas”
(Mateo 9:36).

I.   Primero, para ser ganador de almas tienes que sentir lo que Jesús sintió,
I Pedro 2:21; Filipenses 2:5; Mateo 14:14; 15:32; 20:34;
Marcos 1:41; Marcos 6:34; 8:2; Lucas 7:13.

II.  Segundo, para ser ganador de almas tienes que hacer lo que Jesús hacía,
Juan 4:34-35; Juan 3:16.