Print Sermon

Estos manuscritos de sermones y videos ahora van a casi 1,500,000 computadoras en más de 215 países todos los meses en www.sermonsfortheworld.com. Otros cientos miran los videos en YouTube, pero rápidamente dejan YouTube y vienen a nuestro sitio de Internet. Los manuscritos de sermones se dan en 36 idiomas a casi 120,000 computadoras cada mes. Los manuscritos de sermones no tienen derecho de autor, así que los predicadores pueden usarlos sin nuestro permiso. Por favor, oprime aquí para aprender cómo puedes hacer una donación mensual para ayudarnos en esta gran obra de predicar el Evangelio a todo el mundo, incluyendo las naciones Musulmanas e Hindúes.

Cuando le escribas a Dr. Hymers, siempre dile en qué país vives o él no te podrá contestar. El correo electrónico de Dr. Hymers es rlhymersjr@sbcglobal.net.




LA PROMESA Y LA CONDICIÓN

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

Un sermón predicado en el Tabernáculo Bautista de Los Ángeles
La Mañana del Día del Señor, 11 de Agosto de 2013

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).


Algo sobresaliente sucedió en el servicio del Domingo antepasado en la noche. Al llegar al final del sermón, cité a Spurgeon. Leí sus palabras, escritas cuando él tenía quince años de edad.

      Nunca hubo algo más real para mí que aquellas manos sangrientas, y aquella cabeza coronada de espinas. Hogar, amistades, salud, riquezas, comodidades – todo perdió su brillo aquel día cuando Él apareció…Él era el único Señor y Salvador y dador de las mejores delicias de la vida, el único pozo de agua viviente emanando vida eterna. Al ver yo a Jesús en Su cruz ante mi, y yo al [pensar] sobre Sus sufrimientos y muerte, [pensé] lo vi a Él lanzar una mirada de amor sobre mi; y entonces yo lo miré a Él y clamé –

            Jesus, quien me ama a mí,
            A tu seno volaré.

Él dijo: “venid” y yo volé a Él; y cuando Él me dejó ir otra vez, me pregunté en donde estaba mi carga. ¡Ya no estaba! Allá, en el sepulcro, yacía… “Yo lo hallé a Él”, yo, un [muchacho] hallé al Señor de gloria; yo, un esclavo del pecado, hallé al gran Libertador; yo, un hijo de las tinieblas, hallé a mi Salvador y mi Dios (traducción de C. H. Spurgeon, Conversion: The Great Change, Pilgrim Publications, n.d., p. 22).

Al leer yo dichas palabras, de repente Dios descendió, y yo sentí la presencia de Jesús entre nosotros. Yo dije algo, que creo que no he dicho por muchos años. Yo grité: “¡Jesús está aquí! ¡Jesús está aquí!” Todo Cristiano podía notar que era verdad. Muchos me dijeron después que Jesús definitivamente estuvo aquí entre nosotros. Jesús había cumplido Su promesa: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (Juan 14:18). Se sintió exactamente como cuando vi avivamiento enviado por Dios hace años.

Y sin embargo, la reacción fue muy diferente de la de un avivamiento. Algunas personas perdidas se agitaron y se enojaron. Otras estuvieron tan frías y sin vida como siempre. En el cuarto de consejo, un joven Hispano me dijo que se temía que pronto dejaría nuestra iglesia. Pero no tenía convicción de pecado.

¿Qué sucedió? Yo creo que Jesús descendió en ese servicio. Yo creo que Él se manifestó entre nosotros de un modo inusual y poderoso. ¡Y sin embargo los perdidos entre nosotros estuvieron completamente inconscientes de la presencia de Jesús! ¡Jesús estuvo tan cerca de nosotros que pudimos sentir Su presencia! ¡Pero los que han estado buscando un sentimiento no sintieron nada! ¿Por qué? Porque en realidad no querían a Jesús para nada. ¡Cuando dijeron que lo querían a Él, solo soplaban falsedad! Sus bellas palabras no eran sinceras. En realidad no querían a Jesús, así que, pese a que Él estuvo entre nosotros, ellos no lo hallaron. ¡Ni siquiera supieron que Él estuvo presente entre nosotros! Mientras yo pensaba en esta extraña experiencia, el texto de esta mañana vino ante mi mente:

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

Ahora, de este texto, daré las razones por las que no hallaste a Jesús cuando Él estuvo presente tan poderosamente en el servicio del Domingo antepasado en la noche; y, segundamente, te daré el remedio – las razones por las que no hallaste a Jesús, y el remedio para tu condición sin Jesús.

I. Primero, las razones por qué no hallaste a Jesús cuando Él estuvo tan claramente presente.

Fue porque tú estas espiritualmente muerto. Esa es la primera razón. Dios advirtió a Adán, “porque el día que de él comieres, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). Dios no estaba jugando cuando dijo eso. Adán sí murió el mismo momento en el que desobedeció el mandato de Dios. Él murió la gran muerte espiritual por la cual todas sus facultades espirituales se volvieron absolutamente muertas. Si comparamos sus facultades espirituales con los sentidos del cuerpo, el significado estará claro. Spurgeon dijo:

      Mediante la Caída el gusto del hombre se pervirtió, así que él piensa que lo dulce es amargo, y lo que es amargo le es dulce. Él escoge el veneno del pecado, y aborrece las cosas dulces de Dios. Él lame el polvo de la serpiente y rechaza la comida de ángeles. El oído se vuelve gravemente lesionado, porque el hombre naturalmente ya no oye la palabra de Dios, sino que tapa sus oídos cuando Dios habla. Deja que el ministro del evangelio predique sabiamente, pero el alma no convertida es como la víbora que no puede oír la voz del encantador de serpientes. El sentir espiritual está horriblemente muerto por nuestra depravación. Lo que hubiera alarmado y llenado al hombre de terror ya no le provoca ninguna emoción. El hombre está muerto a ambos, las advertencias de la ley, y al dulce evangelio de Jesús. Él ya no puede oír a ninguno de ellos. Hasta el sentido del olfato del hombre está arruinado por el pecado. Él no se deleita en el dulce olor de Jesús, sino que busca el olor podrido, putrefacto del pecado. Al igual que sus otros sentidos, es con la vista del hombre. Él está tan ciego espiritualmente que las cosas que están claras y simples en la Biblia, él no puede y no quiere ver. Sus ojos espirituales están cubiertos con cataratas de pecado, ciego a lo que oye en los sermones.
      ¡Estimados amigos, estamos naturalmente tan completamente arruinados por el pecado, que si hemos de ser salvos, la obra entera tiene que hacerla Dios, y toda la Gloria tiene que coronar la cabeza de Cristo el Salvador! (traducción de C. H. Spurgeon, “Eyes Opened,” The Metropolitan Tabernacle Pulpit, Pilgrim Publications, reimpresión de 1980, tomo XII, p. 157; un poco alterado por Dr. Hymers, para el hombre moderno).

Hay otra razón por la que algunos de ustedes no hallaron a Jesús esa noche. ¡Algunos no tuvieron el corazón allí para nada!

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

Pero tu corazón no lo estaba buscando a Él para nada. Algunos están ocupados viendo juegos de video y programas de televisión toda la semana. Tú viniste a la iglesia con todo tu corazón lleno de esas cosas. Nunca hallarás a Jesús si tu corazón está en otras cosas toda la semana. Es por eso que te digo que leas la Biblia y estos sermones todos los días. Jamás hallarás a Jesús sino hasta que lo busques “de todo vuestro corazón”.

Otros lo buscan con un corazón dividido. Parte de su corazón busca a Jesús, pero la otra mitad de su corazón mira con afecto hacia el pecado. Tu corazón entero tiene que estar enfocado en hallar a Jesús. Es por eso que la Biblia dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón” (Proverbios 3:5). ¡Una persona cuyo corazón hala hacia dos direcciones no hallará a Jesús!

Sin embargo otros de ustedes buscan a Jesús de medio corazón. Tú tienes poco interés en hallarlo a Él. Tú piensas sobre ello a veces. Cuando oyes una oración o un sermón piensas en Jesús. Pero no piensas intensamente en hallarlo a Él. Es solo un pensamiento pasajero. Tú no te “esfuerzas” para hallarlo a Él (Lucas 13:24). Tú no lo buscas “de todo vuestro corazón”. Estas cosas fueron ciertas cuando Jesús estuvo presente el Domingo antepasado en la noche. Él estuvo aquí. Pero tu corazón no estuvo presto a hallarlo a Él. Es por eso que no lo hallaste.

II. Segundo, lo que tienes que hacer para hallar a Jesús.

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

Muchas personas esperan triunfar en la vida sin trabajar duro. Esta es una maldición terrible que viene de demasiados “regalos” del gobierno. Eso se llama “socialismo”. Ha arruinado a una generación entera de gente joven. Ellos esperan que el gobierno les regale el éxito sin trabajar duro. Yo me alegro de que no tenían todas esas dádivas “gratis” cuando yo era joven. Yo no tuve ninguna ayuda del gobierno aun cuando estuve bien pobre. No recibí “ayuda financiera” para ir a la universidad. Entonces no la tenían. Me alegro que no la tuvieron. Yo tuve que trabajar como perro todo el día y pagar mi propia colegiatura de noche. ¡Tuve que “pelear” para terminar la universidad y tres seminarios! Yo también tuve que “pelear” para hallar a Jesús. Yo no vine de un hogar Cristiano. A nadie le importaba si yo era salvo o no. Yo tuve que “pelear” para hallar a Jesús.

A algunos de ustedes se les ha dado todo de “gratis”. ¡Pero jamás hallarás a Jesús de esa manera! ¡Tú tienes que pelear para hallarlo a Él! ¡Tú tienes que pelear al Diablo! ¡Tú tienes que pelear contra tu naturaleza carnal! ¡Tú tienes que pelear contra la cultura pecaminosa en la cual vives! ¡Tú tienes que pelear contra el mal consejo de la gente mundana! ¡Algunas personas evangélicas perezosas dirán: “¡Eso no está bien! ¡La salvación es gratis!” Sí, es gratis. ¡Pero no es barata! ¡Sí es gratis, pero no es barata! Bonhoeffer predicó contra “la gracia barata”. Él estaba correcto en ese punto. ¡La gracia “barata” es mortífera! ¡Tú tienes que pelear y batallar para recibir la gracia gratuita que Jesús compró en la Cruz! Es por eso que Jesús dijo:

“El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Mateo 11:12).

Es por eso que Jesús dijo: “Esforzaos [agoniza] a entrar” (Lucas 13:24). ¡Si no “fuerzas” tu entrar, no entrarás en el Reino! ¡Si no agonizas y peleas y te “esfuerzas a entrar”, jamás hallarás a Jesús!

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

Yo quisiera que los jóvenes leyeran otra vez El Progreso del Peregrino de Bunyan. El joven varón en esa historia tuvo que pelear su camino a Jesús. Él tuvo que “arrebatarlo”. ¡Él tuvo que esforzarse fuerte y largamente, de todo su corazón, para hallar al Salvador! ¿Es eso una herejía? ¡Ja! ¡Ja! ¡Eso herejía! ¡Tonterías! ¡Ese es John Bunyan, el más grande autor Bautista de todos los tiempos! La verdadera herejía es “el decisionismo”. ¡Eso es la verdadera herejía – directo de la boca del hereje Pelagiano Charles G. Finney! ¡Afuera con el hereje Finney! ¡De regreso a John Bunyan y a la conversión verdadera! “Esforzaos a entrar”. “Arrebata” el reino. “Busca a [Jesús] de todo vuestro corazón”.

“Me buscaréis y me hallaréis…”

Eso es una promesa. ¡Jesús promete que lo hallarás a Él!

Pero mi pastor Dr. Lin, un gran escolar y varón piadoso, solía dar una advertencia sobre las promesas de la Biblia. El Dr. Lin solía decirnos, en la iglesia China, que tenemos que tener cuidado de no clamar una promesa sin ver la condición. Sí, Jesús prometió “me hallaréis”. ¿Pero, cual es la condición? ¿Qué tienes que hacer antes de que la promesa sea cumplida?

Hace mucho tiempo un predicador Caucásico dio una bella charla en la iglesia China sobre una promesa en el Libro de Josué.

“Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”
       (Josué 1:9).

Después de que él hablara, el Dr. Lin vino al púlpito y dijo: “Esa es una gran promesa. Pero tienes que cumplir la condición primero. ¡Los que no cumplan la condición nunca podrán tener esa promesa!”. El pastor Caucásico palideció. Pero el Dr. Lin estaba absolutamente correcto. ¡Yo nunca he olvidado la manera en que él corrigió al predicador de charla dulce! La promesa en Josué 1:9 es solamente para aquellos que cumplen con la condición en Josué 1:8. Mírala alguna vez. Yo no puedo tirar estas promesas al azar sin decirte la condición para recibir las promesas.

Jesús dice: “Me hallaréis”. ¡Maravilloso! ¡Y cuan cierto es! “Me hallaréis”. ¡No hay ninguna duda! “Me hallaréis”. ¡Gloria a Dios! ¡Es verdad! ¡Y es una promesa que Él siempre cumplirá! ¡Cada vez! “Me hallaréis”. ¡Siempre! ¡Nunca la ha dejado sin cumplir! “Me hallaréis”.

¡Ah, pero hay una condición! ¡No olvides la condición!

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

“Porque me buscaréis de todo vuestro corazón” – como el joven varón Bautista en El Progreso del Peregrino. Cuando desees a Jesús más que a cualquier otra cosa – ¡y cuando tú lo busques a Él de todo vuestro corazón – tú lo hallarás! ¡Todos los demás se irán vacíos!

Si te gustaría hablar con nosotros sobre buscar a Jesús y hallarlo a Él, por favor ve a la parte de atrás del auditorio ahora. Dr. Cagan te llevará a un lugar tranquilo para consejo y oración. Ve ahora. Dr. Chan, por favor venga y ore por los que respondieron. Amén.

(FIN DEL SERMÓN)
Puedes leer los sermones de Dr. Hymers cada semana en el Internet
en www.realconversion.com. Oprime “Sermones en Español”.

Puedes enviar en correo electronico al Dr. Hymers en Ingles a rlhymersjr@sbcglobal.net – o
puedes escribirle a P.O. Box 15308, Los Angeles, CA 90015, Estados Unidos.
Llamale por telefono a (818)352-0452.

La Escritura Leída por el Sr.Abel Prudhomme Antes del Sermón: Jeremías 29:11-14.
El Solo Cantado por el Sr. Benjamin Kincaid Griffith Antes del Sermón:
“If I Gained the World” (por Anna Olander, 1861-1939).


EL BOSQUEJO DE

LA PROMESA Y LA CONDICIÓN

por Dr. R. L. Hymers, Jr.

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).

(Juan 14:18)

I.   Primero, las razones por las que no hallaste a Jesús cuando Él
estuvo tan claramente presente, Génesis 2:17; Proverbios 3:5;
Lucas 13:24.

II.  Segundo, lo que tienes que hacer para hallar a Jesús, Mateo 11:12;
Lucas 13:24; Josué 1:9.