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LA MUJER IMPORTANTE DE SUNEM

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, Mayo 11, 2014

“Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una [gran] mujer importante...” (II Reyes 4:8).


Sunem estaba siete kilómetros al este de Meguido con vista al valle de Jezreel. La mujer en este pasaje es llamada “una mujer importante”. La palabra Hebrea traducida como “importante” también puede significar prominente o acomodada. No obstante, veremos que ella era “importante” en otras maneras también. Sin embargo no tenemos que buscar la palabra Hebrea para saber que ella era importante en muchas otras maneras. La Biblia habla de otras mujeres ricas que no eran importantes, como la esposa de Putifar, Atalía, la esposa de Lot, y muchas otras. Todas esas mujeres eran ricas, pero ellas eran mujeres malvadas. Desde luego, no estaban en la misma categoría de la “mujer importante” de Sunem. Encuentro en este capítulo que esta mujer era importante en varias maneras. En esta ocasión, el Día de las Madres, quiero que pensemos en algunas de las maneras que hicieron a esta mujer importante.

I. Primero, era grande en su generosidad.

Cuando el profeta Eliseo y su criado Giezi, viajaban de un lado al otro entre Samaria, Jezreel y otras ciudades, a menudo venían a Sunem, donde vivía esta mujer y su marido. Cuando el profeta pasó por su casa, ella lo invitó a cenar. “Y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer” (II Reyes 4:8).

Pero su generosidad fue más allá de simplemente darle una comida. Hizo que se le construyera un aposento para que él se quedase allí cuando pasaba. El Dr. Ryrie dijo que era “una habitación a prueba de agua en la azotea de la casa” (traducción del Estudio de Biblia de Ryrie).

Mi propia esposa tiene un espíritu generoso. Una de las habitaciones de nuestra casa fue utilizada por mi madre durante varios años antes de que muriera. Después de que ella murió mi esposa ha hospedado a varios predicadores en esa habitación. Ella ha hospedado a varios hombres de Dios en esa habitación, incluyendo al Dr. Bob Jones, Jr., el Dr. Bob Jones III, el Dr. David Innes, el Dr. Robert L. Sumner y su esposa, el Dr. Bill Hathaway y su esposa, y otros. Al igual que la gran mujer de Sunem, mi esposa tiene un espíritu generoso. Trabajó durante horas para preparar un banquete precioso para nuestras madres esta noche. Esta mujer de Sunem era generosa.

Yo no sería un pastor, o incluso un Cristiano, si no fuera por la amabilidad y la generosidad de la señora Joyce McGowan. Ella me dejaba pasar horas en su casa cuando era un adolescente perdido y solitario. A menudo me invitaba a comer con su familia. Ella incluso me llevó junto con sus hijos a varios viajes y excursiones. Ella fue la que me invitó a ir a la iglesia con su familia. Le doy gracias a Dios por la Sra. McGowan. Yo no sería un predicador hoy si no fuera por ella. Le doy gracias a Dios que también tenemos muchas mujeres en nuestra iglesia que son amables y generosas con los jóvenes que traemos a esta iglesia. Son mujeres de gran generosidad y amabilidad. Mi propia esposa, Ileana, ha llevado a varios jóvenes a nuestra casa y los ha tratado como si fueran nuestros propios hijos. Ella está tan orgullosa cuando ve que son salvos y tienen éxito en la vida.

II. Segundo, la mujer de Sunem era grande espiritualmente.

Ella tenía un gran discernimiento de las cosas espirituales. Ella dijo a su marido: “Yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios” (II Reyes 4:9). Ella creía en Dios, y ella reconoció que el profeta Eliseo era un hombre piadoso.

Ella tenía gran fe en Dios. Como veremos más adelante, ella fue al hombre de Dios para orar por su hijo. Ella era una mujer de gran fe. Mi propia esposa ora por ti todas las noches. Ella se preocupa por los jóvenes de nuestra iglesia, y ora por ellos continuamente. La señora Chan es así también. Varios jóvenes se han quedado en su casa mientras van a la universidad. Ella los trata como una madre y ora por ellos todos los días. La señora Cagan ha hecho lo mismo. Ella ha ayudado a tanta gente joven, e incluso les permite que se queden en su casa. Estas son madres que tienen gran fe en Dios. El capítulo treinta y uno de Proverbios da una descripción de la mujer virtuosa. En el penúltimo versículo, dice: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada” (Proverbios 31:30).

III. Tercero, la mujer de Sunem tenía gran amor por su hijo.

Un día cuando el profeta Eliseo estaba en el aposento de la mujer Sunamita, le dijo a Giezi su criado que la llamara. Cuando ella entró, Giezi le preguntó qué podía hacer el profeta por ella para pagar su bondad. Él le preguntó si podía hablar con el Rey o el capitán del ejército para hacer algo por ella. El profeta tenía influencia con esos hombres a pesar de que él se oponía a sus políticas religiosas. Pero la mujer se limitó a decir: “Yo habito en medio de mi pueblo”. Ella estaba contenta con su vida y sentía que no tenía necesidades especiales.

Después de que ella salió de la habitación el profeta todavía estaba decidido a hacer algo por ella para pagar su bondad. Giezi señaló que ella no tenía ningún hijo y probablemente nunca tendría uno. El profeta la llamó y le dijo que iba a tener un hijo en un año. Ella no le creyó al principio, pero un año después nació su hijo.

El niño era aún muy pequeño cuando fue con su padre al campo durante la cosecha. El niño de repente tuvo un fuerte dolor de cabeza, probablemente fue insolación debido al exceso de calor que hay en el campo. Él gritó a su padre: “¡Ay, mi cabeza, mi cabeza!” (II Reyes 4:19). El padre le dijo a un joven que trabaja en el campo que llevara el niño a su madre. Ella lo tuvo sobre sus piernas hasta el mediodía, y luego el niño murió. La Biblia deja muy claro que el niño en realidad murió. ¿Qué hizo la mujer importante Sunamita entonces? Parece que ella no le dijo a su marido. En vez, llevó el cuerpo hasta la azotea, al aposento de Eliseo, y lo puso sobre la propia cama del profeta, cerró la puerta y se montó en un burro y se fue lo más rápido que pudo para encontrar a Eliseo, que estaba a sólo unos kilómetros de distancia. Cuando llegó al profeta se asió a sus pies. Ella le dijo algo a él acerca de la muerte del muchacho. Eliseo le dijo a su siervo que tomara su báculo, que era un símbolo de su autoridad como profeta. Él le dijo a su siervo que pusiera su báculo sobre el rostro del niño.

Pero la mujer Sunamita le dijo a Eliseo que no lo dejaría. Al fin el profeta la siguió. El criado se adelantó corriendo y colocó el báculo sobre el rostro del niño muerto, pero él no volvió a la vida.

Cuando el profeta llegó a la casa descubrió que el niño estaba muerto de verdad. El profeta Eliseo cerró la puerta, dejando a su criado y a la mujer afuera. Entonces el profeta oró al Señor. Entonces el hombre de Dios se tendió sobre el niño, “y el cuerpo del niño entró en calor”. Entonces el profeta caminó a una y otra parte mientras oraba por el niño. De pronto, “el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos...” (II Reyes 4:35). El profeta llamó a la mujer. Ella entró y encontró a su hijo sano y salvo. De inmediato cayó a los pies del profeta en una expresión de gran respeto. Tomó al niño en sus brazos y salió de la habitación llena de alegría y gratitud por lo que Dios había hecho.

IV. Cuarto, la mujer Sunamita tenía gran fe.

A lo largo de este relato vemos la fe de la mujer. Dios recompensó su confianza en Él dándole el nacimiento milagroso y una milagrosa resurrección lo cual trajo al muchacho de vuelta a la vida. El pueblo de Israel estaba reincidido y adoraba al dios pagano Baal. La fe de esta mujer fue un gran testimonio para los incrédulos Israelitas.

Ella vivió en una época como la nuestra. La mayoría de las mujeres eran adoradoras de Baal. Ellas nunca pensaban en Dios. Hay madres aquí esta noche que viven en esa condición. Algunas de ustedes no conocen a ninguna otra mujer que tenga una fuerte fe en Dios. Algunas de ellas son miembros de otra religión. Algunas de ellas son sólo Cristianas nominales. No tienen verdadera fe en Dios. Es mi oración que confíes en Jesucristo y llegues a ser una verdadera Cristiana. Y que estés aquí en esta iglesia con tu hijo o hija todos los Domingos. ¡Tendrás una vida mucho mejor que las mujeres impías que conoces en el mundo! ¡Y vas a complacer a tu hijo o hija si haces eso! Ellos anhelan que confíes en Jesús y vengas a la iglesia con ellos. ¡Que seas semejante a esta mujer Sunamita importante y lo hagas! ¡Dios va a estar feliz! ¡Tu hijo o hija va a estar feliz! ¡Y tú vas a estar feliz también! ¡Cuando tu hijo o hija te invite de nuevo a la iglesia, por favor no te enojes con ellos! Alégrate y dale gracias a Dios que están preocupados para que seas salva. ¿No sería terrible si ellos estuvieran más interesados en las drogas o el sexo que en tratar de hacerte venir a la iglesia con ellos? Entonces, regocíjate y se feliz, querida madre. ¡Y cuando tu hijo o hija te invite a regresar a la iglesia con ellos, di, “sí” y ven! ¡Te alegrarás de haberlo hecho por toda la eternidad! ¡Es una cosa maravillosa ser Cristiano de verdad como esta gran mujer de Sunem! ¡Amén!

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: II Reyes 4:8-10.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Oh, How He Loves You and Me” (por Kurt Kaiser, 1934-).


EL BOSQUEJO DE

LA MUJER IMPORTANTE DE SUNEM

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una [gran] mujer importante...” (II Reyes 4:8).

I.   Primero, era grande en su generosidad.

II.  Segundo, la mujer de Sunem era grande espiritualmente, II Reyes 4:9;
Proverbios 31:30.

III. Tercero, la mujer de Sunem tenía gran amor por su hijo, II Reyes 4:19, 35.

IV. Cuarto, la mujer Sunamita tenía gran fe.