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LA QUEMA DE SODOMA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo de Los Ángeles
La Tarde del Día del Señor, 29 de Septiembre de 2013

“Subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová. Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno” (Génesis 19:27-28).


Por la mañana Abraham fue al lugar donde se había encontrado con Dios el día anterior. ¿Tienes un lugar especial donde has orado? Tengo un lugar como ese en una colina detrás del lado sur del Seminario Golden Gate, al norte de San Francisco. Tengo un lugar como ese cerca de la casa de mi abuela en Edendale, cerca de Echo Park, en Los Ángeles.

“Subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová” (Génesis 19:27).

El día antes de que Abraham le rogara a Dios en ese lugar. Él había orado que Dios preservara la ciudad de Sodoma si había diez hombres justos allí. Dios había dicho: “No la destruiré por amor a los diez”.

Y Abraham se levantó muy temprano por la mañana para ver cómo su oración había sido respondida. Debe haber pensado – “¡Ciertamente, hay diez justos allí! ¡Ciertamente Dios no ha destruido la ciudad por el bien de ellos!” Pero cuando llegó al lugar donde había orado, ¡fue sacudido por lo que vio!

“Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno” (Génesis 19:28).

Así que Abraham miró hacia Sodoma. Él no vio la llanura verde, y los edificios de Sodoma. No vio nada más que humo negro subiendo de las ruinas de la ciudad. Dios hizo llover fuego, y toda la llanura fue destruida.

Ileana y yo estuvimos allí en las llanuras de Sodoma una tarde. Nos pareció a nosotros como que bombas atómicas hubieran estallado allí. Ni un árbol, ni una pequeña hierba quedaron. Nunca he visto otro lugar como ese.

Quiero que veas más allá de las llanuras de Sodoma, como lo hice esa tarde. Quiero que veas el juicio de Sodoma como una imagen del Infierno – porque la quema de Sodoma fue “puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno” (Judas 7).

Quiero que veas la quema de Sodoma como una imagen del juicio eterno, en ese lugar “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Marcos 9:44).

El Dr. Martyn Lloyd-Jones (1899-1961) predicó clásicos sermones Bíblicos. Nunca tuvo miedo de predicar sobre el pecado y el Infierno. Sus sermones evangelísticos del Domingo por la tarde atrajeron grandes multitudes, incluyendo hombres jóvenes como J. I. Packer y R. V. G. Tasker, un brillante profesor del Nuevo Testamento en King’s College. Dejaron el liberalismo porque el Dr. Lloyd-Jones les convenció “del pecado original y de la ira de Dios” (traducción de David L. Larsen, D.D., The Company of the Preachers, Kregel Publications, 1998, p. 777).

El pecado original y la ira de Dios son temas que deben ser predicados a menudo hoy en día. Hay una gran necesidad de predicar sobre estos temas en la actualidad. Los sermones brillantes y felices de hombres como Joel Osteen han causado que grandes multitudes se olviden que “Dios está airado contra el impío todos los días” (Salmo 7:11). Sermones que siempre son positivos no presentan toda la verdad de la Biblia. Y así, esta noche, quiero que pienses en el juicio de Sodoma – y más allá, a ese lugar oscuro y terrible donde los muertos no salvos son incluso ahora atormentados en las llamas eternas. ¡Mira, como lo hizo Abraham esa mañana!

“Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno” (Génesis 19:28).

Mira esta imagen de ira eterna. Te hará bien. Te hará pensar.

I. Primero, ¿cómo debemos sentir cuando pensamos en el humo y los tormentos del Infierno?

Este sermón es adaptado de “El Humo de sus Tormentos” por C. H. Spurgeon (The Metropolitan Tabernacle Pulpit, número 602). Spurgeon dijo:

Hay una profunda incredulidad arraigada entre los Cristianos en este momento (1864), sobre la eternidad del castigo futuro. No es muy abierta en muchos casos, pero se murmura...el deseo de que la doctrina [del Infierno] sea refutada...hombres impíos creen que nos gusta predicar sobre estos temas. Está muy lejos de ser el caso. He tenido que censurarme a mí mismo [últimamente] por [casi] no haber predicado del todo sobre eso. Ellos [piensan] que a los hombres Cristianos [no les preocupa] el tormento de los perdidos, imaginándose a sí mismos estar seguros. Ellos no saben lo que dicen. Todo lo contrario de ese espíritu es común entre nosotros. Nos estremecemos tanto al pensar...que si pudiéramos dudar, lo haríamos; y si pudiéramos desmentirlo por completo, nos [daría] gusto. ¡Pero no nos atrevemos ha hacer eso, porque sabemos que provocaría una pelea contra el Altísimo, el Gran Juez de todos! Pisarás a tus enemigos en el día de tu ira...Cristiano, mira allí, y cuando lo observas, no te rebeles, pero di: “¡Verdadero y Justo eres tú, O Dios; deja que Tu nombre sea honrado siempre!” (Traducción de C. H. Spurgeon, “The Smoke of Their Torments,” MTP, Noviembre 20, 1864).

Yo deseo que el Seminario Fuller hubiera hecho a Rob Bell leer el sermón de Spurgeon. ¡Tal vez lo hubiera hecho abstenerse de escribir libros contra el castigo eterno! ¡Pero dudo que a Spurgeon, el “príncipe de los predicadores”, jamás se le hubiera permitido dar este sermón en esa escuela incrédula!

Otro sentimiento que tenemos los Cristianos cuando pensamos en el Infierno es el de agradecimiento. “¿Y por qué no estoy yendo allí? Las almas perdidas carcomen su lengua en el fuego – ¿y por qué yo no voy allí? ¿Ellos pecaron? Yo también he pecado. ¿Maldijeron a Dios y murieron? Yo maldije a Dios también. ¡Es un milagro que no me morí!”

Ah, si no fuera por gracia divina,
Que destino tan terrible había sido el mío.

Nosotros que somos salvos debemos dar gracias a Dios todos los días que nuestros pecados han sido lavados por la Sangre preciosa de Jesús. ¡Deja que los gemidos y los horrores del Infierno nos inspiren a dar gracias a Dios por haber enviado a Jesús para salvarnos del juicio por nuestros pecados! Y si nunca has confiado en Jesús, ven a Él esta noche, y Él te limpiará de todo pecado.

Como gusano culpable, débil e indefenso
   En tus brazos bondadosos caigo;
Sé Tú mi fortaleza y justicia,
   Jesús mío, mi todo.

El pasado Lunes por la noche fui a nadar a mi gimnasio. Vi algo extraño en el cable que separa los carriles en la piscina. Me acerqué y vi una “Mantodea” allí, en medio de la piscina, atrapada en el cable. Las Mantodeas están solo unos pocos días al final del verano. Así que miré el insecto muy de cerca. Qué pequeña criatura maravillosa. Llamé a otro hombre en la piscina para que viniera a verla. ¡Cuando hablé vi sus ojos que se volvían hacia mí! Me podía oír y responder. Me pregunto que podía ver de mí, un hombre enorme, que se asoma por fuera del agua. Estoy seguro de que sólo me podía ver vagamente, en todo caso. ¡Mi voz debe haber sonado como un trueno a la delicada criatura! Estaba atrapada allí en el cable en el centro de lo que, para ella, era un vasto océano de agua. Yo tuve misericordia de mi pequeño amigo. Dejé que se arrastra sobre mis gafas, que tenía en la mano. Y lo puse en tierra firme. En pocos minutos sus alas estaban secas, y se fue volando.

¿Alguna vez pensará en mí, me dará las gracias por rescatarla? No lo creo. Yo aparecí fuera del agua como un gigantesco Neptuno, que se avecina desde el mar, salvando a la pequeña criatura de ahogarse. Dudo que tuviera la menor idea de la piedad y la gracia que le mostré cuando le salvé la vida. ¡Yo espero que tú tengas más entendimiento que un insecto! ¡Espero que reconozcas a nuestro Dios grande y soberano, que rescata a los hombres del Infierno por medio de Jesucristo, Su Hijo.

II. Segundo, ¿podemos ver el humo y los tormentos y no ver lo malo del pecado?

El Infierno sólo es pecado crecido, es su estado de madurez. Si juegas con la hermosa serpiente pronto se volverá y te morderá, y te ahogarás cuando el veneno pase a través de tu sangre. Algunos de ustedes nunca sabrán que malo es el pecado hasta que la dulzura se vaya, y la amargura de la muerte se coma tu estómago. ¿Crees que Dios derramó su ira sobre Sodoma, y que no la derramará Su ira sobre ti? No – Él es el mismo Dios ahora como lo fue entonces. Mira la negrura de tu pecado a la luz del fuego del Infierno. ¿Vivirás en pecado si esto significa que irás al fuego atormentador? “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). Quisiera que todos nosotros aprendiéramos esa doctrina, y la creyéramos en nuestros corazones. Es difícil para mí predicarla. Es difícil para ti aprenderla. Pero nadie sabe realmente el amor de Jesús hasta que él sabe algo sobre el mal del pecado.

Otra lección es aprendida por el humo y tormentos de Sodoma. Nosotros, Su pueblo, hemos sido redimidos por el sufrimiento de Jesús. A la medianoche en Getsemaní Jesús bebió la copa del pecado por todo Su pueblo. Jesús bebió todos los juicios de nuestros pecados. Todos los juicios de todos nuestros pecados se hundieron en Sus venas en esa hora. Exclamó: “Si es posible, que esta copa pase de mí” (Mateo 26:39). Sin embargo, Él la bebió toda. Sin embargo, sintió dentro de Sí Mismo todo el horror, de todo pecado, que Su pueblo había o habría de cometer. Él tragó toda gota amarga. Volvió la copa boca abajo. Para que ninguna gota negra del pecado se quedara en el borde, ya que –

Con todo Su amor,
   La destrucción quitó.

Por cada uno de Su pueblo bebió toda la copa del pecado. No hay dolor, ni un gemido, ni un momento en el fuego, para cualquiera de Sus elegidos. Sufrió “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (I Pedro 3:18).

Otra lección viene a la mente. Al pensar en el humo de su tormento, debemos sentir la tremenda responsabilidad que tenemos que ser celosos en ganar almas. Recuerda que se trata de almas que pronto van a hundirse en el fuego del Infierno a menos que encuentren misericordia en Jesús.

Cuando Miguel Ángel estaba a punto de pintar su famoso cuadro de la resurrección de los muertos no salvos, se le permitió traer muchos cadáveres recién muertos a su dormitorio. Él amontonó los cuerpos muertos a ambos lados de la cama. Durmió en medio de esos cuerpos muertos para tener en su mente los horrores de aquel día terrible. No me gustaría que hicieras eso. Pero mientras vas a la cama, piensa en los que conociste que vivieron y murieron sin haber sido salvos por Jesús. Espero que eso te haga muy celoso para ganar familiares y amigos perdidos. A menudo pienso en un amigo que tuve en la escuela secundaria. Se suicidó. Lo que lo hace horrible para mí es que nunca le testifiqué. Nunca le hablé del Evangelio. Ni siquiera lo invité a la iglesia. Estoy seguro de que hubiera ido, pero lo dejé pasar hasta que murió. Se pegó un tiro en la cabeza. Me obligo a pensar en él. Ese doloroso pensamiento me mueve a predicar y testificar. Muchas veces el celo que escuchas en mi predicación viene cuando he pensado en él – en el Infierno desde hace más de 50 años porque yo le fallé.

Cuando Abraham oyó que Dios destruiría Sodoma sus primeros pensamientos fueron de salvar al pueblo. ¡Oh, pobre Lot, mi sobrino! ¡Oh, su esposa! ¡Sus hijas! ¡La ciudad y sus habitantes! Los pensamientos de compasión conmovieron su corazón. Abrió su boca y su corazón en oración intercesora. Eso es lo que debes hacer por aquellos que conoces y amas. ¡Ora por ellos! ¡Ora sin cesar por ellos! Deja que tus oraciones sean más y más ardientes – cada vez más urgentes – como fueron las de Abraham. ¡No estamos en peligro de ofender a Dios por clamar por misericordia para nuestros seres queridos y nuestros amigos! Cuando tu rostro brilla con el resplandor que viene al intercesor, y tus ojos se llenan de lágrimas por los perdidos; será más difícil para ellos resistir el Evangelio cuando les hables. Me pone triste – pero también me recuerda que tengo que predicar a los hombres y mujeres que van a pasar la eternidad en el Cielo o el Infierno.

Quisiera poder predicar como Richard Baxter (1615-1691) lo hizo. Aunque tenía muchas enfermedades, estaba sano y saludable en su mente. Pero él dijo que nunca llegó a su púlpito sin lágrimas, con las piernas temblando, porque tenía que hablar en nombre de Dios a los que pronto iban a enfrentarse a Él en el juicio. Y él mismo tendría que enfrentarse a Dios también, para dar cuenta de su predicación a los pecadores perdidos.

Sé que algunos de ustedes vinieron aquí este Domingo por la noche porque pensaron que sería divertido, o vinieron a ver a sus amigos. Pero créeme cuando te digo que no es divertido para los que te predicamos el Evangelio a ti. Yo nunca habría entrado en el ministerio del Evangelio si no hubiera sido forzado en mí. Cuando pienso en los que me escuchan y aún rechazan a Jesús me rompe el corazón. Cuando voy a casa el Domingo por la noche, todo lo que puedo pensar es en los rostros de ustedes que todavía están perdidos – todavía negándose a venir a Jesús. Muy a menudo voy a casa con el corazón triste. Muy a menudo voy a casa sintiendo que fallé.

Hace muchos años, allá por la década de 1950, antes de que fuera a la iglesia China, mi pastor fue el Dr. Music. Él era un buen predicador. Ojala hubieran más como él hoy. Pero me preguntaba qué quería decir, al final del servicio de la tarde, cuando decía: “Bueno, fallé de nuevo”. Me entristecía cuando decía eso. Yo no sabía lo que quería decir. Pero ahora lo sé. Cuando los perdidos como tú no son salvos, así me siento. “Bueno, fallé de nuevo. No pude llegar a ellos. No pude hacerlos ver la gran importancia de confiar en Jesús. No pude hacerlos ver el poco tiempo que tienen antes de que el Espíritu de Dios los deje porque han cometido el pecado imperdonable. Tal vez no oré suficiente. Tal debí haber ayunado más. Fallé otra vez”. ¡Nadie más que otro predicador evangélico realmente puede entender la terrible sensación que tengo cuando el servicio termina y todavía no eres salvo!

Pero estoy cansado de ver el humo negro espeso y el tormento. Estoy cansado de mirar a las personas que murieron sin salvación en Sodoma y en mi propia experiencia. Déjame girar tu mente de otra manera. ¿Quieres ser salvo de tus delitos y pecados? ¿Eso suena importante para ti? Mira ahora a una pequeña calle en Jerusalén. Dios se ha hecho hombre. Él está llevando una cruz en Su hombro. Él está llevando tus pecados en Su corazón. Se cae en la acera. Lo obligan a levantarse con sus lanzas y látigos. Arrastra la cruz fuera de la ciudad a la cima de una pequeña colina. Ellos arrojan Su cuerpo sobre la cruz de madera. Veo a los rudos soldados cada uno agarrando Sus manos y pies, y luego con un martillo traspasar los enormes clavos a través de las manos y los pies de Dios el Hijo. Él está clavado en el madero. Levantan la cruz. Un agujero se ha excavado para ella. Ellos la meten hacia abajo. La sacudida disloca muchos de Sus huesos. ¡Un dolor agonizante pasa por Su cuerpo! ¡Qué tortura insoportable siente mientras es levantado a morir en esa cruz sangrienta! Él grita: “¡Tengo sed! Le dan a beber vinagre. Él clama: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” Porque el Cielo está negro arriba de Su cabeza. Una fiebre ardiente viene. Su lengua se pegó a cielo de Su boca. De Su cabeza, y de Sus cinco llagas Su Sangre fluye.

¿Por qué les digo esto? Porque allí es donde está tu salvación. Debes tener una participación y una parte en el sufrimiento y la pasión de este hombre, Cristo Jesús. Cuando confías en Él, Él se convierte en tu sustituto. Él paga la pena por tu pecado en la Cruz. La Sangre que derramó allí lava todos los pecados que hayas cometido. ¡El Cielo está abierto para ti a través de Su Sangre que expía todo! ¿Creerás en Él ahora? Creer es confiar. ¿Vas a confiar en Jesús y ser salvo? En el momento que confías en Él tus pecados son perdonados, y el Cielo es tuyo. Ahora está a la diestra de Dios. ¿Confiarás en Él en este momento, esta noche?

Si deseas hablar con nosotros acerca de ser salvo por Jesús, por favor deja tu asiento ahora, y camina a la parte de atrás de este auditorio. El Dr. Cagan te llevará a un lugar tranquilo para oración y consejería. Ve ahora. Además, si tienes alguna pregunta acerca de convertirte en un Cristiano ve ahora. Dr. Chan, por favor ore para que alguien confíe en Jesús esta noche. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
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Puedes enviar en correo electronico al Dr. Hymers en Ingles a rlhymersjr@sbcglobal.net – o
puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015, Estados Unidos.
Llamale por telefono a (818)352-0452.

La Escritura Leída Antes del Sermón por el Sr. Abel Prudhomme: Génesis 18:20-33. El Solo Cantado Antes del Sermón por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith: “So Little Time” (por Dr. John R. Rice, 1895-1980).


EL BOSQUEJO DE

LA QUEMA DE SODOMA

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Subió Abraham por la mañana al lugar donde había estado delante de Jehová. Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno” (Génesis 19:27-28).

(Judas 7; Marcos 9:44; Salmo 7:11)

I.   Primero, ¿cómo debemos sentir cuando pensamos en el humo y los
tormentos del Infierno?

II.  Segundo, ¿podemos ver el humo y los tormentos y no ver lo
malo del pecado? Romanos 6:23; Mateo 26:39; I Pedro 3:18.