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BLASFEMIA CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 18 de Enero, 2015

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:31-32).


Esta mañana hablé duramente sobre “Por qué Los Estados Unidos No Está en Profecía Bíblica”. Mi texto era Amós 8:2 “Ha venido el fin sobre mi pueblo Israel; no lo toleraré más”. “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”. Ese fue mi texto. Cuando Dios ya no viene a ti, para darte gracia, solo el juicio espera. Le puede suceder a un hombre, y le puede ocurrir a una nación. “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”. Cuando eso le sucede a un hombre, es entregado a una mente reprobada, ya su mente no se absoberá la Palabra de Dios, su corazón ya no será tocado por el Espíritu Santo – la Biblia dice: “Dios los entregó a una mente reprobada” (Romanos 1:28), adŏkīmŏs noǔs (¡una mente sin valor, rechazada, arruinada!) ¡Ese es el pecado imperdonable! ¡Ese es el pecado de muerte!

Yo me paré en el santuario de la iglesia Metodista Trinity Methodist Church, en la calle Flower, en el centro de Los Ángeles. Esta era la iglesia donde era pastor “El Peleador Bob” Shuler, donde contendía por la fe, donde el Evangelio de Jesús se predicó por décadas desde el pulpito, y en la radio. Yo me paré en el santuario de la que fue una gran iglesia mientras una bola de demolición golpeaba una de las paredes, y el edificio literalmente caía abajo a mi alrededor. A nadie le importaba. Nadie lloró una lagrima. El hijo de Bob Shuler vivía a solo unos minutos de distancia. Era la iglesia de su infancia. Pero no estuvo allí el día que demolieron el edificio. No le importó. ¡Tampoco a nadie más! “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”.

Abajo en la misma calle de esta iglesia estuvo la gran Iglesia de la Puerta Abierta [Church of the Open Door], en el 550 South Hope Street. El pastor fundador era el Dr. R. A. Torrey. Cuando yo era joven la pastoreaba el famoso maestro Bíblico de la radio, Dr. J. Vernon McGee (1904-1988). Tenía capacidad de sentar a cinco mil personas. La vendieron por 27 millones de dólares. Pensaron que era mucho. Pero cerca de diez años después se vendió por 227 millones de dólares. Los ancianos eran hombres de mentalidad corta. Les temblaban las manos. Sus rostros pálidos de miedo. Pensaron, “¡perderemos algo si nos quedamos!”. Y así que, por temor y falta de fe en Dios, ellos perdieron 200 millones de dólares. Otra iglesia también pensaba comprarla. Pero sus diáconos eran de mente pequeña y miedosos. Así que perdieron el edificio que debían tener – que hubieron podido tener por $27 millones. Ellos también perdieron $200 millones. ¡Y la ciudad central de Los Ángeles se volvió un hoyo negro, sin un testimonio para Dios o Jesús! “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”.

Luego Dios nos puso en este edificio en la calle Hope – a tres cuadras de la iglesia de Bob Shuler, y a ocho cuadras de la iglesia del Dr. McGee – en el corazón de Los Angeles. Nosotros también tuvimos líderes corruptos con pensamientos cortos, y con corazones llenos de miedo. Se fueron y se llevaron a más de 300 de nuestra gente con ellos. Pero hombres y mujeres de corazón grande y valientes salvaron este edificio y lo pagaron. El Evangelio ahora sale de este edificio de iglesia– a las cuatro esquinas del mundo, en 29 idiomas.

Pero esta noche yo les digo a ustedes jóvenes, ¿serán ustedes suficientemente grandes y fuertes y espirituales lo suficiente para mantenerlo en marcha cuando nosotros ya no estemos? ¿O dirá Dios: “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”? Cuando eso suceda esta iglesia también habrá cometido el pecado que es para muerte, y Dios habrá dicho: “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”. ¡No tomes esto ligeramente! ¡No creas que no sucederá! Las siete iglesias de los primeros tres capítulos de Apocalipsis se han ido. No hay señal ni rastro, ni vestigio o un artefacto de ninguna de ellas que haya quedado. No sabríamos que existieron si sus nombres y registros no estuvieran escritos en aquellos tres capítulos de Apocalipsis. ¿Habrá marca, o rastro o vestigio mostrando la existencia de nuestra iglesia dentro de cincuenta años? ¿O habrá dicho Dios mucho antes de eso, “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”? ¡Es por eso que debes ponerte muy serio acerca de orar por avivamiento! Para nosotros es avivamiento para sobrevivir, porque sin avivamiento no sobreviviremos como iglesia ni como testimonio. ¿Para qué ir hasta el centro cuando hay una iglesia a una cuadra? Si esta iglesia pierde su vida (y lo hará sin avivamiento) entonces no tendrá nada especial para atraer a la gente...y comenzará a morir.

El avivamiento depende mucho de si joven cometes o no cometes el pecado de muerte. ¡El futuro de esta iglesia está en tus manos! ¡Si la mayoría de ustedes jóvenes comenten el pecado imperdonable, no hay futuro para este edificio, esta obra, o este ministerio mundial! ¡Qué Dios nos ayude!

Ahora yo creo que es fácil cometer el pecado imperdonable. Todo lo que tienes que hacer es sentarte en la iglesia y esperar. No te molestes acerca de ser salvo. Sólo siéntate y espera. Pronto cometerás el pecado imperdonable – ¡mucho antes de lo que piensas! ¡Muchos más fácil de lo que piensas! Más pronto de lo que piensas las señales de la muerte comenzarán a llegar. Hay algunas canas. Tu cabello comienza a caerse. Miras unas arrugas en tu rostro que no estaban allí antes. Ellos son los mensajeros de la muerte. La muerte, el enemigo frío, pálido está detrás de ti. La Biblia dice: “Está establecido para los hombres que mueran una vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

En el mundo Arabe cuentan una historia de un siervo en Basora. Él vino a su amo y le dijo: “Yo vi la muerte en las calles de Basora hoy. La muerte me miró. Amo, préstame tu caballo más rápido para que pueda escapar a Bagdad”. El amo le prestó su caballo más rápido – y el criado se fue lo más rápido que pudo a Bagdad. Al día siguiente el amo estaba caminando por la calle en Basora cuando se encontró con la muerte. Se acercó a él y le dijo: “Muerte, ¿Por qué asustaste a mi siervo tanto?” La muerte dijo: “Señor, yo no quise asustarlo. Sólo me sorprendió verlo en la calle en Basora. ¡Sabe, mañana tengo una cita para encontrarme con él en Bagdad!” Está establecido para los hombres que mueran una vez. En el momento exacto, en el lugar exacto, que sin duda morirás. Entonces Dios dirá de ti: “No lo toleraré [pasaré por ti] más”. Habrás cometido el pecado imperdonable.

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mateo 12:31).

¿Cuál es el pecado que “no será perdonado a los hombres”? Es pecado contra el testimonio del Espíritu Santo a la gracia salvadora de Jesús. Cuando un hombre o una mujer rechazan repetidamente el testimonio del Espíritu Santo, esa persona comete el pecado imperdonable. El único pecado que no puede ser perdonado se comete cuando un hombre rechaza la llamada del Espíritu a confiar en Jesús. Se habla en el Libro de Hebreos, en el capítulo seis. El Sr. Prudhomme lo leyó hace un momento.

Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Hebreos 6:4-6).

Cuando eso te sucede a ti, “Es imposible...[que seas] otra vez [renovado] para arrepentimiento” (Hebreos 6:4, 6). ¿Imposible? Eso es lo que Dios dijo: “imposible... sean otra vez renovados para arrepentimiento”. ¿Imposible? ¡Sí! Eso es lo que Dios dijo. Imposible. Es el pecado imperdonable. Y Dios dice: “No lo toleraré [pasaré por ellos] más”. No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32).

Es fácil cometer el pecado imperdonable. Mi primo se iba en el carro con sus amigos a Tijuana para ver a una prostituta. Pero él no fue al Infierno porque vio a una prostituta en Tijuana. El bebía una docena de cervezas en el patio de atrás con sus amigos. Pero él no fue al Infierno porque bebía esa cerveza en el patio con sus amigos. Hacía otras cosas que no voy a mencionar aquí en la iglesia. Pero él no fue al Infierno porque hizo esas cosas. No, él fue al Infierno porque cometió el pecado imperdonable. Eso es lo que Jesús dijo: “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mateo 12:31).

Mi primo me dijo que cuando nació su hijo, se puso de rodillas y oró. Sí, y él se llamó a sí mismo Bautista también, a pesar de que nunca fue a la iglesia. Cuando me dijo que oraba, le pedí que confiara en Jesús y fuera salvo. Nunca olvidaré lo que dijo. Él dijo: “A cada uno lo suyo, Robert. A cada uno lo suyo”. Quiso decir: “eso es bueno para ti, pero no para mí”. Lo oí decir eso cada vez que yo le hablé de Jesús. Y con el pasar del tiempo él cometió el pecado imperdonable.

Luego murió de repente cuando sólo tenía unos cuarenta años. Me pidieron que dirigiera su funeral. No tenía nada de canas. No tenía ni una arruga en su cara. Todavía era un hombre joven cuando fue al Infierno. Y fue al Infierno porque cometió el pecado imperdonable. Y Dios dijo: “No lo toleraré más”. No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32).

Había mucha gente allí porque era un buen tipo. Todo el mundo lo quería. Incluyéndome a mí. Él era mi amigo. Amaba las películas de vaqueros. Las miraba constantemente, todas las noches en la Tele. Él podía decirte todo sobre los tiroteos en el Viejo Oeste. Podía decirte todo sobre Salvaje Bill Hickock, Billy the Kid, Doc Holliday, John Wesley Hardin – y todos esos pistoleros en el Viejo Oeste. Cuando nacieron mis hijos yo los lleve a el. El me preguntó sus nombres. Le dije: “Uno de ellos se llama John Wesley Hymers”. Corrió al próximo cuarto y teléfoneo a un amigo. Le oí decir: “De veras, Robert le puso a su hijo el nombre de un pistolero – John Wesley Hardin”. ¡Él no sabía que había un gran predicador llamado John Wesley! Todo el mundo quería mi primo, incluyéndome a mí. Él era un buen tipo, pero se fue al Infierno. ¡Cuando hablé en su funeral, no pude darle a su familia o amigos una palabra de esperanza! ¡Ni una palabra de esperanza! Pues había ido a ese lugar donde no hay esperanza. Dante Alighieri (1265-1321), en su famoso libro El Infierno, dijo que hay un letrero sobre la puerta al Infierno, que dice: “Abandona toda esperanza, tú que entras aquí”. Mi primo cometió el pecado imperdonable. Cuando el Espíritu Santo habló a su corazón sobre Jesús, él dijo “no”. Y Dios dijo: “No lo toleraré [pasaré por él] más”. No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero” (Mateo 12:32).

No hay “segunda oportunidad” en el Infierno. Eclesiastés dice: “En el lugar que el árbol cayere, allí quedará”. El carácter de un hombre siempre se dirige firmemente hacia estar fijo, hacia hábitos de pensamiento duros y firmes. El hombre que es este año, el próximo año será más así. Al pasar de los años su carácter se vuelve más fijo. Se solidifica. Al fin es tan duro como el cemento.

Siempre he amado oír al Dr. W. A. Criswell. Él fue pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas, Texas por más de cincuenta años. Lo oí predicar cuando él era un hombre de edad mediana, pelirrojo. Lo oí cuando era un anciano, con cabello blanco puro. Él era mi predicador ideal. Te contaré una historia del Dr. Criswell.

Él dijo, que cuando era pastor joven, un diácono le pidió que visitara a un miembro que estaba paralizado por un derrame cerebral. El Dr. Criswell dijo:

Cuando fui a su casa, su esposa dijo: “Está en la recamara”. Me paré viendo al hombre en la cama. Le dije: “yo soy el nuevo pastor…he venido a visitarlo”. Él dijo: “Gol dang!” Le dije, “Siento mucho que haya tenido un derrame y no pueda salir de la cama.” Él dijo: “Gol dang!” Le dije: “Es muy lindo afuera. Ojalá que pudiera salir.” Él dijo: “Gol dang!” Después de todo lo que yo decía, él gritaba: “Gol dang!” Yo estaba bien frustrado que ya no sabía qué decir. Me puse de pie e iba a preguntar si podía orar, pero él pensaba que yo me marcharía. Él señaló hacia arriba y dijo: “Gol dang! gol dang! gol dang! gol dang! gol dang! gol dang!” Su esposa me dijo: “Pastor, él quiere que usted ore”. Yo le dije que lo haría con gusto. Me arrodillé al lado de la cama y comencé a orar: “O Dios en el cielo, sé bueno con este señor que está tan enfermo”. Él clamó “Gol dang!” Dije: “Por favor, querido Dios, álzalo”. Él clamó “Gol dang!” Después de cada parte de la oración él decía “Gol dang!” Cuando al fin llegué al final de mi oración dije “Amén”. Él dijo “Gol dang!” Cuando llegué a la puerta, me volví y dije “Adiós” – él dijo “gol dang!”
     Al regresar al pueblo, vi al diácono y le dije que había visitado al hombre del derrame cerebral. Él me dijo: “Oh, olvidé decirte. Él tenía una frase común de argot. Él decía eso repetidamente toda su vida. Cuando tuvo el derrame todo su lenguaje desapareció excepto esa frase”. Yo dije: “No me tienes que decir qué es. Es “Gol dang!”’ Una de las características más ciertas de la vida que yo conozco es esta: Lo que haces y lo que dices finalmente se vuelve quién tú eres. Se cristaliza en tu caracter, en tu alma (“What a Saviour” by W. A. Criswell, Ph.D., Broadman Press, 1978, paginas 41, 42).

Cuando le pedí a mi primo que confiara en Jesús, me dijo: “A cada quien lo suyo, Robert”. Esa era su frase, su excusa. Él no halló defecto conmigo por confiar en Jesús. Solamente que eso no era para él. Él dijo que no cada vez que yo le hablé de Jesús. Le puedes decir a alguien: “¿Confiarás en Jesús?” Él dirá “no”. Puedes decir: “¿Vendrás a Jesús?” Él dirá “no”. Puedes decir: “¿No confiarás en el Salvador ahora?” Él dirá “no”. Finalmente la palabra “no” se cristaliza en su carácter. Su corazón mismo se ha vuelto rechazo – ¡no, no, no, no! Llegará a un lugar en su vida donde lo dirá automáticamente. Ni siquiera tendrá que pensar. Se ha vuelto un “no” grande él mismo. La palabra “no” ha venido a representar su mente, su corazón, su misma naturaleza. Es un gran “no”. Ha cometido el pecado imperdonable, y ya no puede parar de decirle “no” a Jesús. “En el lugar que el árbol cayere, allí quedará”. “No lo toleraré [pasaré por él] más”. “No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. ¡Ese es el pecado que nunca será perdonado!

Si nuestras almas no se paralizaran podríamos escoger el día y la hora en que seríamos salvos. Pero al pasar los días, nuestras voluntades y nuestras almas y nuestros corazones se endurecen como cemento. Al final, ya no pueden ser movidos por el hombre, y no serán movidos por Dios. ¡El carácter, la vida, el destino eterno, son sellados y fijos para siempre! ¡Ese es el pecado imperdonable! ¡Ese es el pecado que nunca será perdonado!

Es lo mismo con la persona que exige un cierto sentimiento, o una prueba interna de la salvación. Puedes explicarle que mire a Jesús, pero él busca un sentimiento en su lugar. Él sigue y sigue - no importa lo que le digas. Cada vez que busca un sentimiento, una prueba de que es salvo. Por fin se hace parte de su propia naturaleza y carácter. Le dices que confíe en Jesús – y de inmediato busca un sentimiento. Le preguntas si confió en Jesús, dice: “no”. He visto personas pasar por eso una y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez – ¡hasta que al final se ha vuelto en un hábito de tal manera que no pueden escapar de ello no importa lo mucho que lo intenten! Se ha vuelto parte de su naturaleza misma. Ya no pueden confiar en Jesús, no importa lo que les digamos.

Recuerdo a finales de la década de 1940, teníamos un tocadiscos y unos cuantos discos. Uno de esos discos era el Pájaro Loco “Ja, ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja. Es la canción del Pájaro Loco”. Pero la tocamos tantas veces que se rayó en esa parte del disco. Cuando la aguja llegaba al rayón, tocaba vez tras vez: “¡Ja, ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja. “Ja, ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja!” ¡Te enloquecía! Eso es lo que oigo de varios de ustedes, vez tras vez, en el cuarto de consejo. Te digo: “¿Confiarás en Jesús?” Dices:”sí”. “Ponte de rodillas y confía en Él”. Espero. Después de varios minutos te pido que te sientes en la silla. Te digo: “¿Confiaste en Jesús?” Dices “no”. Sigue vez tras vez tras vez así. “¡Ja, ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja. “Ja, ja, ja, ja, ja. Ja, ja, ja, ja, ja! Tu mente se está endureciendo en un rayón. Amigo mío, estás en peligro de cometer el pecado imperdonable. Luego Dios te dirá: “No lo toleraré más”. “No le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”. ¡Ese es el pecado imperdonable! ¡Ese es el pecado que nunca será perdonado!

¿Qué necesita el hombre que le dice “no” a Jesús? ¿Necesita otro sermón? No. ¿Necesita otra explicación? No. ¿Qué necesita? Necesita una cosa – moverse, responder, confiar al Salvador, y quédate allí – ¡con el Salvador! Jesús dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Amén. Ven a Él. Confía en Él. Quédate allí. Déjaselo a Jesús. ¡Él no te echará fuera! Él hará todo por ti. Él te limpiará del pecado. Él te justificará. Él te santificará. No lo “sentirás”, pero no necesitas [sentirlo], porque Él lo está haciendo por ti. Confía en Jesús y sé limpiado de todo pecado por la Sangre preciosa que Él derramó en la Cruz. Dr. Chan, por favor guíenos en oración. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Hebreos 6:4-6.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermon:
“If You Linger Too Long” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).