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¡LA PROPICIACIÓN!

(SERMÓN NÚMERO 11 SOBRE ISAÍAS 53)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 13 de Julio, 2014

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).


Lo que voy a decir acerca de Dios esta noche no agradará a algunos que lo escuchen. ¡Y algunos quiza odien lo que yo digo! La gente tiene tantas ideas equivocadas acerca de Dios hoy en día. Cuando alguien habla del juicio de Dios la Biblia causa una reacción negativa, sobre todo entre cierta clase de predicadores.

Hace unos años un pastor anciano me pidió que diera un sermón evangelístico a un grupo de cerca de cien jóvenes Chinos. Yo había hablado allí muchas veces antes, así que yo pensaba que sabía lo que la iglesia quería. Pero esta vez dos pastores más jóvenes estaban encargados. Prediqué un mensaje de salvación, haciendo énfasis en el juicio de Dios y terminando con una presentación clara del Evangelio de Cristo. Veintisiete jóvenes respondieron a la invitación. Estas fueron todas profesiones por primera vez, que era más de una cuarta parte de los estudiantes universitarios que estaban presentes.

Yo pensé que los dos jóvenes pastores hubieran estado encantados con tal grande reacción. Pero ambos tenían semblante enojado después del sermón. Nunca me escribieron una nota de agradecimiento, y nunca me enviaron un honorario, que era una práctica común de esta iglesia. Me sorprendió mucho la frialdad de ellos. Uno de ellos había sido mi amigo cercano. Me enteré después que ellos pensaron que fui demasiado negativo, que debí haber dado una invitación sin advertirle a aquellos jóvenes que Dios juzga el pecado.

Desde entonces he descubierto que muchos pastores modernos comparten su punto de vista. “Sólo tienes que dar el Evangelio. Habla sólo del amor de Dios. No molestes a la gente ni los hagas sentirse incómodos”. A menudo me he visto que los predicadores se sienten así hoy en día. Pero estoy convencido de que hay algo terriblemente malo con esa manera de pensar, algo insuficiente y malo sobre ese punto de vista de predicación evangelistica.

El Dr. A. W. Tozer dijo: “Ningún hombre puede conocer la verdadera gracia de Dios si no ha conocido primero el temor de Dios” (traducción de The Root of Righteousness, Christian Publications, 1955, pág. 38). Yo creo que él estaba completamente correcto, “Ningún hombre puede conocer la verdadera gracia de Dios si no ha conocido primero el temor de Dios”. El Dr. Martyn Lloyd-Jones creía exactamente como el Dr. Tozer en este punto. Iain H. Murray dijo: “Para el Dr. Lloyd-Jones predicar el verdadero peligro de la culpabilidad del hombre ante Dios significaba predicar la certeza de la ira divina…en el castigo del pecado en el Infierno...él consideraba la advertencia como una parte esencial de la predicación bíblica. El Infierno no es una teoría…” (traducción de Rev. Iain H. Murray, The Life of Martyn Lloyd-Jones, The Banner of Truth Trust, 2013, pg. 317).

El mismo Dr. Lloyd-Jones dijo: “El peor pecado de todos es el falso pensamiento acerca de Dios, del cual el hombre natural es tan terriblemente culpable” (ibid., p. 316). Y el Dr. John R. Rice, el notable evangelista Bautista, dijo virtualmente la misma cosa que el Dr. Tozer y el Dr. Lloyd-Jones. El Dr. Rice dijo:

El Dios de la Biblia es un Dios terrible, un Dios temible, un Dios de venganza, así como un Dios de misericordia (traducción de John R. Rice, D.D., The Great and Terrible God, Sword of the Lord Publishers, 1977, pp. 11, 12).

El Dr. Rice dijo:

Toda esta predicación moderna de gracia sin ley, de fe sin arrepentimiento, de la misericordia de Dios sin la ira de Dios, la predicación del Cielo sin el Infierno…es una perversión de la verdad de Dios. Representa mal a Dios. Es una representación deshonesta del mensaje de Dios. Dios es un Dios terrible, un Dios temible, un Dios de furia contra el pecado, un Dios que trae venganza, un Dios que debe ser temido, un Dios ante el cual los pecadores deben temblar (ibid., pp. 13, 14).

¡Amén! Y sé por años de leer los sermones de ellos, que el Dr. Tozer y el Dr. Lloyd-Jones hubieran estado de total acuerdo con John R. Rice en ese punto. Dios es “un Dios de furia contra el pecado”. Mi pastor de largo tiempo en la Primera Iglesia Bautista China estaba en completo acuerdo con el Dr. Rice.

Cuando vemos a Dios como la Biblia lo presenta no tendremos ningún problema con nuestro texto en Isaías 53:10. El texto se centra en Dios el Padre y lo que Dios le hizo a Jesús para asegurar nuestra salvación:

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

“A quien Dios puso como propiciación” (Romanos 3:25).

El Dr. W. A. Criswell dijo que: “La propiciación es la obra de Jesús en la cruz, en la cual Él cumplió las demandas del Dios justo contra el pecado, cumpliendo así los requisitos de la justicia de Dios, y cancelando la culpa del hombre” (traducción de W. A. Criswell, Ph.D., The Criswell Study Bible, Thomas Nelson Publishers, 1979, p. 1327, nota sobre Romanos 3:25).

“A quien Dios puso como propiciación” (Romanos 3:25).

La Biblia en Inglés The Reformation Study Bible [La Biblia Anotada de La Reformación] dice de ese verso: “Jesús murió como sacrificio propiciatorio que satisface el juicio divino contra los pecadores, trayendo perdón y justificación. Pero Pablo tiene cuidado de indicar que el sacrificio [del Hijo de Dios] no causa que Dios el Padre nos ame. Lo opuesto es cierto – el amor de Dios causó que Él ofreciera a Su Hijo” (traducción de The Reformation Study Bible, Ligonier Ministries, 2005, p. 1618, nota de Romanos 3:25).

“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32).

Como dice nuestro texto:

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

En este texto vemos que Dios fue el verdadero autor de la agonía de Jesús. Jesús sufrió y murió “por el determinado consejo [el propósito establecido] y anticipado conocimiento de Dios” (Hechos 2:23). El gran y terrible Dios de la Escritura fue el verdadero causante del sufrimiento y la muerte de Cristo. Juan 3:16 dice que Dios “ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16). Romanos 8:32 dice, “El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,” (Romanos 8:32). La ira de Dios contra el pecado fue propiciada porque cayó sobre Su Hijo Jesús. Como nuestro texto dice:

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

Aquí Isaías nos lleva “tras el escenario” para mostrarnos que Dios el Padre envió a Su Hijo a atravesar los horrores de Su pasión y crucifixión para que Dios pudiera ser propiciado y Su ira cayera sobre Jesús en vez del pecador. En nuestro texto vemos que (1) Dios lo quebrantó; (2) lo sujetó a padecimiento; (3) Dios puso su vida en expiación por el pecado.

I. Primero, Dios quebrantó a Jesús.

“Jehová quiso quebrantarlo” (Isaías 53:10).

La palabra traducida “quebrantarlo” significa “triturar.” “Jehová quiso triturarlo.” El Dr. Edward J. Young dijo: “A pesar de la inocencia de [Cristo], Jehová tuvo placer en quebrantarlo [y triturarlo]. Su muerte no estuvo en manos de hombres malvados sino que en manos de Dios. Esto no quita la responsabilidad de aquellos que le dieron muerte, sino que ellos no tuvieron control de la situación. Solamente estaban haciendo lo que el Señor les permitió hacer” (traducción literal de Edward J. Young, The Book of Isaiah, William B. Eerdmans Publishing Company, 1972, tomo 3, pp. 353-354).

Como he dicho, esto se muestra claramente en Romanos 3:25, tocante a Jesús,

“A quien Dios puso como propiciación” (Romanos 3:25).

Y en Juan 3:16, que,

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16)

para propiciar Su ira contra el pecado, y hacer posible la salvación para el hombre pecaminoso.

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo [triturarlo]” (Isaías 53: 10).

Empezando en el Huerto de Getsemaní, Dios el Padre quebrantó y trituró a Su Hijo. Mateo nos dice, que en el Huerto de Getsemaní, Dios dijo, “Heriré al pastor” (Mateo 26:31). El Evangelio de Marcos también nos dice eso, en Getsemaní, “Heriré al pastor” (Marcos 14:27). Así Dios hirió a Jesús, lo quebrantó, y comenzó a triturarlo como propiciación vicaria por nuestros pecados en la oscuridad del Getsemaní. Spurgeon habló de eso cuando declaró,

No era que ahora nuestro Señor tuviese que tomar cierta copa de la mano del Padre. Ni de los Judíos, ni del traidor Judas, ni de los discípulos que dormían, ni venía del diablo la prueba [en el Huerto] ahora, sino que era una copa llena por el que él sabía que era Su Padre...una copa que asombraba su alma y angustiaba lo más profundo de su ser. Se apartaba de ella, por eso está seguro de que era [una copa] más amarga que el dolor físico, ya que de eso no rehuyó...era algo terrible, horriblemente lleno de temor, lo que le llegó de la mano del Padre. Esto quita toda la duda de lo que era, porque leemos: “Jehová quiso quebrantarlo...” El Señor hizo posar sobre Él el pecado de todos nosotros. Él había hecho pecado por nosotros a aquel que no conocía el pecado. Esto, es lo que le causó tan grande depresión al Salvador...Él debe padecer [en el lugar] del pecador. He aquí el secreto de aquellas agonías [en Getsemaní] que para mi no es posible [explicarle completamente] a ustedes, así que es cierto que –

      ‘Solo Dios y solo Él,
      Que lo puede conocer.’

(Traducción literal de C. H. Spurgeon, “The Agony in Gethsemane,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, reimpresión de 1971, tomo XX, pp. 592-593).

“Jehová quiso quebrantarlo” (Isaías 53:10).

Bajo el peso del pecado humano, derramado sobre Él en el Getsemaní, Cristo fue triturado, Él fue quebrantado por el peso de tu pecado, a tal extremo que

“Estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44).

Ningún humano le había tocado aún. Todavía no había sido arrestado, golpeado, azotado, o crucificado. No, fue Dios el Padre que lo quebrantó y trituró en Getsemaní. Fue Dios el Padre que dijo, “Heriré al pastor” (Mateo 26:31). Yo creo que eso fue lo que Dios profetizó por medio de Isaías,

“Jehová quiso quebrantarlo” (Isaías 53:10).

La ira que Jesús cargó,
   La merecía yo;
¡Todo pecado él cargó,
   Y al pecador libró!
(Traducción de “The Cup of Wrath” por Albert Midlane, 1825-1909;
   al son de “O Set Ye Open Unto Me”).

II. Segundo, Dios sujetó a Jesús a padecimiento.

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento…” (Isaías 53:10).

De nuevo, fue Dios quien puso a Su Hijo unigénito bajo el padecimiento que Él experimentó durante Su pasión y muerte. El Dr. John Gill dijo,

Sujetándolo [a Él] a padecimiento [causando que Él padezca]...cuando no lo protegió, sino que le entregó en manos de hombres perversos, a la muerte: él fue puesto bajo padecimiento en el huerto, cuando su alma estuvo muy angustiada, y en la cruz, cuando fue clavado a ella, [y] tuvo el peso del pecado de su pueblo, y la ira de su padre sobre él, y cuando él escondió su rostro de él, que lo hizo clamar: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?... [permitiéndole] ser puesto bajo el dolor, de ambos cuerpo y mente (traducción literal de John Gill, D.D., An Exposition of the Old Testament, The Baptist Standard Bearer, re-impreso 1989, tomo V, pagina 315).

Jesús sufrió voluntariamente el quebranto y el dolor, los azotes y la crucifixión, padeciendo voluntariamente por nuestros pecados, porque Él dijo,

“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).

Estoy seguro de que hubo un concilio en el Cielo antes de que el mundo fuera creado. El Padre dijo que el hobre iba a pecar y tendría que ser castigado. ¡Jesús, el Hijo, entonces se ofreció a bajar y ser castigado en lugar del hombre! ¡Maravilloso amor!

“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6:38).

“Hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13).

“Y él es la propiciación por nuestros pecados” (I Juan 2:2).

“A quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:25).

La ira que Jesús cargó,
   La merecía yo;
¡Todo pecado él cargó,
   Y al pecador libró!
(Traducción de “The Cup of Wrath” por Albert Midlane, 1825-1909).

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento…” (Isaías 53:10).

III. Tercero, Dios puso la vida de Jesús en expiación por el pecado.

Leamos el texto de pie y en voz alta, acabando con “expiación por el pecado.”

Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

Se pueden sentar.

Nota la frase “con todo” al principio. Se refiere al verso nueve, “aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo...” (Isaías 53:9-10a). Aunque Jesús nunca había pecado, “con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento...” El comentario del Dr. Gaebelein dice, “El verso 10a es casi chocante en su aparente presentación de la indiferencia arbitraria por la justicia personal [de Cristo], pero luego el lector recuerda la naturaleza sustitucionaria de estos sufrimientos...De inmediato Dios se ve no como severo sino asombradamente lleno de gracia” (traducción literal de Frank E. Gaebelein, D.D., General Editor, The Expositor’s Bible Commentary, Zondervan, 1986, tomo 6, p. 304).

Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

“El...no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Romanos 8:32).

“Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero...por cuya herida fuisteis sanados” (I Pedro 2:24).

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (II Corintios 5:21).

“Cuando haya puesto su vida por expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

La ira que Jesús cargó,
   La merecía yo;
¡Todo pecado él cargó,
   Y al pecador libró!
(Traducción de “The Cup of Wrath” por Albert Midlane, 1825-1909).

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

Jesús fue la ofrenda de Dios por el pecado. Jesús murió en tu lugar, como sustituto tuyo. Jesús padeció vicariamente por ti, como propiciación, para pagar la pena de tu pecado, para volver la ira de Dios lejos de ti y llevarla toda sobre Él mismo.

Cuando pienses en los clavos atravesando Sus manos y pies, fue por ti. Él murió, el justo por los injustos, para llevarte a Dios en un estado justamente perdonado. Spurgeon dijo,

Por el pecado el hombre fue condenado al fuego eterno; cuando Dios tomó a Jesús para ser el sustituto, no lo envió al fuego eterno, sino que derramó sobre él el dolor, tan desesperante, que fue un pago válido aun para una eternidad de fuego...porque en aquella hora Cristo tomó todos nuestros pecados, pasados, presentes, y por venir, y fue castigado por todos ellos allí mismo, para que nosotros jamás seamos castigados, porque él padeció en nuestro [lugar]. ¿Ves, entonces, como fue que el Padre lo quebrantó? A menos que esto fuese hecho, las agonías de Cristo no podrían haber sido por nuestro [merecido] sufrimiento [en el Infierno] (traducción literal de C. H. Spurgeon, “The Death of Christ,” The New Park Street Pulpit, Pilgrim Publications, re-impreso en 1981, tomo IV, páginas 69-70).

Sin embargo la muerte de Jesús no salva del Infierno a todos los hombres. Solamente a aquellos que son convertidos a Jesús y son salvos. Él murió por los pecadores, y por los pecadores solamente; Él por aquellos que sienten dentro de sí mismos que son pecadores, y buscan a Jesús para que los perdone.

Tu sentido del pecado y tu sentido de la necesidad de Jesús son las cualidades que muestran que Su muerte curará tu pecado. Los que paran un momento para pensar en Su muerte y luego se olvidan, se irán a recibir castigo eterno por sus pecados, porque rechazan el pago que Jesús hizo en la Cruz.

Piensa largo y tendido sobre eso. Piensa largo y en serio sobre las palabras del gran himno “Propiciación” de Toplady.

Por mi el Cordero dado fue
   Cargó la ira de Dios;
Veo en Sus llagas sangrientas
   Mi nombre escrito ahí.

Brotó la sangre del Señor,
   En púrpura corrió;
Y cada herida proclamó
   Al hombre Su amor.

Me es preciosa Su sangre,
   Potente a perdonar;
Las manos que dio a clavar
   A Su trono guiarán.
(Traducción libre de “Propitation” por Augustus Toplady, 1740-1778;
      al son de “At the Cross”).

Ahora, entonces, ¿por qué no has confiado en Jesús? ¿Qué es lo que te impide confiar en Él? ¿Qué pecado secreto ocultas que te impide confiar en Él? ¿Qué deseo falso y tonto te detiene del Salvador? ¿Qué temor de perder algo que crees que es importante te detiene? ¿Qué razón oculta te detiene de confiar en Jesús quien sufrió la ira terrible de Dios para salvarte del juicio? ¿Qué es lo que te detiene de Jesús? Es tu corazón pecaminoso que está contra Él. ¡Es tu corazón orgulloso que rehúsa ser humilde y caer a Sus pies! ¿Pero, cual bien te han hecho tu orgullo y rebelión? Humíllate – y confía en “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). No tardes más. Confía en Él a hora, esta noche. El cuarto de consejo esta abierto para aquellos que deseen ceder a Jesús y caer a Sus pies. Él te limpiará de todo tu pecado con Su Sangre. Si deseas hablar con nosotros sobre eso, por favor ve a la parte de atrás del cuarto ahora y Dr. Cagan te llevará a un lugar silencioso donde podremos hablar. Dr. Chan, por favor ore que alguien confíe en Jesús esta noche.

(FIN DEL SERMÓN)
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Oración Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme.
El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith:
“Propitiation” (por Augustus Toplady, 1740-1778;
al son de “At the Cross”).


EL BOSQUEJO DE

¡LA PROPICIACIÓN!

(SERMÓN NÚMERO 11 SOBRE ISAÍAS 53)

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado” (Isaías 53:10).

(Lucas 16:23; Romanos 3:25; 8:32; Hechos 2:23; Juan 3:16)

I.   Primero, Dios quebrantó a Jesús, Isaías 53:10a; Mateo 26:31;
Marcos 14:27; Lucas 22:44.

II.  Segundo, Dios sujetó a Jesús a padecimiento, Isaías 53:10b; Juan 6:38.

III. Tercero, Dios puso la vida de Jesús en expiación por el pecado,
Isaías 53:10c; Isaías 53:9-10a; Romanos 8:32; I Pedro 2:24;
II Corintios 5:21; Juan 1:29.