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¡NO DURMAMOS – COMO LOS DEMÁS!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Angeles
La Mañana del Día del Señor, 22 de Junio de 2014

“No durmamos como los demás” (I Tesalonicenses 5:6).


El Apóstol Pablo aquí habla de “el Día del Señor”. Este es un periodo de tiempo que comienza con la Gran Tribulación, y vendrá como “destrucción repentina”, y como los “dolores de parto” – como los “dolores de parto” le vienen de repente a una mujer que va a tener un bebé. Cuando venga el Día del Señor, habrá millones de personas que no estarán preparadas. ¡La mayoría de nuestra gente de iglesia se irá tan pronto las tribulaciones y los dolores de ese periodo empiecen!

Luego el Apóstol les dijo: “no estáis en tinieblas”. Ellos saben acerca de la profecía Bíblica. Ellos no están en tinieblas con respecto a la Tribulación venidera, y al Arrebatamiento. Pero entonces les dice: “Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios”. Ya que él nos exhorta a no dormir, podemos decir que sí es posible que una persona verdaderamente convertida sí “duerma”. También es cierto que aquellos que no son convertidos están dormidos. Le hablaré a los dos grupos esta mañana.

I. Primero, que los que ya son convertidos digan: “No durmamos como los demás”.

No cabe duda sobre esto. Los verdaderos Cristianos se pueden dormir. La parábola de las diez vírgenes lo deja en claro. Jesús dijo:

“Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron” (Mateo 25:5).

Yo creo que ese es un retrato de muchos Cristianos verdaderos hoy día. Están cabeceando y durmiendo. Ese es el estado de algunos Cristianos, aun en nuestra iglesia, esta mañana.

Un Cristiano se puede dormir y ni siquiera saberlo. Si tú dices: “Estoy dormido” es una señal de que no estás dormido. Aquellos que en verdad están dormidos no lo saben. Tú puedes dormirte y no ser despertado porque tus amigos aquí en la iglesia también están durmiendo. Si alguien trata de despertarte, quizá rechazass lo que te dicen, o los juzgas, y piensas que son demasiado críticos.

El dormir en un Cristiano es muy peligroso porque puedes hacer mucho mientras duermes que te haga parecer estar despierto. Algunas personas hablan dormidas. Y otros Cristianos dormidos hablan como si estuvieran activos y de corazón caluroso. Esto es especialmente claro cuando oran. Están espiritualmente dormidos cuando oran. El mismo sonido de sus voces cuando oran en voz alta muestra que están orando dormidos. Usan las mismas palabras vez tras vez. No tienen celo verdadero. No solo están dormidos ellos mismos, sino que ponen a los demás a dormir cuando oran en voz alta en las reuniones. Yo he oído gente tratar de orar, pero sus voces muestran que no hay celo en ellos. En realidad no están orando, sino solo diciendo las palabras de una oración, como alguien que habla dormido. Otros dejan vagar sus mentes cuando alguien más esta guiando en oración. No siguen al que está orando, añadiendo su “Amén” a la oración dada. Entonces, cuando alguien que verdaderamente está despierto da una oración que es fuerte y viva, de repente saltan – como si los hubieran asustado.

Mucha gente también canta dormida. Mientras otros cantan de su corazón, el que esta dormido solo murmura las palabras. Sus labios hacen un sonido, pero sus corazones no están en ello. El que dirige las canciones les tiene que recordar vez tras vez “¡Canten!”. Es difícil para esa gente saber que están durmiendo porque todavía oyen las palabras de una oración, o las palabras de un himno, pero no hay vida ni celo en ellos, porque se han dormido espiritualmente.

Hasta hay alguna gente que camina dormida. Estoy seguro que has oído de caminar dormido o “sonambulismo”. ¿Has visto alguna vez a alguien que va al evangelismo como si estuvieran caminando dormidos? ¿Te has preguntado alguna vez por qué algunas personas salen a ganar almas y traen muchos nombres – mientras otras personas pueden salir y traer solo un nombre, y a veces ni uno? ¡Ellos están espiritualmente dormidos! Y cuando traemos personas nuevas a la iglesia, hay algunos que están entusiasmados en hacerlos sentirse en casa y cuidarlos – mientras que otros, que están dormidos, olvidan todo esto – porque están demasiado adormitados en las cosas de Dios.

Me temo que hay demasiados predicadores que están dormidos ellos mismos el día de hoy. Ellos hacen zumbido continuamente con sus estudios Bíblicos de versículo por versículo. ¡Ni siquiera se dan cuenta del hecho de que mucha gente en realidad no los está escuchando – y muchas de sus personas, aunque vienen todas las semanas, en realidad están perdidos! ¡Tales pastores en realidad tienen miedo de un predicador que despierta a la gente! ¡Ellos no quieren que su gente sea despertada! Están contentos con que algunas ovejas dormidas asistan el Domingo y se sienten en otro “estudio Bíblico” medio muerto. ¡Dios, ayúdanos! ¡No es maravilla que tantas iglesias están tan muertas! ¡No es maravilla que halla tanta carnalidad y pecado abierto! ¡No es maravilla que algunas iglesias estén tan dormidas que hayan abandonado las reuniones de oración, o las hayan cambiado a un “estudio Bíblico de mediados de la semana!”. ¡Yo he oído a gente “orar” en algunas iglesias que suenan como las palabras de un hombre muerto! ¡Estas realmente no son oraciones en lo absoluto! ¡Hay muy poca oración verdadera en nuestras iglesias hoy! Uno de nuestros caballeros asistió a la reunión de oración de otra iglesia. Él se puso de pie y oró como un hombre verdadero, pero el otro pastor le dijo que callara. ¡Él quería que nuestro caballero dijera una oración muerta, adormitada como lo hace la gente de él! ¡Con razón nuestra nación se está desmoronando! Con razón George Barna nos dice, el 88% de los jóvenes en esas iglesias se van antes de cumplir 25 años de edad, “para nunca más volver”. ¡Dios, ayúdanos! ¡Están dormidas y ni siquiera lo saben! ¡Que el Señor mantenga a suficiente de nosotros despiertos en nuestra iglesia para que esas cosas no sucedan aquí también! “No durmamos como los demás” (I Tesalonicenses 5:6)

Dr. Cagan me dijo que a pastores les agrada venir a predicar aquí “porque nuestra gente se inclina hacia delante en sus asientos, escuchan con cuidado, y a veces hasta aplauden”. ¡Que siempre sea así! “¡No durmamos como los demás!” un predicador me dijo que las ancianas en su iglesia se irían si hubieran aplausos. Yo pensé: “¡Deberían irse a la iglesia Metodista, allí quedarían bien! ¡Vete a la iglesia Episcopal si quieres un servicio muerto!

II. Segundo, nosotros oramos que los que todavía no son convertidos digan: “No durmamos como los demás”.

Me encanta ver a los niñitos aquí en las primeras filas. Yo oro que ellos lleguen a temer a Dios y a amar a Jesús, mientras todavía estén jóvenes. Pero ahorita los estoy pasando de largo. Le estoy hablando a los jóvenes que has estado asistiendo a nuestra iglesia por algún tiempo, pero aun no son salvos. La Biblia te dice a ti:

“Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14).

Este es un mandamiento, pero es un mandamiento que no se puede obedecer sino hasta que Dios Mismo te despierte. El hombre es un pecador por naturaleza. Eso significa que no puedes saber ni comprender cómo ser salvo. Lo podemos explicar en detalle, y aun no lo entenderás. Tú puedes oír el Evangelio mil veces, y todavía estar completamente ciego a ello. El Apóstol dijo:

“Pero el hombre natural [no convertido] no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (I Corintios 2:14).

Es por eso que algunos de ustedes han venido a vernos sobre la salvación muchas veces, pero no les ha hecho ningún bien. A ti te decimos: “Ven a Jesús”. Y tú dirás: “¿Pero, cómo vengo a Él?” Nosotros decimos: “Tú no necesitas saber cómo – solamente confía en Él”. Tú dices: “¿Pero cómo confío en Él?”

Lo siento, pero te he dicho muchas, muchas veces que no te podemos explicar esas cosas en una manera que te ayudará. ¡Tú tienes que ser despertado por el Espíritu de Dios, o nuestras palabras nunca te ayudarán! Tú tienes que ser traído a Jesús por el Espíritu Santo. ¡Tú no puedes aprender cómo venir a Él! El autor de himnos, Andrew Reed dijo:

Espíritu Santo, con luz divina,
   Brilla sobre éste mi corazón;
Aparta las sombras de la noche,
   Vuelve mi oscuridad en día.
(Traducción de “Holy Ghost, With Light Divine”
      por Andrew Reed, 1787-1862).

En el Segundo Gran Despertamiento, Thomas Charles (1755-1814) dijo: “La gente más desconsiderada ha sido despertada…con casos de convicción tan fuerte que casi volvía loca a la gente…llorando en la mayor angustia, bajo un sentido de pecado y peligro, clamando por misericordia…en preocupación por sus propias almas” (traducción de Paul E. G. Cook, Fire From Heaven, EP Books, 2009, p. 34). Eso es lo que le sucede a mucha gente a la misma vez en un avivamiento enviado por Dios. Pero eso es lo que también le sucede a la persona individual en la conversión. Cuando un pecador perdido es angustiado “bajo un sentido de pecado y peligro, clamando por misericordia” generalmente solo es un corto tiempo antes de que dichas personas vengan a Jesús y sea salvo.

¿Cómo sucede esto? He aquí la manera en que la conversión generalmente sucede a la persona que viene a la iglesia que no viene de un hogar Cristiano. Te daré una versión condensada de la conversión de un pastor, cuyo libro he estado leyendo.

Él no estaba interesado en la iglesia, pero estaba interesado en el baloncesto. Él fue invitado por un pastor a unirse al equipo de la iglesia. Él estuvo dispuesto a venir a la iglesia para poder jugar baloncesto con el equipo. Los sermones que él oyó en la iglesia no le hacían sentido, pero continuó viniendo. Gradualmente la iglesia misma se volvió más importante para él que el baloncesto. Después de un tiempo la palabra “salvo” se pegó en la mente de él. Cual fuera su significado, él sabía que era algo que él no tenía. Él no quería que nadie supiera lo que estaba pensando, así que no iba a hablar con el pastor cuando se daba la invitación. Él decidió volverse una “mejor” persona, así que dejo de usar las malas palabras. Pero todos sus esfuerzos en volverse una mejor persona fracasaron. Él fue sorprendido al darse cuenta de que no tenía poder en sí mismo para cambiar. Él dijo: “Mis primeros intentos en ser una mejor persona terminaron en fracaso”. A la misma vez él comenzó a tener pensamientos de Dios y Jesús que él nunca antes había tenido. Por ejemplo: ¿por qué murió Jesús en la Cruz? Él nunca antes había pensado en eso, pero ahora parecía muy importante para él. Él dijo: “Descubrí que era un joven muy confundido conforme este mundo nuevo comenzaba a abrirse para mí”.

Al fin, bajo la convicción de pecado, él respondió al final de un sermón y fue a ver al consejero. Él dijo: “Fue una experiencia muy emocional”. Él confió en Jesús esa noche. Luego el pastor dijo que eso le había sucedido a él hacía casi cincuenta años, pero todavía recordaba aquella noche “que cambió la dirección de mi vida sobre la faz de la tierra al igual que mi destino eterno”. Él ha sido un pastor Reformado por muchos años. Yo he parafraseado lo que él escribió. ¡Ojalá que seas despertado y salvo como lo fue él! (traducción de Stephen Smallman, What is True Conversion?, P & R Publishing, 2005, pp. 8-10).

“No durmamos como los demás” (I Tesalonicenses 5:6).

Al leer ese testimonio me di cuenta de cuan cerca seguía el modelo de mi propio testimonio. Los vecinos de la casa del al lado me llevaron a una iglesia Bautista con sus hijos. Yo seguí yendo a la iglesia con ellos porque eran muy buenos conmigo. Yo no entendía los sermones, pero aprendí la palabra “salvo”. Yo traté de limpiar mi vida, y hasta hice una decisión pública para entrar al ministerio, yo pensaba que eso me salvaría. Cuando eso no me ayudó decidí hacerme un misionero, y me uní a una iglesia Bautista China. Cuando eso no me ayudó, sintiéndome miserable y pecaminoso, fui a estudiar a la universidad Biola College. Allí escuché un sermón del Dr. Charles J. Woodbridge, y Jesús bajó en ese servicio y yo confié en Él, y fui salvo por Su Sangre y justicia.

Yo fui hacia el “frente” muchas veces, pero no era salvo. Redediqué mi vida a Jesús muchas veces, pero no fui salvo. ¡Cuando Jesús Mismo vino a mí, Él me salvó por Su misericordia y gracia, y me lavó limpio de mi pecado con Su propia Sangre!

¿Qué es semejante en mi testimonio y el de ese pastor Reformado? Ambos de nosotros vinimos a la iglesia porque nos invitaron. Ninguno de nosotros venía de un fondo Cristiano. Ambos de nosotros seguimos viniendo a la iglesia porque la gente era amable con nosotros. Ninguno de nosotros podíamos ver cómo los sermones se aplicaban a nosotros. Pero ambos sabíamos que no éramos “salvos”. Ambos tratamos de hacernos Cristianos con volvernos mejores personas. Ambos fracasamos. Bajo la convicción del pecado, ambos de nosotros hallamos la paz y salvación por simple fe en Jesús.

Vinimos a la iglesia sin ninguna fe. Finalmente ambos fuimos despertados al hecho de que éramos pecadores perdidos. Entonces el Espíritu Santo nos trajo a Jesús. Ninguno de nosotros sabía “cómo” venir a Jesús. Cuando fuimos despertados y convencidos del pecado, entonces el Espíritu Santo nos trajo a Él. Fue tan simple que sabíamos que todo fue de gracia, todo por el traer del Espíritu Santo, todo por la Sangre de Jesús lavando nuestros pecados.

“No durmamos como los demás” (I Tesalonicenses 5:6).

Pero, ¿qué de las personas que nacieron y fueron criadas en la iglesia? ¿Cómo son convertidas? He aquí uno de sus testimonios. Este es de un joven que había estado en esta iglesia toda su vida. De hecho, fue traído a la iglesia cuando era bebe recién nacido. Te doy partes de su testimonio.

     Pese a tratar mucho de conseguir descanso, el sueño no me llegaba conforme Dios comenzaba a desgastar mi voluntad. Cuando llegó el Domingo…en la mañana, yo estaba mentalmente y espiritualmente exhausto, sin embargo mi lucha contra Dios parecía volverse más fuerte y más intensa. Mientras el sermón era predicado, yo trataba de resistir físicamente los sentimientos de culpa y dolor que me enardecían, con apretar la quijada y cerrar los ojos…Yo sabía que era el más vil y el peor de los pecadores, pero no me quería rendir al llamado de Jesús de venir a Él…el sermón parecía interminable…me sentía corrupto e impío ante la vista de Dios. Mis pecados se volvieron menos y menos en las cosas que había hecho, pero se volvían más en quien yo era. El pastor llamó para la invitación…Dr. Hymers [entonces] me urgió a confiar en Jesús, y venir a Él. Yo parecía dispuesto, pero no me dejaba soltar de mi mismo. En esos momentos, me arrodillé tratando de entender cómo confiar en Jesús, yo vi que el peor pecado que había cometido era mi rechazo implacable de Jesús Mismo. Aún así traté de…forzar mi camino a Él por mi propia fuerza, pero aún en esto yo lo estaba rechazando a Él. Lo más que trataba de confiar en Jesús, no podía. Me sentí sin esperanzas y derrotado…Jesús me llamaba a Él Mismo…pero yo tercamente estaba tratando de hacerlo a mi manera. De repente las palabras de un sermón vinieron suavemente a mis oídos: “¡Cede a Jesús! ¡Cede a Jesús!” En un momento, el pensar en cómo yo había rechazado al Mismo Jesús que colgó en la Cruz por mí capturó mi corazón. El mismo Hijo de Dios había bajado del Cielo a morir por mí, aunque yo era Su enemigo. Este pensamiento me quebranto en la misma fundación de mi propio ser. En un solo momento yo cedí a Jesús y confié en Él. Yo dejé ir todo lo que yo era, y simplemente descansé en Jesús…Jesús me clamó como Suyo. Jesús me tomó. Él no me rechazó como yo lo había rechazado a Él. La gran batalla en la que yo estaba no venía de cuan difícil era para Jesús salvarme y perdonar todo mi pecado, sino de cómo yo no paraba de resistir a Jesús. ¡Es casi como si, tan pronto yo le “permití” a Jesús salvarme, Él de inmediato se apresuró hacia mí, y me lavó con Su Sangre! ¡Confiar en Jesús no fue un acto de mi voluntad para nada, sino en vez yo tuve que ceder a Él! El momento de mi conversión fue tan simple y tuvo tan poco que ver con mi acción propia, parecía que yo no tuve nada que ver con ello para nada. Fue todo por gracia…Yo amo a Jesús con todo lo que soy, y descanso en Él solo.

¡Ojalá que algunos de ustedes estén conscientes de su pecado y de la necesidad de que Jesús los limpie con Su Sangre! Oh, que esta mañana tú digas:

Te escucho, Oh Jesús, llamandome a Mi
   Para que limpio pueda ser, hoy en Tu Sangre así.
¡Vengo ya, Jesús! ¡Vengo hacia Tí!
   Lávame en Tu Sangre que fluyó, Señor, por mí.
(Traducción de “I Am Coming, Lord” por Lewis Hartsough, 1828-1919).

“No durmamos como los demás” (I Tesalonicenses 5:6).

Ve al cuarto de consejo ahora mismo. Ve a la parte de atrás de este auditorio y Dr. Cagan te llevará allí, donde podremos orar y hablar. Dr. Chan, por favor ore para que alguien confíe en Jesús esta mañana. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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en www.realconversion.com o www.rlhsermons.com.
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Puedes enviar un correo electrónico a Dr. Hymers en Inglés a
rlhymersjr@sbcglobal.net – o puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Ángeles, CA
90015, Estados Unidos.
Llámale por teléfono a (818)352-0452.

La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme: I Tesalonicenses 5:1-6.


EL BOSQUEJO DE

¡NO DURMAMOS – COMO LOS DEMÁS!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“No durmamos como los demás”
(I Tesalonicenses 5:6).

I.   Primero, que los que ya son convertidos digan: “no durmamos como los demás”, Mateo 25:5.

II.  Segundo, nosotros oramos que los que todavía no son convertidos digan:
“No durmamos como los demás”, Efesios 5:14; I Corintios 2:14.