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PREDICANDOLE A GENTES REBELDES

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Noche del Día del Señor, 19 de Enero de 2014

“Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ezequiel 2:3-5).


Una y otra vez en la Biblia vemos la sorprendente paciencia de Dios para con la humanidad rebelde. Antes del gran Diluvio, Dios vio la horrible maldad de la raza humana. Sin embargo, Dios retuvo su juicio durante 120 años – así Noé, “pregonero de justicia”, podría advertirles (II Pedro 2:5). Más tarde Dios sacó a Su pueblo de Egipto con señales y prodigios. Pero le pagaron por Su bondad con murmuración y rebelándose contra Moisés por 40 años. Una vez más, cuando Él envió a Su pueblo a la cautividad en Babilonia por su pecado, Dios no los abandonó. Él envió al profeta Ezequiel para predicarles: “Así ha dicho Jehová el Señor” (Ezequiel 2:4). Hoy estamos muy cerca del juicio de Dios al final de esta era. Las naciones del mundo están en rebelión violenta “contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas” (Salmo 2:2, 3). Pero Dios sigue enviando predicadores para advertirles a “huir de la ira venidera” (Mateo 3:7). Sí, incluso en estos tiempos peligrosos, al final de esta era, Dios manda predicadores para advertirles a los pecadores del juicio venidero.

Y así, el predicador fiel puede aprender muchas lecciones del profeta Ezequiel. Yo te daré algunas de ellas en este sermón.

I. Primero, el predicador fiel aprende del profeta que él ha sido enviado a hablarle a un pueblo rebelde.

Nuestro texto dice:

“Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día” (Ezequiel 2:3).

No debemos pensar nunca que los Judíos en la cautividad Babilónica eran la única nación rebelde. ¡Ciertamente no debemos pensar eso! La palabra traducida “nación” en el texto no es la palabra Hebrea que Dios usaba generalmente para Su pueblo escogido. La palabra Hebrea aquí es “goi”. Es la palabra que los Judíos usaban para describir a los Gentiles, los paganos y los idólatras. ¡Quiere decir que Israel estaba igual de mal que las gentes paganas en Babilonia!

¡Qué retrato de la humanidad es ese! ¡Somos raza rebelde! ¿Qué raza? ¡La raza humana! Dios dice que somos gente rebelde: “gentes rebeldes que se rebelaron contra mi” (Ezequiel 2:3). La Biblia dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas” (Isaías 53:6). ¡La raza humana entera se ha descarriado, rebelándose y haciendo revuelta contra Dios! La Biblia dice: “Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:12). La Biblia dice: “por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores” (Romanos 5:19). Adán se rebeló contra el mandato de Dios. Toda la humanidad heredó la rebeldía contra Dios por naturaleza. Nos volvimos “por naturaleza hijos de ira” (Efesios 2:3). La Biblia dice:

“¿Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos” (Romanos 3:9-18).

Todo esto viene a nosotros de Adán. Heredamos la rebelión contra Dios de él en nuestras mismas naturalezas. El Dr. Martyn Lloyd-Jones dijo:

Esta descripción del hombre en pecado es la simple verdad, la horrible verdad. Eso es lo que el pecado nos ha dado…Que Dios nos convenza por el Espíritu Santo si nunca antes hemos sido convencidos a ver que por naturaleza somos – hijos de ira, igual que otros (traducción literal de Martyn Lloyd-Jones, M.D., Romans, Chapter 2:1-3:20, The Righteous Judgment of God, The Banner of Truth Trust, reimpreso en 2005, p. 214).

Esa es la evaluación de Dios del hombre en el pecado. No es un cuadro bonito, pero es exacto. Empecé a los 17 años pensando que la gente sería salva fácilmente. Pero estaba equivocado. Mi primer sermón fue rechazado, y me dijeron que nunca debía predicar de esa manera otra vez. Pero el “líder juvenil” que me dijo eso era un pervertido, abusando de niños en la iglesia. Entonces Dios me dijo: “No le hagas caso, Robert”. En el seminario el profesor de predicación dijo: “eres un buen predicador, pero vas a conseguirte una mala reputación como un revoltoso”. Dijo eso porque yo contestaba a profesores que estaban atacando la Biblia. Luego trabajé con otro predicador tratando de ganar a los Hippies, cerca de San Francisco. Ese predicador siguió criticando mis sermones – tanto que finalmente renuncié de esa iglesia y volví a casa a Los Ángeles. Después me enteré de que este predicador estaba teniendo relaciones sexuales con varias chicas en la iglesia. Entonces supe por qué criticaba mis sermones. No le gustaba ser convencido de pecado.

Muchos predicadores nunca entienden lo que pasa. Siguen preguntándose por que la gente no los escucha. Pero la respuesta está allí, en la página de nuestra Biblia. Dios nos envía “a gestes rebeldes que se rebelaron contra [Él]” (Ezequiel 2:3). Y estoy de acuerdo con lo Dr. McGee que comentó en este verso. Él dijo,

     La gentes que es más difícil alcanzar con el Evangelio es los miembros de la iglesia…Aunque están en la iglesia, en realidad están en contra de Dios…No quieren que alguien venga y les diga que son pecadores perdidos…Son gente difícil de alcanzar, y mi corazón simpatiza con mis hermanos que están en le ministerio hoy – están en una silla caliente. Y yo le aconsejaría a cualquier joven que considera entrar en el ministerio a estar seguro de su llamado. A lo mejor deba vender seguros o alguna otra cosa en vez de entrar al ministerio. No es fácil estar en el ministerio hoy si vas a pararte firme por la Palabra de Dios (traducción literal de J. Vernon McGee, Th.D., Thru the Bible, Thomas Nelson Publishers, 1982, tomo III, p. 444; nota de Ezequiel 2:3-4).

¿Qué describió el Dr. McGee? Describió las iglesias llenas de gente perdida. Todos ellos habían hecho una “decisión” – pero “en realidad están en contra de Dios”. ¡Ese es el caso en las iglesias en todos los Estados Unidos!

Ahora vengo a ti, y te lo digo personalmente. eres rebelde contra Dios. Es por eso que permaneces sin ser salvo. Haces todo tipo de excusas, pero tu corazón está en rebelión contra Dios. Te sientes mal por ti mismo, pero tu corazón está totalmente rebelde contra Dios. No has tenido pesar por tu pecado. ¡No has tenido pesar por tu rebelión. ¡Continuas igual, con rostro insolente, desafiando al Dios viviente! Y te diré exactamente a donde irás. ¡Solo hay un lugar donde puedas ir – y es el Infierno! Si nunca vienes bajo convicción, y si nunca tienes pesar por tus pecados, jamás sentirás una verdadera necesidad de Jesús – y seguirás en tu rebelión hasta que Dios hale el enchufe – y desciendas por el desagüe – ¡al fuego que jamás será apagado!

II. Segundo, el predicador fiel aprende del profeta a continuar predicando la Palabra de Dios.

Dios le dijo a Ezequiel,

“A hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen [o]…si no escucharen” (Ezequiel 2:4-5a).

Dios me habla de un modo maravilloso de la Biblia. En el día de Ezequiel Él le hablaba a él directamente, por revelación inmediata. Ahora Dios nos habla por medio de la Palabra escrita, la Biblia – aunque yo puedo pensar en dos ocasiones cuando Dios muy definitivamente me habló a mí en sueños. Acabo de leer el testimonio de un joven Musulmán que fue convertido a Jesús por medio de tres sueños ([en Ingles] Christianity Today, January/February 2014, pp. 95, 96). Dios a menudo hace eso en tierras Musulmanas, y otras partes del Tercer Mundo. Pero casi siempre Dios nos habla por medio de la Palabra escrita – la Biblia.

Del profeta, aprendemos a decir: “Así ha dicho Jehová, el Señor”. Decimos eso por la autoridad de la Biblia. “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (II Timoteo 3:16). Dios me mostró esa verdad en mismo día que fue salvo, el 28 de Septiembre de 1961. Puedo decir honestamente que jamás he dudado que Dios dio las meras palabras Hebreas y Griegas desde ese día hasta hoy! Cuando me paro a predicar puedo hablar con voz fuerte, dinámica porque no estoy predicando mis propias palabras. Estoy predicando las meras palabras de Dios “Así ha dicho el Jehová, el Señor: (Ezequiel 2:4).

No estoy dando una teoría cuando te digo que tus pecados te enviarán al Infierno. Te digo lo que dice la Palabra de Dios. Con autoridad completa, y sin la más mínima duda, te puedo decir: “Irán éstos al castigo eterno” (Mateo 25:46). Ni el seminario Fuller, Rob Bell, Joel Osteen ni el Papa en Roma me pueden detener de decir eso. Yo tengo la Palabra de Dios en mi mano. ¡E igual que el profeta Ezequiel, Dios me ha llamado a proclamártela a ti – palabra por palabra! “Así ha dicho Jehová, el Señor” – “Irán estos al castigo eterno”.

Tú dices: “¡Yo no creo eso!” ¡Eso no me cambia para nada! Igual que el profeta, estoy llamado a predicar eso “Acaso ellos escuchen [o]…si no escucharen” (Ezequiel 2:5). En Ingles moderno – “oigan o no”. ¡Yo no me siento a preparar un sermón y a pensar lo que tú quieres oír! ¡Yo nunca hago eso – y nunca lo haré! Yo le pregunto a Dios que es lo que tú necesitas oír. Luego hallo el pasaje correcto en la Biblia y te lo predico. ¡Tómalo o déjalo! ¡“Acaso…escuchen [o]… no escucharen!” ¡Amén! Tú eres pecaminoso. Tú estás perdido, atado, esclavo del pecado. ¡Tú n o puedes librarte! ¡Estás condenado al lago de fuego! Te digo eso, acaso oigas o no oigas, te guste o no, lo creas o no, acaso actúes respecto a ello o no, acaso me alabes o me maldigas. ¿Por qué? [Porque] así “conocerán que hubo profeta entre ellos – ¡por eso! Dios me envió a decirte esas cosas para que quedes sin excusa. Mis manos están limpias. Mis manos están limpias. Te he dicho lo que Dios dice. Tómalo o déjalo. Pero en el Infierno no podrás discutir o quejarte. Sabrás que hubo profeta entre vosotros – un hombre que te dijo la verdad de la Palabra de Dios.

Tienes que ser muy duro para predicar así. A nadie le gusta que lo culpen. A nadie le gusta ser criticado y ridiculizado. Debo admitir que a menudo me he sentido devastado por el criticismo duro. A veces he sentido ganas de esconderme en una cueva como Elías. Pero “una voz [suave]” habló a Elías diciendo: “¿Qué haces aquí, Elías?” (I Reyes 19:12, 13). Luego salgo, y comienzo a predicar otra vez. Y en esos tiempos Dios parece decirme, como a Ezequiel:

“He aquí yo he hecho tu rostro fuerte contra los rostros de ellos, y tu frente fuerte contra sus frentes. Como diamante, más fuerte que pedernal he hecho tu frente; no los temas, ni tengas miedo delante de ellos, porque son casa rebelde” (Ezekiel 3:8, 9).

Todo predicador verdadero tiene que pasar alguna experiencia endurecedora. Si no lo hace, y se deja vencer, se volverá profeta falso.

III. Tercero, el predicador fiel aprende del profeta que, pese a desalientos, algunas almas serán salvas.

Se predicamos como debemos encontraremos muchos desalientos en este tiempo maligno. Dios le dijo a Ezequiel:

“Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde. Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes” (Ezequiel 2:6-7).

Pese a vivir entre zarzas y espinos y escorpiones, nada debe mover al predicador verdadero de su tarea santa. Si, proclamar la Palabra de Dios de veras es una tarea santa. Y habrá algunos cuyos corazones el Señor abrirá a oír lo que predicamos y serán salvos (Hechos 16:14, 15). Dios le dijo a Ezequiel que algunos que lo oyeron “de cierto vivirá, porque fue amonestado” (Ezequiel 3:21).

Prediqué hasta que casi se me salió el corazón en las calles del centro de Los Ángeles en la década de 1960. La gente me gritaba, me tiraba cosas, me llamaron loco. Pero un anciano vestido en traje negro y corbata me oyó predicar por varios días, y me invitó a cenar en su bello apartamento. Su esposa estaba allí. Ella era la directora de una de nuestras escuelas secundarias. Esta fina pareja me dio una cena muy buena, el señor le dijo a su esposa que me había oído predicar en la calle. Ellos sacaron su álbum de fotos y me mostraron las fotografías del padre de él, que había sido un pastor Presbiteriano anticuado. Al fin de la noche el anciano me dijo que ambos él y su esposa habían hablado sobre mis sermones en la calle. Él dijo que me habían invitado a su casa porque ambos de ellos querían ser salvos – y querían que yo los guiara a Jesús. Yo tenía solo como 22 años de edad. Yo nunca había guiado a un anciano a confiar en Jesús. Todos nos pusimos de rodillas, y yo los guie a Jesús. Cuando nos levantamos ellos tenían lagrimas en sus mejillas. Eran miembros de la Iglesia Immanuel Presbyterian Church en Wilshire Blvd., pero ellos nunca habían sido salvos. ¡Una experiencia así hace que todo el ridículo y abuso del mundo perdido parecer como nada – por el gozo de ver a alguien venir al Salvador! Dios me dio esas dos almas, el Sr. y la Sra. Alan Black. ¡Hizo que toda la predicación que hice en las calles de Los Ángeles pareciera la cosa más maravillosa que un joven pudiera hacer con su vida!

Luego fue al seminario liberal Bautista, al norte de San Francisco. Los tres años que pase allí fueron ciertamente horribles. Odiaba estar allí, oyéndolos despedazar la Biblia día tras día. Me pare por la Palabra de Dios, y me trataron como si fuese perturbado mental. Se puso tan mal el último año que pensé que no me iba a graduar. Pero sí me gradué. Después, al ver hacia ese tiempo tan maligno, me di cuenta que do s hombres fueron salvos por mi testimonio. Uno era un Coreano, y el otro era un hombre del sur, que había sido Bautista toda su vida sin ser salvo. Ambos vinieron a mí con lágrimas en sus mejillas, dándome las gracias por serle fiel al Evangelio y decirles de su necesidad de salvación. Sus nombres eran Gil y Moon. ¡Jamás los olvidaré! ¡La salvación de ellos hizo que todo el dolor de corazón de aquel seminario liberal valiera la pena!

Cuando estuve allí, en el condado de Marin, yo guiaba varios carros llenos de jóvenes por todo el puente Golden Gate a la ciudad de San Francisco todos los viernes por la noche. Yo predicaba en la calle mientras ellos repartían folletos y hablaban con la gente. Una noche, trajeron a un muchacho hacia mí. Me dijo que estaba en las drogas, heroína, varios cientos de dólares cada día. Tenía que darse prisa y robar para mantener a su adicción a las drogas. Él dijo: “Predicador, por favor ayúdame. Quiero ponerme en lo recto”. Yo lo llevé a casa en mi coche. Probablemente tendría miedo de hacerlo ahora, pero lo puse en la cocina de mi apartamento. Él gritó y pateó y vomitó por todo el suelo por varios días mientras salía del efecto de las drogas. Finalmente se quedó callado. Él vino a nuestra iglesia. Cuando me fui de San Francisco perdí contacto con él. Veinticinco años pasaron. Una noche sonó el teléfono en mi oficina aquí en la iglesia. ¡Era él! Le pregunté dónde estaba. Él me dijo que estaba casado y vivía en Florida. Tenía dos hijos y era maestro de la Escuela Dominical en su iglesia. ¡Llegué a casa de la iglesia esa noche caminando en las nubes! Oh, qué gozo siente el predicador cuando alguien vive “porque fue amonestado” por el hombre de Dios (Ezequiel 3:21) .

¿Qué de ti? Te he dado mi historia corta como predicador. Esos dos capítulos de Ezequiel han significado mucho para mí en los últimos cincuenta años, desde que oí por primera vez al Dr. J. Vernon McGee enseñando este pasaje de la Escritura en la radio. Y versículos siempre han estado en mi mente a través de las décadas de predicar el Evangelio – de decirles a los pecadores que Jesús murió en la Cruz para pagar por sus pecados; de decirles como Él resucitó de entre los muertos, que ahora está vivo en el Cielo; de llamarlos a arrepentirse de su pecado y confiar en el Salvador. ¿Confiaras tú en Jesús esta noche? ¡Si lo haces me hará muy feliz – y te hará feliz a ti también – por todo el tiempo y por toda la eternidad!

Si deseas hablar con nosotros sobre ser salvo por Jesús, por favor deja tu asiento y camina hacia la parte de atrás de este auditorio ahora. El Sr. John Samuel Cagan te llevará a otro salón donde podremos orar y hablar. Dr. Chan, por favor ore que alguien venga a Jesús esta noche. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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La Escritura Leída por el Sr. Abel Prudhomme Antes del Sermón: Ezequiel 2:3-7
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“Oh Heavy Hearted” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

PREDICANDOLE A GENTES REBELDES

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Y me dijo: Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a gentes rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho Jehová el Señor. Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ezequiel 2:3-5).

(II Pedro 2:5; Salmo 2:2, 3; Mateo 3:7)

I.   Primero, el predicador fiel aprende del profeta que él es enviado a hablarle a gentes rebeldes, Ezequiel 2:3; Isaías 53:6; Jeremías 5:23;
Romanos 3:12; 5:19; Efesios 2:3; Romanos 3:9-18.

II.  Segundo, el predicador fiel aprende del profeta a continuar predicando la Palabra de Dios, Ezequiel 2:4-5a; II Timoteo 3:16;
Mateo 25:46; I Reyes 19:12, 13; Ezequiel 3:8, 9.

III. Tercero, el predicador fiel aprende del profeta que, pese a desalientos, algunas almas serán salvas, Ezequiel 2:6-7;
Hechos 16:14, 15; Ezequiel 3:21.