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¡LA MALDICIÓN CAYÓ SOBRE JESÚS!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
Sabado por la Noche, Abril 26, 2014

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Galatas 3:13).


Saco los puntos principales de este sermón del sermón de Charles Spurgeon [titulado] “Jesús Hecho Maldición por Nosotros” (The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim, 1976, tomo xv, p. 301). Editaré y simplificaré el mensaje de Charles Spurgeon.

Este verso saca a luz el significado más profundo de la crucifixión de Jesús. Nos muestra que la ley de Dios nos maldice a todos, y que solamente podemos ser justificados mediante la fe en Jesús. Nuestro texto nos lleva a un entendimiento claro de la maldición de la ley y la salvación en Jesús.

I. Primero, ¿qué es la maldición de la ley?

Es la maldición de Dios. Dios hizo la ley. Y Dios dio la pena por quebrantarla. Las personas perdidas son quebrantadores de la ley, sujetos a la ira del dador de la ley, Dios. No es solamente la maldición de la ley misma. Es la maldición de Dios, el dador de la ley, quien fuertemente defiende Sus leyes. Por lo tanto tú puedes estar seguro de que la maldición de la ley es correcta y moralmente inevitable. No es posible que nuestro Dios justo y fuerte mande una maldición sobre la humanidad a menos que fuera correcto hacerlo. La maldición es necesaria para la preservación del universo y la manifestación de la santidad de Dios.

Es cosa tan terrible que Dios haya tenido que pronunciar una maldición, que se me altera la sangre, y no me puedo expresar muy claramente. Hay grande dolor y angustia en dicha maldición. Incluye en sí la muerte segunda – ser lanzados al Lago de Fuego – que Juan vio de antemano en Apocalipsis 20:14. Nahum dice:

“Jehová...se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos” (Nahum 1:2).

Luego piensa en cuán terrible es cuando Dios derrama Su maldición. Recuerda el maldito día cuando las aguas del firmamento cayeron y toda carne fue arrastrada, excepto aquellos pocos que se escondieron en el arca – cuando los monstruos marinos moraban en los palacios de los reyes de antaño, cuando millones de pecadores se ahogaron, cuando la ruina universal se esparció sobre un mar sin playa vomitado de la boca de la muerte. La maldición de Dios fue derramada sobre la tierra.

Mira de nuevo, más atrás en el tiempo. De pie con Abraham a la entrada de su tienda, y ve hacia el este el cielo rojo con el fulgor que no venía del sol. Llamas subían al cielo, las cuales se juntaban con lluvias de fuego aún más vívido, que caían del cielo. Habiendose entregado a carne extraña, Sodoma y Gomorra recibieron la maldición de Dios, y del Cielo llovió sobre ellas una maldición de fuego hasta que fueron completamente consumidas.

Si quieres ver otra forma de la maldición de Dios, recuerda aquel brillante hijo de la mañana, uno de los principales ángeles de Dios. Piensa en cómo él perdió su alta posición cuando una maldición por su pecado cayó sobre él. Mira como un arcangel se hizo demonio, y Satanás cayó de su gran trono, desvaneciendose para siempre de la paz y la felicidad, a vagar por lugares secos, buscando descanso sin hallarlo, destinado a cadenas de oscuridad hasta el juicio del último día. Tal fue la maldición que marchitó a aquel ángel hasta hacerlo demonio. Ha quemado ciudades. Ha ahogado la población del mundo.

Pero tú aún no tienes una idea completa. Hay un lugar de horror, una tierra de oscuridad y llamas. Allí las almas perdidas son apartadas de Dios y de toda esperanza de paz o de restoración. Si pudieras andar en los corredores oscuros donde los espiritus condenados están confinados, conocerías con la sangre enfriada y el pelo parado lo que significa la maldición de Dios.

Ser arrojado al Infierno eterno es la más grande de toda maldición. Consiste de estar para siempre separado de Dios, de la luz, de la esperanza. La destrucción eterna es un fruto de la maldición de la ley.

¡Oh, pueblo infelíz! ¡Pueblo infelíz! Que estás bajo la maldición de Dios hoy quizas podrás reir, y beber, y bailar, pero la maldición de Dios está sobré ti, ¡qué locura tienes! Si tan solo pudieras verla, esta maldición te llenaría de horror, te darías cuenta de

“...que vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán...Maldito serás tú en la ciudad, y maldito en el campo...Maldito serás en tu entrar, y maldito en tu salir” (Deuteronomio 28:15-19).

¿Cómo puedes descansar con tales maldiciones colgando sobre ti? ¡Oh, pueblo miserable – que pasa de esta vida bajo la maldición de Dios! ¡Se llorarían lagrimas de sangre al pensar en ello! No continúes en lo perdido de tu pecado, para que tu alma no sea condenada a acompañarlos perpetuamente en la angustia de su estado maldecido.

II. Segundo, ¿quién está bajo esta maldición?

Todas las naciones que moran en la tierra están bajo esta maldición. Anteriormente leímos en Gálatas 3:

“Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10).

Todo aquel que no continúe haciendo todas las cosas en la ley todo el tiempo, sin jamás fallar, está bajo la Maldición de Dios, según Gálatas 3:10. La idolatría, el adulterio, robar, matar, y la avaricia son malos, porque rompen la ley de Dios. Cada pensamiento pecaminoso rompe la ley de Dios, que dice:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente” (Mateo 22:37).

Jesús llamó a este “el primero y más grande mandamiento” de la ley (Mateo 22:38). Es tan grande mandamiento de la ley, que es repetido en Deuteronomio 13:3; 30:6; Mateo 22:37; Marcos 12:30, 33; y Lucas 10:27.

Cada persona que rompe cualquier parte de la ley de Dios a cualquier hora cae bajo la temible maldición de Dios, porque:

“Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas” (Gálatas 3:10).

Si alguna vez no amaste a Dios con todo tu corazón, estás bajo esta maldición de Dios. Si alguna vez has pasado un mal pensamiento en tu corazón, estás bajo esta maldición de Dios.

Yo digo que cada persona inconversa en esta iglesia esta noche ha roto la ley de Dios de algún modo, alguna vez. Tú has pensado y hecho cosas de las cuales te avergüenzas. Tú has roto la ley de Dios. Tú estás bajo la maldición de Dios. Tú estás bajo maldición de Dios tanto como lo estuvo Caín. Ante los ojos de Dios tú estás en terrible condición. Y no puedes “arreglar las cosas” por empezar a hacerlo ¡todo bien! ¡Oh, no! ¡Tú ya rompíste la ley de Dios! Tú ya estás bajo la maldición de Dios. Ninguna buena obra que hagas hoy te podrá ayudar a escapar de la maldición que cuelga sobre ti – y te condenará en el Juicio. ¡Un juicio pesado te espera! ¡Tú estás bajo una maldición!

III. Tercero, ¿cómo puede Jesús librarte de esta maldición?

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (Porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

El centro de la Cristiandad yace en la doctrina de “sustitución”. Una gran parte de los que se llaman a sí mismos Cristianos no lo son para nada, porque no han creído ni recibido el sacrificio “sustitucionario” de Jesús por su pecado.

Jesús murió en la cruz en lugar tuyo. La maldición de Dios por tus pecados fue puesta sobre Él allí.

“Justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11).

“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

Cuando Jesús sangró, sufrió y murió en la Cruz, Él se hizo tu sustituto. Nuestro texto lo muestra claramente:

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición” (Galatas 3:13).

El Cordero de Dios, puro y sin pecado fue hecho por tí maldición cuando todos tus pecados fueron verdaderamente puestos sobre Él en el Huerto de Getsemaní. Y Jesús, maldito por tus pecados, atravesó el azote violento y la crucifixión sangrienta para pagar la pena por ellos.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (Porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

Tús pecados fueron apartados de tí y puestos sobre Jesús. La maldición de la desobediencia a la ley de Dios fue quitada de tí y puesta sobre Él. ¡Él fue maldito en la Cruz por tus pecados! ¡Tu pecado y la maldición por tu pecado le fueron imputadas a Cristo al colgar en el madero! Él tomó tu lugar, y pagó el precio de tu maldición, por Su muerte en sacrificio en tu lugar.

“Más él herido fue por nuestras rebeliones...y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

“Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

“Él es la propiciación por nuestros pecados” (I Juan 2:2).

El juicio de Dios cae sobre Jesús en tu lugar. La maldición cae sobre Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

Cree en Jesús y Él quita la maldición de Dios de tus hombros y la carga en los Suyos – en la Cruz.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (Porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

¿Qué debes hacer tú? Creer en Jesús. El que cree es justificado de todas las cosas. “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31). “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). Cree en Jesús y la maldición de pecados desaparece – lavada limpia por Su Sangre preciosa.

¡Jesús solo, Jesús solo puede al pecador salvar! Mira, Él cuelga en la Cruz; Sus brazos abiertos, y no los puede juntar, porque están clavados a la madera. Sus brazos están abiertos para recibirte y salvarte. Su corazón tiene lugar para ti. Fue traspasado con una lanza – derrama agua y sangre para limpiar tus pecados.

Un simple acto de fe te traerá a Jesús. Dí: “Señor, creo, ayuda mi incredulidad” (Marcos 9:24) y ven a Él esta noche. Si tú no vienes, será tu propia culpa cuando el juicio caiga sobre tu cabeza. Acepta a Jesús como tu sustituto. ¡Oh, hazlo ahora, en este momento!

No busques un sentimiento. Mira solo a Jesús. Es postmoderno buscar una prueba en ti mismo. no necesitas sentir que la maldición del pecado es quitada. ¡Es Dios quien necesita sentir eso! ¡Confía en Jesús, y no en tus propios sentimientos! Nuestro padre Bautistas, John Bunyan, estuvo en miseria por meses, buscando alguna prueba de salvación en sí mismo. Al final el pensamiento vino a él, “Mi salvación está en el Cielo”. Él quiso decir que el perdón de su pecado era algo que Dios veía en el Cielo, no en él mismo. Su salvación estaba en Jesús, no en un sentimiento o impresión o pruebla terrenal. ¡Su salvación tampoco estaba en ninguna doctrina! ¡Ni en creer algo sobre Jesús! ¡Oh, no! Él dijo: “Mi justicia estaba en Jesucristo Mismo”. Su única esperanza de salvación estaba en Jesucristo que está en el Cielo. ¡Esa es la manera de confiar en Jesús! ¡Esa es la manera de ser salvo del pecado!

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Gálatas 3:10-13.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamín Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Jesús, Tu Sangre y Justicia” (por Nicolaus Zinzendorf, 1700-1760;
traducido al Inglés por John Wesley, 1703-1791)


EL BOSQUEJO DE

¡LA MALDICIÓN CAYÓ SOBRE JESÚS!

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)” (Gálatas 3:13).

I.   Primero, ¿qué es la maldición de ley? Apocalipsis 20:14;
Nahum 1:2; Deuteronomio 28:15-19.

II.  Segundo, ¿quién está bajo ésta maldición? Gálatas 3:10;
Mateo 22:37-38; Deuteronomio 13:3; 30:6; Marcos 12:30, 33;
Lucas 10:27.

III. Tercero, ¿cómo puede Jesús librarte de esta maldición?
Isaías 53:11, 6, 5; I Juan 2:2; Hechos 16:31; Marcos 16:16; 9:24.