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TODO LO QUE NECESITO ES JESÚS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
Sábado por la Noche, Mayo 3, 2014

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (I Corintios 1:30, 31).


Nuestro texto viene del primer capítulo de Corintios, del pasaje que el Sr. Prudhomme leyó hace unos minutos. El Apóstol les dijo que no muchos hombres sabios mundanos, ni muchos hombres (influyentes) poderosos, ni muchos (grandes) hombres nobles son salvos. Ellos piensan que no necesitan a Dios. Ellos sólo se preocupan por las cosas de este mundo. Ellos no están dispuestos a sufrir la pérdida de algo, no están dispuestos a negarse a sí mismos y tomar la cruz para seguir a Jesús.

El Apóstol le recordó a los Corintios que ellos no tenían muchas personas ricas o famosas en su iglesia. Pero que su iglesia estaba compuesta de personas a quienes Dios había escogido, los que el mundo incrédulo llamaría necios, débiles, menospreciados, ni siquiera dignos de ser notados. Dios escogió a personas como ellos para “llevar a la nada” a los grandes y sabios. Y eso es exactamente lo que pasó. El mundo trató a estos Cristianos como que eran completamente sin importancia. Pero estaban equivocados. Aquellos Cristianos aparentemente sin importancia se extendieron por todo el Imperio Romano, y más tarde por todo el mundo. Dios escogió a los Cristianos humildes para deshacer a los grandes gobernantes paganos del Imperio Romano. Me parece que Dios está haciendo de nuevo eso hoy en la China Comunista. Como uno de nuestros himnos lo puso, “Fe la victoria es, que al mundo vencerá”. Cuando Los Estados Unidos tal como lo conocemos se haya ido, todavía habrá Cristianos aquí.

¡Fe la victoria es, Fe la Victoria es!
Oh, gloriosa Victoria que el mundo vencerá.
   (Traducción libre de “Faith is the Victory” por John H. Yates, 1837-1900).

Dios eligió a gente débil y humilde como nosotros para que ningún hombre se jactare, “a fin de que nadie se jacte en su presencia” (I Corintios 1:29). El Dr. J. Vernon McGee dijo que muchos evangélicos “dan énfasis a la gente prominente que [han hecho una profesión de fe] – los artistas, los líderes en la industria, y los prominentes en el gobierno. Pero Dios se especializa en gente común. Él está llamando a la gente sencilla como tú y yo” (traducción de J. Vernon McGee, Th. D., Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers, 1983, tomo V, p. 12).

¿Alguna vez has notado que no enfatizamos evangelizar a los ricos y famosos? ¿Te has preguntado por qué? Bueno, esta sección de la Biblia nos dice por qué:

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia” (I Corintios 1:26-29).

Ya ves, hemos aprendido por muchos años de experiencia que no podemos conseguir que los ricos y famosos vengan a la iglesia y escuchen el Evangelio, y sean salvos. Nuestra iglesia crece porque evangelizamos a los jóvenes en la universidad o la escuela secundaria. El mundo piensa que los jóvenes son necios y débiles. ¡Pero Dios llama a algunos de ustedes, y Él pasa de largo a los ricos y famosos! ¡Él sabe que muy pocos de ellos van a escuchar y ser discípulos de Jesús! Están demasiado satisfechos de sí mismos, y demasiado materialistas para convertirse en verdaderos Cristianos. Así que Dios pasa justo por encima de ellos. Él no los llama con un llamado eficaz. Él llama casi exclusivamente a los jóvenes. Y algunos de ustedes son atraídos por Jesús y son salvos por Él. ¡Nuestro texto explica que es un privilegio ser llamado por Dios, y ser salvo a través de Su Hijo Jesús!

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (I Corintios 1:30, 31).

Podemos sacar al menos tres lecciones de este texto.

I. Primero, el privilegio de ser atraído a Cristo Jesús.

El texto dice: “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús...” (I Corintios 1:30). “Por él” – es decir, “por Dios”. Podría ser traducido, “Mas por Su hecho estáis vosotros en Cristo Jesús”. Esto demuestra claramente que Dios es el que atrae un alma perdida en unión con Jesús. Dios dijo a través del profeta Oseas: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (Oseas 11:4). Y Jesús dijo: “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). ¡El decisionismo “moderno” enseña que personas pueden venir a Jesús en cualquier momento que les de la gana! Pero la Biblia enseña que solo Dios puede atraer a los pecadores perdidos a unión con Jesús. “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús”. “Mas por Su hecho estáis vosotros en Cristo Jesús”. Spurgeon lo explicó diciendo, “Por medio de Dios estamos en Cristo Jesús”.

Esto demuestra cuán completamente necio es tratar de aprender venir a Jesús. Qué cosa más necia es pensar que puedes aprender como venir a Jesús. Dios debe traerte a Jesús. Sólo Dios “juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6). Te haría bien pensar en esta gran verdad si ya eres salvo. Tú no te convertiste a ti mismo. Dios te convirtió. Tú no te ingeniaste como venir a Jesús y estar “en Él”. ¡No! ¡No! “Por él estáis vosotros en Cristo Jesús”. A través del poder de atracción de Dios eres esta noche un miembro del cuerpo de Jesús, y estás unido a Él. Te hará bien recordar cómo era estar perdido. Te hará bien recordar cómo te esforzaste y no podías venir a Jesús. ¡Le hará bien a todo verdadero Cristiano recordar cómo fracasaste vez tras vez, hasta que por fin, a través de Dios, fuiste traído a Cristo Jesús! Es por eso que verdaderos Cristianos cantan con asombro,

Sublime gracia que salvó
   ¡Tan vil ser como yo!
Fui ciego mas hoy miro yo,
   Perdido y Él me halló.
(Traducción libre de “Amazing Grace” por John Newton, 1725-1807).

¡Oh! ¡Es una cosa increíble que Dios, en Su gracia, te ha traído en unión con Cristo Jesús!

Pero debo preguntar a algunos de ustedes, “¿Estás en Cristo Jesús?” ¿Podría el Apóstol decirte a ti, “Por Dios estás en Cristo Jesús?”

Jesucristo está listo para recibirte si verdaderamente deseas venir a Él. Pero no puedes decir cuánto tiempo estará abierta la puerta. El patriarca Noé entró en el arca y fue salvo. El arca es un tipo de Jesús. ¿Te has preguntado por qué nadie más que la familia de Noé entró en el arca? Mientras escribía este sermón traté de pensar en varias razones. Tal vez tú puedes pensar en otras, pero yo sólo pude pensar en tres razones.

1.  Uno, ellos no pensaron que el juicio caería sobre ellos – ellos no estaban convencidos de su pecado.

2.  Dos, no creyeron lo que Noé predicó. Él era “pregonero de justicia” (II Pedro 2:5). Pero ellos no creyeron su predicación.

3.  Tres, eran demasiado orgullosos para humillarse y confiar en el arca para que los salvara.


Creo que una o más de esas tres cosas detiene a algunos de ustedes de venir a Jesús. Voy a repetir esas tres cosas. Trata de pensar cual (o más) de ellas te impide venir a Jesús.

1.  Uno, tú no piensas que el juicio caerá sobre ti – tú no estás convencido de tu pecado.

2.  Dos, tú no crees lo que es predicado.

3.  Tres, tú eres demasiado orgulloso para humillarte y confiar en Jesús para que te salve.


¿Es esa tu condición esta noche? Tenemos que decir con aquel gran evangelista George Whitefield (1714-1770), “La gente nunca aceptará [a Jesús], ni les podemos dar ningún consuelo, hasta que se hastíen del pecado, y estén dispuestos a abrazar a Jesús” (traducción de George Whitefield, “El Deber del Ministro del Evangelio”).

¿Esto te parece contradictorio? No puedes venir a Jesús por ti solo – y sin embargo debes venir a Él o perecer. Los predicadores antiguos llamaron esto “el torno de banco del Evangelio”. Eres apretado como en un torno de banco. Un lado te dice que tienes que venir a Jesús. El otro lado te dice que no puedes venir a Él por ti solo. Entonces ¿qué puedes hacer? Bueno, puedes dejar esta iglesia y seguir tu propio camino, diciendo que es demasiado duro. O puedes hacer lo que la gente en los días de Noé nunca lo hizo:

“Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor, y él os exaltará” (Santiago 4:9-10).

El Dr. Martyn Lloyd-Jones dijo:

      Hemos sido demasiado ansiosos por apresurar a la gente en una especie de “decisión”. Es cuando has sufrido un gran dolor que más aprecias el alivio. Es el hombre que ha sido curado en la misma puerta de la muerte que está más agradecido por su curación. Es el pecador que ha tenido una visión del infierno que está más agradecido por las glorias del cielo (traducción de Martyn Lloyd-Jones, M.D., The Assurance of Our Salvation, Crossway Books, 2000, p. 305).

Sólo Jesús puede salvarte. Me has oído decir eso muchas veces. Pero no lo creerás hasta que lo sientas tú mismo. Dios sabe que,

Un hombre convencido contra su voluntad
Su propia opinión aún mantendrá.

Así que, para convencerte, Dios tiene que llevarte al punto de la desesperación. Se te debe hacer sentir una necesidad desesperada por Jesús. Se te debe hacer sentir que no tienes esperanza en ti mismo. Debes ser llevado a pensar: “¡No puedo soportar estar así! ¡Debo tener mis pecados perdonados por Jesús!” El doctor Lloyd-Jones dijo: “Nadie viene a Jesús sino hasta que el punto de la desesperación se haya alcanzado” (traducción de Martyn Lloyd-Jones, M.D., God’s Way Not Ours, The Banner of Truth Trust, 2003, p. 71). Dios te debe despertar a tu necesidad, y Dios te debe atraer a Jesús para el alivio. No puedes hacer estas cosas por ti mismo. Muchas personas nunca experimentan estas cosas. A ellos nunca se les hace ser conscientes de su desesperada condición, y nunca son atraídos a Jesús. Es por eso que digo que es un privilegio ser atraído a Jesús, estar “en Cristo Jesús”. La Biblia dice,”Muchos son llamados, y pocos escogidos”(Mateo 22:14).

II. Segundo, las provisiones que son disponibles a aquellos que están en Cristo Jesús.

Tal vez tomé demasiado tiempo en el privilegio de ser atraído a Jesús. Pero eso es muy importante. No puedes recibir las provisiones de Jesús a menos que seas atraído a Jesús. Estas provisiones solo son dadas a los que pertenecen a Jesús, que “están en Cristo Jesús”. El texto dice:

“Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” (I Corintios 1:30).

Sabiduría, justificación, santificación y redención – estas son las cuatro cosas que este texto promete a los que “están en Cristo Jesús”. Primero, se nos promete “sabiduría”. Justo después de ser salvo recuerdo que pensé que no tenía a nadie que me apoyara o me ayudara. Mis padres estaban divorciados, y yo no tenía fuente de ingresos. Recuerdo que pensé que no debía cometer ningún error. Incluso un solo error podría detenerme de ser misionero. Así que específicamente le pedí a Dios que me diera sabiduría. ¡Y Él me dio sabiduría! Siempre tenía miedo de que iba a deslizarme si Jesús Mismo no me sostenía. ¡Y Él me sostuvo! ¡Y Él me dio sabiduría! Una mujer mayor que me conocía cuando estaba en la universidad me dijo no hace mucho tiempo, “Siempre fuiste un joven muy serio”. Fue Jesús quien me hizo serio. Fue Jesús quien me dio sabiduría. La Biblia dice: “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová” (Proverbios 1:7).

Segundo, se nos promete “justificación”. Jesús Mismo “nos ha sido hecho…justificación”. ¡Somos vestidos con la justicia de otro – incluso Jesús Mismo! Como el viejo himno dice: “Vestido solo en Su justicia, Perfecto para estar de pie frente al trono” (“La Roca Sólida”). Muchas veces el Diablo ha venido a mí y me ha dicho: “¿Cómo puedes predicar esto o aquello? ¿Cómo puedes apoyar esto o aquello?” ¡Oh, qué dulces han sido esas palabras en Efesios, capítulo uno, en aquellos tiempos! Dice, “nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre” (Efesios 1:6, 7). El “Amado” es Jesús. Soy aceptado en Jesús. ¡Mi justicia es de Él! “Vestido solo en Su justicia, Perfecto para estar de pie frente al trono”. Cuando el Diablo me dijo que no era lo suficiente bueno para predicar, cuando era un joven, pude haber dicho esas palabras, “[Me] hizo acepto en el Amado” (Efesios 1:6). ¡Qué bendición! Qué consuelo cuando el Diablo ruge. ¡Así es como los santos en el período de la Tribulación vencieron a Satanás! “Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero” (Apocalipsis 12:11). El gran misionero Conde Nicolaus Zinzendorf dijo:

Fuerte de pie en ese día estaré,
¿Quién contra mi irá?
Mientras por tu sangre absuelto soy
Del pecado, vergüenza y maldición.
   (Traducción libre de “Jesus, Thy Blood and Righteousness”
      por Count Nicolaus Zinzendorf, 1700-1760; traducida por John Wesley,
         1703-1791).

Entonces, también, Cristo Jesús es hecho para nosotros santificación. El Espíritu Santo nos santifica porque estamos unidos a Jesús. Si alguno está en Jesús, él no es una vieja criatura con algunos cambios cosméticos. ¡No! ¡No! “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (II Corintios 5:17). La vieja naturaleza no es enviada al hospital para ser sanada. Se envía a la cruz para ser crucificada. No es transformada ni mejorada, sino condenada a morir y ser enterrada. ¡Curiosamente, las personas creen que pueden venir a Jesús para perdón y justificación; y van a Moisés cuando quieren ser santos! ¡No va a funcionar! Tú te vuelves más santo de la misma forma que fuiste salvo – te haces más santo al confiar en Jesús para ello. Jesús en la cruz fue la fuente de tu salvación. ¡Ahora Jesús en la cruz es la fuente de tu crecimiento en gracia! Jesús nos salva de nuestros pecados, y es hecho por Dios para nosotros “santificación”. Recuerda estas grandes palabras:

No habrán de anegarte las ondas del mar
Cuando aguas profundas te ordeno cruzar;
Pues siempre contigo seré en tu dolor,
Y todas tus penas podré mitigar.
   (Traducción libre de “How Firm a Foundation”
      por George Keith, 1638-1716).

Ahora, lo último que nos es provisto en Jesús es “redención”. Pero alguien dice: “¿No debería ser la primera provisión dada a nosotros?” Sí, pero también es la última. Si eres un Cristiano estás un tanto libre de pecado, pero aún no estás completamente redimido por Su poder. Aún cuando mueras no habrás recibido plena redención. Estarás “esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:23). ¡Nuestra redención en Jesús solamente estará completa cuando cuando Jesús venga en las nubes, por nosotros!

“Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (I Tesalonicenses 4:16-17).

Aún mi cansado cuerpo viejo será hecho como el Mismo Salvador resucitado. Nos levantaremos de entre los muertos en redención eterna – y viviremos en eterno gozo para siempre, porque estamos en Cristo Jesús, el principio y el fin de nuestra salvación. Pero debo apresurarme al último punto.

III. Tercero, la alabanza que debemos darle a Cristo Jesús por salvarnos y proveer para nosotros.

Solo puedo tocar este punto.

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (I Corintios 1:30, 31).

Ven, hermanos y hermanas, nuestra misma existencia como Cristianos depende totalmente de Cristo Jesús. Aquellos que verdaderamente conocen a Jesús van a querer gloriarse en Él – van a querer jactarse de Jesús y lo que Él ha hecho por ellos.

Odio escuchar los llamados “testimonios” donde la gente habla sin cesar sobre sí mismos, los pecadores que eran, entrando en detalles sobre su suciedad, su rebelión y su perversión. Por lo general terminan por decir – “y entonces confié en Jesús”. Ellos ponen a Jesús en el último momento. Se glorificaban a sí mismos durante cinco minutos, presumiendo de su propia vida – ¡pero solo tienen un segundo o dos para darle la gloria a Jesús! ¡Esos testimonios me enferman! ¡Y creo que enferman a Dios!

“El que se gloría, gloríese en el Señor” (I Corintios 1:31).

¡Debes tener mucho que decir cuando das un testimonio de tu glorioso Salvador! ¡Debes ser capaz de hablar de la sabiduría, justicia, santificación y redención que tienes en Cristo Jesús! Debes ser capaz de hablar sin cesar sobre las glorias de tu Salvador y Señor.

Ahora una o dos frases a ustedes que no son salvos. ¿Vendrás a Jesús y recibirás estas bendiciones? Jesús te salvará el momento en el que le confíes. Su Sangre te limpiará de todo pecado. ¿Vendrás a Él? ¿O vas a seguir rechazándolo y continuarás en pobreza espiritual hasta que seas sorprendido cayendo repentinamente en el pozo abierto del Infierno? ¿Cuál es tu respuesta?

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: I Corintios 1:26-31.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“All I Need” (autor desconocido).


EL BOSQUEJO DE

TODO LO QUE NECESITO ES JESÚS

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (I Corintios 1:30, 31).

(I Corintios 1:26-29)

I.   Primero, el privilegio de ser atraído a Cristo Jesús, Oseas 11:4;
Juan 6:44; Efesios 2:6; II Pedro 2:5; Santiago 4:9-10;

II.  Segundo, las provisiones que son disponibles a aquellos que están en
Cristo Jesús, Proverbios 1:7; Efesios 1:6, 7; Apocalipsis 12:11;
II Corintios 5:17; Romanos 8:23; I Tesalonicenses 4:16-17;

III.  Tercero, la alabanza que debemos darle a Cristo Jesús por salvarnos y
proveer para nosotros, I Corintios 1:31.