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LA MUJER EN LA MULTITUD

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, Marzo 2, 2014

“Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34).


Jesús expulsó demonios de un loco que vivía en el lado sureste del Mar de Galilea. La gente de allí le dijo a Jesús que se fuera. Él nunca se queda donde Él no es deseado, así que se fue de allí, y cruzó el mar, de vuelta a la orilla occidental. Pronto una gran multitud de personas estaba alrededor de Él. Un hombre llegó corriendo frenéticamente y se abrió paso entre la multitud. Cuando llegó a Jesús se postró a los pies del Salvador y le dijo que su pequeña hija se estaba muriendo. Le rogó a Jesús que viniera con él y pusiera las manos sobre ella “para que sea salva, y vivirá”. Jesús fue con el hombre, y la multitud de personas le seguían y le apretaban, empujaban a Jesús mientras Él caminaba.

En medio de la multitud había una mujer enferma. Ella tenía una hemorragia, y ella había estado sangrando durante doce años. Ella había ido a muchos doctores, y había gastado todo su dinero en ellos, pero ella sólo empeoró. Ella oyó que Jesús estaba sanando personas. Ella se abrió paso entre la multitud y tocó Su manto. En ese momento el sangrado se detuvo y ella fue físicamente sanada. Jesús sintió el poder salir de Él cuando ella lo tocó y fue sanada. Jesús dijo: “¿Quién ha tocado mis vestidos?” Los Discípulos le dijeron que muchas personas en la multitud lo habían tocado.

“Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad” (Marcos 5:33).

Y Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha hecho salva”.

Todas las curaciones realizadas por Jesús se nos dan principalmente para mostrarnos cómo Él puede sanar nuestras almas en la conversión. Quiero que pongas mucha atención a la curación y la conversión de esta mujer. Voy a señalar cuatro lecciones importantes sobre la conversión de ella que Dios puede utilizar en tu propia conversión – ¡si escuchas cuidadosamente!

I. Primero, ella realmente quería ser sanada.

Ella no estaba jugando. Las personas que pretenden estar serias acerca de ser salvas a menudo son sólo “necios”. Eso es lo que los antiguos evangélicos llamaban a las personas que estaban solo perdiendo el tiempo, primero jugando y haciendo preguntas tontas. Los “necios” tontos nunca llegan a ninguna parte de esa manera. Son como el hombre que le preguntó a Jesús, “¿Son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23). Era sólo una pregunta ociosa – trivial, sin importancia. Él sólo preguntó eso por curiosidad. No era importante para él. Él solo era un “necio”.

Muchas personas como ésa vienen a vernos en el cuarto de consejo. Hacen unas cuantas preguntas. Hablan un poco. Pero no están serios acerca de ser salvos. Te das cuenta de que no están serios porque están riendo y bromeando unos momentos después de salir del cuarto de consejo. No están realmente serios acerca de ser salvos. Ellos sólo están jugando. Ellos sólo son “necios”. Eso es lo que la Biblia dice que ellos:

“Siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad” (II Timoteo 3:7).

Ellos nunca encuentran a Jesús porque no lo buscan seriamente. Ellos no están buscando a Jesús con ardiente pasión y celo. Ellos no están emocionados, dispuestos a encontrar a Jesús. Sólo son “necios” sin pasión, tibios, inmovibles – que “siempre están aprendiendo, y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”. Menos de cinco minutos después de que salen del cuarto de consejo puedes ver que en realidad no están preocupados por encontrar a Jesús. Ellos sólo están jugando. Ellos son sólo “necios” sin pasión. No van a tomar en serio el ser salvos hasta que levanten sus ojos en los tormentos del Infierno. ¡Pero para entonces ya será demasiado tarde! Ellos han jugado con sus vidas hasta que perdieron todo por la eternidad.

Ahora compara al “necio” con la mujer en nuestro texto. Ella estaba muy ansiosa de ser curada de su flujo de sangre. Ella buscaba celosamente una cura. Ella era como los que obedecen el mandato de Jesús: “Esforzaos a entrar” (Lucas 13:24). La palabra “esforzaos” es de la palabra Griega agonizomai. Tenemos la palabra “agonía” de ella. Ahora, ¿ no describe eso a la mujer con el flujo de sangre? ¿No se esforzó ella por encontrar una cura? ¿No pasó realmente por agonía ella tratando de curarse? Ella había ido de un médico a otro. Ella “había sufrido mucho de muchos médicos”. Sin duda le habían hecho operaciones dolorosas – muy dolorosas. ¡Ya que no había cloroformo en ese entonces habían operado en ella mientras estaba despierta! ¡Habían hecho que bebiera medicamentos que la estaban envenenando en vez de curarla! Y ella había gastado todo su dinero y todos sus ahorros en estas “medicinas” sin valor.

¡No es de extrañar que ella fue convertida ese día! Ella estaba muy seria al respecto. ¡Ella sintió que tenía que ser salva! Ese es el tipo de persona que es salva, tú sabes. Los “necios” continúan y continúan en una condición perdida. Pero aquellos que están muy serios y se preocupan por su condición perdida siempre encuentran a Jesús con bastante rapidez. ¡Sí – siempre! “¡Y me hallaréis!”

“Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

¡Encontrarás al Salvador! ¡Lo harás! ¡Lo harás! Pero sólo cuando busques a Él “de todo vuestro corazón” – ¡¡¡como esta mujer con un flujo de sangre lo hizo!!! ¡Ella realmente quería ser sanada! ¡Ella pensaba en eso todo el tiempo! ¿Piensas de eso todo el tiempo? ¿Te moleta estar perdido? ¿Te preocupas de eso constantemente? ¡Deberías!

II. Segundo, los médicos que ella vio no la ayudaron.

Ya he mencionado a estos médicos. Pero tengo que decir unas pocas palabras más sobre ellos. Lo principal es esto – ¡ninguno de ellos pudo curarla! No pudieron ayudarla para nada – sino que sólo la empeoraron.

A veces tenemos personas jóvenes que vienen a la iglesia y se preocupan por sus almas. Ellos comienzan a preocuparse por su pecado, y por la eternidad. Pero ellos van a sus amigos perdidos y les dicen cómo se sienten. Efectivamente, esos amigos no Cristianos les dicen que están bien, y luego les dicen que dejen de venir a la iglesia. Por lo tanto, esos amigos no salvos son como los médicos que no podían curar a esta mujer que sangraba. ¡Lo único que podían hacer era ponerla peor y tomar su dinero!

A veces cuando una persona joven comienza a sentir convicción de pecado va a otro pastor, quien le da un falso consuelo. Desearía que no fuera así, pero hay muchos predicadores malvados hoy en día, que son como esos médicos en nuestro pasaje. Con gusto toman tus ofrendas – ¡quieren tu dinero! ¡Pero ellos no pueden ayudar a tu alma enferma de pecado!

Yo estaba predicando en un lugar hace muchos años. Después de que prediqué tres adolescentes vinieron a mí en privado, un joven y dos jovencitas. Me dijeron algo que dejó muy claro que estaban perdidos. No podrían haber estado salvos. Ellos estaban llorando, bajo una profunda convicción. Hablé con ellos varias veces después de que prediqué, hasta que los tres de ellos parecían estar claramente salvos. Se fueron a casa regocijándose y le dijeron a su ministro que fueron salvos en la reunión que yo dirigía. Ese ministro me llamó por teléfono a la mañana siguiente. Una y otra vez me gritó en el teléfono – “¡Yo te repudio! ¡Yo te repudio! ¡Yo te repudio!” (“Repudio” significa “¡Te rechazo!” “¡Te denuncio!”). ¡Alguien me dijo después que él estaba celoso de mí porque quería decir que él había conseguido que fueran salvos! ¡Ese pobre, debilucho ministro “me repudió” por conseguir que tres adolescentes perdidos fueran salvos de las llamas del Infierno! Entonces este tonto santurrón espiritual comenzó a perturbarnos hasta que hizo que las reuniones cesaran. ¡Él tendrá que responder por ello cuando se enfrente a Dios en el Juicio Final! ¡No en el Juicio Bema, pero en el Juicio Final! ¡Aunque el ministro que hizo eso era Protestante, era tan malo, si no peor, que un sacerdote Católico! Hay muchos como él hoy en día. ¡Que Dios te libre de esos falsos profetas! Dios dijo de predicadores como ese:

“Yo no los envié ni les mandé; y ningún provecho hicieron a este pueblo, dice Jehová” (Jeremías 23:32).

Incluso hay ciertos predicadores Bautistas que te darán consejos falsos – para que dejes esta iglesia y vayas a la de ellos – ¡para tener tus ofrendas! ¡Tu dinero! ¡Considero a tales predicadores “ladrones de ovejas” y falsos profetas! ¡Me enfermo del estómago cuando pienso en ellos! ¡Ellos son como los médicos que no podían curar a esta mujer con un flujo de sangre!

III. Tercero, su cuerpo fue sanado cuando ella tocó el manto de Jesús.

Ella vino a través de la multitud que rodeaba al Salvador. Los cuerpos de las personas estaban presionando unos a otros porque había muchos de ellos – se apretaban – ¡para ver a Jesús hacer un milagro! Aunque muchos de ellos tocaron a Jesús, sólo esta mujer recibió el poder de Jesús para sanar su cuerpo. En otro momento, “y todos los que le tocaban quedaban sanos” (Marcos 6:56). Pero en este momento sólo la mujer fue sanada. No podemos decir por qué esto fue así. Tal vez ninguno de los demás era “Elegidos según la presciencia de Dios Padre” (I Pedro 1:2).

Yo creo que su curación física correspondía a su despertamiento. Ella como todos los pecadores, estaban “muertos en delitos y pecados” (Efesios 2:1). Aquellos que están muertos en el pecado deben recibir poder antes de que puedan venir a Jesús. Algunos llaman a esto “regeneración”. Eso es un error. Yo prefiero llamarlo “despertamiento”. Eso es lo que el Apóstol Pablo lo llamó cuando dijo:

Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo” (Efesios 5:14).

Cuando seas despertado por el Espíritu Santo, tendrás convicción de pecado. Sentirás que estás esclavizado al pecado. Sentirás que estás “muerto en pecados” (Efesios 2:5). El Dr. Martyn Lloyd- Jones dijo: “La primer señal de la vida espiritual es sentir que estás muerto” (traducción de The Law: Its Functions and Limits, The Banner of Truth Trust, 1975, p. 145).

En otro momento, el Dr. Lloyd-Jones dijo, “Tú no puedes llegar a ser Cristiano sin ser hecho humilde” (traducción de Authentic Christianity, Volume I, The Banner of Truth Trust, 1999, p. 114).

Cuando seas despertado, sentirás que no tienes poder propio, que estás completamente muerto en pecado. Cuando eres humillado por esto, puede que estés preparado a venir al Salvador. Puedes estar preparado para admitir que no puedes aprender nada que te ayudará. Puedes estar preparado para admitirte a ti mismo que nadie más que el propio Jesús puede salvarte.

Cuando seas despertado sentirás que las doctrinas acerca de Jesús solas no te pueden hacer ningún bien. Sentirás que sólo Jesús Mismo puede salvarte. El Dr. Lloyd- Jones lo dejó muy claro en un pasaje de su libro, Avivamiento [Revival]. Al final de ese pasaje dijo: “Es una cosa terrible reemplazar aún con doctrinas verdaderas una realización viviente de la persona” (traducción de Revival, Crossway Books, 1987, p. 58). ¡Cuando eres despertado, no estarás satisfecho con saber cosas acerca de Jesús! ¡Querrás a Jesús Mismo! ¡Sentirás que sólo Jesús Mismo puede salvarte! Los demonios saben quién es Jesús. Los demonios en Capernaum gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios...porque sabían que él era el Cristo” (Lucas 4:41). Estos demonios sabían doctrina. Ellos sabían que Él era el Cristo (el Mesías). Ellos sabían que Él era el Hijo de Dios. Ellos sabían esas doctrinas acerca de Jesús, pero ellos no lo conocían personalmente. Todo lo que sabían eran algunas doctrinas acerca de Jesús. Cuando eres despertado, no estarás satisfecho con saber cosas acerca de Jesús. ¡Querrás a Jesús Mismo! Cuando eres realmente despertado a tu perdición y miseria, no estarás satisfecho con creer en un versículo de la Biblia. Sabrás que sólo el hombre Jesucristo puede salvarte,

“Porque hay un…solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” (I Timoteo 2:5).

Y debes conocer y confiar en el Mismo “Jesucristo hombre” para ser salvo.

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3).

Tú no debes saber cosas acerca de Dios. Tú debes conocer a Dios. Tú no debes saber acerca de Jesucristo. ¡Tú debes conocer a Jesucristo! ¡Esa es la única manera de tener vida eterna! ¡Esa es la única manera de ser salvo! ¡Debes conocer Jesucristo Mismo!

Después de todo, ¡piensa en que lo que Jesucristo Mismo hizo para salvarte! Piensa cómo Él sufrió en el Huerto de Getsemaní hasta sudar un sudor de sangre para salvarte. ¿Has oído eso tanto que ya no tiene significado para ti? ¿Lo pasas por tu mente ligeramente? Piensa en Su dolorosa muerte en la Cruz – como tu sustituto, en tu lugar, agonizando y muriendo para pagar por tu pecado. ¿Has oído eso tanto que ya no significa nada para ti? ¿Lo pasas por tu mente rápidamente? ¡Si lo haces NO TIENES ESPERANZA! ¡PARA NADA!

Un anciano fue a ver a cierto pastor. Él era solitario, y el pastor le permitió quedarse en un pequeño apartamento en la iglesia. Él escribió una canción del evangelio con lágrimas corriendo por sus mejillas. Él había muerto hacía muchos años cuando visité la iglesia. Pero la gente todavía me mostró su apartamento. Y todavía lloraban al cantar su canción.

Lo que pienso de Jesús quiero decirte
   Porque en Él hallé un fuerte amigo fiel;
Te diré como Él cambió toda mi vida,
   Hizo lo que nadie nunca pudo hacer.
Nadie así como Jesús me ama,
   Nunca ha habido tal amigo fiel;
Nadie más pudo llevarse mi pecado,
   ¡Tiernamente me ama Él!
(Traducción libre de “No One Ever Cared For Me Like Jesus”
      por Charles F. Weigle, 1871-1966).

Pero esa no es la forma en que la mujer con el flujo de sangre se sintió, lo cual nos lleva al último punto

IV. Cuarto, ella fue convertida cuando vino a Jesús.

Dije que ella no sentía que Jesús era su amigo todavía. Cuando Jesús la buscó, la Biblia dice:

“La mujer, temiendo y temblando…vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad” (Marcos 5:33).

Ella todavía tenía miedo de Él. Eso me lleva a creer que aún no era salva. Ella fue despertada, pero aún no convertida.

Pero aún temblando de miedo, vino a Él. “Vino y se postró delante de él”. Sus temores mostraron que aún no lo conocía. Pero ella vino a Él de todos modos. Llena de temor y temblando, ella vino. No tenía mucha fe. No era más que una pobre mujer que no sabía mucho. Pero ella sabía que Jesús la había sanado. Fue despertada por Su gracia, pero ella aún no conocía Su amor. ¡Aún así ella vino a Él de todos modos!

Me encanta el precioso himno de Anna W. Waterman, que el Sr. Griffith cantó antes de que yo predicara este sermón. Me encanta porque yo sé que es verdad. Era verdad en mi vida y lo será en tu vida también, si vienes a Jesús.

Y yo sé, sí, yo sé,
   Que Jesús puede un alma vil limpiar.
Y yo sé, sí, yo sé,
   Que Jesús puede un alma vil limpiar.
(Traducción libre de “Yes, I Know!” por Anna W. Waterman, 1920).

Si vienes al Salvador, Él te salvará esta mañana. Él lavará tus pecados con Su Sangre preciosa – y Él te hablará a ti como le habló a la mujer con el flujo de la sangre,

“Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34).

Si vienes a Jesús esta mañana Él te salvará de tus pecados, y Él te enviará a casa esta tarde con la misma bendición que le dio a esa mujer,

“Tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote”.

Si deseas hablar con nosotros acerca de ser salvo del pecado por Jesús, por favor deja tu silla ahora y camina hasta la parte de atrás de este auditorio. El Dr. Cagan te llevará a otro cuarto en donde podamos orar y hablar. Ve ahora. Dr. Chan, por favor ore que alguien confíe en Jesús esta mañana. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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rlhymersjr@sbcglobal.net – o puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Ángeles, CA
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Estos manuscritos de sermones no tienen derechos de autor. Usted puede usarlos
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La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Marcos 5:25-34.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Yes, I Know!” (por Anna W. Waterman, 1920).


EL BOSQUEJO DE

LA MUJER EN LA MULTITUD

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote” (Marcos 5:34).

(Mark 5:33)

I.   Primero, ella realmente quería ser sanada, Lucas 13:23; II Timoteo 3:7;
Jeremías 29:13.

II.  Segundo, los médicos que ella vio no la ayudaron, Jeremías 23:32.

III. Tercero, su cuerpo fue sanado cuando ella tocó el manto de Jesús,
Marcos 6:56; I Pedro 1:2; Efesios 2:1; 5:14; 2:5;
Lucas 4:41; I Timoteo 2:5; Juan 17:3.

IV. Cuarto, ella fue convertida cuando vino a Jesús, Marcos 5:33.